Retorno al Viejo Oeste en el parque navajo de Monument Valley,

Después de pasar cuatro noches y tres días completos en Las Vegas, he de reconocer que nos encontrábamos ya deseosos de salir de allí para continuar tomando contacto con los impresionantes paisajes naturales de Estados Unidos. En esta ocasión nos dirigiríamos hacia el «viejo oeste», al lugar de las icónicas siluetas rocosas que perfilan el árido paisaje de Monument Valley perfectamente reconocidas a nivel mundial gracias al género cinematográfico western que catapultó el director John Ford.

Monument Valley

Este lugar está situado en un extenso valle dentro de la reserva de los nativos navajo y quedaba a «tomar viento fresco» de nuestra ruta principal por la costa oeste de Estados Unidos, pero se trataba de un lugar al que siempre había querido ir y ahora, estando ya de vuelta con la experiencia en mis manos, debo decir que fue todo un acierto y no nos arrepentimos de haber incluido Monument Valley a nuestros planes.

La distancia que separa Las Vegas de Monument Valley son alrededor de 650 km., lo que quería decir que teníamos por delante todo un día de camino en coche. En un principio teníamos pensado desviarnos para ver el cañón de Bryce, pero nos pareció excesivo el recorrido e in extremis desechamos la idea para centrarnos en otros lugares que nos pillaran más de paso como por ejemplo el Lago Powell y el famoso meandro del río Colorado, más conocido como Horseshoe Bend o la Herradura.


El Lago Powell

El Lago Powell es un embalse artificial creado a partir de la construcción de la presa en Glen Canyon la cual retiene el agua que desciende por el río Colorado. En este lago se ha creado un reconocido puerto deportivo para realizar actividades acuáticas, pero ese precisamente no iba a ser nuestro caso y simplemente nos aprovecharíamos de las impresionantes vistas que nos brindaba un mirador situado junto a la carretera y hacer una parada en el camino. Desde aquella posición se podía divisar gran parte del lago y las caprichosas formas que la erosión ha creado durante millones de años. Es una vista caracterizada por el contraste del agua sobre el árido desierto.

Lago Powell

Más adelante en el camino nos encontramos con la presa causante de dicho lago y que comunica por una estrecha carretera las cortantes paredes del cañón Glen. Allí tienen un centro de interpretación de la presa y al otro lado del cañón una serie de caminos por donde bajar a algunos miradores e internarnos por el cañón.

Glen Canyon


Horseshoe Bend

Nada más pasar la presa se encuentra la ciudad de Page y el cruce con la carretera estatal 98 que tendríamos que coger para llegar a Monument Valley, pero muy cerca de ese cruce, apenas dos kilómetros más adelante, se encuentra el espectacular meandro del río Colorado llamado Horseshoe Bend, literalmente traducido como Curva de la Herradura, y que literal es también su forma.

Horseshoe BendEl coche lo dejamos en un parking que han habilitado cercano a la carretera, a unos ochocientos metros del meandro, y como en todos estos accidente geográficos, hasta que no llegas al lugar no te haces a la idea del espectáculo natural que se ha creado. Si no se tiene vértigo podéis situaros a pie del barranco y «flipar» con las vistas que se obtienen.

Horseshoe Bend


Visitar Monument Valley

Ya no teníamos programado parar en ningún otro lugar hasta llegar a Monument Valley. Las horas que eran habíamos calculado que llegaríamos ya de noche, y por el camino, los últimos rayos de Sol y una Luna llena que empezaba a tomar protagonismo en el cielo nos brindaron una antesala perfecta de lo que veríamos al día siguiente.

Monument Valley

Este lugar y la carretera os impresionarán, máxime si los desiertos os hechizan tanto como a mí, y pese a no haber nada excepcional que remarcar, todo el conjunto de sensaciones que percibían nuestros sentidos nos cautivaron. Era la soledad de aquella carretera sin iluminar, la agonizante luz del día pasando de los tonos cálidos hasta la oscuridad más absoluta, el silencio, la calma… el estar allí en ese momento. Muchas veces no hace falta estar delante de un famoso monumento ni vivir una experiencia extraordinaria para sentirse así, y este precisamente fue uno de esos casos. Sin duda alguna los desiertos tienen algo especial.

Dónde alojarse en Monument Valley

Con la oscuridad de la noche y el cielo totalmente estrellado llegamos a nuestro alojamiento. En esta ocasión, por capricho y más bien por tardanza en reservar el hotel —cuando nos quisimos dar cuenta ya no había casi nada libre para esas fechas—, nos decantamos por el hotel Goulding´s Lodge, situado en plena frontera entre Utah y Arizona, a pocos kilómetros de la entrada al parque de Monument Valley. El alojamiento a nosotros nos pareció de lujo.

Alojamiento en Monument Valley

Fue el que más caro pagamos pero fue justificado. La ubicación es espectacular en medio de peñascos y las vistas a Monument Valley me cautivaron. Y para colmo, teníamos piscina climatizada que pudimos aprovechar esa misma tarde-noche antes de que cerraran. Las habitaciones son amplias y cómodas, como todas en las que hemos estado en este viaje, pero la panorámica que teníamos desde nuestra terraza (siempre y cuando te toque una habitación orientada al norte) fue lo que más nos gustó. Incluso me puse el despertador para ver amanecer. Por la mañana, el color naranja rojizo del cielo parecía ir depositándose poco a poco sobre el paisaje cortante de Monument Valley.

Monument Valley

Entrada a Monument Valley

Recogimos todo y lo metimos en el coche. Teníamos tan solo diez kilómetros hasta el aparcamiento del centro de visitantes de Monument Valley y fuimos de los primero en llegar y entrar. La entrada que hay que abonar es para meter el coche y hasta 4 personas en él y nos costó 20$ (consultar horarios y tarifas actuales aquí. Recordad que este parque no entra dentro de los parques nacionales de Estados Unidos ya que es gestionado particularmente por el pueblo navajo y por ello no os valdrá el pase anual de los parques nacionales) y no contratamos ninguna excursión con los nativos, lo que nos limitaba a un recorrido estándar en coche propio pero que te da para ver lo más característico y estar dos horas dando vueltas por el desierto.

Monument Valley

También se pueden contratar excursiones a caballo, lo que le da un toque especial a la visita.

Visitando Monument Valley

El paisaje de Monument Valley la verdad es que es espectacular. A parte de que se trate de la icónica silueta que hemos visto mil veces en las películas del oeste, las formaciones rocosas son dignas de admirar. En parte, Monument Valley me recordaba al también desértico paisaje navarro de Bardenas Reales, cuyo símil no es tan descabellado puesto que la formación de ambos lugares tienen muchas cosas en común.

Monument Valley

Nuestra corta existencia individual en este mundo nos hace complicado entender los enormes periodos de tiempo de nuestra querida Tierra que hacen posible la creación de paisajes tan espectaculares como el que teníamos delante de nosotros. Aquí donde los vemos, estos monumentos geológicos del valle navajo comenzaron a formarse hace la friolera cifra de doscientos millones de años. Para poneros en contexto, aproximadamente cuando surgieron los primeros dinosaurios en la Tierra.

Monument Valley

Aunque parezca mucho tiempo —que lo es—, es poco si lo comparamos con los restos de sedimentos más antiguos que podemos encontrar en el Gran Cañón del Colorado que corresponden a hace unos 2.000 millones de años. Pero «solo» doscientos millones de años es tiempo suficiente para crear este característico paisaje de Monument Valley, un skyline natural de monolitos gigantes cincelados a capricho por la erosión del agua y el viento.

Monument Valley

 

Monument Valley

En algún momento irán cayendo, uno tras otro, pero ninguno de nosotros estaremos aquí para verlo (aunque nunca se sabe… [Se derrumba la icónica Ventana Azul de Malta]). Hoy por hoy los podemos disfrutar a la vez que fantasear desde alguno de sus miradores imaginando los famosos convoyes de diligencias atravesando el Salvaje Oeste.

Monument Valley

Como he contado al principio, nosotros entramos de los primeros al parque. No había ni un alma por los caminos habilitados y por lo tanto disfrutamos de los paisajes en plenitud. En algunos lugares los nativos comenzaban a colocar algún puesto de bisutería y alfarería. Mientras, nosotros circulábamos despacio por la pista. El recorrido no tiene pérdida, o al menos no es fácil perderse ya que te dan un mapa y por el camino vas viendo las indicaciones. En todo caso, si te confundes, puedes volver hacia atrás ya que la pista de tierra es en ambos sentidos.

Monument Valley

En cualquier lugar puedes pararte y explayarte con la cámara de fotos, pero desde luego hay lugares que son idóneos para tirarte un buen rato y degustar el impresionante paisaje de Monument Valley, como por ejemplo en el mirador que se sitúa junto a la formación Spearhead Mesa.

La pista es de fácil accesibilidad. Nosotros teníamos un coche berlina normal y corriente y pudimos hacer el circuito sin mayores problemas. Despacito y con algún que otro bache, pero sin perdernos nada. El problema lo tuvimos al final del recorrido, en la cuesta que da acceso y salida del recorrido. Para entrar es una cuesta abajo empinada con mucha arena pero que se pasa sin mayor problema.

Monument Valley

Aquí se puede ver parte de la cuesta que da acceso y salida del parque.

El problema lo tuvimos a la salida y esa cantidad de arena que a la bajada no me pareció tanta. Delante nuestra había un 4×4 encallado, y valiente de mí comencé a meterme también en la arena. Cuando me quise dar cuenta me encontraba en la misma situación que el todo terreno pero con una «mierda» de berlina familiar… Ni para atrás ni para delante… No os exagero cuando os cuento que me tiré más de media hora para sacar el coche de allí y con miedo de no tirarlo fuera de la pista ya que para intentar subir me fui por un borde de la carretera donde había menos arena y cada vez que movía un poco el coche este se deslizaba para donde quería. Finalmente Eva se quedó fuera del coche con la niña por lo que pudiera pasar y al cabo de varios intentos conseguí sacarlo hacia atrás y volver al principio de la cuesta, ya con un poco de susto en el cuerpo, todo hay que decirlo. Después de pasar un rato sin ver otra salida, observamos como los nativos navajos que hacían las excursiones con un todo terreno subían la cuesta saliéndose de pista y yendo por una más estrecha, empedrada pero sin nada de arena, aunque no muy apta para un turismo. El caso es que fue la única salida que teníamos y con un poco de cuidado finalmente pudimos salvar el escoyo.

Monument Valley

Con el coche empolvado nos despedimos de Monument Valley. Realmente este parque no es que esté un poco retirado de una ruta por la costa oeste de Estados Unidos, es que queda «a tomar por saco» de todo, y después de tirarnos todo el día anterior en el coche para llegar hasta allí, ahora nos quedaban unas tres horas y media para llegar a nuestro siguiente destino, el Gran Cañón del Colorado, uno de los must de este viaje. Pero no obstante, pese a quedar lejos de un itinerario lógico, Monument Valley nos encantó y siempre que haya tiempo para poder visitarlo lo recomiendo. Ahora tendríamos dos noches por delante alojados junto al Gran Cañón del Colorado y ya de vuelta reconozco que me confundí. Si no se pretenden hacer muchas actividades por allí y tan solo nuestro interés es ver el Gran Cañón desde algunos miradores, con estar una noche, un día o si me apuráis, una tarde o mañana, os dará tiempo de sobra para verlo, pero de esto ya hablaré más extendidamente en el siguiente artículo.

 

Víctor del Pozo

La estridente ciudad de Las Vegas

Las Vegas sí, o… ¿Las Vegas no? De primeras, la ciudad de Las Vegas es una de esas ciudades que debería estar en la lista de «visitar una vez en la vida», aunque a mi humilde juicio yo creo que debería estar al final de dicha lista, que si te la pierdes, tampoco es para darse cabezazos contra la pared.

Las Vegas es una ciudad en la que te puedes tirar una semana sin parar de hacer cosas o por el contrario estar simplemente tres días y acabar sin saber dónde meterte. Todo depende del plan que lleves, y en nuestro caso fue la segunda opción. Ir a Las Vegas con un bebé de un año no es el mejor plan para aprovechar esta alocada, estridente y viciosa ciudad de Nevada. En las siguientes líneas os contaré un poco cómo fue nuestra experiencia, de llegar con la ilusión de conocer un lugar nuevo a acabar tirados en la piscina del hotel y yendo de compras para matar el tiempo.

Las Vegas

 


Dónde alojarse en Las Vegas

Creo que la ciudad de Las Vegas es el único lugar en todo Estados Unidos donde al mirar el precio de los hoteles no se te cae una lágrima por la mejilla. Digamos que el dinero se mueve por otros lares y precisamente para dormir no te quieren en la ciudad. Por eso al mirar hoteles en Las Vegas sorprende encontrar precios asequibles, incluso me atrevería a decir baratos. Pero desde luego, en la variedad está el gusto y dependiendo de lo que quieras o puedas gastarte seguro que encuentras algo a tu medida. Para que os hagáis una idea, se puede encontrar alojamiento cerca de Fremont Street —la zona antigua de Las Vegas— por menos de 20€ la noche, alojarte en el mítico Bellagio por 150€ o hasta pagar cifras desorbitadas en alguna suite de lujo. Para gustos, bolsillos anchos. También tened en cuenta que al alojarte en un hotel en Las Vegas habrá que pagar como extra los impuestos de la ciudad, que dependiendo del hotel será alrededor del 12%, a lo que habría que añadir también las tasas del resort.

Las Vegas, recepción del hotel Bellagio

 

Metidos en los gastos del propio viaje, tampoco queríamos alojarnos excesivamente lejos de La Strip, la calle principal y moderna donde se sitúan todos los famosos hoteles, por lo que buscamos algún hotel por esta zona sin que el precio se subiera excesivamente y comparando entre varios finalmente nos decantamos por el hotel Stratosphere. Teniendo en cuenta que la media que nos hemos gastado en alojamiento en este viaje ha rondado los 80€ la noche, en este hemos pagado unos 65€ (incluidos los impuestos) en habitación de lujo con vistas a la ciudad, aunque el centro de la ciudad queda un pelín lejos, eso si.

Las Vegas, hotel Stratosphere

 

Este hotel no está situado junto a los más famosos, sino que está en un extremo de la llamada Strip, a medio camino entre la ciudad vieja y los casinos más importantes. Pero las distancias en Las Vegas no es un problema ya que allí nos moveremos fácilmente con el coche, porque el tráfico no es excesivamente caótico y además la mayoría de hoteles tienen aparcamiento gratuito donde poder dejar el coche y recogerlo a la hora que quieras.

Las Vegas

Y en los aparcamientos de los hoteles te puedes encontrar joyitas como esta…

Lo bueno de alojarte en el hotel Stratosphere, además de que el hotel y el casino están muy bien —aunque particularmente no hice uso del casino—, es que tienes acceso gratuito al mirador de la torre tanto de día como de noche, y a mi parecer, esta atracción creo que sí merece la pena hacerla. Si no te alojas allí la entrada para subir es de 20$, con bonos especiales para subir en alguna de las atracciones que tiene montadas allí arriba… Si, así como lo leéis, porque en lo alto del mirador, a unos 300 metros de altura, han montado un pequeño parque de atracciones capaz de quitar el hipo al más valiente, aunque a mí no me lo quitó, mas que nada porque no monté 😛 . Las atracciones tampoco son gratuitas para los huéspedes, y aunque no es excesivamente caro para probarlo una vez, no nos picó el gusanillo en aquel momento.

Las Vegas, atracción en el hotel Stratosphere

 

Como he dicho, una de las ventajas de alojarte allí es poder subir a la torre tantas veces como quieras, y por ello aprovechamos a subir tanto de día como de noche y flipar con las vistas de este festín lumínico en medio del desierto, aunque no esperéis ver el mejor skyline del mundo…

Vistas diurna desde la torre del hotel Stratosphere de Las Vegas


 

 

Vistas nocturna desde la torre del hotel Stratosphere de Las Vegas


Nuestra llegada a Las Vegas

Quizá una de las cosas que más recuerde por mucho tiempo de este viaje por la costa oeste de Estados Unidos fue nuestra llegada a Las Vegas. Nos habíamos tirado todo el día para llegar hasta allí desde Yosemite y el Valle de la Muerte, y cuando llegamos ya era de noche. Ese es el momento en el que te quedas perplejo ante la inmensidad de un desierto a oscuras y una ciudad inventada de la nada repleta de luces. Un auténtico oasis brillante en un mar de oscuridad. Las inmediaciones de la ciudad del pecado están repletas de zonas residenciales con casas bajas, apartamentos y resorts, pero cuando llegas a la calle principal y dejas a mano derecha el aeropuerto McCarran, el festival de neones a un lado y al otro de la calle que tantas veces habíamos visto en las películas comenzó a tomar forma y la verdad que no nos decepcionó.

Al final de La Strip se encontraba nuestro hotel, repleto de coches a sus puertas y un trajín de entrar y salir gente que me cautivó. Dejamos el coche parado como a unos 30 metros de la puerta porque no se podía pasar más de tanta gente que había, mientras que un aparcacoches nos invitó a salir del vehículo y a dirigirnos a recepción. Él se encargaría de aparcarlo y nos dio una ficha para cuando quisiéramos recogerlo. Para llegar a nuestra habitación, como en todos los hoteles que disponen de casino en Las Vegas, teníamos que atravesar las salas de juego para coger el ascensor. A esas horas de la noche el día y la niña estaban llegando a su fin y nos limitamos a quedarnos en el hotel viendo un poco el casino, aunque he de reconocer que no eché ni un mísero dólar a ninguna maquinita ya que nunca me han gustado.

Casino de Las Vegas

Teníamos tres días completos por delante para conocer Las Vegas, pero en realidad no tenía ningún planing preparado, más que nada porque cuando me puse a mirar qué ver en Las Vegas no hice otra cosa más que leer sobre hoteles, atracciones de feria, tiendas y espectáculos, y sinceramente, la sensación que me dio es que no había nada con un gran interés y no hacía falta preparar nada. Los espectáculos, que a priori si podían merecer la pena, los descartamos al ir con Vera que en aquel momento tenía un año recién cumplido, ya que no aguantaría ni por asomo el tiempo que duran los espectáculos y sería imposible verlos. Así que no quedaba otra. Pasearíamos por Las Vegas, veríamos los casinos y los hoteles y dejaríamos que la ciudad del pecado nos sorprendiera por sí sola.

Recorriendo La Strip

Cada día recogíamos el coche y nos acercábamos a algún hotel más céntrico para dejarlo allí aparcado. Lo más llamativo de La Strip son sus hoteles y casinos, la gran mayoría de ellos caracterizados con distinta temática como por ejemplo el hotel Luxor (Egipto), New York New York (Nueva York), hotel Excalibur (un castillo medieval) o el Circus Circus (simulando un Circo).

Las Vegas, hotel New York, New York


 

Las Vegas, hotel París

Recorriendo La Strip de Las Vegas encontraremos la gran mayoría de lugares a visitar en la ciudad. Nosotros, carro en mano, fuimos paseando por la calle y metiéndonos en los más famosos hoteles, desde el Bellagio, el París o el Venetian, que ha mi gusto, este último fue el único que mereció la pena ver por dentro. ¿Y por qué digo el único? Pues porque a media mañana de nuestro primer día en Las Vegas me estaba empezando a parecer absurdo ir de hotel en hotel viendo sus halls, casinos y fuentes varias… y este del Venetian al menos me pareció algo distinto, con canales, tiendas y un techo figurado que te envuelve en un ambiente distinto… pero que da para 10 minutos de paseo… no mucho más, y al fin y al cabo no ves nada más que un hotel con tiendas.

 

Las Vegas, hotel Venetian

El ambiente de la calle, dependiendo de la zona, también está animado, y sobre todo por la noche. Tiendas especializadas como la de M&M´s, Polaroid, Coca-Cola… e infinidad de centros comerciales, artistas callejeros y sobre todo gente de fiesta por doquier.

Strip de Las Vegas


 

Strip de Las Vegas

En la misma calle también te puedes encontrar espectáculos, como las famosísimas fuentes del hotel Bellagio, que esta es otra… ¿Cómo puede ser que al buscar opiniones por Internet de qué hacer en Las Vegas a este espectáculo lo pongan por las nubes? A ver… no está mal, pero no deja de ser una serie de fuentes que funcionan al ritmo de una música… como en muchos otros lugares… y no me pareció un espectáculo imperdible, la verdad. ¿Y qué me decís del volcán del hotel Mirage?… madre mía… Pura pirotecnia hollywoodiense de los años 80. Si me permitís un consejo crítico más, haceros un favor y no vayáis a Las Vegas pensando que veréis algo excepcional en estos “espectáculos”…

Las Vegas, hotel Bellagio

Al sur de La Strip, junto al aeropuerto, se sitúa el famoso cartel de «Welcome to Fabulous Las Vegas». Es un luminoso de neones que da la bienvenida (y despedida por su parte posterior) para los que entran por este lado sur de la ciudad y que con los años se ha convertido en un auténtico icono de la ciudad. El letrero está a tomar viento fresco de todo y lo mejor es aprovechar cuando se pasa por allí con el coche y parar un momento, dejarlo en un aparcamiento que tienen habilitado para tal caso —un poco pequeño, por cierto—, y esperar turno para hacerse la famosa foto. Parece que si no te la haces no certifica que hayas estado en Las Vegas, pero la verdad que es un bonito recuerdo tenerla.

Las Vegas

Lo del tema de casarse en Las Vegas, por la tontería del casarse en Las Vegas… no voy a hacer muchos comentarios al respecto. Simplemente que me parece una auténtica gilipollez. Como hecho curioso y gracioso, no dudo que lo sea. Seguro que si vais varios amigos y os disfrazáis para la ocasión pasaréis una buena tarde de risas… pero pagar alrededor de 200$ para echarse unas risas… me parece un poco caro, vaya… En todo caso, si a alguien le interesa, encontraréis varias capillas para hacerlo en los extremos de La Strip, sobre todo alrededor de Fremont Street.


Fremont Street, la auténtica esencia de Las Vegas

Fremont Street fue de lo poquito que me gustó de esta estrafalaria ciudad, y además me gustó mucho. Hasta este barrio nos acercamos también en coche, pero allí no hay grandes hoteles donde dejar aparcado el coche gratuitamente, por lo que tocó pagar para dejarlo en alguno de los grandes parking que ocupan edificios enteros.

Las Vegas, Fremont Street

La zona de Fremont Street, o lo que es lo mismo, la ciudad vieja y el origen de la actual ciudad donde se construyeron los primeros casinos como el Golden Nagget, es una zona que todavía guarda la esencia que se espera de Las Vegas. Los letreros luminosos tienen otro aspecto, más retro y con más encanto. La calle rebosa de ambiente y es una verdadera experiencia pasearse por allí cuando cae la noche.

Las Vegas, Fremont Street

A nosotros sin duda es lo que más nos gustó y en las cuatro noches que pasamos en la ciudad nos acercamos hasta allí en dos de ellas para tomar algo, pasear y bailar un poco en la calle, porque otra cosa no, pero el ambiente en Fremont Street es impresionante, con varios escenarios, barras de bar a pie de calle, artistas callejeros imitando a superhéroes, estrellas de rock o de cine y gente ligerita de ropa también…

Las Vegas, Fremont Street


Las Vegas, Fremont Street

La zona cubierta que nos encontramos allí es la llamada Fremont Street Experience, un plan de ocio que comenzó a ver la luz allá por septiembre de 1994 y que conllevó cerrar al tráfico rodado unas cinco manzanas y techar parte de la calle Fremont con la mayor pantalla de proyección del mundo, nada más y nada menos que con más de 12 millones de lucecitas LED que por la noche brillan en diferentes espectáculos al son de la música que retumba con más de medio millón de voltios.

Las Vegas, Fremont Street

Saliendo un poco de la zona techada hacia el Este encontramos un lugar perfecto para ir con niños y tomar algo. Es el llamado Container Park, y como su propio nombre indica, es una zona de ocio creada con contenedores de carga y en el que encontramos un parque para que los niños se explayen un poco mientras te tomas una cerveza en alguno de los bares.

Las Vegas, Container Park


Matando el tiempo en Las Vegas

Como he dicho, nosotros estuvimos tres días completos en Las Vegas, y a nuestro gusto, yendo con un bebé de un año, nos pareció mucho tiempo para una ciudad que vive del pecado y del juego. El último día ya no sabíamos dónde meternos que no fuera un hotel o centro comercial, y pasear por pasear ya lo estuvimos haciendo los dos días anteriores, por lo que ese último día nos dedicamos a otros quehaceres más relajados. Tranquilamente por la mañana bajamos a la piscina del hotel Stratosphere y allí nos tiramos un buen rato dándonos un chapuzón y viendo como la gente se tiraba en una especie de caída libre un tanto light desde lo alto de la torre (a 120$ el salto).

Las Vegas, piscina del hotel Stratosphere

Luego por la tarde nos acercamos a uno de los famosos outlets, concretamente a Las Vegas North Premium Outlets que nos pillaba muy cerca del hotel y allí pasamos un par de horas viendo que podíamos traernos de vuelta a casa, que en mi caso suele ser poco pero de provecho, como camisas para ir al trabajo y unas deportivas bien acolchadas y cómodas que me vinieron de lujo para mi dolido pie (recordad que un mes antes del viaje me partí el ligamento y desde las pateadas que nos pegamos en San Francisco arrastraba un dolor e hinchazón considerable).

Para terminar ese último día en Las Vegas nos acercamos hasta el hotel Circus Circus para ver algún espectáculo y que la niña disfrutara montando en los cochecitos, que sorprendentemente, aunque luego lo he comprobado que es igual que en otras partes del país, montar a un niño en los típicos coches de feria no es un robo como en España donde te pueden pedir desde 1 a 2 euros… En Estados Unidos, con tan sólo 25 centavos el viaje, la niña se puede pasar un buen rato entretenida y nosotros no salir con cara de habernos estafado.

Las Vegas, hotel Circus Circus


Las Vegas, hotel Circus Circus

Si a alguno le pasa como a nosotros y visita Las Vegas con un niño, no quiero desalentar a nadie con mi experiencia personal. Visitar Las Vegas con un niño pienso que puede ser muy entretenido. Hay muchos lugares donde un peque puede pasárselo bien, incluso con los espectáculos de los hoteles que he criticado al principio de este artículo, aunque por poner varios ejemplos más, se pueden visitar museos como el Madame Tussauds, el Discovery Children’s, el de Historia Natural… y por supuesto los típicos espectáculos como el del Circo del Sol o del mago David Copperfield. Por opciones que no sea.

Las Vegas, hotel Mirage

El «problema» que teníamos nosotros es que Vera tenía un año recién cumplido, apenas andaba y evidentemente de los posibles espectáculos no se enteraba todavía de nada, aparte de que no hubiera aguantado sin protestar el tiempo que duran y esto era lo que más nos echaba para atrás para acudir a alguno, por lo que nos limitaba más a estar en la calle que en lugares cerrados, y otra cosa puede ser, pero Las Vegas no es una ciudad para recorrerla andando, más que nada porque no es bonita, no tiene encanto y es simplemente un engendro de ciudad levantada en pleno desierto para la única función que se construyó. Gastar dinero en los casinos y en las tiendas.

Las Vegas

Aquí me encuentro en el cruce de las calles Flamingo y Koval, lugar donde dispararon a Tupac el 8 de septiembre de 1996, una leyenda del rap que murió 5 días después en el hospital por causas de los disparos.

Con esto pusimos fin a nuestra visita a Las Vegas. No puedo decir que no me gustara la ciudad, pero sí que me defraudó y por tanto dudo que la vuelva a visitar salvo que sea por alguna escala o una visita exclusiva para jugar al Póker con mi primo —ahí lo dejo caer—. El caso es que nos habíamos pasado allí tres días completos con sus cuatro noches y ya teníamos ganas de partir, dejar de lado el cemento y las aceras para adentrarnos de lleno en el viejo oeste. Al día siguiente nos tocaría paliza de coche, todo el día conduciendo hasta llegar al corazón del pueblo nativo Navajo en el famoso parque de Monument Valley donde haríamos noche, justo en la frontera entre los estados de Arizona y Utah. Preparando el viaje tomamos la decisión de ir a tomar viento fresco exclusivamente para ver este parque y la verdad que no nos arrepentimos porque particularmente nos encantó, pero esto ya os lo explicaré en la próxima entrada.

Víctor del Pozo

Visitar a Papá Noel en Laponia

Cuando se acercan las fechas navideñas a mucha gente, y especialmente si tienen niños, le ronda una idea por la cabeza; visitar a Papá Noel en Laponia. Es sin duda una atracción muy popular que no solo se puede hacer en invierno, sino que tenemos todo el año para poder hacerlo, pero sin duda, en Navidad es el momento que más magia desprende un lugar como la Villa de Santa Claus en Laponia.

Visitar a Papá Noel en Laponia

Nosotros no fuimos en Navidad. Rondaba el mes de marzo y nuestro viaje no era precisamente para ir a ver a Papá Noel, pero estando en Rovaniemi, no dejamos pasar la oportunidad de conocer en persona a este famoso personaje de la Navidad. Pero, ¿Quién es Papá Noel? La leyenda y figura de Santa Claus, como toda buena fábula, se ha ido alimentando a lo largo de los años transformándose poco a poco en el personaje que conocemos hoy en día. Un hombre robusto al que conocemos como Papá Noel, con barbas blancas y vestido de rojo que vive en el Polo Norte y que reparte regalos a los niños por navidad.

Visitar a Papá Noel en Laponia

Pero la verdad es que tan sólo unos pocos rasgos de aquél primigenio Santa Claus se han mantenido intactos tras el paso de los años. La figura original del actual Papá Noel —adaptada por el cristianismo— la encontramos en San Nicolás de Bari, un santo que vivió en la actual Turquía hacia el siglo IV (sus reliquias están guardadas en la ciudad italiana de Bari, de ahí el nombre con el que se le conoce en occidente) cuyo mayor atributo fue la bondad desempeñada hacia los más necesitados, y si… también se dice que regalaba juguetes a los niños. Pero además de estos rasgos personales que parecen coincidir con la figura actual de Papá Noel, su vestimenta tampoco iba muy descaminada ya que San Nicolás también vistió de rojo como obispo que llegó a ser —aunque sería más bien de color morado— y lució en su cara una espesa barba blanca. Sin embargo, la robusta corpulencia con la que hoy conocemos a Santa Claus parece ser más de la imaginación de escritores y dibujantes, al igual que el lugar de residencia actual del “Viejo bonachón”.

Visitar a Papá Noel en Laponia

La leyenda cuenta que Papá Noel vive cerca del Polo Norte, pero no especifica ningún lugar concreto. Podría vivir en Groenlandia, norte de Canadá, Siberia o incluso en algún lugar de Laponia. Nunca lo sabremos… aunque se cree que podría tener su residencia en un pequeño pueblo finlandés fronterizo con Rusia. Para seguir manteniendo en secreto su actual residencia, Santa Claus ha establecido un punto de encuentro en Laponia finlandesa donde poder ir a saludarle personalmente y recibir toda la correspondencia que millones de niños le envían durante todo el año pidiéndole regalos y sueños.

Visitar a Papá Noel en Laponia

Este lugar está muy cerca de la ciudad de Rovaniemi situado junto al círculo polar ártico y se ha bautizado con el nombre de la Villa de Santa Claus.

Visitar a Papá Noel en la Villa de Santa Claus en Laponia

Papá Noel se encuentra durante todo el año en la Villa de Santa Claus cercana a la ciudad de Rovaniemi en Finlandia. No hace falta que sea Navidad para ir a visitar a Papá Noel. Allí estará para recibirnos todos los días del año independientemente que sea festivo o no, aunque ir a verle con la estampa típica del invierno y la nieve en un lugar como Laponia siempre tiene un punto más de atractivo.

Visitar a Papá Noel en Laponia

Lo más fácil para llegar hasta allí es volar hasta el aeropuerto de Rovaniemi. Además si tu intención es ir solamente a visitar a Papá Noel lo tendrás bien fácil ya que no tendrás ni que dirigirte a la ciudad de Rovaniemi puesto que la Villa de Santa Claus se encuentra a escasos cuatro kilómetros del aeropuerto, por lo que también puede ser una muy buena opción alojarse en alguna de sus cabañas que tienen en el complejo. Aunque por la fácil accesibilidad y para ajustar más el presupuesto, puede ser recomendable buscar alojamiento en la ciudad de Rovaniemi (nosotros estuvimos en el Hotel Rudolf) que se encuentra a tan sólo diez kilómetros de distancia y podréis desplazaros hasta la Villa de Santa Claus en el autobús número 8 que sale desde la estación de trenes de Rovaniemi cada hora todos los días del año.

Visitar a Papá Noel en Laponia

La entrada a la Villa de Santa Claus es totalmente gratuita (no confundir con Santa Park, un parque temático que se encuentra más cercano a Rovaniemi y que sí tiene coste) y allí podrás pasear, entrar a las tiendas y observar a los famosos renos que transportan a Papá Noel y los regalos el día de Navidad.

Visitar a Papá Noel en Laponia

Existe la posibilidad de hacer muchas otras actividades pero ya con un coste, pero si tu idea es simplemente visitar a Papá Noel, el coste será mínimo ya que incluso tener una cita con él es totalmente gratuito. Te podrás sentar junto a él, charlar un poco y pedirle personalmente los regalos, y a la salida comprar la fotografía para mantener el recuerdo toda la vida.

Visitar a Papá Noel en Laponia

Además, en la Villa de Santa Claus se encuentra la oficina de correos oficial de Papá Noel donde podrás escribir una carta a tus seres queridos y mandársela desde allí. Es facilísimo. Podrás elegir entre cientos de postales —a un precio nada abusivo—, comprar el sello y elegir si queréis que la reciban esos días o por el contrario y más mágico, en Navidad. Para ello tenéis dos buzones, por lo que fijaros bien a través de cual la mandáis. El día que os llegué fijaros que el matasellos es de la mismísima Villa de Santa Claus en Laponia, cosa que a los más peques les hace especial ilusión.

Visitar a Papá Noel en Laponia

Nosotros cuando fuimos no teníamos todavía a nuestra pequeña Vera, aunque ya llevaba tres meses gestándose en la tripa de Eva. Fue en nuestro viaje a Laponia del año 2013, sin duda uno de los que más recordamos, y seguramente que cuando Vera sea un poco más mayor nos animemos a volver a ir a visitar a Papá Noel y aprovechar el viaje para volvernos a maravillar con las auroras boreales. Es sin duda un lugar especial en el que los niños sentirán ese nerviosismo, ese cosquilleo en el estómago y se emocionarán nada más ver al auténtico Santa Claus. Sin duda un regalo que recordarán toda la vida y que los papás disfrutaremos junto a ellos.

Víctor del Pozo

Valle de la Muerte de camino a Las Vegas

Durante una ruta por la costa oeste de Estados Unidos hay que tener en cuenta que habrá días en los que dediquemos casi la totalidad del tiempo a recorrer en coche las grandes distancias que separan los distintos puntos de interés. En este caso, tras pasar un día en el Valle de Yosemite, el siguiente destino donde íbamos a dormir iba a ser en la ciudad inventada de Las Vegas, a unos 740 kilómetros de distancia. En realidad para llegar a este destino desde Yosemite hay un camino más rápido y sin tantos kilómetros, pero queríamos incluir como etapa intermedia el llamado Death Valley, o para los no angloparlantes como nosotros, el Valle de la Muerte, y esto suponía alargar los kilómetros y cambiar las vías rápidas por carreteras paisajísticas.

Valle de la Muerte

Desde hacía mucho tiempo quería visitar este lugar. Es un sitio enigmático y sorprendente. Un lugar desolado a tan solo unas pocas horas en coche de la exuberante naturaleza de Yosemite y Sierra Nevada. El contraste que hay es alucinante como podéis comprobar en la siguiente fotografía.

Yosemite y el Valle de la Muerte

El contraste es evidente… y a tan solo unas pocas horas de coche.

Tras varias horas conduciendo y alguna parada por el camino en el paso del Tioga y en alguna gasolinera para tomar un refrigerio y llenar el depósito de combustible, ya estábamos preparados para atravesar sin problemas el Valle de la Muerte. Por allí no hay muchas gasolineras (creo que sólo vimos una), por lo que acordaros de no ir muy justos con el combustible.

El Valle de la Muerte

El Valle de la Muerte, como otros muchos lugares de nuestro planeta, han sufrido numerosos cambios geológicos debido a las glaciaciones y al paso del tiempo. Lo que ahora es un páramo infernal, hubo una época en el que las aguas cubrieron todo el valle convirtiéndolo en un extenso lago. Los geólogos llamaron a aquel lago con el nombre de Manly y era el mayor de varios lagos que cubrieron buena parte de los valles adyacentes y que en conjunto formaban la llamada Gran Cuenca.

Valle de la Muerte

Todos estos valles fueron abastecidos de agua en su gran mayoría por el deshielo de los glaciares de Sierra Nevada, pero con el cambio climático el agua fue desapareciendo y hoy en día se encuentra en total sequedad salvo en algunos lugares donde las pocas lluvias que caen y las condiciones del suelo dejan crearse pequeñas lagunas de poca profundidad como la que podemos ver en Badwater.

Valle de la Muerte

El Valle de la Muerte fue un importante centro de extracción de minerales como la plata y el oro a finales del siglo XIX, pero el mineral con más notoriedad de la zona fue el Borax, un tipo de sal que abunda en lo que en su día fueron los fondos de estos lagos y que tiene muchísimos usos en diferentes procesos industriales como por ejemplo la creación de pesticidas, detergentes, vidrios o cerámica.

Valle de la Muerte

La zona concreta del Valle de la Muerte fue declarada monumento nacional en 1933 y la explotación minera dio paso a la explotación turística. Finalmente en 1994 unificaron al Valle de la Muerte junto a otros valles cercanos y declararon la zona Parque Nacional pasando a ser gestionado federalmente por el Servicio de Parques Nacionales.

Atravesando el Valle de la Muerte

El Valle de la Muerte particularmente me pareció un lugar increíble. Ya de por sí los desiertos me fascinan y ante este —que pertenece al desierto de Mojave— me quedé pasmado por su inmensidad y caprichoso paisaje. Para empezar, como he dicho al principio, veníamos de un paraje verdoso y fresco como el de Yosemite, y no sé en que momento perdimos la noción del tiempo y nos vimos envueltos en otro totalmente distinto, de tonos ocres y totalmente seco. La carretera se abría paso delante nuestra sobre inmensas planicies de arena y piedra donde la única vegetación se reducía a pequeños arbustos a un lado y al otro de la carretera. En un punto de la carretera vimos el cartel que nos indicaba que entrábamos al Parque Nacional del Valle de la Muerte y no me pude resistir a pararme y hacer alguna foto.

Valle de la Muerte

Lo que no recuerdo es el momento en el que pagamos la entrada a este Parque Nacional. Parece como si me hubiera lavado el cerebro alguno de los extraterrestres que esconden en la cercana Área 51 😛 y no me acordara de pasar por el puesto, pero debimos pagarlo ya que para entrar al Parque Natural hay que abonar 20$ por coche al igual que hicimos en Yosemite. Despistes míos a parte, el camino a seguir para atravesar el Valle de la Muerte no tiene pérdida. Simplemente hay que tomar la carretera 190 y esta nos llevará directamente al corazón del valle.

Valle de la Muerte

Qué ver en el Valle de la Muerte; Father Crowley

Al poco de coger dicha carretera dimos con el primer punto panorámico de esta ruta, el llamado Father Crowley, un pequeño cañón creado hace eones por la lava y cenizas de la pasada actividad volcánica de esta región.

Valle de la Muerte, Father Crowley

El paisaje en este lugar no es que sea especialmente impresionante, pero para hacer una parada en el camino y que estirara Vera un poco las piernas nos vino muy bien. Existe un aparcamiento donde dejar el coche y a continuación un camino para acercarnos al pequeño cañón. La posición desde la que observamos es elevada y debajo nuestra podíamos vislumbrar el valle de Panamint, adyacente al famoso Valle de la Muerte y que tendríamos que atravesar en nuestro camino. Desde este punto panorámico también es posible observar, si la suerte nos acompaña, a los aviones militares que realizan prácticas a baja altura. Si lo hubiéramos podido ver, me hubiera encantado.

Valle de la Muerte, Father Crowley

Qué ver en el Valle de la Muerte; Dunas planas de Mesquite

Sin separarnos de la carretera 190 llegamos hasta el siguiente punto de interés situado ya en el propio Valle de la Muerte. Son las dunas planas de Mesquite, una serie de dunas de arena, no muy altas, que confieren al paisaje una estampa aún más típica del desierto. Su proximidad a la propia carretera hace que sean muy visitadas por todos los que pasamos por allí, y aunque no son espectaculares, es otro punto donde poder parar y estirar un poco las piernas. Como dato curioso, dada su proximidad a Hollywood, estas dunas fueron utilizadas como escenario en varias película entre las que destaca alguna de la saga Star Wars —eso sí, no me preguntéis por cuál porque no he visto ninguna. Que me perdonen este sacrilegio sus adeptos jejeje—.

Valle de la Muerte, dunas planas de Mesquite

Tras las dunas, el camino rápido para llegar a Las Vegas sería salir directamente del valle y continuar por la Ruta Federal 95 hasta la ciudad del pecado, pero aún nos quedaba visitar la parte más famosa del Valle de la Muerte, la cuenca endorreica de Badwater, por lo que continuamos por la carretera 190 hasta Furnace Creek Visitor Center, un oasis en medio del desierto donde aprovechamos para comer algo. En este lugar abandonamos la carretera por la que veníamos y tomamos la carretera hacia Badwater que discurre por el mismísimo valle.

Qué ver en el Valle de la Muerte; Cuenca Badwater

Entre los datos curiosos y por lo que es famoso el Valle de la Muerte podemos destacar dos. Primero, este lugar tiene registrada —oficialmente— la mayor temperatura que se haya dado nunca sobre el planeta, 134ºF (56.7ºC), alcanzándose dicha cifra el día 10 de julio del año 1913. El segundo dato a destacar del Valle de la Muerte y más concretamente de esta cuenca Badwater es la altitud a la que se encuentra, 86 metros por debajo del nivel del mar, el punto más bajo de toda Norteamérica —como reza una señal situada en la montaña en la que marca el punto exacto donde estaría el nivel del mar—.

Valle de la Muerte, cuenca Badwater

Nosotros no tuvimos “el gusto” de notar temperaturas tan altas. Era septiembre y la temperatura que marcaba el coche cuando aparcamos junto a Badwater rondaba los 38ºC. En este lugar han instalado una pasarela para salvaguardar la parte en la que existen pequeños charcos de agua distribuidos por los diferentes huecos que deja el salitre y creados por las pocas lluvias que caen y diversos acuíferos.

Valle de la Muerte, cuenca Badwater

En este agua estanca vive una especie de molusco endémico del Valle de la Muerte, el caracol de Badwater, por lo que está prohibido salirse del camino marcado, pero aun así podremos adentrarnos más allá de la pasarela de madera y andar sobre un suelo salino pudiendo disfrutar de este insólito paisaje sin poner en peligro cualquier tipo de naturaleza.

Valle de la Muerte, cuenca Badwater

Tras visitar Badwater no podíamos entretenernos más. Todavía nos quedaban casi 250 kilómetros de camino hasta llegar a Las Vegas y la tarde se nos estaba echando encima. Este fue uno de los días que más coche tuvimos, pero por nada del mundo lo hubiera cambiado. El Valle de la Muerte era uno de los lugares que más me apetecía conocer en este viaje por la costa oeste de Estados Unidos y no me decepcionó para nada. El contraste paisajístico del país nos empezó a abrumar desde que salimos de San Francisco y poco a poco nos fue preparando para toda la naturaleza que veríamos, exceptuando la ciudad de Las Vegas, cuyo contraste con el paisaje colindante salta a la vista pero que nos dejó con un sabor de boca más agrio que dulce, aunque de esto ya hablaré en el próximo artículo.

Víctor del Pozo

Valle de Yosemite, el increíble paraje natural de California

En esta entrada voy a hablar solo del valle de Yosemite y alrededores, que no es lo mismo que decir que hablaré del Parque Nacional de Yosemite, así a lo grande, porque sería mentira ya que este parque es enorme y nosotros vimos tan solo una ínfima parte de él. Me centraré solo en la parte más famosa de este inmenso parque, en lugares como Glaciar Point, el paso del Tioga, el mirador de Tunnel View y el propiamente dicho Valle de Yosemite que fue lo que visitamos. No nos dio tiempo a nada más porque simplemente teníamos un día para ver Yosemite ya que en nuestra ruta por la costa oeste de Estados Unidos habíamos planeado dormir solo una noche y tomarlo como escala hacia nuestro siguiente destino que sería Las Vegas. No quedaba otra, o mejor dicho, no quedaba tiempo para nada más y quedaron en el tintero algunos lugares como Mariposa Grove, una arbolada de inmensas Sequoias situadas al sur del Parque Nacional, la cual me dio pena no poder ir pero nos fue imposible incorporarlo al planning de un día en coche por Yosemite.

Valle de Yosemite

Información sobre el Valle de Yosemite

El valle de Yosemite se sitúa a una distancia de poco más de 300 kilómetros de la ciudad de San Francisco, por lo que además de ser una etapa accesible y casi imprescindible en una ruta por la costa oeste de EEUU, es también un lugar muy frecuentado por los propios californianos para pasar un estupendo fin de semana en el campo. Esto quiere decir también que la afluencia de coches es elevada y por ende los alojamientos dentro del Parque Natural pueden llegar a agotarse con mucha facilidad, por lo que se recomienda reservar con antelación para asegurarse un alojamiento bien situado y que no suponga un presupuesto excesivamente elevado (cosa difícil, por otra parte). Nosotros tardamos en reservar algo y cuando quisimos hacerlo ya no quedaba libre nada dentro del propio valle, por lo que buscamos alguna zona cercana y nos dejamos caer finalmente junto a la carretera que va a Wawona, en una pequeña urbanización situada muy cerca del desvío que hay que tomar para ir hacia Glaciar Point, en una casa que se hace llamar Little Bear, y que desde luego “ositos” había por todas partes. Muy recomendable y acogedor, por cierto.

Valle de Yosemite, alojamiento

El Parque Nacional de Yosemite pertenece a la cadena montañosa de Sierra Nevada la cual hace miles de años se encontraba cubierta por el hielo de la última glaciación, acontecimiento que conlleva con el paso de los años una drástica erosión del terreno moldeando la superficie a capricho de los glaciares tal y como pasó en este valle de Yosemite. Enormes peñascos verticales, un profundo valle y numerosos lagos y saltos de agua fueron creados a lo largo de varios miles de años, aunque esto último, las cascadas, nos quedamos sin verlas debido a las fechas que fuimos (en octubre, recién acabado el verano) y a la enorme sequía que está sufriendo California y que hace que cuando fuimos no cayera ni una mísera gota de agua por ninguna parte.

Valle de Yosemite

Para poder disfrutar de los Parques Nacionales de Estados Unidos (los gestionados por National Park Service) hay que pagar una entrada para acceder a ellos y esta nos será válida por los siguientes siete días. En el caso de Yosemite el coste de la entrada es de 30$ por coche (25$ de noviembre a marzo; consultar actualizaciones en la página oficial) e incluye a todos los pasajeros que haya en el vehículo. Esto tenerlo en cuenta porque dependiendo de cuantos Parques Naturales gestionados por National Park Service queráis visitar en vuestra ruta por Estados Unidos, quizá os compense pagar la otra modalidad de pase anual cuyo valor es de 80$ y os permitirá entrar a todos los parques las veces que queráis durante todo un año desde su adquisición. A nosotros por poco no nos compensó comprarlo ya que en mente sólo teníamos pensado visitar Yosemite y el Gran Cañón, pero otros parques como Monument Valley, gestionado por Parques Tribales de la Nación de los indios Navajo, hay que pagarlos a parte y echando cuentas nos decantamos por ir pagando las entradas de cada parque en su momento.

Parque Nacional de Yosemite

Una vez nos sumerjamos en el grandioso paisaje granítico del Parque Nacional de Yosemite y más concretamente del valle, nos veremos empequeñecidos allá donde miremos. El río Merced discurre en el fondo rodeado de amplias praderas y brutales peñascos. Al fondo del valle os encontraréis con el centro de visitantes donde podéis pedir información de qué hacer en Yosemite.

Valle de Yosemite

Como he dicho anteriormente, se necesitarían muchos días para disfrutar plenamente de este lugar. Son más de mil kilómetros de senderos donde poder andar, cientos de kilómetros para poder trasladarnos en coche y numerosos puntos de interés distribuidos en más de 3.000 kms cuadrados. En tan solo día y medio como estuvimos nosotros nos tuvimos que conformar con una pequeña muestra de la maravilla natural que es el Parque Nacional de Yosemite. A continuación os describo nuestro día y medio en Yosemite y los lugares que nos dio tiempo a ver.

6 lugares que ver en el valle de Yosemite y alrededores en un día… y pico

A una hora razonable abandonamos San Francisco en coche con dirección al Valle de Yosemite donde en apenas 3 horas y media nos plantamos en medio de aquél paraíso sin igual. Nos sobró todo el tiempo del mundo para darnos cuenta que la decisión de incluir Yosemite en nuestro viaje, aunque sólo sea un día, fue todo un acierto. De hecho, y esto es algo que me fui dando cuenta a lo largo del viaje, si volviera a realizar otra ruta por la costa oeste de Estados Unidos, no pisaría una ciudad salvo por el mero trámite de los desplazamientos en avión . Los Parques Nacionales y en general los paisaje naturales que vimos en este viaje fueron sin duda lo más impresionante que nos hemos traído de vuelta a casa, y entre ellos por supuesto se encuentran los lugares que visitamos en Yosemite.

Valle de Yosemite, Glaciar Point

Un día no es mucho tiempo para estar en el valle de Yosemite, pero teniendo coche de alquiler podremos aprovechar el tiempo al máximo y visitar algunos de los lugares más destacados. En nuestra visita de un día en Yosemite visitamos los siguientes lugares.

1.- El Valle de Yosemite

El Valle de Yosemite es el centro neurálgico de todo el parque. Aquí se ubica el centro de visitantes donde se da la oportunidad de conocer mejor el proceso geológico de Yosemite a través de museos y audiovisuales. Es el lugar perfecto para dejar el coche aparcado y perderse en sus praderas, hacer alguna caminata corta y disfrutar de un día en el campo.

Valle de Yosemite

 

En otra época distinta al verano podremos disfrutar de las impresionantes cascadas de agua que confieren al valle unas vistas propias del mismísimo Edén. Particularmente, al estar todo seco y no poderlo ver en su mayor esplendor, he de decir que aunque el valle es impresionante, no llegó a cautivarnos tanto como lo hizo por ejemplo el valle de Lauterbrunnen en plenos Alpes suizos.

2.- El Capitán

Dentro del propio valle encontramos uno de los peñascos más famosos, el denominado El Capitán (ver ubicación aquí). Esta es una inmensa montaña de granito con más de 900 metros de altura y cuya peculiar geología la hacen precipitarse desde su cima en una caída libre totalmente vertical. Es accesible llegar a su loma a través de senderos, aunque los alpinistas tienen también la posibilidad de llegar arriba escalando. Otra anotación particular mía es que no lleguéis pensando que veréis una maravilla del mundo. Simplemente es un peñasco, grande… pero nada más.

Valle de Yosemite, El Capitán

3.- Lower Yosemite Falls

Este fue el único recorrido andando que hicimos en todo el día. Se encuentra cerca del centro de visitantes y nos acerca hasta la mayor caída de agua de Yosemite, siempre y cuando haya agua para caer… (ver ubicación aquí)

Valle de Yosemite, Lower Yosemite Falls

Sabíamos que no íbamos a poder ver tal espectáculo natural porque estaba todo muy seco, pero como la ruta es sencilla y con recorrido circular, nos animamos a ir con Vera que estaba dando sus primeros pasos. Son menos de dos kilómetros de buena senda rodeados de una fresca arbolada donde te llegas a situar a los pies de la inmensa cascada.

Valle de Yosemite, Lower Yosemite Falls

Es una lástima no haberlo podido disfrutar con agua. Sin duda hubiera sido un espectáculo sobrecogedor.

4.- Tunnel View

Así se ha denominado a una de las vistas más famosas del valle de Yosemite. Es un simple mirador justo a la entrada de un túnel en la carretera 41 en dirección a Wawona (ver ubicación aquí). Desde allí el paisaje que se ve es espectacular. Podremos apreciar perfectamente la forma en U de este valle glaciar y divisar las formaciones rocosas más famosas como El Capitán o el Half Dome, además de ver algunas cascadas desde lejos si vais en la época adecuada. Parece mentira que en medio de este paraje haya carreteras, edificios y cientos de personas. La naturaleza lo envuelve todo con su implacable paisaje.

Valle de Yosemite, Tunnel View

5.- Glaciar Point

A una altura de mil metros sobre el valle de Yosemite, este punto panorámico se describe fácilmente con una sola palabra. Impresionante. Se encuentra aproximadamente a una hora en coche desde el propio valle y solo se podrá acceder a él de esta manera en los meses de verano haciéndose imposible en invierno por culpa de la nieve (ver ubicación aquí).

Valle de Yosemite, Glaciar Point

Desde allí arriba tendremos a nuestros pies la inmensidad del valle de Yosemite y frente a nosotros formaciones rocosas como el Half Dome así como las tierras altas del parque. Ni que decir tiene que la gente que sufra de vértigo aquí tendrá una prueba difícil de superar si se anima a arrimarse a los miradores que casi cuelgan pendientes al vacío.

Valle de Yosemite, Glaciar Point

Valle de Yosemite, Glaciar Point

6.- Tioga Road

Si tu viaje a Yosemite coincide en fechas veraniegas y tienes pensado cruzar el parque nacional para dirigirte hacia Las Vegas o en caso contrario hacia San Francisco, una muy buena opción y posiblemente la más rápida sea atravesar el parque por el llamado paso del Tioga.

Valle de Yosemite, Tioga Road

Se trata de una antigua ruta de mineros modernizada a mediados del siglo XX y convertida en una espectacular ruta panorámica, la actual Ruta 120. Se encuentra abierta a la circulación solamente en verano ya que en invierno la nieva imposibilita la circulación. Por ella cruzaremos la cresta de Sierra Nevada, la carretera más alta de toda California con una altitud superior a 3.000 m.s.n.m.

¿Quieres ver otra de las rutas en coche que me han fascinado? no te pierdas las vistas que vimos en la carretera de Sognefjellsvegen; la ruta 55 de Noruega

 

Valle de Yosemite, Tioga Road

El viaje nos llevará por extensas planicies, lagos cristalinos y miradores como Olmsted Point donde poder parar el coche, disfrutar del paisaje y despertar con buen pie a la peque Vera ;P

Con este artículo pongo fin a California con tan solo dos lugares visitados. San Francisco y el Valle de Yosemite. Nos quedó mucho por ver, pero con 4 días en la ciudad de las cuestas y este en el Valle de Yosemite nos damos por satisfechos. Tras esto, proseguimos nuestro camino hacia Las Vegas en un largo día de coche, por lo que también teníamos en mente hacer varias paradas técnicas en algunos lugares del llamado Valle de la Muerte del cual os hablaré en el siguiente capítulo.

Víctor del Pozo