Los Ángeles; fin de nuestra ruta por la costa oeste

Para este artículo sobre Los Ángeles, y más concretamente sobre Hollywood y zonas adyacentes ya que a la propia ciudad de Los Ángeles no llegamos a ir, parto de la base, para que lo sepáis, que no nos gustó mucho. Y buena parte de la culpa de llevarnos esta sensación fue el intenso tráfico que hay en la ciudad. ¡Es horroroso! Por este motivo descartamos desde el principio visitar el centro de Los Ángeles y centrarnos más en la zona de Hollywood, los alrededores como Beverly Hills o las playas de Santa Mónica y Venice. Sé que no sería justo decir que no me gustó esta ciudad sin tan siquiera darla una oportunidad –al Downtown me refiero–, pero es que fue así. Acabamos saturados de tanto coche y lo poco que vimos no nos acabó de convencer. Pero mejor os lo explico a continuación.

Los Ángeles, Hollywood

¿Dónde alojarse en Los Ángeles?

Cuando visitas Los Ángeles tienes que tener muy claro, teniendo en cuenta el tiempo que vas a estar allí, qué es lo que quieres visitar. Lo digo porque si te quieres centrar en los parques de atracciones, Hollywood o las playas, de nada sirve alojarte en el Downtown ya que te tendrás que estar desplazando todo los días en coche con el consecuente tiempo perdido en los famosos atascos de la ciudad californiana. Como he dicho antes, el tráfico en Los Ángeles es horrible, por lo que deberías plantearte coger el coche lo menos posible, aunque ahora me voy a contradecir. El coche en Los Ángeles es imprescindible. Incoherente ¿A que si?

Los Ángeles, Hollywood

No digo que no se pueda coger el transporte público, pero el metro de Los Ángeles deja mucho que desear y para lo grande que es la ciudad este no llega a la mayoría de sitios de interés. Coger el autobús sería la otra opción, y quizá la mejor, pero estaríamos en el mismo problema que con el coche. Los atascos. Entonces, visto el percal, la mejor opción que vimos fue utilizar nuestro propio coche e ir por libre. Como teníamos poco tiempo para visitar la ciudad y no podíamos ver muchas cosas, finalmente nos decantamos por alojarnos en Hollywood, más concretamente en el Motel 6 de Hollywood, a escasos metros del Paseo de la Fama y unas cuatro manzanas del Teatro Chino. Con esto nos asegurábamos que de los dos días que pasaríamos en la ciudad, al menos una mañana no moveríamos el coche para nada.

En Los Ángeles ningún hotel es barato, pero este, dentro de lo que cabe, no tienes que empeñar ningún órgano –al menos vital– para alojarte en una zona relativamente bien situada.

Paseando por Hollywood

Aprovechando que estábamos alojados en pleno corazón de Hollywood y que acabamos el día anterior hasta la coronilla de tanto coche, el primer día nos dedicamos a andar −al menos por la mañana− y nos centramos a deambular alrededor del Paseo de la Fama.

Los Ángeles, Hollywood

Promocionando la última temporada de The walking dead

Al hablar de Hollywood nos viene a la mente rápidamente palabras como glamour, famoseo, lujo y espectáculo, pero esto no quiere decir que realmente sea así. De hecho, el barrio de Hollywood es todo lo contrario a esos adjetivos y con pasear un rato por la zona te das cuenta de ello. Salvo las estrellitas en el suelo y los centros comerciales, el barrio es un barrio de periferia, y se nota.

Los Ángeles, Hollywood

Los Ángeles, Hollywood

Antiguamente era un barrio conflictivo y marginal. Ahora sigue siendo igual, salvo que estos problemas se escondieron bajo la alfombra roja cinematográfica, y aunque el barrió mejoró considerablemente, para mí de glamour no tiene nada, salvo la gran noche de los Oscars y un reducido grupo de calles alrededor del famoso Teatro Chino.

Los Ángeles, Hollywood

Los Ángeles, Hollywood

Los Ángeles, Hollywood

Nosotros nos situamos al principio del Paseo de la Fama donde se encuentran las estrellas de Elvis Presley y The Beatles y fuimos recorriendo tranquilamente las aceras observando las estrellitas de los famosos, como no, buscando la de nuestros actores o cantantes favoritos. Y así nos tiramos un buen rato.

Los Ángeles, Hollywood

Los Ángeles, Hollywood

Los Ángeles, Hollywood

Los Ángeles, Hollywood

Alrededor de esta calle no nos llamó la atención nada para desviarnos mucho de ella, por lo que a media mañana teníamos visto casi todo lo que nos interesaba de la zona. Cada dos por tres nos ofrecían la excursión para ir a ver las casas de los famosos, pero no teníamos ni el más mínimo interés de hacerla, por lo que comimos algo y por la tarde, ya sí, cogimos el coche para movernos un poco.

Acabo de decir que no tenía ni el más mínimo interés en ver las casas de los famosos… pero en realidad si que quería ver una casa. Más concretamente la fachada, porque la casa en sí no es de ningún famoso y actualmente está habitada. Os dejo la foto y ahora os digo de qué casa se trata… ¿La reconocéis?

Los Ángeles, Casa del Principe de Bel-Air

Sí. Este lugar puede entrar  perfectamente dentro del saco de «mis frikadas», tales como el conejito rosa o la rotonda mágica de Swindon. Crecí viendo El príncipe de Bel-Air, y estando a un paso del lujoso barrio, me informé de si existía todavía la casa del tío Philip Banks y si así fuese, dónde se situaba. Y efectivamente existe, aunque no precisamente en Bel-Air, sino en una zona residencial un poco más al oeste del glamuroso barrio, pero como la marqué en el GPS, no nos costó llegar a ella. La casa estaba en obras, y la verdad que me costó reconocerla por lo pequeña que es y lo grande que parecía en la televisión, pero desde su entrada principal se distingue perfectamente la famosa entrada con sus columnas e impoluta pintura blanca.

También pasamos con el coche por el famoso barrio de Beverly Hills, pero simplemente eso, pasar con el coche, porque en ningún momento vimos nada del otro mundo que nos llamara la atención y anteriormente buscando por internet lo único que recomendaban era ver los escaparates de las tiendas, cosa en la que no íbamos a perder el tiempo.

El Observatorio Griffith

El único lugar que no quería perderme en la ciudad y al que sí recomiendo visitar es el Observatorio Griffith situado en el parque homónimo.

Los Ángeles, Observatorio Griffith

Por las tardes muchos turistas y locales suben para pasar un rato en el observatorio o dar un paseo y hacer deporte en el gigantesco parque de Griffith, y la verdad que nosotros nos lo encontramos lleno de coches aparcados hasta en las cunetas. El lugar está enclavado al sur de la montaña Hollywood, por lo que si no quieres ir expresamente a ver el famoso cartel de Hollywood, desde aquí lo puedes ver aunque sea desde lejos.

Los Ángeles, Observatorio Griffith

El Observatorio Griffith abrió sus puertas en el año 1935 tras ser construido por deseo de Jenkis Griffith, quien donó tanto los terrenos que ocupan el parque como el dinero necesario para construirlo. Una de sus condiciones puestas en testamento fue que el observatorio fuera un lugar público y sin coste de admisión, y por supuesto, la entrada desde sus inicios hasta hoy en día es totalmente gratuita para todo el mundo.

Los Ángeles, Observatorio Griffith

Dentro del observatorio existe un planetario y salas de exposiciones donde se nos muestra la ciencia, y más concretamente el cosmos, en meticulosas vitrinas y pequeños artefactos que hacen la visita mucho más interactiva e interesante. El lugar me encantó porque además se puede acceder a ver los grandes telescopios.

Los Ángeles, Observatorio Griffith

Los Ángeles, Observatorio Griffith

Como recompensa por subir, también podréis disfrutar de una de las mejores vistas de la ciudad, aunque la contaminación nuble un poco la panorámica de esta gigantesca urbe.

Los Ángeles, Observatorio Griffith

Por la noche volvimos a pasear por los alrededores del hotel y el Paseo de la Fama. Sí que es cierto que por la noche este lugar se llena más de gente y parece otra cosa, más animado y ambientado con «buscavidas» disfrazados de personajes famosos de películas, pero la sensación fue la misma que por la mañana… de glamour, poquito.

Los Ángeles, Hollywood

The Green Mile (La Milla Verde)

Santa Mónica y Venice Beach

Al día siguiente teníamos el día entero hasta la noche que saliera nuestro avión y decidimos acercarnos a las famosas playas californianas que tan de moda se pusieron en la época de series como Los vigilantes de la playa.

Los Ángeles, Playa de Santa Mónica

No soy mucho de visitar playas, y menos estas masificadas, pero la verdad que la mañana la pasamos muy entretenidos paseando y viendo a la gente lucirse en sus patines, bicis o simplemente luciendo su cuerpo… que de estos había unos cuantos. La verdad que este lugar era mejor de lo que me esperaba y realmente no nos decepcionó.

Los Ángeles, Playa de Santa Mónica

Para aparcar el coche por allí ni os molestéis en buscar sitio fuera de los grandes aparcamientos. Nosotros fuimos directamente al parking Structure 8 Public que está a menos de 5 minutos andando del comienzo del muelle de Santa Mónica, lugar donde culmina –al menos, simbólicamente– la Ruta 66.

Los Ángeles, Playa de Santa Mónica

Este lugar de esparcimiento es ideal para tomar comida rápida y disfrutar de las atracciones, ya que aquí otra cosa no, pero oferta recreativa hay para un rato. El famoso Pacific Park es un parque de atracciones ubicado en el mismísimo muelle de Santa Mónica y pese a no ser atracciones de «infarto», el enclave es inmejorable a la par que curioso.

Los Ángeles, Playa de Santa Mónica

Los Ángeles, Playa de Santa Mónica

Los Ángeles, Playa de Santa Mónica

Fuera del muelle y bajo él se extienden las quilométricas playas californianas de Santa Mónica y un poco más al sur sin frontera apreciable la de Venice. Las dos se comunican por un paseo la mar de entretenido lleno de tiendas de playa y gente haciendo espectáculos callejeros. Al comienzo del recorrido nos topamos con el original Muscle Beach, un lugar donde a finales de la década de los 50 se realizaban espectáculos de gimnasia al aire libre y que hoy sigue en uso pero sin tanto bullicio de gente como antaño.

Los Ángeles, Original Muscle Beach

De hecho, este lugar fue reemplazado por otro en Venice Beach dejando este antiguo casi en desuso, en buena parte porque las costumbres cambiaron y este tipo de «columpios» enfocados más a ejercicios típicos de gimnasia deportiva dejaron paso a máquinas de culturismo, mucho más de moda en años siguientes.

Los Ángeles, Nuevo Muscle Beach

Y paso tras paso, casi sin darnos cuenta, recorrimos los cuatro quilómetros de playa hasta la zona más famosa de Venice Beach, lugar donde se encuentra el moderno Muscle Beach y otros lugares como los famosos muros de arte callejero donde los grafiteros plasman su arte en cada trazo.

Los Ángeles, Venize Beach

Aquí también encontramos canchas de baloncesto y una zona para practicar skate. La zona de Venice Beach me pareció hasta más interesante que la de Santa Mónica, mucho más animada y con gente por todas partes. La verdad es que me alegré de pasear por estas zonas el último día del viaje y quitarme el regustillo de mal sabor de boca que me dejó lo que vimos el día anterior en Hollywood.

Los Ángeles, Venize Beach

Los Ángeles, Venize Beach

Los Ángeles, Venize Beach

Los Ángeles, Venize Beach

Con esto pusimos fin a nuestro primer viaje en coche por Estados Unidos. El primero de los dos más que hicimos en los dos años siguientes. Y es que USA nos atrapó por sus paisajes y naturaleza virgen, la amabilidad de su gente y comodidad para el viajero. Sinceramente es un viaje, este de la costa oeste por Estados Unidos, que sí que hay que hacer aunque sea una vez en la vida, pero también creo que este destino no es para un sólo viaje. Se necesitan muchos más para poder ver todo lo que nos ofrece la zona que visitamos, que a lo tonto fueron 4 estados (California, Nevada, Utah y Arizona) en un recorrido que equivaldría a recorrer la Península Ibérica de arriba a abajo, por lo que os podéis imaginar todo lo que hay que ver y cuanto nos perdimos. Pero para los días que fuimos, creo que fue muy optimizada. Mucho coche, pero lugares realmente increíbles que merecen mucho la pena pasar esos días de intensa carretera… Sin duda.

Aquí os remito al resumen de la ruta por la costa oeste de Estados Unidos donde podéis ver la ruta y acceder a todos los artículos que he escrito.

Víctor del Pozo

Ruta 66, recorriendo parte de la Ruta Madre de Estados Unidos

Si el bello de tu cuerpo parece tener vida propia cuando escuchas un motor V8 rugiendo. Si te emocionas con el sonido de una moto aunque nunca te hayas atrevido a montar en una. Si te encanta conducir por el simple hecho de conducir y no te importa el destino pero si el camino, entonces, amigo, tú eres de los míos y seguro que en algún momento de tu vida habrás soñado en recorrer la que se conoce como la carretera madre, la Carretera Federal de Estados Unidos número 66, o como todo el mundo la conoce, la Ruta 66.

Ruta 66

Entre los que desean realizar entera la Ruta 66 me incluyo yo mismo, por supuesto. Es una ilusión que tengo desde niño, cuando mi padre me enseñó a conducir su Citroën Visa contando yo tan solo con 14 primaveras y recorría las carreteras locales que comunicaban varios pueblos manchegos. Eran trayectos cortos, de apenas 20 kilómetros, pero subido a los mando del coche fantástico —como me gustaba llamarle— me sentía genial. Mi padre decía que estaba obsesionado con conducir. No se equivocaba.

Ruta 66

Pero de momento, la Ruta 66 al completo deberá de esperar. Al menos hasta que la niña sea un poco más mayor y pueda aguantar tantos kilómetros durante tantos días seguidos. Porque no nos vayamos a engañar. Yo no he hecho la ruta entera, pero me la puedo imaginar, y me imagino que sería un tanto monótona hasta para mí, por lo que para un niño no te quiero ni contar. Lo que realmente hicimos nosotros en el viaje por la costa oeste fue desviarnos un poco de la Carretera Interestatal 40 hacia pequeños tramos que se conservan de la histórica Ruta 66. Un trayecto corto pero suficiente para saborear y dejar la miel en los labios de lo que sería hacer la ruta completa.

Ruta 66

El plan era llegar hasta Los Ángeles desde el Gran Cañón del Colorado donde habíamos pasado las dos últimas noches. Eran unos 750 km, otro día entero de coche, pero lo que no sabíamos es que se nos fuera a hacer excesivamente pesado, sobre todo los últimos cien quilómetros.

Recorriendo un tramo de la Ruta 66

Comenzamos tranquilamente a primera hora de la mañana desde la localidad de Williams, pero allí no nos detuvimos y continuamos unos 40 quilómetros más adelante hasta un desvío que nos indicaba el acceso a la antigua Ruta 66. Allí comenzamos nuestro particular y corto viaje por algunos de los escenarios más típicos de esta histórica carretera.

Ruta 66

Por el camino te vas topando con antiguos pueblos y sobre todo gasolineras que se han convertido hoy en día en un reflejo del pasado con añoranza y olor a suvenir donde pequeñas señales y coches rescatados de los desguaces sirven de atrezo en escenarios abarrotados de turistas.

Ruta 66

Nosotros apenas recorrimos 200 quilómetros de la Ruta 66, entre el desvío que cogimos y la ciudad de Kingman, pero en su totalidad la Ruta 66 cuenta con 2.939 quilómetros desde su inicio en Chicago y su culminación en la costa californiana en la ciudad de Los Ángeles, nuestra meta al terminar el día.

Ruta 66

La Ruta 66 fue descatalogada oficialmente de la Red de Carreteras de Estados Unidos en el año 1985. Hoy en día numerosos tramos de la antigua ruta han sido señalizados como Ruta Histórica ya que su pasado está ligado a grandes acontecimiento del país. Fue la primera carretera en haber sido asfaltada en su totalidad, la cual cruzaba prácticamente todo Estados Unidos convirtiéndose en la principal vía de comunicación hacia la costa oeste durante acontecimientos tan importantes como la Gran Depresión de los años 30. También era la carretera escogida por los camioneros para los transportes de largas distancias y de emigrantes que se desplazaban hacia el oeste buscando mejor vida en «la tierra prometida».

Ruta 66

Sin duda, mientras recorres la estrecha carretera, te sumerges en una América más profunda. Turística, pero real. Algunos lugares como la antigua estación de servicio Hackberry General Store, aderezan un poco el camino monótono de este pequeño tramo de la Ruta 66. Antes, pasamos por pueblos como Ash Fork o Seligman que se han convertido en parada obligada de autobuses turísticos y como no, de nosotros mismos, turistas como el que más buscando entre desordenadas estanterías de tiendas a pie de ruta el recuerdo perfecto de The Mother Road.

Ruta 66

Aunque de estos lugares rescatados de los años 50 y 60 lo que más me gustó fue la decoración. Extravagante, hortera y mítica con señales por todos los lados, maniquís y coches destartalados con ojos que parecen familiares lejanos de los protagonistas de la película Cars.

Ruta 66

Ruta 66

Ruta 66

El final de nuestra camino por la Ruta 66 concluyó en Kingman, más concretamente en el mítico restaurante Mr D’z Route 66 Diner, el típico restaurante cincuentero de comida rápida y color chicle donde disfrutamos de unas ricas hamburguesas que nos ayudaron a coger fuerza para afrontar el final de etapa, que bien nos hizo falta energía para acabarla.

Ruta 66

Ruta 66

Todavía nos quedaban 500 quilómetros para llegar a Los Ángeles y tomamos la autopista Interestatal número 40 para no demorarnos más. El camino se nos hizo más monótono de lo que pensamos ya que no había ningún atractivo destacable y ninguna parada programada, en buena parte debido a que la mayor parte del camino que nos quedaba era a través del desierto de Mojave, un páramo extensísimo de tierra estéril que nos pareció una vida atravesarlo. Pero lo peor estaba por llegar.

Ruta 66, desierto de Mojave

Ruta 66

A algunos nos costó más que a otros el trayecto, ¿No Vera?

Cuando comenzamos a vislumbrar Los Ángeles, cuando pensábamos que quedaba poco para llegar y la autopista se convirtió en una mega autopista de cinco carriles para cada sentido, cuando quedaban tan sólo cien quilómetros y ya veíamos los carteles que nos indicaba la dirección de Hollywood que es donde teníamos el hotel, en ningún momento pensamos que tardaríamos otras tres horas en soltar el coche y descansar. Nos comimos un monumental atasco como pocos me he pillado y no veíamos la hora de llegar.

Ruta 66

Finalmente enfilamos el paseo de la fama, casi sin gente, sin mucho glamour como se podía esperar. También era tarde. Nuestro hotel estaba situado a unas pocas manzanas del teatro Chino pero desde luego las calles no parecían que fueran muy «turísticas». De hecho, paramos en la puerta del hotel, descargamos las maletas y fui a dejar el coche a un parking que tenían concertado justo al lado, y en el transcurso de dejar el coche y llegar al hotel de nuevo me dio tiempo a ver una escena policiaca en plena calle —para ser más concretos, justo al lado mía— con coche patrulla atravesándose en medio y deteniendo a punta de pistola a dos chavales que en ese momento no estaban haciendo nada… pero que seguro lo habrían hecho a juzgar por la maniobra que hicieron los policías. Y yo andaba preocupado con la seguridad del barrio para andar con la niña por la noche. Pues fue buen comienzo… Pero la parte de Los Ángeles la dejo para otro capítulo, aunque me lo ventilaré rápido, porque particularmente no me pareció una ciudad donde perder mucho el tiempo.

Ese día había cumplido una pequeña parte de un sueño mucho más grande. Recorrer la Ruta 66 por completo. Estoy convencido que algún año caerá. Estoy seguro que caerá.

Víctor del Pozo

Visitando el Gran Cañón del Colorado

El Gran Cañón del Colorado es sin duda una parada obligatoria en una ruta por la costa oeste de Estados Unidos y un objetivo a visitar aunque sea una vez en la vida. A nosotros nos llegó el momento un 7 de octubre, tras visitar Monument Valley. Habíamos planeado quedarnos en las inmediaciones del Gran Cañón dos noches para disfrutar del lugar tranquilamente y la verdad es que pecamos un poco de entusiasmo pensando que necesitaríamos tanto tiempo para ver el Gran Cañón del Colorado, sobre todo debido a la gran expectación que genera uno de los mayores espectáculos geológicos del mundo. Con esto no quiero decir que nos defraudara el Gran Cañón, ni mucho menos, pero desde luego, para el plan que teníamos, no nos hubiera hecho falta tanto tiempo, pero si os parece, empiezo por el principio y os explico.

Gran Cañón del Colorado

Como habíamos entrado a Monument Valley a primera hora, más o menos a las doce de la mañana ya estábamos listos para emprender el camino hacia la zona sur del Gran Cañón del Colorado. El pequeño madrugón que nos dimos para aprovechar el día nos hizo mella y las que pudieron aprovechar se pegaron una buena siesta en la parte trasera del berlina.

Gran Cañón del Colorado

Así llegamos hasta las inmediaciones del Gran Cañón y las desperté para hacer nuestra primera parada del día en lo que se puede llamar la antesala de la “gran brecha”, el comienzo —o final— del Gran Cañón del Colorado. Tampoco se han complicado mucho buscando un nombre para esta zona y simplemente lo han llamado Pequeño Colorado, pero de pequeño tampoco tiene nada si no lo comparamos con lo que veríamos posteriormente. Las vistas igualmente son sorprendentes, algo a lo que nos estábamos habituando en este viaje por USA.

Pequeño Cañón del Colorado

El Gran Cañón del Colorado

A partir de este punto nos metimos de lleno en el Parque Nacional del Gran Cañón, y como en todos los parques nacionales, había que abonar la entrada de 25$ por coche si no se tiene el pase anual de parques, (en todo caso, consultar aquí información actualizada ya que veo que ahora son 30$).

Teníamos la tarde entera para recorrer el denominado Desert View Drive, la ruta 64 que transcurre al borde del cañón hasta el centro de visitantes y en la que cada poco tiempo aparecen desvíos para adentrarnos a las vertiginosas vistas del Gran Cañón. No me hice ninguna lista con todos los miradores que visitamos, de todas formas miradores hay por todas partes y todos son impresionantes, y aquí es donde os comenzaré a explicar el porqué he dicho al principio que nos confundimos al planear quedarnos dos noches en este lugar.

Gran Cañón del Colorado

El primer mirador en el que nos paramos fue el denominado Desert View Watchtower, y por ende, nuestra primera visión hacia el Gran Cañón del Colorado. Y sí… es impresionante. No podrás contemplar otro lugar así en todo el mundo. La primera sensación al observarlo es desconcertante al no poder asimilar el paisaje y percibir distorsionadamente lo que está cerca, lejos o muy lejos.

Gran Cañón del Colorado

Si te quedas mirando al frente te dará la sensación de estar viendo un poster gigante, con profundidad aparente, de un paisaje casi insólito. El cañón es muy profundo, pero lo que más descuadra a la vista es su gran amplitud, en algunos casos con una anchura tan desmesurada que llega a alcanzar casi la veintena de kilómetros.

Las distancias se encuentran sobre el papel, en los datos que has leido previamente antes de llegar, pero estando allí postrados junto al precipicio, en ningún momento nos dio la sensación de vértigo. No sabes si bajo tus pies tienes cien, doscientos o más de un kilómetro de profundidad como es el caso. Lo escalonado de su relieve y su anchura desmedida son los responsables para tal efecto óptico.

Gran Cañón del Colorado

Estos “escalones” de los que os hablo son cada uno de los estratos que, debido a la erosión, se han ido quedando al descubierto revelando la historia geológica de nuestro planeta. Parece mentira, pero en este lugar se pueden ver vestigios de hasta casi 2.000 millones de años de antigüedad…, ahí es nada. Pero ¿Cómo era nuestro planeta hace dos mil millones de años? Pues la verdad es que, salvo por lo redondo, el resto no se parecía en nada a lo que conocemos hoy como Tierra. La zona del Gran Cañón —como casi todo el planeta— estaba sumergida en un inmenso océano tras haber sufrido su primera glaciación y la vida en La Tierra se reducía a su mínima expresión en pequeños cuerpos celulares.

Gran Cañón del Colorado

2000 mil millones de años, son muchos años, y los continentes estaban aún por formarse. Postrado en lo alto del Gran Cañón del Colorado uno no es consciente de estos cambios y simplemente se limita a disfrutar del panorama que nos brinda uno de los lugares más sorprendentes del planeta. Pero en un mirador y otro lo que acabas viendo es siempre lo mismo (de ahí la monotonía de las fotos en este artículo), y he aquí nuestra equivocación al quedarnos dos días en el Gran Cañón sin tener planeado hacer ninguna otra actividad, como por ejemplo un trekking por el interior del cañón, algo evidente al ir con Vera que contaba en aquél momento con tan solo un año. Un día y medio en esta zona se nos haría largo y cuando terminamos de recorrer esa tarde la ruta 64 nos dimos cuenta de ello.

Gran Cañón del Colorado

A última hora de la tarde fuimos en busca de nuestro alojamiento. Unos pocos días antes de ir a Estados Unidos habíamos estado buscando para alojarnos cerca de la grieta del cañón, pero nos fue imposible encontrar nada ya que lo reservamos todo a última hora. Finalmente encontramos el hotel Grand Canyon Inn, situado en la población de Valle, una especie de isla en medio del desierto con unos pocos hoteles, un aeropuerto y un parque temático muy extraño dedicado a los Picapiedra… El hotel está a una media hora en coche del Gran Cañón, por lo que tampoco es mucho tiempo ya que por allí no suele haber atascos.

Al día siguiente teníamos tooodo el santo día para estar dando vueltas observando las maravillosas —y repetitivas— vistas del Gran Cañón del Colorado. En la mañana dedicamos el tiempo a recorrer el famoso Rim Trail, desde el centro de visitantes hasta Grand Canyon Village, que no son muchos kilómetros —unos 4 más o menos—, pero con la niña todavía dando sus primeros pasos nos llevó su tiempo.

Gran Cañón del Colorado

El recorrido desde luego es muy bonito y recomendable. Se hace cómodo a través de una pequeña pista asfaltada que discurre junto al borde del barranco y en numerosos sitios existen miradores para poder observar en plenitud el Gran Cañón.

Gran Cañón del ColoradoGran Cañón del ColoradoGran Cañón del Colorado

Llegados al Grand Canyon Village decidimos volver en autobús al comienzo del recorrido. Para ello aprovechamos una de las rutas de autobús gratuito que existen en el parque y que trasladan a los visitantes a distintos lugares. Y ya. Se acabó el Gran Cañón para nosotros porque tampoco íbamos a realizar ninguna otra actividad. Estábamos ante una de las maravillas del mundo natural y a nosotros se nos acabó el entusiasmo en una tarde y una mañana, pero es que, salvo que quieras hacer alguna otra actividad —trekking, montar en helicóptero, etc.—, allí no hay mucho más que hacer y ya habíamos disfrutado de las —mismas— vistas desde numerosos miradores, así que nos volvimos a la zona del hotel para comer y planear algo para esa tarde.

Gran Cañón del Colorado

Si… esta foto es igual que la de arriba… pero seguro que tú eres de los poquitos que se ha dado cuenta.

Quien dice planear, en estos casos se llama improvisar, y planteamos acercarnos a la cercana localidad de Flagstaff para ver una de las fricadas mías. El gran cráter Barringer. Un cráter de impacto de un meteorito que cayó hace unos 50.000 años y que se puede observar en su plenitud. Pero ya era muy tarde. Eran las cuatro de la tarde y en Internet vimos que cerraban a las cinco, que contando con la hora y media de camino que teníamos, las cuentas nos salieron rápido. Me quedé con las ganas, pero así tengo excusa para volver algún año. Así que sin ese plan, no quedaba otra que quedarnos por la zona del hotel.

Para completar nuestra visita al Gran Cañón del Colorado decidimos acercarnos a Tusayan para ver un documental producido por National Geographic en un teatro IMAX en el cual narran la historia de la exploración del Cañón, y aunque no tenía muchas esperanzas de que me fuera a encandilar, la verdad es que me gustó mucho, entre otras cosas porque nunca había visto una película en ese formato y no me defraudó. Disponen de audios en varios idiomas y numerosas sesiones de proyección, por lo que si estáis por allí y os sobra tiempo, merece la pena entrar a verlo.

Gran Cañón del Colorado

El resto de tarde, que no era tampoco mucho, lo pasamos en los alrededores del hotel visitando la tienda y el parque de los Picapiedra. Esto no es nada del otro mundo, ya que el parque no es más que unos decorados con los famosos personajes de la serie y poco más, así que fue visto y no visto, y con ello dimos por terminado nuestro día y nuestra visita al Gran Cañón del Colorado. Y pensándolo bien, tampoco nos venía mal estar las últimas horas de la tarde tranquilos y cenar relativamente temprano para así acostarnos pronto y madrugar al día siguiente para afrontar uno de los días más pesados de coche que íbamos a tener en el viaje, eso sí, también uno de los días que con más entusiasmo esperaba, ya que recorreríamos una buena tanda de kilómetros a través de la famosa Ruta 66 camino a Los Ángeles, que como buen amante del motor y la conducción que soy, estaba seguro que no me iba a defraudar.

Víctor del Pozo

Qué ver en Estambul en tres días

Desde estas líneas os voy a tratar de recomendar el qué ver en Estambul en tres días. Nosotros fuimos en el 2014 cuando Vera tenía un año recién cumplido y pasamos en la ciudad seis días completos pudiendo ver bastantes lugares. Pero hay mucha gente que dispone de tan sólo 3 días para ver Estambul (en los habituales tours por Turquía, por ejemplo) y en una ciudad como esta, donde hay tanto que ver y las distancias son relativamente grandes, conviene seleccionar con anterioridad lo que se quiere ver, así que desde mi punto de vista, aquí os dejo una opción de qué ver en Estambul en 3 días.

Qué ver en Estambul

Qué ver en Estambul

La forma de hacer las visitas en Estambul dependerá mucho de donde os alojéis. Nosotros reservamos el hotel Azade en Sultanahmet, a dos calles de la mezquita Azul, por lo que el recorrido que os diré irá condicionado a esta ubicación, inmejorable por otra parte.

Qué ver en Estambul. Vistas desde la terraza del hotel

Qué ver en Estambul el primer día

Para empezar propongo una toma de contacto por los alrededores del hotel, aunque más que toma de contacto, en esta mañana nos vamos a ventilar buena parte de los imprescindibles que hay que ver en Estambul.

Para empezar el primer recorrido nos acercaremos hasta la mezquita Azul cuya visita no nos llevará mucho más de media hora. Exteriormente esta mezquita es impresionante, tanto de tamaño como de arquitectura. Su interior tampoco nos defraudará, pero durante nuestra estancia en Estambul ya os digo que veremos alguna mezquita más bonita que esta.

Qué ver en Estambul. Mezquita Azul

Qué ver en Estambul. Mezquita Azul

Al otro lado de los jardines donde se sitúa esta mezquita tenemos la joya de la corona de Estambul, la iglesia de Santa Sofía, que como la ciudad de Estambul, es un vivo reflejo de las etapas pasadas desde su creación. De ahí que, aunque sea una iglesia, contemple en sus esquinas cuatro minaretes y en general su aspecto nos recuerde más a la mezquita que llegó a ser y no tanto a la basílica que fue en sus orígenes.

Qué ver en Estambul. Santa Sofia

Hoy su función ya no es ni una cosa ni la otra. Ahora está abierta al público como museo para poder disfrutar de una de las joyas arquitectónicas e históricas no sólo de Estambul sino de toda la humanidad.

Qué ver en Estambul. Mezquita Azul

Sin alejarnos de esta zona tenemos al lado de Santa Sofía otro de los lugares que hay que ver en Estambul. El palacio de Topkapi. Hoy es el museo que nos narra a través de documentos y diferentes salas la época imperial de Turquía, y es precisamente este palacio el que durante cuatro siglos fue el centro administrativo de dicho Imperio otomano hasta que trasladaron a mediados del siglo XIX la residencia principal del sultán al Palacio de Dolmabahçe.

Qué ver en Estambul. Palacio de Topkapi

Con las anteriores tres visitas es muy probable que tengamos finiquitada la mañana, pero quizá podamos estirarla un poco más para poder visitar la Cisterna Basílica, uno de los muchos depósitos de agua que poseía en sus entrañas la antigua ciudad de Constantinopla y que se sitúa a escasos metros del palacio Topkapi y que nos llevará poco más de media hora visitarla.

Qué ver en Estambul. Cisterna Basílica

Por la tarde podemos pasear por el barrio de Eminonu, entrar a la mezquita Nueva o Yeni Cami y estimular nuestros sentidos con las especias en el bazar egipcio y el resto del mercado callejero que se extiende tras él.

Qué ver en Estambul. Bazar egipcio

Justo al lado del bazar se sitúa el puente Gálata que atraviesa el Cuerno de Oro. Es un animado puente de doble altura donde podemos degustar en los restaurantes de la parte inferior el pescado que pescan los pescadores (casi un trabalenguas) en la parte alta (no literalmente, entiéndase).

Qué ver en Estambul. Puente Galata

En el mismo puerto de Eminonu y antes de que anochezca cogeremos un ferry para acercarnos hasta el barrio de Uskudar en la parte asiática de Estambul. Desde allí y paseando junto al Bósforo toparemos con la silueta puntiaguda de la eterna Estambul. Esperad sentados a que se haga de noche y disfrutad del momento con un Çay (té) en la mano. Lo recordaréis toda la vida.

Qué ver en Estambul. Barrio de Uskudar

Qué ver en estambul el segundo día

El segundo día lo vamos a dedicar a andar. A andar pero bien. Recorreremos la parte antigua de Estambul e iremos subiendo por todo el distrito de Fatih hasta más allá de las antiguas murallas de Constantinopla. Poneros calzado cómodo y fácil de quitar puesto que entraremos este día a varias mezquitas.

Comenzamos este día yendo hasta la mezquita de Suleymaniye, la más grande de la ciudad y diseñada por el más famoso arquitecto otomano, Mimar Sinan. Fue culminada en 1557 y al igual que os digo que su decoración interior no os encandilará (o sí), el conjunto entero de la mezquita sí que lo hará, tanto por el edificio en sí como por su bonito patio o las vistas de la ciudad desde su jardín.

Qué ver en Estambul. Mezquita de Suleymaniye

Tras esta parada seguiremos ascendiendo la parte antigua de la ciudad de Estambul. De camino podemos conocer la mezquita Sehzade (sin mayor interés) y el acueducto romano de Valente construido en el siglo IV y que durante más de diez siglos fue la vía principal por la que llegó el agua dulce a la ciudad.

Qué ver en Estambul. Acueducto romano de Valente

A menos de un kilómetro del viaducto y por la vía principal Macar Kardeşler nos toparemos con la mezquita de Fatih, otra de las joyas que hay que ver en Estambul. Esta, a mi gusto, fue la más bonita de todas las que vimos. Tanto por el exterior como por el interior, pero sobre todo por este último. Es cierto que poco queda de la original construida en el siglo XV y casi destruida por completo tras numerosos terremotos, pero esta que hoy vemos, reconstruida en 1777 me dejó perplejo. Destacaría de ella sus grandes dimensiones y sobre todo la luz natural proveniente de los numerosos ventanales que hacen del edificio un auténtico colador. Como siempre, en la variedad está el gusto, pero esta para mí fue la mezquita más bonita de Estambul, que no la única.

Qué ver en Estambul. Mezquita de Fatih

Ahora nos tocará conocer Fanar, un barrio con menos “glamour” pero no por ello menos interesante de visitar. Se trata de un barrio histórico de Estambul que fue ocupado por la comunidad griega tras la caída de Constantinopla y cuyo distintivo se puede ver hoy a través de algunas iglesias ortodoxas. Hoy el barrio es ocupado en la gran mayoría por turcos de clase media y baja y a simple vista no parece que se trate de un barrio histórico ni nada parecido.

Qué ver en Estambul. Barrio de Fanar

Ha esta altura de la ruta ya nos encontramos fuera de cualquier ruta turística y eso se hace notar por cada callejón que recorremos. En el barrio podréis ver la Iglesia de Pammakaristos, antiguas casas de madera y muchos solares en aparente ruina que hacen de aparcamiento y prácticamente de basurero entre viviendas más bien ruinosas. El entramado de calles es considerable tanto como para perderse, pero si así os pasa y no lleváis un mapa, preguntad por vuestro siguiente destino. La iglesia de San Salvador de Chora.

Qué ver en Estambul. Barrio de Fanar

La iglesia de San Salvador de Chora, realmente hoy museo de Chora, fue una de las grandes sorpresas de mi viaje a Estambul. Me habían hablado muy bien de ella y por lo tanto me esperaba mucho de esta iglesia, y cuando entré en ella quedé encantado y perplejo con lo que vi. Una decoración impresionante de mosaicos y pinturas del siglo XIV que componen lo que es considerado una de las mayores joyas de arte bizantino que se puedan contemplar en todo el mundo hoy en día. Sin duda un lugar muy recomendado que hay que ver en Estambul.

Qué ver en Estambul. Iglesia de San Salvador de Chora

Qué ver en Estambul. Iglesia de San Salvador de Chora

A unos pasos de esta iglesia y continuando hacia el oeste nos encontraremos con las antiguas murallas de Constantinopla. Un imponente muro de dimensiones colosales que sigue aguantando en pie tras quince siglos —y con todo lo que ha llovido en esta encrucijada de pueblos—. Se dice pronto pero aún siguen ahí, casi abandonadas por los turistas y responsables del país. Tanto, que parece mentira que estos fueran los muros que protegieron durante siglos la capital de los más importantes imperios antiguos.

Qué ver en Estambul. Murallas de Constantinopla

Al otro lado de las murallas, el caótico tráfico de la ciudad es posible que os nuble un poco la maravillosa ciudad que es Estambul. No os preocupéis. Seguir andando hasta el comienzo del distrito de Eyüp justo casi al final del Cuerno de Oro y pronto daréis con el elegante complejo de la mezquita de Eyüp ubicado sobre una bonita plaza marmórea.

Qué ver en Estambul. Mezquita de Eyüp

Se trata de la primera mezquita levantada íntegramente por el Imperio Otomano y en su interior se guardan reliquias de Mahoma y la tumba de un íntimo compañero del profeta, por lo que veréis a muchos peregrinos y vecinos llegar hasta este lugar para venerarlos.

Qué ver en Estambul. Mezquita de Eyüp

Tras la mezquita se extiende el gran cementerio de Eyüp que trepa por toda una colina y que se puede visitar a través de numerosos senderos. Un increíble bosque pétreo de lápidas que nos alza hasta la cima de esta colina donde se encuentra el famoso café Pierre Loti desde donde se obtienen unas vistas espectaculares de todo el camino que hemos andado este día y la parte moderna de Estambul. Para subir hasta aquí arriba, además de la opción de hacerlo andando, existe un teleférico que nos hará la ascensión mucho más rápida y sobre todo más cómoda.

Qué ver en Estambul. Café Pierre Loti

Aquí hemos llegado al final de nuestra gran ruta de este día. No os voy a decir que volváis al inicio de la misma andando otra vez, por supuesto que no. Pero sí que tendremos que volver a bajar hasta la mezquita de Eyüp y en una calle cercana (está señalado en el mapa que enlazo) coger el autobús 99A que en 15 o 20 minutos nos dejará de nuevo en el corazón del barrio de Eminonu junto al puente Gálata.

El resto de tarde que os quedará (que no será mucho) os propongo acercaros al Gran Bazar y dar un paseo por aquel laberíntico mercado. Sin duda, aunque esté muy enfocado al turista, podrás sentir la vida tan ajetreada de uno de los bazares más grandes del mundo.

Qué ver en Estambul. Gran Bazar

Para cenar este día os recomiendo uno de los lugares que más nos gustaron para pasar un rato agradable y que encima queda cerca del hotel situado en Sultanahmet, más concretamente al lado de la mezquita Azul. Se trata del Mesale Cafe & Restaurant donde puedes fumar narguile o cenar comida típica con espectáculo de derviche en directo. Tiene precios populares donde acuden tanto turistas como locales.

Qué ver en Estambul.

Qué ver en Estambul el tercer día

Este va a ser nuestro último día y no nos vamos a ir de Estambul sin antes pasear por la zona más moderna de la ciudad. Si aún tenéis ganas de andar después del día anterior, perfecto, porque hoy también andaremos ya que hay que aprovechar el poco tiempo que estaremos en la ciudad.

La ruta comenzará desde el puente Gálata. Allí volveremos a pasear junto a decenas de pescadores y observaremos de nuevo la silueta cortante de la vieja Estambul. En frente nuestra veremos en lo alto la famosa torre Gálata que será nuestro próximo destino.

Qué ver en Estambul. Puente Galata

Para llegar a la torre pasearemos por el barrio de Karaköy donde hay varios mercados callejeros especializados en distintos productos como menaje del hogar, electrónica o incluso instrumentos musicales. Siempre andaremos cuesta arriba para llegar hasta las inmediaciones de la oronda torre Gálata.

Qué ver en Estambul. Torre Galata

Aquí se erigió a mediados del siglo XIV esta torre que formaba parte de la antigua fortificación que rodeaba a la comunidad de genoveses y venecianos que ocuparon este lugar en la época bizantina. Bien podría pasar por el gran faro de Estambul o por una torre vigía puesto que desde lo alto de ella se divisa prácticamente toda la ciudad. Previo pago de entrada se puede ascender hasta su mirador circular situado a unos 50 metros de altura, pero si no os apetece pagar eso (en nuestro caso llevábamos la silla de la niña y no subimos) podréis acceder al hotel Anemon (que está justo al lado), subir a su bar en la última planta y tomaros una cerveza mientras observáis unas vistas igualmente impresionantes de la ciudad, eso sí, sin versión de 360º.

Qué ver en Estambul. Vistas de Estambul

Desde allí buscaremos la gran Avenida de İstiklal, una de las más importantes de la ciudad y que siempre está llena de gente, para recorrerla tranquilamente hasta llegar a la plaza Taksim donde se ubica el monumento que conmemora la creación de la República Turca en 1923. Una amplia plaza que quizá la recordemos últimamente más por los disturbios y abusos del poder contra los ciudadanos turcos durante las protestas del 2013.

Qué ver en Estambul. Avenida de İstiklal

Qué ver en Estambul. plaza Taksim

En la misma plaza Taksim podremos coger el funicular que en tan sólo 2 minutos nos dejará en la parada de Kabataş junto al Bósforo. Desde allí tendremos algo más de tres kilómetros andando junto al estrecho de Estambul hasta la bonita mezquita de Ortaköy.

Qué ver en Estambul. Escaleras de arcoiris en el vecindario de Cihangir

El recorrido lo podéis hacer a través del barrio de Besiktas o de forma más recta junto a la orilla del Bósforo por donde nos encontraremos con el palacio de Dolmabahçe y varias zonas recreativas donde puedes sentarte a tomar algo tranquilamente. Pero para sentarnos y relajarnos sería mucho mejor esperar a hacerlo junto a la mezquita de Ortaköy donde el ambiente callejero es vibrante y tendremos una buena panorámica del gran puente que cruza el Bósforo.

Qué ver en Estambul. Mezquita de Ortaköy

Con este recorrido habremos llegado al medio día de sobra. Quizás esta zona sea perfecta para comer y coger fuerzas para deshacer lo andado y llegar de nuevo a la estación de Kabataş (no hay metro y ni me planteé coger el bus por la cantidad de tráfico que hay en esa zona) y allí coger el tranvía hasta el barrio de Sultanahmet donde tenemos el hotel para recoger nuestras cosas y marchar de la ciudad. Si disponéis del día completo quizás lo podáis aprovechar para acudir a algún baño turco y completar así una visita perfecta a Estambul y recuperarse de todo lo andado.

Qué ver en Estambul.

Estas tres rutas que os acabo de describir sobre qué ver en Estambul están pensadas para que sean viables, tanto por tiempo de desplazamiento como de visitas a las principales atracciones (pensadas desde las 9 de la mañana). Como os podéis dar cuenta, cuando visito una ciudad me gusta andar. Rara vez cojo el transporte público salvo que sea necesario, pero creo que es una muy buena forma de descubrir una ciudad más allá de los puntos turísticos clásicos. Por supuesto yo no conocí toda Estambul, y es probable que si lo hiciera modificara algo de las rutas, pero creo que haciendo lo que he puesto conseguiréis llevaros una sensación a casa de que realmente habéis aprovechado el tiempo y conocido buena parte de Estambul.



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Víctor del Pozo

Retorno al Viejo Oeste en el parque navajo de Monument Valley,

Después de pasar cuatro noches y tres días completos en Las Vegas, he de reconocer que nos encontrábamos ya deseosos de salir de allí para continuar tomando contacto con los impresionantes paisajes naturales de Estados Unidos. En esta ocasión nos dirigiríamos hacia el «viejo oeste», al lugar de las icónicas siluetas rocosas que perfilan el árido paisaje de Monument Valley perfectamente reconocidas a nivel mundial gracias al género cinematográfico western que catapultó el director John Ford.

Monument Valley

Este lugar está situado en un extenso valle dentro de la reserva de los nativos navajo y quedaba a «tomar viento fresco» de nuestra ruta principal por la costa oeste de Estados Unidos, pero se trataba de un lugar al que siempre había querido ir y ahora, estando ya de vuelta con la experiencia en mis manos, debo decir que fue todo un acierto y no nos arrepentimos de haber incluido Monument Valley a nuestros planes.

La distancia que separa Las Vegas de Monument Valley son alrededor de 650 km., lo que quería decir que teníamos por delante todo un día de camino en coche. En un principio teníamos pensado desviarnos para ver el cañón de Bryce, pero nos pareció excesivo el recorrido e in extremis desechamos la idea para centrarnos en otros lugares que nos pillaran más de paso como por ejemplo el Lago Powell y el famoso meandro del río Colorado, más conocido como Horseshoe Bend o la Herradura.


El Lago Powell

El Lago Powell es un embalse artificial creado a partir de la construcción de la presa en Glen Canyon la cual retiene el agua que desciende por el río Colorado. En este lago se ha creado un reconocido puerto deportivo para realizar actividades acuáticas, pero ese precisamente no iba a ser nuestro caso y simplemente nos aprovecharíamos de las impresionantes vistas que nos brindaba un mirador situado junto a la carretera y hacer una parada en el camino. Desde aquella posición se podía divisar gran parte del lago y las caprichosas formas que la erosión ha creado durante millones de años. Es una vista caracterizada por el contraste del agua sobre el árido desierto.

Lago Powell

Más adelante en el camino nos encontramos con la presa causante de dicho lago y que comunica por una estrecha carretera las cortantes paredes del cañón Glen. Allí tienen un centro de interpretación de la presa y al otro lado del cañón una serie de caminos por donde bajar a algunos miradores e internarnos por el cañón.

Glen Canyon


Horseshoe Bend

Nada más pasar la presa se encuentra la ciudad de Page y el cruce con la carretera estatal 98 que tendríamos que coger para llegar a Monument Valley, pero muy cerca de ese cruce, apenas dos kilómetros más adelante, se encuentra el espectacular meandro del río Colorado llamado Horseshoe Bend, literalmente traducido como Curva de la Herradura, y que literal es también su forma.

Horseshoe BendEl coche lo dejamos en un parking que han habilitado cercano a la carretera, a unos ochocientos metros del meandro, y como en todos estos accidente geográficos, hasta que no llegas al lugar no te haces a la idea del espectáculo natural que se ha creado. Si no se tiene vértigo podéis situaros a pie del barranco y «flipar» con las vistas que se obtienen.

Horseshoe Bend


Visitar Monument Valley

Ya no teníamos programado parar en ningún otro lugar hasta llegar a Monument Valley. Las horas que eran habíamos calculado que llegaríamos ya de noche, y por el camino, los últimos rayos de Sol y una Luna llena que empezaba a tomar protagonismo en el cielo nos brindaron una antesala perfecta de lo que veríamos al día siguiente.

Monument Valley

Este lugar y la carretera os impresionarán, máxime si los desiertos os hechizan tanto como a mí, y pese a no haber nada excepcional que remarcar, todo el conjunto de sensaciones que percibían nuestros sentidos nos cautivaron. Era la soledad de aquella carretera sin iluminar, la agonizante luz del día pasando de los tonos cálidos hasta la oscuridad más absoluta, el silencio, la calma… el estar allí en ese momento. Muchas veces no hace falta estar delante de un famoso monumento ni vivir una experiencia extraordinaria para sentirse así, y este precisamente fue uno de esos casos. Sin duda alguna los desiertos tienen algo especial.

Dónde alojarse en Monument Valley

Con la oscuridad de la noche y el cielo totalmente estrellado llegamos a nuestro alojamiento. En esta ocasión, por capricho y más bien por tardanza en reservar el hotel —cuando nos quisimos dar cuenta ya no había casi nada libre para esas fechas—, nos decantamos por el hotel Goulding´s Lodge, situado en plena frontera entre Utah y Arizona, a pocos kilómetros de la entrada al parque de Monument Valley. El alojamiento a nosotros nos pareció de lujo.

Alojamiento en Monument Valley

Fue el que más caro pagamos pero fue justificado. La ubicación es espectacular en medio de peñascos y las vistas a Monument Valley me cautivaron. Y para colmo, teníamos piscina climatizada que pudimos aprovechar esa misma tarde-noche antes de que cerraran. Las habitaciones son amplias y cómodas, como todas en las que hemos estado en este viaje, pero la panorámica que teníamos desde nuestra terraza (siempre y cuando te toque una habitación orientada al norte) fue lo que más nos gustó. Incluso me puse el despertador para ver amanecer. Por la mañana, el color naranja rojizo del cielo parecía ir depositándose poco a poco sobre el paisaje cortante de Monument Valley.

Monument Valley

Entrada a Monument Valley

Recogimos todo y lo metimos en el coche. Teníamos tan solo diez kilómetros hasta el aparcamiento del centro de visitantes de Monument Valley y fuimos de los primero en llegar y entrar. La entrada que hay que abonar es para meter el coche y hasta 4 personas en él y nos costó 20$ (consultar horarios y tarifas actuales aquí. Recordad que este parque no entra dentro de los parques nacionales de Estados Unidos ya que es gestionado particularmente por el pueblo navajo y por ello no os valdrá el pase anual de los parques nacionales) y no contratamos ninguna excursión con los nativos, lo que nos limitaba a un recorrido estándar en coche propio pero que te da para ver lo más característico y estar dos horas dando vueltas por el desierto.

Monument Valley

También se pueden contratar excursiones a caballo, lo que le da un toque especial a la visita.

Visitando Monument Valley

El paisaje de Monument Valley la verdad es que es espectacular. A parte de que se trate de la icónica silueta que hemos visto mil veces en las películas del oeste, las formaciones rocosas son dignas de admirar. En parte, Monument Valley me recordaba al también desértico paisaje navarro de Bardenas Reales, cuyo símil no es tan descabellado puesto que la formación de ambos lugares tienen muchas cosas en común.

Monument Valley

Nuestra corta existencia individual en este mundo nos hace complicado entender los enormes periodos de tiempo de nuestra querida Tierra que hacen posible la creación de paisajes tan espectaculares como el que teníamos delante de nosotros. Aquí donde los vemos, estos monumentos geológicos del valle navajo comenzaron a formarse hace la friolera cifra de doscientos millones de años. Para poneros en contexto, aproximadamente cuando surgieron los primeros dinosaurios en la Tierra.

Monument Valley

Aunque parezca mucho tiempo —que lo es—, es poco si lo comparamos con los restos de sedimentos más antiguos que podemos encontrar en el Gran Cañón del Colorado que corresponden a hace unos 2.000 millones de años. Pero «solo» doscientos millones de años es tiempo suficiente para crear este característico paisaje de Monument Valley, un skyline natural de monolitos gigantes cincelados a capricho por la erosión del agua y el viento.

Monument Valley

 

Monument Valley

En algún momento irán cayendo, uno tras otro, pero ninguno de nosotros estaremos aquí para verlo (aunque nunca se sabe… [Se derrumba la icónica Ventana Azul de Malta]). Hoy por hoy los podemos disfrutar a la vez que fantasear desde alguno de sus miradores imaginando los famosos convoyes de diligencias atravesando el Salvaje Oeste.

Monument Valley

Como he contado al principio, nosotros entramos de los primeros al parque. No había ni un alma por los caminos habilitados y por lo tanto disfrutamos de los paisajes en plenitud. En algunos lugares los nativos comenzaban a colocar algún puesto de bisutería y alfarería. Mientras, nosotros circulábamos despacio por la pista. El recorrido no tiene pérdida, o al menos no es fácil perderse ya que te dan un mapa y por el camino vas viendo las indicaciones. En todo caso, si te confundes, puedes volver hacia atrás ya que la pista de tierra es en ambos sentidos.

Monument Valley

En cualquier lugar puedes pararte y explayarte con la cámara de fotos, pero desde luego hay lugares que son idóneos para tirarte un buen rato y degustar el impresionante paisaje de Monument Valley, como por ejemplo en el mirador que se sitúa junto a la formación Spearhead Mesa.

La pista es de fácil accesibilidad. Nosotros teníamos un coche berlina normal y corriente y pudimos hacer el circuito sin mayores problemas. Despacito y con algún que otro bache, pero sin perdernos nada. El problema lo tuvimos al final del recorrido, en la cuesta que da acceso y salida del recorrido. Para entrar es una cuesta abajo empinada con mucha arena pero que se pasa sin mayor problema.

Monument Valley

Aquí se puede ver parte de la cuesta que da acceso y salida del parque.

El problema lo tuvimos a la salida y esa cantidad de arena que a la bajada no me pareció tanta. Delante nuestra había un 4×4 encallado, y valiente de mí comencé a meterme también en la arena. Cuando me quise dar cuenta me encontraba en la misma situación que el todo terreno pero con una «mierda» de berlina familiar… Ni para atrás ni para delante… No os exagero cuando os cuento que me tiré más de media hora para sacar el coche de allí y con miedo de no tirarlo fuera de la pista ya que para intentar subir me fui por un borde de la carretera donde había menos arena y cada vez que movía un poco el coche este se deslizaba para donde quería. Finalmente Eva se quedó fuera del coche con la niña por lo que pudiera pasar y al cabo de varios intentos conseguí sacarlo hacia atrás y volver al principio de la cuesta, ya con un poco de susto en el cuerpo, todo hay que decirlo. Después de pasar un rato sin ver otra salida, observamos como los nativos navajos que hacían las excursiones con un todo terreno subían la cuesta saliéndose de pista y yendo por una más estrecha, empedrada pero sin nada de arena, aunque no muy apta para un turismo. El caso es que fue la única salida que teníamos y con un poco de cuidado finalmente pudimos salvar el escoyo.

Monument Valley

Con el coche empolvado nos despedimos de Monument Valley. Realmente este parque no es que esté un poco retirado de una ruta por la costa oeste de Estados Unidos, es que queda «a tomar por saco» de todo, y después de tirarnos todo el día anterior en el coche para llegar hasta allí, ahora nos quedaban unas tres horas y media para llegar a nuestro siguiente destino, el Gran Cañón del Colorado, uno de los must de este viaje. Pero no obstante, pese a quedar lejos de un itinerario lógico, Monument Valley nos encantó y siempre que haya tiempo para poder visitarlo lo recomiendo. Ahora tendríamos dos noches por delante alojados junto al Gran Cañón del Colorado y ya de vuelta reconozco que me confundí. Si no se pretenden hacer muchas actividades por allí y tan solo nuestro interés es ver el Gran Cañón desde algunos miradores, con estar una noche, un día o si me apuráis, una tarde o mañana, os dará tiempo de sobra para verlo, pero de esto ya hablaré más extendidamente en el siguiente artículo.

 

Víctor del Pozo