Retorno al Viejo Oeste en el parque navajo de Monument Valley,

Después de pasar cuatro noches y tres días completos en Las Vegas, he de reconocer que nos encontrábamos ya deseosos de salir de allí para continuar tomando contacto con los impresionantes paisajes naturales de Estados Unidos. En esta ocasión nos dirigiríamos hacia el «viejo oeste», al lugar de las icónicas siluetas rocosas que perfilan el árido paisaje de Monument Valley perfectamente reconocidas a nivel mundial gracias al género cinematográfico western que catapultó el director John Ford.

Monument Valley

Este lugar está situado en un extenso valle dentro de la reserva de los nativos navajo y quedaba a «tomar viento fresco» de nuestra ruta principal por la costa oeste de Estados Unidos, pero se trataba de un lugar al que siempre había querido ir y ahora, estando ya de vuelta con la experiencia en mis manos, debo decir que fue todo un acierto y no nos arrepentimos de haber incluido Monument Valley a nuestros planes.

La distancia que separa Las Vegas de Monument Valley son alrededor de 650 km., lo que quería decir que teníamos por delante todo un día de camino en coche. En un principio teníamos pensado desviarnos para ver el cañón de Bryce, pero nos pareció excesivo el recorrido e in extremis desechamos la idea para centrarnos en otros lugares que nos pillaran más de paso como por ejemplo el Lago Powell y el famoso meandro del río Colorado, más conocido como Horseshoe Bend o la Herradura.


El Lago Powell

El Lago Powell es un embalse artificial creado a partir de la construcción de la presa en Glen Canyon la cual retiene el agua que desciende por el río Colorado. En este lago se ha creado un reconocido puerto deportivo para realizar actividades acuáticas, pero ese precisamente no iba a ser nuestro caso y simplemente nos aprovecharíamos de las impresionantes vistas que nos brindaba un mirador situado junto a la carretera y hacer una parada en el camino. Desde aquella posición se podía divisar gran parte del lago y las caprichosas formas que la erosión ha creado durante millones de años. Es una vista caracterizada por el contraste del agua sobre el árido desierto.

Lago Powell

Más adelante en el camino nos encontramos con la presa causante de dicho lago y que comunica por una estrecha carretera las cortantes paredes del cañón Glen. Allí tienen un centro de interpretación de la presa y al otro lado del cañón una serie de caminos por donde bajar a algunos miradores e internarnos por el cañón.

Glen Canyon


Horseshoe Bend

Nada más pasar la presa se encuentra la ciudad de Page y el cruce con la carretera estatal 98 que tendríamos que coger para llegar a Monument Valley, pero muy cerca de ese cruce, apenas dos kilómetros más adelante, se encuentra el espectacular meandro del río Colorado llamado Horseshoe Bend, literalmente traducido como Curva de la Herradura, y que literal es también su forma.

Horseshoe BendEl coche lo dejamos en un parking que han habilitado cercano a la carretera, a unos ochocientos metros del meandro, y como en todos estos accidente geográficos, hasta que no llegas al lugar no te haces a la idea del espectáculo natural que se ha creado. Si no se tiene vértigo podéis situaros a pie del barranco y «flipar» con las vistas que se obtienen.

Horseshoe Bend


Visitar Monument Valley

Ya no teníamos programado parar en ningún otro lugar hasta llegar a Monument Valley. Las horas que eran habíamos calculado que llegaríamos ya de noche, y por el camino, los últimos rayos de Sol y una Luna llena que empezaba a tomar protagonismo en el cielo nos brindaron una antesala perfecta de lo que veríamos al día siguiente.

Monument Valley

Este lugar y la carretera os impresionarán, máxime si los desiertos os hechizan tanto como a mí, y pese a no haber nada excepcional que remarcar, todo el conjunto de sensaciones que percibían nuestros sentidos nos cautivaron. Era la soledad de aquella carretera sin iluminar, la agonizante luz del día pasando de los tonos cálidos hasta la oscuridad más absoluta, el silencio, la calma… el estar allí en ese momento. Muchas veces no hace falta estar delante de un famoso monumento ni vivir una experiencia extraordinaria para sentirse así, y este precisamente fue uno de esos casos. Sin duda alguna los desiertos tienen algo especial.

Dónde alojarse en Monument Valley

Con la oscuridad de la noche y el cielo totalmente estrellado llegamos a nuestro alojamiento. En esta ocasión, por capricho y más bien por tardanza en reservar el hotel —cuando nos quisimos dar cuenta ya no había casi nada libre para esas fechas—, nos decantamos por el hotel Goulding´s Lodge, situado en plena frontera entre Utah y Arizona, a pocos kilómetros de la entrada al parque de Monument Valley. El alojamiento a nosotros nos pareció de lujo.

Alojamiento en Monument Valley

Fue el que más caro pagamos pero fue justificado. La ubicación es espectacular en medio de peñascos y las vistas a Monument Valley me cautivaron. Y para colmo, teníamos piscina climatizada que pudimos aprovechar esa misma tarde-noche antes de que cerraran. Las habitaciones son amplias y cómodas, como todas en las que hemos estado en este viaje, pero la panorámica que teníamos desde nuestra terraza (siempre y cuando te toque una habitación orientada al norte) fue lo que más nos gustó. Incluso me puse el despertador para ver amanecer. Por la mañana, el color naranja rojizo del cielo parecía ir depositándose poco a poco sobre el paisaje cortante de Monument Valley.

Monument Valley

Entrada a Monument Valley

Recogimos todo y lo metimos en el coche. Teníamos tan solo diez kilómetros hasta el aparcamiento del centro de visitantes de Monument Valley y fuimos de los primero en llegar y entrar. La entrada que hay que abonar es para meter el coche y hasta 4 personas en él y nos costó 20$ (consultar horarios y tarifas actuales aquí. Recordad que este parque no entra dentro de los parques nacionales de Estados Unidos ya que es gestionado particularmente por el pueblo navajo y por ello no os valdrá el pase anual de los parques nacionales) y no contratamos ninguna excursión con los nativos, lo que nos limitaba a un recorrido estándar en coche propio pero que te da para ver lo más característico y estar dos horas dando vueltas por el desierto.

Monument Valley

También se pueden contratar excursiones a caballo, lo que le da un toque especial a la visita.

Visitando Monument Valley

El paisaje de Monument Valley la verdad es que es espectacular. A parte de que se trate de la icónica silueta que hemos visto mil veces en las películas del oeste, las formaciones rocosas son dignas de admirar. En parte, Monument Valley me recordaba al también desértico paisaje navarro de Bardenas Reales, cuyo símil no es tan descabellado puesto que la formación de ambos lugares tienen muchas cosas en común.

Monument Valley

Nuestra corta existencia individual en este mundo nos hace complicado entender los enormes periodos de tiempo de nuestra querida Tierra que hacen posible la creación de paisajes tan espectaculares como el que teníamos delante de nosotros. Aquí donde los vemos, estos monumentos geológicos del valle navajo comenzaron a formarse hace la friolera cifra de doscientos millones de años. Para poneros en contexto, aproximadamente cuando surgieron los primeros dinosaurios en la Tierra.

Monument Valley

Aunque parezca mucho tiempo —que lo es—, es poco si lo comparamos con los restos de sedimentos más antiguos que podemos encontrar en el Gran Cañón del Colorado que corresponden a hace unos 2.000 millones de años. Pero «solo» doscientos millones de años es tiempo suficiente para crear este característico paisaje de Monument Valley, un skyline natural de monolitos gigantes cincelados a capricho por la erosión del agua y el viento.

Monument Valley

 

Monument Valley

En algún momento irán cayendo, uno tras otro, pero ninguno de nosotros estaremos aquí para verlo (aunque nunca se sabe… [Se derrumba la icónica Ventana Azul de Malta]). Hoy por hoy los podemos disfrutar a la vez que fantasear desde alguno de sus miradores imaginando los famosos convoyes de diligencias atravesando el Salvaje Oeste.

Monument Valley

Como he contado al principio, nosotros entramos de los primeros al parque. No había ni un alma por los caminos habilitados y por lo tanto disfrutamos de los paisajes en plenitud. En algunos lugares los nativos comenzaban a colocar algún puesto de bisutería y alfarería. Mientras, nosotros circulábamos despacio por la pista. El recorrido no tiene pérdida, o al menos no es fácil perderse ya que te dan un mapa y por el camino vas viendo las indicaciones. En todo caso, si te confundes, puedes volver hacia atrás ya que la pista de tierra es en ambos sentidos.

Monument Valley

En cualquier lugar puedes pararte y explayarte con la cámara de fotos, pero desde luego hay lugares que son idóneos para tirarte un buen rato y degustar el impresionante paisaje de Monument Valley, como por ejemplo en el mirador que se sitúa junto a la formación Spearhead Mesa.

La pista es de fácil accesibilidad. Nosotros teníamos un coche berlina normal y corriente y pudimos hacer el circuito sin mayores problemas. Despacito y con algún que otro bache, pero sin perdernos nada. El problema lo tuvimos al final del recorrido, en la cuesta que da acceso y salida del recorrido. Para entrar es una cuesta abajo empinada con mucha arena pero que se pasa sin mayor problema.

Monument Valley

Aquí se puede ver parte de la cuesta que da acceso y salida del parque.

El problema lo tuvimos a la salida y esa cantidad de arena que a la bajada no me pareció tanta. Delante nuestra había un 4×4 encallado, y valiente de mí comencé a meterme también en la arena. Cuando me quise dar cuenta me encontraba en la misma situación que el todo terreno pero con una «mierda» de berlina familiar… Ni para atrás ni para delante… No os exagero cuando os cuento que me tiré más de media hora para sacar el coche de allí y con miedo de no tirarlo fuera de la pista ya que para intentar subir me fui por un borde de la carretera donde había menos arena y cada vez que movía un poco el coche este se deslizaba para donde quería. Finalmente Eva se quedó fuera del coche con la niña por lo que pudiera pasar y al cabo de varios intentos conseguí sacarlo hacia atrás y volver al principio de la cuesta, ya con un poco de susto en el cuerpo, todo hay que decirlo. Después de pasar un rato sin ver otra salida, observamos como los nativos navajos que hacían las excursiones con un todo terreno subían la cuesta saliéndose de pista y yendo por una más estrecha, empedrada pero sin nada de arena, aunque no muy apta para un turismo. El caso es que fue la única salida que teníamos y con un poco de cuidado finalmente pudimos salvar el escoyo.

Monument Valley

Con el coche empolvado nos despedimos de Monument Valley. Realmente este parque no es que esté un poco retirado de una ruta por la costa oeste de Estados Unidos, es que queda «a tomar por saco» de todo, y después de tirarnos todo el día anterior en el coche para llegar hasta allí, ahora nos quedaban unas tres horas y media para llegar a nuestro siguiente destino, el Gran Cañón del Colorado, uno de los must de este viaje. Pero no obstante, pese a quedar lejos de un itinerario lógico, Monument Valley nos encantó y siempre que haya tiempo para poder visitarlo lo recomiendo. Ahora tendríamos dos noches por delante alojados junto al Gran Cañón del Colorado y ya de vuelta reconozco que me confundí. Si no se pretenden hacer muchas actividades por allí y tan solo nuestro interés es ver el Gran Cañón desde algunos miradores, con estar una noche, un día o si me apuráis, una tarde o mañana, os dará tiempo de sobra para verlo, pero de esto ya hablaré más extendidamente en el siguiente artículo.

 

Víctor del Pozo

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2 Responses to Retorno al Viejo Oeste en el parque navajo de Monument Valley,

  1. Tremendas fotografías. Parece que estabas buscando ubicaciones para una peli de John Ford. Enhorabuena y saludos.

  2. Mari Carmen says:

    Esa zona fue una de las que más nos gustaron de ese viaje! Esos paisajes son espectaculares. También tuvimos algún problemilla con el coche para salir de Monument Valley porque igual, íbamos con un turismo normalito…

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