Como ir por libre a Abu Simbel sin padecer en el intento

Y no teníamos sueño… ¡que vaaaa¡… Nos levantamos a las dos menos cuarto de la madrugada para prepararnos e ir a la puerta del barco donde habíamos quedado con el resto del grupo para tratar de ir a Abu Simbel por libre. Parecía que no íbamos a conseguir poder ir a Abu Simbel sin la agencia, pero la mañana ya había empezado y nuestro propósito iba a ser justo ese. Es sabido que la agencia con la que viajas a Egipto (o si contratas el crucero) siempre te va a intentar poner las cosas difíciles para que hagas la excursión a Abu Simbel con ellos, e incluso el mismo día de la excursión no me extrañaría que tuviéramos algún problema con la agencia porque es un descaro salir del barco a las dos de la madrugada, aunque al menos trataríamos de ser lo más discretos posible.

Por el pasillo del barco ya se oía algún rumor en la zona de recepción y al llegar allí vimos que ya estaba el resto del grupo pidiendo un picnic para desayunar… madre mía… ¡Viva la discreción! Pero no solo era eso, sino que uno de los guías (correspondiente al de los otros chicos), estaba allí también tranquilamente (se iba con otro grupo a Abu Simbel), pero con una cara de… “veras estos como intenten salir de aquí sin mí…”. Les comenté al grupo que no tenían que haber pedido el picnic y me dijeron que tenían todo el derecho (que por otra parte llevan toda la razón del mundo), pero joder… un poquito de discreción para evitarnos algún problema hubiera estado bien. A partir de aquí se fraguó, por parte de los guías, un plan al que yo llamo “por mis cojones que no salís de Asuán”.

Este guía, que dos noches antes se reía con nosotros y preparaba la fiesta de las chilabas, ahora hablaba por teléfono en árabe y mirándonos con cara de pocos amigos. Desde luego yo no entendía nada, pero la impresión que me estaba dando era que nos estaba preparando alguna jugarreta. Justo cuando salimos del barco y andamos un poco por la calle apareció el chico con el que habíamos quedado subido a una calesa y nos dijo que le siguiéramos disimuladamente, aunque ya no había nada que hacer puesto que todos los guías sabían ya que nos íbamos a ir por libre a Abu Simbel. A la vuelta de una esquina apareció “un coche misterioso” que se posicionó al lado de la calesa y sus ocupantes comenzaron a hablar con el chico. Nosotros continuamos andando en un intento de disimulo absurdo y finalmente vimos como terminaban la conversación y se marchaba el coche, por lo que fuimos a hablar con el de la calesa. Nos dijo que el coche está esperando en la otra calle y que nos estaba vigilando. Por todos los medios, nuestro amigo de la calesa trataba de no perder su comisión y nos convencía para que esperásemos un poco. El tiempo apremiaba porque la caravana salía de Asuán en menos de una hora y le metimos prisa para que nos dijera qué es lo que estaba pasado y quienes eran los del coche. Con cara asustada nos dio a entender que finalmente no podría llevarnos porque los del coche le amenazaron. Le preguntamos que si los del coche tenían algo que ver con la gente del barco y asustado nos dio a entender que sí. Nos dijo que esperásemos un momento y pidió que nos sentáramos en un bar cercano para ver qué pasaba, pero casi sin tiempo para reaccionar decidimos desistir de él e ir al hotel donde el día anterior habíamos preguntado para saber si estábamos a tiempo de irnos con ellos. El coche, que nos estaba vigilando los movimientos, se puso a andar con las luces apagados a unos 50 metros detrás de nosotros. Al verlo nos metimos por una calle prohibida para los coches y vimos que desaparecieron por un momento, pero lo que hicieron fue rodear la manzana para esperarnos al final del todo. Cansados de tanta tontería, pedí un cigarro a mis compañeros y me fui hacia el coche para pedirles fuego y ver al menos de quienes se trataban. La verdad es que parecían sacados de alguna película de mafiosos, tirados en el asiento del coche con un brazo por fuera y mirándome fijamente. Les pedí fuego, me lo dieron, y surgió la conversación.

Yo: “¿por qué nos seguís?”

Ellos: “por vuestra seguridad”.

Y: “¿por nuestra seguridad? ¿Pero yo no he pedido este tipo de seguridad?”

E: “Es que está prohibido montar en calesa a estas horas”.

(Vamos… no me jodas que no se podía haber inventado otra cosa…)

Y: “¿Cómo? no hemos visto esa prohibición en ningún sitio”.

E: “Es que no podéis salir del barco”.

Y: “¿Y por qué no me han parado en el barco?”

E: “Es que no se puede salir de la ciudad”

(Vaya cantidad de absurdeces teníamos que escuchar).

Y: “Muy bien… ya veremos si salimos o no”.

E: “Eso eso… ya veremos”.

Con todo el descaro del mundo (ya daba igual), nos siguieron como perritos falderos a escasos metros de nosotros. Nuestro rumbo estaba claro. Nos dirigíamos hacia el hotel para preguntar sobre la excursión y cuando llegamos a la puerta se bajaron y siguieron poniéndonos problemas para no entrar incluso al hotel. Nos dijeron que eran policías y que no nos iban a dejar irnos esa noche a no ser que fuera con un coche que se dedicara al turismo. Lo de que eran policías no me lo creí para nada, pero lo del coche dedicado al turismo al menos era algo coherente (pero que me expliquen a mi si yo estoy en Asuán por mi cuenta y tengo que salir de la ciudad porque me voy a cualquier sitio…. ¿no puedo? vamos… ¡no me jodas!). El policía turístico que estaba en el hotel salió y estuvo hablando con los hombres “misteriosos” mientras que nosotros preguntábamos en la recepción si podíamos salir hacia Abu Simbel con ellos. El hombre del hotel nos explicó que esa gente era mandada por los guías del barco para que no pudiéramos hacer la excursión sin ellos (por lo visto suele pasar), pero que no nos preocupáramos. Nos dio un precio de 200 libras (100 menos que el día anterior) y les dijimos que no había ningún problema. Al rato apareció un conductor con un coche para llevarnos a todos, pero antes teníamos que ir a una comisaría a enseñar los pasaportes y firmar en un papel que íbamos a ir de forma voluntaria con ese conductor. A la vuelta tendríamos que firmar de nuevo para que constara que todo había ido correctamente y el conductor entregarlo en comisaría para que vieran que todos estábamos bien.

Ya con este tema solucionado, nos metimos en el coche y salimos dirección al punto de encuentro donde salen todos los coches juntos que se encuentra justo donde la cantera. Aquí nos encontramos decenas de autobuses y furgonetas pequeñas como en la que íbamos nosotros esperando a que dieran el visto bueno y salir todos a la vez.

Pues aquí no acabó la cosa y justo cuando nos tocó el control policial nos desviaron fuera de la fila y adivinar a quien vimos hablando con la policía…!Bingo¡ El mamonazo del coche que nos perseguía nos siguió hasta aquí y estaba hablando con los policías vete tú a saber qué. De todas formas no me extrañaría que la policía tuviera algo que ver. Le preguntamos al tiparraco qué es lo que pasaba ahora y nos dijo que no íbamos a salir mientras nos ponía cara de hijo de puta. Insistió en convencernos que lo hacía por nuestra seguridad y nos empezó a decir que años atrás hubo atentados en esta ruta donde murieron turistas y por eso no íbamos a salir… (ya lo que nos faltaba por oír…). A esto que vino un policía y se puso a hablar con el conductor enseñándole este todas las documentaciones correctamente mientras que el resto de autobuses y furgonetas empezaron a partir. De repente, vimos que el hombre que nos impedía irnos había desaparecido y nadie le vio irse a ningún lado… pero lo importante es que el policía dio vía libre y pudimos salir junto con todos los demás coches hacia Abu Simbel… ufffffffff

Victor del Pozo

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  1. ¡Vaya tela con los mafiosillos!

    Cuando estuvimos organizando el viaje a Abu Simbel por nuestra cuenta, la agencia que nos llevaba por 200 libras nos dijo que si no teníamos permiso del barco no nos llevaba porque se habían encontrado con casos como estos y los otros clientes no tenían culpa. Por eso optamos ir en el convoy de las 11 a.m., a esa hora ya habíamos hecho el check-out del crucero y nadie podía decirnos nada.

  2. Si es que son la leche. En nuestro caso no molestabamos a mas clientes, puesto que debieron contratar a un conductor y el coche para llevarnos a nuestro pequeño grupo solo, asi que los unicos que corrian el riesgo de no salir eramos nosotros.

    Oyesss que tal por NY?? simplemente por las fotos veo que muy bien no??

    Un saludo!

  3. Joder menuda odisea para hacer la excursión, parece sacado de una peli. Me alegro de que al final pudiéseis hacerlo por libre, es un buen dato por si algún día me animo a ir