Ruta por los castillos de Baviera de Luis II

En el puente de los Santos del año pasado nos escapamos unos días a la región de Baviera en Alemania, muy conocida por los castillos de Baviera. Una zona a la que tenía muchas ganas de ir desde hacía ya un tiempo. Nuestra ruta se iba a centrar en las construcciones que hizo uno de los reyes más polémicos que hubo en aquella región hace siglo y medio y que ha pasado a la historia por sus extravagantes ideas transformadas en castillos de ensueño. Me estoy refiriendo a Luis II de Baviera, rebautizado como “el Rey Loco”, aunque yo esta historia prefiero verla desde otro punto de vista, la de un hombre romántico y soñador que quiso vivir en otra época y que simplemente su cometido de Rey le vino grande.

Luis II de Baviera

Luis II de Baviera

Luis nació en 1845 en una de las regiones que por aquel entonces comprendía uno de los mayores reinos del Imperio Alemán, el reino de Baviera. Aquel niño pertenecía a la familia de los Wittelsbach, hijo de Maximiliano II de Baviera y la princesa María de Prusia, personalidades ilustradas que vivían en un reino próspero en arte y cultura. Luis creció en pleno romanticismo, y esa influencia fue en aumento según iba haciéndose mayor. Le gustaba la poesía, practicaba teatro y le encantaba estar con su oficial de servicio y amigo Maximilian, perteneciente a la Casa Principesca de Thurn y Taxis. Junto con él interpretaban óperas románticas de Wagner, paseaban juntos y se demostraban su amor mediante cartas, eso sí, de forma fraternal.

A la corta edad de 18 años, Luis heredó el trono de Baviera debido a una trepidante enfermedad de su padre que le malogró la vida. En ese momento se le pasó a llamar Luis II de Baviera, y con el tiempo se convertiría en un ser excéntrico al igual que carismático.

Nuestro viaje por la región sur de Baviera se iba a centrar en los tres castillos que construyó Luis II en su reinado. El castillo de Neuschwanstein, el palacio de Linderhof y el palacio de Herrenchiemsee.


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Castillos de Baviera

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Castillo de Neuschwanstein: 47.557809, 10.749854
Palacio de Linderhof: 47.571401, 10.960761
Palacio de Herrenchiemsee: 47.860543, 12.401719


Volamos hasta Milán donde nos recogieron dos amigos que viven allí y fuimos juntos en coche hasta la localidad de Fussen en Alemania, casi en la frontera con Austria. Allí teníamos un hotel reservado y nos quedamos una noche para poder visitar al día siguiente el castillo más famoso del mundo, el castillo de Neuschwanstein.

Castillos de Baviera del Rey Loco

Castillo de Neuschwanstein; los sueños rotos de un Rey

La mañana del primer día la pasamos recorriendo la ciudad de Fussen, un pueblo con laberínticas calles y una arquitectura medieval que se reflejaba en las antiguas fachadas de los edificios. Esa mañana caía algo de lluvia y las calles se encontraban casi vacías. Sin un rumbo establecido anduvimos por su casco antiguo cruzándonos con pequeñas plazas donde nos encontrábamos pequeñas estatuas de personajes históricos y un montón de restaurantes tradicionales. Es un pueblo realmente agradable para pasear, pero la incesante lluvia hizo que no pudiéramos disfrutar plenamente de él.

Castillos de Baviera. Fussen

Calles de Fussen

Por la tarde nos fuimos hacia el castillo de Neuschwanstein que es el reclamo de todo turista que llega hasta Fussen. Ya desde las proximidades del lago Alpsee se puede apreciar la silueta de este castillo bávaro, capaz de cosquillear el estómago y remover los sentimientos más románticos de la persona que lo haga. Su extravagancia resume en una simple mirada las ideas bucólicas de Luis II.

Tras el frustrado compromiso de matrimonio que tuvo Luis con su prima Sofía, la hermana de la emperatriz Sissi, y la no menos frustrante derrota ante Prusia en La Guerra de las Siete Semanas cediendo a estos la política exterior de sus dominios, lo único que Luis quería era evadirse de todo, separarse de la capital Múnich y retraerse en este refugio el cual comenzó a construir en 1869, muy cerca del castillo de Hohenschwangau que pertenecía a su padre. Durante su reinado, este castillo era privado. Sólo Luis, sus ministros y el personal que trabajaba en él podían entrar. Tras la muerte de Luis II, el castillo fue abierto al público.


Entradas al castillo de Neushwanstein

La entrada se tiene que comprar en las taquillas que se encuentran justo antes de comenzar a subir al castillo, casi al final de la carretera por la que se accede. La entrada individual es de 12€, pero nosotros, como teníamos pensado ver los tres castillos, cogimos la entrada combinada a los palacios reales que nos costó 24€ para 14 días. De todas formas consultar siempre los horarios y costes antes de ir (horarios en la página oficial del castillo de Neuschwanstein)

Nosotros decidimos subir hasta arriba andando. Hacía un buen día para pasear aunque con algo de frío y por la carretera al menos entraríamos en calor. A nuestra espalda quedaba un paisaje no menos agraciado con el castillo Hohenschwangau camuflado entre las montañas.

Castillos de Baviera.

En poco más de 20 minutos llegamos hasta las inmediaciones de Neuschwanstein bajo un paisaje natural excepcional y sin muchos turistas, la verdad. El castillo se encuentra al borde de un peñasco y desde su mirador inferior las vistas son impresionantes, pero no tanto como desde el famoso puente de Marie Bruchke, así que como quedaba cerca de una hora para poder entrar, fuimos hasta ese puente para observar el castillo en su plenitud. Y que decir… Que ya solo con llegar hasta aquí y ver la estampa merece la pena venir a Baviera.

Castillos de Baviera. Castillo de Neuschwanstein

Y eso que nos encontramos el castillo con andamios al estar en mantenimiento, pero al menos los alemanes no pusieron el típico andamio feo que solemos poner por aquí. Este se disimulaba bastante y no dañaba la imagen del castillo, que repito, desde aquí se ve espectacular. Un castillo de ensueño.

Castillos de Baviera. Castillo de Neuschwanstein

Cuando llegó la hora nos fuimos a la entrada y accedimos con un guía al interior del castillo. El recorrido que se hace no es ni mucho menos por la totalidad del castillo. Sólo se visitan las estancias principales de dos plantas donde Luis descansaba y trabajaba.

Castillos de Baviera. Castillo de Neuschwanstein


* Las fotografías del interior del castillo son de la página oficial de Neuschwanstein

He de reconocer que no suelo entusiasmarme mucho con este tipo de visitas, pero sí que os digo que la visita al castillo me sorprendió. Quizá fue el simple hecho de estar en el castillo que estábamos, tantas veces visto en fotos y la magia que desprende, pero he de decir que su interior no me decepcionó para nada. La decoración, los detalles en madera, los cuadros y murales en las paredes, el sitio del trono… el mobiliario. Todo está sacado como de un cuento. Se evidencia claramente que Luis II fue un soñador, un melancólico rey que le tocó vivir en un mundo que no quería, en una época equivocada.

Castillos de Baviera. Habitación de Luis II Castillos de Baviera. Sala del Trono

Las estancias son de pequeñas dimensiones y con una decoración en ocasiones recargada, pero aun así, son muy agradables a la vista. Pero sin duda lo que más me sorprendió fue la gruta que hay a medio recorrido. El simple hecho de andar por un despacho clásico y toparte de lleno con una “auténtica” cueva sorprende a cualquiera, y más cuando la tienen ambientada con una iluminación entre azul y rojo que resalta las estalactitas que caían del techo. Un lugar totalmente inverosímil y que Luis II acostumbraba a construir en sus palacios. Es una verdadera pena que no dejen fotografiar nada.

Castillos de Baviera.

En apenas una hora estábamos fuera de nuevo. La noche cayó por completo y la iluminación del castillo hacía que este pareciera un espectro en el bosque.

Castillos de Baviera. Castillo de Neuschwanstein

Palacio de Linderhof; la casa de campo de Luis II

Ya en el castillo de Neuschwanstein nos pudimos dar cuenta de los numerosos retratos que Luis II tenía del Rey Luis XIV de Francia, un poco “sospechoso” la verdad… El caso es que Luis estaba obsesionado por los reinos absolutistas y tomaba como ejemplo al rey francés. En su afán de imitarlo, construyó el siguiente palacio de Linderhof, el cual imitaba ciertas características del palacio que Luis XIV construyó en Versalles.

Este palacio lo construyó en un antiguo coto de caza de su padre y buscaba en él el mayor retiro posible para dar rienda suelta a su imaginación. Quería tener su propio reino y ser autócrata aunque solo fuera en su imaginación. Pedía que le hicieran representaciones teatrales donde él fuera el protagonista y salir con sus extravagantes carrozas a pasear por los jardines de este palacio.

Castillos de Baviera. Palacio de Linderhof

Aprovechando que aún no había comenzado la hora de visita al castillo, nos fuimos a pasear por aquellos jardines. Las fuentes se encontraban vacías y muchas de las estatuas estaban tapadas con maderos para protegerlas del duro invierno. Paseamos por los cercanos estanques donde pudimos ver los cisnes cuya imagen de este animal se representa en la heráldica de la familia de Schwangau a la que pertenecía Luis y nos acercamos hasta la gruta de Venus donde nos quedamos con ganas de verla ya que se encontraba cerrada.

Castillos de Baviera. Jardines del castillo de Linderhof

Castillos de Baviera. Jardines del castillo de Linderhof

La verdad que todo este palacio me dio la sensación de estar abandonado. Los caminos estaban llenos de hojas caídas, las estatuas tapadas y numerosas estancias como la mencionada gruta o el kiosco morisco se encontraban cerrados. Pero aun así, la naturaleza exultante de los Alpes hizo que este paseo fuera de lo más agradable, pese a las numerosas cuestas que hay que subir por los jardines…

Castillos de Baviera. Jardines del palacio de Linderhof

Castillos de Baviera. Jardines del palacio de Linderhof


* Las fotografías del interior del castillo son de la página oficial de Linderhof

Cuando abrieron las puertas del palacio entramos a verlo y me sorprendió lo pequeño que era todo. Desde fuera es evidente que no podía ser muy grande, pero su interior, de nuevo con una decoración recargada, hacía que a la vista se viera todo minimizado y exuberante en detalles. Al entrar, en el centro del vestíbulo se encuentra una gran estatua ecuestre de Luis XIV y un enorme sol en el techo, claras evidencias del fanatismo que tenía Luis hacia el rey francés.

Castillos de Baviera. Palacio de Linderhof

El resto de palacio se distribuye en apenas diez estancias más donde pudimos ver su gran dormitorio, un comedor, una sala de audiencias y varios recibidores pequeños cada uno de un color distinto. Desde luego el palacio es pequeño en dimensiones pero no en interés cultural. Lugar indispensable si se siguen los pasos del extravagante rey y los castillos de Baviera.

Castillos de Baviera. Dormitorio de Luis II Castillos de Baviera. Sala de los espejos

Por la tarde nos acercamos hasta la cercana localidad de Garmisch-Partenkirchen, lugar donde nació el novelista Michael Ende autor de obras como “la historia interminable”, pero que a nosotros nos interesaba más porque nos pillaba cerca de Linderhof y ya era hora de comer. Aunque la verdad es que el pueblo nos agradó en el poco tiempo que estuvimos. Las fachadas de algunas casas parecían lienzos sacados de algún museo y las calles se encontraban llenas de gente al igual que las terracitas de los bares donde nos sentamos y degustamos una típica cerveza y comida alemana.

Garmisch-Partenkirchen

Salchichas alemanas

Palacio de Herrenchiemsee; la obsesión de un Rey

Tras pasar la tarde tranquilamente y dormir en un hotel de carretera, a la mañana siguiente nos dirigimos hasta las inmediaciones del lago Chiem, el llamado mar de Baviera. En este lago Luis II construyó su último palacio, el capricho de los caprichos. Su obsesión por Luis XIV ya era tal que quiso imitar al palacio de Versalles le costara lo que le costara, y en 1878 comenzó a construir el palacio de Herrenchiemsee en una de las islas de este inmenso lago. Cada vez se alejaba más y más de sus obligaciones y continuaba envuelto en sus sueños monárquicos frustrados, escuchando a Wagner y derrochando todo su dinero a fin de satisfacer sus más íntimos pensamientos. En esta ocasión, un palacio a capricho en homenaje al absolutismo de Luis XIV.

Castillos de Baviera. Palacio de Herrenchiemsee

Pero aun así, Luis no aprovechó este palacio como hubiera querido. Tenía que seguir pasando mucho tiempo en Munich donde debía residir un mínimo de meses y cumplir con ciertas obligaciones dado su puesto como súbdito del imperio Prusiano. Entre ese tiempo en Munich y sus estancias en Linderhof y sobretodo en Neuschwanstein, Luis II no llegó a pasar más de 9 días en este palacio. ¡Se arruinó para estar poco más de una semana en él! De hecho, el coste de la construcción de este palacio fue tanto que no pudo hacerlo exactamente igual que el palacio de Versalles. Se quedó tan solo en el ala principal y en su interior no había más de dos kilos y medio de oro. Todos los adornos dorados que vemos en el palacio se hicieron con pan de oro o pintura, pero aun así, el rey se arruinó y nunca pudo terminar su obra. Pese a la austeridad en ciertos materiales, su decoración interior es de una ostentosidad insultante, con lámparas de porcelana y elementos de mármol de incalculable valor hoy en día.

Castillos de Baviera. Jardines del palacio de Herrenchiemsee

Llegamos hasta las inmediaciones del lago Chiem y cogimos un ferry hasta la cercana isla de Herrenchiemsee donde se encuentra el palacio homónimo. Atravesamos sus jardines y paseando por ellos nos fue inevitable acordarnos de los del palacio de Versalles, un poco más pequeños, eso sí, cuya referencia teníamos de cuando visitamos los jardines de Versalles en el 2007. En aquella ocasión no entramos al palacio francés, pero ahora sí lo haríamos en este cuyo interior me cautivó por completo, comenzando por la majestuosa escalera de los embajadores por donde se accede al resto del palacio y acabando por cada uno de los cuartos que íbamos visitando (a diferencia de los otros castillos, aquí si pude sacar a escondidas el móvil en alguna ocasión para hacer fotos).

Castillos de Baviera. Lámpara del palacio Herrenchiemsee

Lámpara íntegra de porcelana.

Según nos iban explicando, la idea que podíamos tener de Luis II sobre su obsesión por Luis XIV iba in crescendo con cada detalle. Vimos una réplica del dormitorio que tenía Luis XIV en Versalles (y que el rey bávaro nunca usó), cuadros de Luis XIV, el “reloj de Louis” que cada hora salía una figura de Luis XIV y así continuamente. Cada comentario que hacían, era referente al monarca francés.

Castillos de Baviera. Palacio de Herrenchiemsee

Castillos de Baviera. Palacio de Herrenchiemsee

Por último se visita la parte más “intima” del palacio, a la que solo Luis II podía entrar. Era su cuarto, el despacho y el comedor. Tan introvertido era, que incluso la mesa del comedor estaba oculta bajo el suelo y cuando llegaba la hora de comer, sus empleados la hacían y se la subían por medio de poleas para no molestarle. Y recordar… que tan solo estuvo aquí nueve días. Incluso no llegó a ver este palacio terminado.

Castillos de Baviera. Cama de Luis II

Esta es la cama de Luis II, decorado todo con su color favorito, el azul. La bola que tiene enfrente de la cama servía de iluminación por la noche. Con tres velas que había en su interior, iluminaba toda la habitación en su color favorito.

Desde luego que Luis II fue un tipo peculiar. ¿Loco?… pues tampoco lo creo, aunque esa fue la fama que la historia le ha dado. Por motivos políticos o no, finalmente en 1886, en un polémico informe médico, le dictaminaron incapacitado para hacer su trabajo y lo retiraron del trono. Se encontraba en esos momentos en Neuschwanstein, arruinado, decaído por su fracaso como rey y con la sensación de que le habían traicionado. Seguidamente, una comisión del gobierno le recogió de su retiro y lo trasladaron hasta la prisión de Berg cerca de Munich donde sería ingresado por esquizofrenia. Allí no pasó más de un día con vida. El 13 de junio apareció ahogado junto a su psiquiatra en el lago de Starnberg. Nadie sabe lo que pasó.

Ese fue el fin de un visionario que quiso creer que vivía en otra época pero que la desventura de los hechos hizo que sólo las viviera en sus sueños más íntimos y que se encerrara en lo que hoy es su mayor legado que nos ha dejado, sus tres palacios, castillos de ensueño y de cuentos que hemos disfrutado en estos días. Nuestro viaje no se pararía aquí. Iríamos a la cuna de Mozart, la ciudad austriaca de Salzburgo, pero eso ya es otro cantar…

Víctor del Pozo

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35 Responses to Ruta por los castillos de Baviera de Luis II

  1. Espectaculares los castillos! Baviera ha de ser muy bonita ^_^

    • Víctor del Pozo says:

      Lo es! y eso que tampoco tuvimos mucho tiempo para estar por allí… pero hay que volver, que no llegamos ni a ver Munich.

      • Ana says:

        Estoy leyendo la biografía de Luis II de Baviera. Me he metido en internet para recabar información sobre los castillos que construyo durante su reinado y me encuentro con este blog de viajes, que no tenía idea que existiera. Me encanta viajar, pero esto de la crisis ataca fuerte y ahora toca disfrutar con toda vuestra información. Gracias y seguiré viajando con vosotros, de momento.

        • Víctor says:

          Muchas gracias Ana! Y bienvenida al blog! Me alegro que buscando información sobre Luis II acabaras en este artículo porque la verdad que leí mucho sobre él y la información que doy “maqueada” dentro de este artículo creo que se aproxima mucho a su biografía.

          Un saludo!

  2. De Alemania solamente he visitado la Selva Negra. Cuando vuelva a darle “traya” volveré a visitar ésta entrada.

    Un Saludo!!!!

    • Víctor del Pozo says:

      Pues fijate el tiempo que llevo queriendo ir a la Selva Negra… De hecho ahora casi decidimos ir por allí, aunque como siempre, se nos cruzan otros destinos.

  3. Helena says:

    Pues conocía el primero de ellos, pero de los otros dos poco había leído… Tampoco sabía de la obsesión del rey loco con Luis XIV y fíjate que es evidente con sólo ver los palacios…
    Muy chula la entrada y las visitas 😉

    • Víctor del Pozo says:

      Normalmente es el único que se visita, además que es de los más famosos del mundo, pero esta ruta la verdad que fue idea de la amiga de Eva con la que fuimos y la verdad que me gustó mucho. Mola ir a los sitios llevando un hitinerario histórico… sólo nos faltó Munich.

      Pues lo de Luis XIV ya es sospechoso… jejeje

  4. carme says:

    Los palacios son fantásticos!
    Que suerte la tuya, viste Neuschwanstein sin el “forro”.
    No estoy de acuerdo con lo que dices que los alemanes no ponen el típico andamio que ponemos aquí. Lo ponen y además con una tela impresionante. Entra aquí y verás que foto más fea tengo del castillo. Dos veces que hemos estado y no tengo una foto digna del precioso castillo.

    http://mandarinadeviaje.blogspot.com.es/2013/05/escapada-al-castillo-de-neuschwanstein.html

    Saludos!!

    • Víctor del Pozo says:

      Pues si que es feo el andamio que visteis vosotros jejeje. La verdad que este se disimulaba muy bien porque estaba en la fachada pequeña, pero el vuestro que ocupaba todo, puffff… Pero bueno, la verdad que la fachada es solo para la foto, pero el paisaje en si es impresionante.

  5. M.C. says:

    A mí me faltó tiempo para ver los palacios de Linderhof y Herrenchiemsee, pero el de Neuschwanstein me encantó. Qué rabia da que no dejen hacer fotos en el interior!!!

    • Víctor del Pozo says:

      Lo de las fotos es que no lo entiendo en lugares así… si que se fueran a derretir las maderas… Y encima como las estancias son tan pequeñas, te pillan fijo si sacas la cámara a escondidas…

  6. Tengo muy buenos recuerdos de Baviera, de hecho fue mi primer viaje en solitario con lo que le tengo un cariño especial. Visitamos el castillo de Neuchwanstein, que es espectacular, pero no los demás, así que tengo motivos para volver! 😉

    Saludos!

    • Víctor del Pozo says:

      Yo mi primer viaje sólo fue a París y encima era la primera vez que salía de España. De esos viajes se guardan siempre un grato recuerdo…

      Y como dices, estos palacios o cualquier otro motivo son buenas excusas para volver… Yo tengo pendiente Munich.

  7. Carol says:

    La historia de este rey la verdad es que es bastante triste. La obsesión que tenía con Luis XIV me parece enfermiza si te digo la verdad. Arruinado, solitario, muerte misteriosa… Quería cumplir los ideales románticos del momento y yo creo que lo hizo, aunque no como él esperaba…

    El legado que dejó desde luego es impresionante. Siempre he querido visitar al menos el Castillo de Neuschwanstein. Cuando era pequeña me regalaron un puzzle de 500 piezas con una foto de este castillo, que por entonces yo no sabía ni lo que era, pero supe que tenía que ir algún día, porque me maravilló. Todavía tengo el puzzle, pero aún no he podido ir a Baviera. Todo se andará!!

    Muy bueno el relato y las fotos (lástima que no dejen hacer en interiores).

    ¡Un abrazo!

    • Víctor del Pozo says:

      Ese puzzle también lo hice yo!! jajajaja.. pero con una edad más avanzada… hace 6 años jejeje, pero a mi favor diré que tenía 1500 piezas.. jajaja. Además también lo dibujé hace años, aunque ya he perdido el dibujo 🙁

  8. Muy buena entrada Victor,
    a nosotros nos toco un día de lluvia cuando visitamos Neuschwanstein pero con paraguas pudimos disfrutarlo, jajaja. Desde la habitación de nuestro Gasthaus podíamos ver como aparecía y desaparecía la imagen del castillo entre la niebla. Espectacular!!!
    Se nos escapo el pueblito que comentas, muy chulo con esas casas pintadas.
    Esperamos le siguiente post, seguro que disfrutaron de Salzburgo.
    Bueno, un fuerte abrazo.

    Javier y Deborah
    http://siemprejuntosporelmundo.blogspot.com.es

    • Víctor del Pozo says:

      La verdad que hay muchos pueblos con las fachadas pintadas por esa zona. De hecho, yo tenía pensado ir a otro pero por falta de tiempo no fuimos y caímos en este.

      El post de Salzburgo lo dejaré más para adelante, que tengo el de Perú sin terminar, los bálticos (que lo terminarás tu antes que yo y aún no habéis ido…) y Laponia que lo ventilaré con dos o tre post…

      Madre mía que me agovio… jejejeje

  9. Isabel says:

    ¡Qué diferente de cuando yo lo visité! Se me hace raro verlo sin nieve. De los castillos que visitaste me quedé con ganas de visitar Herrenchiemsee, así que tengo que volver pronto 😀

    • Víctor del Pozo says:

      Nosotros tuvimos nieve, pero no tanto como tu. Sinceramente, el castillo que más llama la atención es el de Neuschwanstein, pero el que más me gustó fue el último, sobre todo por su interior.

  10. Calíope VyV says:

    Baviera me sorprendió muy gratamente, yo no soy mucho de palacios y los de allí me parecieron una pasada. A mí Neuschwanstein me pilló con andamios, y además no entramos, así que hay que volver, porque me encantó la zona y esos pueblos con las casas pintadas son tan bonitos…
    Espero la entrada de la preciosa Salzburgo, aunque veo que tienes tarea acumulada, jajaja. Un saludito.

    • Víctor del Pozo says:

      Pues ahora ya está prácticamente todo terminado en el mantenimiento, y solo hay un andamio muy disimulado. Este verano puede ser una escapada perfecta!

  11. Belen says:

    Que curiosa la historia de este rey, no la conocia, y eso que he estado en Baviera, y en el castillo de Neuschwanstein. No estaba yo muy documentada entonces, vaya. La verdad que para nosotras el castillo de Neuschwanstein fue una decepcion porque tuvimos un tiempo malisimo, lloviendo todo el dia y con niebla, asi que no vimos la famosa vista. Recuerdo lo rabiosa que estaba porque el dia anterior fue espectacular y lucio el sol todo el dia. En fin, era a primeros de septiembre, quien iba a pensar que nos iba a hacer tan malo. Por dentro si lo vimos, pero no me parecio para tanto. Tambien estuvimos en el Parque Nacional de Baviera, cerca de Passau, pero no en los Alpes. A mi Baviera tambien me encanta y tuve suerte de conocer una parte de mano de un amigo bavaro, y hasta alojarnos en su casa de campo cerca del parque nacional.
    Un abrazo!

  12. Artabria says:

    Cuando era pequeña me veía una y otra vez las pelis de Sissi Emperatriz (hoy no las vería ni loca, jaja) y desde entonces sueño con ir a Baviera. Me encanta el castillo de Neuschwanstein

  13. bleid says:

    Simplemente espectacular Victor
    Habia oido hablar de esta zona, pero no crei que era tan bonita
    como siempre, un lujo leerte
    abrazos

  14. Edu y Eri says:

    ¡Vaya pasada! Tenemos muchas ganas de conocer el Castillo de Neuschwanstein, pero leyendo tu post queda claro que la zona tiene muchísimas más cosas que ofrecer.

  15. Fran Soler says:

    ayy pero que bien me viene tu artículo Victor!! En tres semanas estaremos por allí y uno de mis objetivos es el castillo de Neuschwanstein!! A ve rsi con los peques la visita no se hace muy pesada….. Oye, Increíbles tus fotos!! Un abrazo

  16. Las vistas del Castillo de Neuschwanstein siempre me han puesto nervioso, ya que espero que el día que vaya, tener la visión tan clara como vosotros, ya que me daría rabia encontrarme con una niebla de narices xD

    Luego los palacios anda que no es evidente su parecido a Versalles, vamos yo creo que se podrían colar en mitad de un reportaje del monumento francés y ni me daría cuenta jeje

    Saludotes!

  17. Esta zona debe de ser preciosa. Mucha gente pasa por alto Linderhof y Herremchiemsee y viendo tus fotos deben ser espectaculares también. Nosotros iremos en unos meses así que me viene genial. 😉 Saludos!

    • jorge suazo says:

      Favor después me das los datos si sabes de algún tour, gracias

      • Víctor del Pozo says:

        Hola Jorge… Siento no poder ayudarte, porque yo no soy agencia y tampoco te sabría dar una en concreto porque no utilizo normalmente sus servicios y no podría aconsejar una por esperiencia personal, pero es un viaje que lo podrás contratar en cualquier agencia de viajes al ser un viaje típico por Alemania.

        Un saludo.

  18. jorge suazo says:

    Dónde poder tomar un tour y cuánto cuesta?

  19. Repuve says:

    Lo mejor son los campos verdes que rodean a esos castillos

  20. Víctor Naves says:

    Hola:

    Enhorabuena por tus viajes y gracias por tus artículos tan trabajados. De Baviera sólo he podido visitar Nymphenburg, en Munich, nada que ver con los “desvaríos” de Luis II. Sólo me gustaría hacerte una pequeña precisión: dices al principio: “Luis nació en 1845 en una de las regiones que por aquel entonces comprendía el mayor reino de la Europa Occidental, el reino de Baviera”. Me temo que esto es totalmente incierto. Baviera por la época era un reino de 75 865 km², muy lejos de España, Francia, Inglaterra, etc. Una minucia, vaya. Por lo demás, impecable.

    Un gran saludo.

    • Víctor says:

      Muy buenas tocayo! Muchas gracias por tu comentario y la aclaración. Efectivamente, llevas toda la razón del mundo. Quizá cuando lo escribí me quería referir a que era uno de los reinos más grandes pero del Imperio Alemán, no de Europa Occidental como he puesto. Siempre son de agradecer estos comentarios y ya está modificado en la entrada. Muchas gracias nuevamente.

      Un saludo!

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