Lago Titicaca. La isla de Amantani y Taquile

De pequeño (pero muy pequeño) me hacía gracia el nombre del lago Titicaca. Era la terminación de esa palabra. La caca. Me hacía gracia hasta pronunciarlo. Pero con los años, esos juegos de palabras y la sensación de un lugar inalcanzable se fueron quedando en el olvido, y poco a poco, según se incrementaban mis ganas de viajar por el mundo, el nombre de lago Titicaca cobraba otro sentido mucho más amplio, algo más místico y sobre todo más plausible. Porque desde luego, en los viajes como en la vida, todo es ponerse y al final se consigue. El legendario lago Titicaca existe y nosotros estábamos navegando por él a un ritmo muy tranquilo, turbando el agua a nuestro paso y cortando el aire con nuestras caras. El inmenso lago Titicaca se abría cada vez más y las tierras de Perú y Bolivia se veían a lo lejos como si fueran meros bordillos del altiplano americano.

Lago Titicaca

Lago Titicaca; isla de Amantaní

Atrás dejábamos Puno y el mal sabor de boca que nos quedó tras visitar las islas flotante de los Uros. Ahora nos dirigíamos a la mayor isla del lago Titicaca en la parte Peruana, la llamada Amantaní en la que pasaríamos el resto del día y la noche. En el puerto de Amantaní nos estaban esperando las mujeres y los hombres que nos iban a hospedar. Todos ellos, ataviados con típicos trajes coloridos, esperaban a un lado del embarcadero para ser asignados a cada uno de nosotros. Sinceramente, no quería encontrarme con otra situación parecida a la de los Uros, pero nada más hablar un poco con el hombre que nos acogió (perdonar, pero no me acuerdo de su nombre porque soy malísimo con los nombres…), noté que no iba a ser así.

Lago Titicaca. Familia Amantani

Esta fue la pareja que nos acogió en su casa. De ellos hablaré en las siguientes líneas.

La isla de Amantani del lago Titicaca se encuentra a 40 kilómetros de Puno y se tardan casi 5 horas en llegar en barco. Aquí la gente sí que hace su vida normal y su sustento se basa sobre todo en la agricultura y la ganadería y no tanto del turismo. No hace falta más que mirar a nuestro alrededor para darnos cuenta de ello. Decenas de terrazas agrícolas abarrotan la isla hasta la cima y decenas de casas se reparten por la ladera salpicando el paisaje y formando la comunidad Occosuyo, la comunidad que nos acogería por esos dos días.

Lago Titicaca. Isla de Amantaní

Seguimos los pasos del hombre junto al curso de un riachuelo y llegamos hasta un camino asfaltado. Allí estaba la escuela y un campo de futbol, y justo al lado se encontraba su casa y la nuestra por dos días. Una vivienda de lo más sencilla divida en dos plantas y un huerto donde picoteaban algunas gallinas. De lo que se trataba era de hacer turismo rural y por lo que empezamos a ver, no íbamos a salir defraudados de aquel lugar.

Lo primero que hizo el hombre fue enseñarnos nuestro cuarto que estaba en la planta de arriba de su casa a la cual se accedía tras subir una estrecha escalera de madera. Allí simplemente había 4 camas y una mesa. Tampoco necesitábamos nada más. Una de las cosas que me resultaron curiosas fue ver un orinal debajo de la cama. Hacía tiempo que no veía uno y rápidamente recordé los momentos de verano que pasé en mi pueblo de Cuenca, donde ahora tenemos todas las comodidades, pero que cuando era chico nos bañábamos incluso en la pila de la ropa y siempre teníamos un orinal debajo de la cama. El aseo de la casa de Amantaní se basaba en una pequeña fuente en el patio para lavarse la cara y una letrina junto al huerto con una taza simple y un cubo de agua. La cocina se encontraba separada de la casa y era un cuarto de adobe con paja en el techo en el que la mujer ya nos estaba preparando la comida.

Lago Titicaca. Cocina de Amantaní

La pareja que nos acogió en su casa era muy tímida y su edad en ningún momento la hubiera adivinado. Ella tenía la piel muy curtida y las facciones de la cara delataban una edad avanzada, mientras que el marido poseía una estupenda dentadura y una piel en la cara mucho menos rugosa. Pero nos confundimos al intentar adivinar su edad puesto que el hombre pasaba los sesenta años y la mujer era mucho más joven que él.

El idioma oficial de esta gente es el quechua, pero hablaban perfectamente el castellano, aunque a nosotros nos costaba entenderles en algunos momentos. Durante la comida, que se basó en sopa de quinua y un plato de papas con oca (un tubérculo muy típico de esta zona), charlamos con ellos explicando a que nos dedicábamos cada uno de nosotros. En el caso de ellos, como toda la demás gente de la comunidad, trabajaban la tierra y mantenían animales como ocupación principal, y la otra era la de acoger a turistas para ganarse un plus todos los meses. Ellos tenían un hijo que trabajaba en Puno conduciendo un moto taxi y otro algo más joven que estaba estudiando. A este último le tenían que pagar los estudios y un alojamiento en Puno, por lo que todo el dinero que entraba en la familia era bienvenido ya que el dinero que ganaban del turismo apenas le llegaba para pagarle estos gastos, pues nos dijeron que entre tanta gente que había en la isla, al final solo acogían turistas una o dos veces al mes.

Lago Titicaca. Isla de Amantaní

Comunidad Occosuyo en el lago Titicaca

Ya en la sobremesa empezaron a tener curiosidad por nosotros y nos empezaron a preguntar sobre la situación de España, la economía y los viajes que habíamos realizado. Aprovechando esta conversación, me fui a por mi pequeño portátil para enseñarles algunas fotos que tengo guardadas de ciudades como París, Suiza y las que había estado haciendo de Perú. Les enseñamos Machu Picchu, que lo reconocieron al momento pero nos confesaron que nunca habían podido ir por el coste que suponía. Una cosa llevó a la otra y al final el hombre nos preguntó por la sensación de viajar en un avión. El solo los había visto volar cuando pasaban por encima de la isla, pero nunca había montado en ninguno y le parecía maravilloso que un aparato así pudiera volar por los aires. Entonces me acordé que hice un par de vídeos del despegue de Lima y de Cuzco y se los enseñé. Sinceramente no encuentro las palabras para describir ese momento. El hombre, con sus más de sesenta años, comenzó a gesticular y su boca se fue abriendo poco a poco mostrando su asombro frente a lo que estaba viendo en la pantalla. En esos momentos parecía un niño pequeño viendo una cabalgata de Reyes Magos. Avisó rápidamente a su mujer para que viera lo mismo que estaba viendo él, y yo, más que él, no salía de mi asombro ante la reacción de la pareja. Eva y yo nos miramos a los ojos y pensamos a la vez que nos estaban tomando el pelo. No podía ser que una persona tan mayor se sorprendiera tanto por ver un ala de un avión elevarse del suelo. Pero nada más lejos de la realidad. El hombre estaba sorprendido, emocionado y poco a poco fue entrando en razón. Nos hizo pasar el vídeo unas cuantas veces más hasta hacerse a la idea de que lo que estaba viendo era real. Sinceramente a mí me hubiera gustado grabarle en vídeo para guardar ese momento y recordar cada vez que lo viera lo afortunados que somos por poder viajar, pero la sensatez de Eva no me dejó grabarle por si pudiéramos ofenderle.

Fue un momento mágico predecesor a otro. Era el momento de colocarnos los gorros de lana que la mujer nos dejó y subir hasta lo alto de la isla donde se ubica el centro ceremonial de la Pachatata.

Lago Titicaca. Isla de Amantaní

Cogimos el camino que salía hacia las afueras del barrio y nos pusimos a andar entre campos de cultivo. El aliento a casi 4.000 metros de altura nos faltaba y la cuesta se hacía aún más pesada si cabe. Uno de los turistas con los que hicimos migas, un hombre de unos cuarenta y tantos años que había viajado a Perú con un grupo de amigas que casi no las conocía, no podía con la cuesta y le subieron en burro hasta casi la Pachatata.

Lago Titicaca. Isla de Amantaní

Lago Titicaca. Subida a la Pachatata

El centro ceremonial Pachatata es simple. Un área cuadrada rodeada por un muro rústico de piedra y con dos accesos cerrados en la parte oriental y occidental. Pero el lugar tenía algo mágico. Aquí se celebra en el mes de enero el “Pago a la Tierra”. Una ofrenda a la tierra para que esta sea fértil y la cosecha del año sea buena. De todo el Perú, quizá este sea el lugar más místico para nosotros que habíamos visitado, más incluso que Machu Picchu. Pero no tienen que ver una cosa con la otra. Machu Picchu es mucho más impresionante, pero aquí jugaba a su favor las horas que eran, con un sol agonizante buscando el horizonte en el lago Titicaca para resguardarse de una noche inminente.

Lago Titicaca. Pachatata

Lago Titicaca

La tradición decía que teníamos que dar unas tres vueltas andando al centro ceremonial para que nos trajera buena suerte, y aunque no creemos en estas cosas, lo hicimos por si las moscas. Las vistas desde lo alto eran impresionantes.

Lago Titicaca

Nuestro amigo que subió en burro estaba solo sentado en una piedra y cuando nos acercamos a él pudimos ver que además estaba llorando a lágrima suelta. Nos explicó que un amigo peruano le había hablado de este lugar y le dijo que estando aquí sentiría la energía positiva que desprendía este centro ceremonial. Según nos contó, le atravesó por el cuerpo una sensación de paz que no podía describirnos y que inconscientemente se había puesto a llorar. Se encontraba feliz de estar allí y no quería irse. De hecho, fue el último en bajar de la montaña junto a nosotros, ya casi a oscuras y con una pequeña linterna que no alumbraba más allá de dos pasos de distancia.

Lago Titicaca

Lago Titicaca.

En nuestra casa ya nos estaban esperando para cenar y lo que nos sorprendió fue que estaba toda la familia metida en la cocina. El matrimonio, los hijos, un vecino y algún nieto con pocos meses. Esa noche se podía decir que íbamos a tener una cena en familia como mandan los cánones. Todos sentados alrededor de la cocina y charlando.

Cuando finalizamos la cena, el hombre nos volvió a pedir que le enseñáramos al resto de la familia el vídeo del avión, así que ante tal expectación no me quedó otra opción que volver a coger el portátil para enseñarles las fotos y el famoso vídeo. Los hijos, que aún eran jóvenes, se sorprendieron menos (o quizá nada) y todo el rato me decían que me metiera en YouTube para ver vídeos. Les comenté que no tenía internet en el ordenador y no podía acceder a YouTube, pero no sé si se quedaron muy convencidos. El caso es que esta gente vive aquí sin televisión, casi sin luz y en unas condiciones de cierta calidad que ya prácticamente nosotros no valoramos. Antiguamente en los pueblos de España era así, y volviendo a atrás en mis recuerdos vividos en el pueblo de mi madre puedo recordar que era igual. No había televisión y cuando la hubo, solo se veía TVE y mal. Teléfono solo había uno y estaba en la casa de una mujer donde acudíamos todos a llamar, y el que venía del huerto en burro era mi abuelo. Esto que estábamos viviendo aquel día era muy parecido. En tan solo unas horas había podido retroceder en mi tiempo muchos años, quizá 25.

Lago Titicaca. Isla de Amantaní

Niños jugando en el campo de fútbol

Después de la cena al grupo entero de turistas nos tenían preparada una “típica” fiesta, con baile y cerveza incluida, como no podía ser de otra manera. Cerveza a 6€ y vestimentas típicas para todos, con poncho y gorro incluido. Y aunque no teníamos muchas ganas de bailes, fuimos vestidos y bailamos con todos ellos y al final nos lo pasamos bien, pero tan solo por una hora, porque ese fue el tiempo que duró la fiesta. La mayoría de gente era mayor y había cumplido y se empezaron a ir a sus casas a dormir y nosotros con ellos.

Lago Titicaca. Fiesta de Amantaní

Fiesta de Amantaní

Lago Titicaca. Vestidos en Amantaní

No comment…

Pero antes de meternos en el cuarto lancé mi mirada hacia el cielo y me sorprendió lo que vi. Hasta ese momento no había caído en que estábamos en el hemisferio sur del planeta y que el cielo que veía en ese momento no se parecía en nada al que veía en España. Tras muchas horas mirando al cielo a lo largo de mi vida fue fácil descubrirlo. Incluso me parecía que las estrellas brillaban mucho más. Y allí nos tiramos media hora más observando el firmamento antes de meternos en la cama y partir al día siguiente hacia la isla de Taquile.

Lago Titicaca. Cielo hemisferio Sur

A la mañana siguiente, cuando nos estábamos despidiendo de la familia que nos había acogido aquella noche, nos quedamos con ganas de habernos quedado allí tranquilamente un par de días más con ellos. Pasear por el campo y volver a ver la puesta de sol en el lago Titicaca. Pero debíamos partir con el resto del grupo para continuar la excursión que tendría como siguiente destino la cercana isla de Taquile.

Lago Titicaca; isla de Taquile

Tardamos poco tiempo en recorrer los apenas 10 Kilómetros que separan las dos islas y atracamos en el puerto de Alsuno que se sitúa al norte de la isla de Taquile. Esta isla es relativamente pequeña, y lo digo porque nos recorrimos en una mañana casi la mitad de ella andando.

Lago Titicaca. Isla de Taquile

Hicimos un recorrido sencillo por la ladera de la isla con vistas impresionantes del lago Titicaca y llegamos hasta la localidad de Taquile donde nos juntamos todos en la plaza de armas. Allí nos comentaron lo que íbamos a hacer, que tampoco era mucho. Visitar un mercado textil (como no…) donde vendían todo tipo de gorros, tiempo libre para pasear por el pueblo y comer en un restaurante.

Lago Titicaca. Plaza de Armas de Taquile

Plaza de Armas de Taquile en el lago Titicaca

La verdad que tampoco tiene mucho que ver, y menos en apenas 3 horas. Nos explicaron un poco las costumbres de sus pobladores y la historia de la isla, que es muy parecida a la que sufrieron muchas otras regiones del Perú con la conquista de los españoles y la posterior independencia, con las diferencias claras, al igual que Amantaní, de que al estar en medio del lago, le privó de muchas características del progreso como las carreteras o los coches.

Lago Titicaca. Isla de Taquile

Lo que me resultó más curioso fue la vestimenta de la gente. Nos estuvieron explicando todas las características de la forma de vestir de la mujer y del hombre, donde pudimos comprobar como con pequeños detalles del gorro o el cinturón nos estaban diciendo si estaban casados, prometidos o solteros. Además, cabe destacar que la UNESCO ha reflejado su arte textil como patrimonio intangible de la humanidad, de cuyo galardón están más que orgullosos los taquileños. Por ello, no es de extrañar ver por la calle un grupo de hombres reunidos y tejiendo, ya que desde pequeños les enseñan esta costumbre que es característica del hombre en la isla.

Lago Titicaca. Textil de Taquile

Pero más que de la gente de a pie, me resultaron curiosas las vestimentas que marcan las personas encargadas de la autoridad de la isla, con sus gorros y cinturones coloridos en pleno contraste con su traje y un segundo gorro de color negro.

Lago Titicaca. Autoridad en Taquile

Llegó la hora de ir a comer y nos llevaron a un restaurante cercano donde nos darían un menú básico por el “módico” precio de 20 euros por persona. Una pasada para lo que es Perú. Y viendo de lo que constaba el menú, que básicamente era pescado y arroz, y junto a las pocas ganas de comer que teníamos, nosotros decidimos levantarnos de la mesa y dar un paseo por el pueblo y picotear algo de alguna tienda.

Lago Titicaca. Isla de Taquile

Lago Titicaca. Isla de Taquile Lago Titicaca. Isla de Taquile

En la hora que duró la comida nos dio tiempo a visitar una exposición fotográfica donde se recogían imágenes de las costumbres y actividades religiosas en distintas fechas del año y estuvimos charlando con algunas de las personas en la plaza del pueblo, las cuales nos invitaron a dar las campanadas en la torre que se encuentra situada allí mismo… Sin comentarios…

Cuando estuvimos todos listos salimos del pueblo en dirección al puerto de Chilkano que está al oeste de la isla perfilando ya en dirección a Puno. El camino, que al final se hace ya hasta un poquito pesado, se compensa con las impresionantes vistas de la isla, con sus tierras de cultivo y el lago Titicaca como telón de fondo.

Lago Titicaca. Isla de Taquile

Lago Titicaca. Flor Cantuta

Esta es la flor de la Cantuta, la flor nacional del Perú, y en la isla de Taquile en el lago Titicaca florece en los jardines de las casas.

Con ello concluíamos nuestra visita al lago Titicaca y una vez devueltos en el puerto de Puno nos fuimos directos a la estación de autobuses para ver que conexión teníamos con Arequipa, nuestro siguiente destino.

Víctor del Pozo

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27 Responses to Lago Titicaca. La isla de Amantani y Taquile

  1. Muy buen post Victor,
    que experiencia tuvo que ser pasar la noche en la isla, inolvidable!! Nosotros por las huelgas que habían en Puno tuvimos que cambiar el itinerario.
    Lo que si disfrutamos fue de ese mágico cielo pero fue del lado Boliviano.
    Un abrazo
    Javier y Deborah

    • Víctor del Pozo says:

      Buenas Javi!!

      Lo del tema de las huelgas era una cosa que nos preocupaba, pero finalmente no tuvimos nunca ningún problema con eso… Pero realmente da igual visitar el Titicaca en Perú que en Bolivia, incluso me han comentado que la parte boliviana está menos masificada y es mejor experiencia…

      A ver si nos vemos pronto!!! ya lo vamos hablando…

      Un abrazo!

  2. bleid says:

    Genial entrada
    este año estabamos dudano de ir a Peru , pero finalmente nos hemos decidido por Mongolia que veo tambien has visitado
    asi que ire investigando
    abrazos

  3. Carfot says:

    Una experiencia que recomiendo a todo el mundo. En un mundo tan globalizado cuesta creer que aún haya pueblos que vivan con los recursos que les da la tierra y poco más. Muy buena entrada.

    Un abrazo !!!

    • Víctor del Pozo says:

      Buenas Raúl! El que no haya vivido nunca en un pueblo, el contraste en estas zonas es mucho mayor… Totalmente recomendable por mi parte!

  4. Babyboom says:

    Personalmente me encantó pasar una noche en la Isla de Amantaní y ver como la gente puede vivir con lo mínimo y ser feliz, ya me gustaría aprender de ellos en muchos sentidos. A nosotros al bajar del Pacha Mama se nos hizo de noche y como no se veía tres en un burro por poco y no encontramos la casa, suerte que un hombre muy majete nos guió hasta ella, jejeje. Un abrazo!!! 😉

    • Víctor del Pozo says:

      Jajajajaja… nosotros lo tuvimos fácil porque la casa estaba pegada al camino y junto al campo de fútbol, así que no tenía pérdida… pero uno de nuestros compis si que se perdió y le costó encontrar la casa… ¡Es que allí en cuanto se hace de noche no hay luz!

  5. Muy buen relato, Víctor!
    Nada más que con el primer párrafo ya me has atrapado… Vaya envidia me has dado. Las fotos también me han gustado mucho 🙂
    Estoy loca por conocer Perú y espero que no pase demasiado tiempo hasta lograrlo. Nos leemos!!
    Un saludo!

    • Víctor del Pozo says:

      Hola Cristina! Con lo que eres, no dudo que visitarás Perú más pronto que tarde. Ya quisiera yo estar en los lugares que tu has estado… que África ahora mismo es mi continente olvidado… 🙁

      Un besazo!

  6. Sandra says:

    Me ha gustado mucho el relato! Y me he quedado un poco soprendida con los precios. Una cerveza 6€?? La foto del cielo estrellado espectacular.

    • Víctor del Pozo says:

      Hola Sandra! Los precios la verdad que normalmente no eran así, pero aprovechando que es la “guiri-fiesta”, pues es lo que tiene… pero bueno, he de decir que me tome la cerveza bien agusto…

  7. Artabria says:

    Me ha gustado mucho esta entrada! Me habría gustado ver la cara del señor viendo el vídeo del avión. Seguro que fue un momento lleno de emoción, quién lo diría, verdad?

    • Víctor del Pozo says:

      Joder!!… es que no se me olvidará la cara jajajaja. De verdad que en un principio pensé que me estaba tomando el pelo y luego al final acabé yo con esa misma cara mirándole jejejeje

  8. Fran Soler says:

    Genial post víctor y una experiencia única el alojarse con esa familia peruana!! Me encanta ver como es el modo de vida de la gente de lugares lejanos!! Saludos

    • Víctor del Pozo says:

      Gracias Fran! Realmente poco se difiere a como se vivía antes aquí en los pueblos y por eso me gustó la visita, porque yo incluso he vivido así aunque solo fueran dos meses al año.

      Un saludo!

  9. Comparas esta visita con la anterior y parecen 2 países distintos, el primero de cartón piedra y en este relato todo tan rural, así da gusto, desde luego el tema de visitar los Uros me lo pensaré mucho, pero Titicaca no faltará en mi ruta y eso de vivir con familias de allí tiene que ser una experiencia muy bonita, encima sin que la barrera del idioma sea un freno.

    El vídeo muy grande, aunque me he dado con las ganas de verte subir a ti también 😛

    Saludotes!

    • Víctor del Pozo says:

      Desde luego JC, pero tampoco te lo pienses en visitar la isla de los Uros, que al fin y al cabo es una visita bonita por el paisaje. El Titicaca debería entrar en todo plan de viaje al sur del Perú sin duda alguna.

      Y te quedarás con las ganas de verme subir allí, más que nada porque con mi “esbelta” figura no cabía por la torre jejejeje

  10. M.C. says:

    Tuvo que ser impresionante ver la cara del señor mientras veía el vídeo!!! Y me parece increible los precios de la comida y la bebida!! Pensaba que sería más barato, pero imagino que intentan aprovechaarse de los turistas.
    Un abrazo

    • Víctor del Pozo says:

      Si Mari Carmen, pero también es normal lo de los precios… al fin y al cabo era una cerveza de mas de medio litro!!! jajajaja… pero claro, se aprovechan…

  11. Carmen says:

    He devorado el post, Víctor, ¡qué pasada de experiencia! Es un gustazo descubrir que en una zona tan “turística” como aquella aún existen lugares tan auténticos, ¡qué ganas de viajar a conocerlos!

    PD: Mención aparte merecen las primeras líneas del relato. Con esa entrada triunfal ya obligas a leerlo entero, jajaja!

    • Víctor del Pozo says:

      Pero a ti te falta algo por conocer??? ;P

      Es que era inevitable hacer mención a ese juego de palabras… que todos de pequeños hemos hecho (y no digas que no.. ;P jejeje)

  12. No comment, dice…Estas de coña, no? Menuda foto la del pocho y gorro…jejeje ;).

    Al igual que con la entrada el valle de los uros me dejaste con una imagen del Perú que no quiero descubrir en un futuro, con esta me han invadido unas ganas inmensas de comprar un billete y estar allí mañana.

    Un Saludo !!

  13. Isabel says:

    Por lo que veo tu experiencia fue bastante diferente a la nuestras. Nosotros no tuvimos ni recibimiento ni bailes regionales y nuestra familia era tan tímida que casi no hablaban. No es que me hubiera gustado tener una fiesta con bailes regionales pero la visita me dejo un poco fría… no se… Me ha encantado el relato 😀

  14. Arol says:

    Las veces que visité Bolivia lo que más disfruté fue de su gente. Me la recorrí de arriba abajo haciendo autostop y si bien a veces me costaba entenderles es un sitio al que hay que ir y que recomendaría a todo el mundo.

  15. Ay, Victor, pues mi experiencia en Amantani no fue ni mucho menos como la tuya (ni como la del resto de la gente que llegó a Amantaní a la vez que nosotros) Debo de ser la única persona que no tiene una experiencia buena que contar. Creo que en este viaje la mala suerte nos acompañó y en este caso no iba a ser menos. No tuvimos suerte con la familia y desde luego hubiera dado mucho, muchísimo, no sabes cuanto, por tener un orinal bajo la cama. Madre mía hasta que punto podemos llegar cuando nos falta de todo, no?

    Un saludo.

    • Víctor del Pozo says:

      Jajajajajaja… bueno, yo el orinal al final no lo usé… jajajaja.

      La verdad que también depende mucho de la familia con la que te toque… Algunos de los que vinieron con nosotros nos dijo que su familia era muy antipática y les hechaban de comer a parte… no tenían ninguna relación con ellos.

      Bueno… te lo leeré cuando lo escribas.

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