Sanatorio de la Alfaguara: El hospital de Berta

En las entrañas de la sierra de Alfaguara existe un lugar en el que el silencio es más inquietante que cualquier otro ruido. Un antiguo hospital de tuberculosos donde el paso del tiempo ha hecho mella convirtiéndolo en ruinas. Un lugar donde una mujer alemana, de nombre Berta Wihelmi, decidió construir un hospital de forma altruista para poder tratar esta enfermedad que recientemente le había arrebatado la vida a un familiar cercano a ella. Es el sanatorio de la Alfaguara, es el hospital de Berta.

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Berta Wihelmi

Estamos hablando del año 1923, hace ya casi un siglo. Pero hoy el sanatorio aún sigue presente en la memoria de muchos pese a que se clausuró y abandonó hace ya 60 años pasto de una cruel Guerra Civil y las batallas que acaecieron en esa parte de Granada. Hoy es un lugar tranquilo donde la gente pasea apaciblemente por los diferentes senderos que existen en la zona. El paisaje es el típico de cualquier sierra que podamos conocer pero con el aliciente de poder disfrutar de unas vistas impresionantes de la cercana Sierra Nevada.

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Antigua foto del hospital cuando estaba en uso.

Nuestra experiencia en el sanatorio de la Alfaguara

Para llegar hasta el corazón de la serranía que nos ocupa, hay que conducir hasta la localidad granadina de Alfacar y seguir la carretera que sube hasta un albergue juvenil.

mapa de acceso al sanatorio de la Alfaguara

Pinchar en el mapa para verlo en Google

En el albergue preguntamos a los trabajadores por la situación exacta del sanatorio y se quedaron extrañados al ver la hora que era. Habíamos salido sin mucha prisa de Madrid y en ese momento ya eran las 6 de la tarde de un mes de Octubre. En pocas horas iba a empezar a anochecer y eso precisamente fue lo que les extrañó. Nos indicaron que había que seguir un camino hasta que viéramos una bifurcación a mano izquierda donde no podríamos continuar con el coche. Así hicimos y cuando llegamos a ese punto dejamos el coche aparcado en una pequeña explanada alejándolo un poco del paso para no delatar nuestra presencia.

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Saltamos una cadena que cerraba el paso a los vehículos y empezamos a andar por un camino que efectivamente hubiera sido imposible bajar con el coche por los enormes cantos y baches que había. Estábamos mi primo y yo solos en medio de la naturaleza rodeados de pinos y un sol agonizando en el horizonte. Empezamos a acelerar los pasos temiendo que se hiciera de noche antes de poder encontrar el antiguo sanatorio de la Alfaguara. El camino poco a poco nos fue engullendo entre pinos retorcidos y sonidos de lechuzas que esperaban la llegada de la noche. De repente, como si de un umbral se tratara, dos enormes cipreses en medio del camino daban paso a una pequeña explanada donde pudimos ver por primera vez en antiguo sanatorio de tuberculosos.

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Fotografía del día siguiente. Al fondo se puede ver el sanatorio de la Alfaguara.

Habíamos conseguido llegar antes de que anocheciera y lo primero que hicimos fue soltar los bártulos e instalar la tienda de campaña. Era extraño, pero los grillos y aves que escuchábamos al llegar ya no se oían. Alrededor nuestro sólo había un silencio sepulcral difícil de explicar que nos ponía los pelos de punta.

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La tienda de campaña en la esquina inferior derecha y el sanatorio a pocos metros más adelante.

Al rato nos fuimos hacia las ruinas del hospital, porque solo queda eso, ruinas. La mayoría de las paredes y techos están caídos y solo unos pocos espacios, por no decir uno, se mantenían incluso con el suelo original. Los nervios se empezaron a notar en nuestro cuerpo al sentir que estábamos en un lugar marcado por la huella del dolor de decenas de enfermos que se habían visto involucrados en una enfermedad que en aquella época era terminal.

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Una pequeña linterna y este camping luz era lo que nos iluminaria esa noche.

No nos atrevimos a merodear por todas los lugares porque la luz que teníamos no era la suficiente como para estar seguros de donde poníamos el pie y al rato volvimos a la tienda de campaña para cenar algo. Salir del sanatorio era todo un alivio. Nervios acumulados que en cuanto nos alejábamos un poco desaparecían como si nada. La noche se cerró y el frío comenzó a aumentar según avanzaban los minutos.

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Dentro de la tienda escuchábamos una pequeña radio y jugábamos a las cartas alrededor de un camping luz haciendo tiempo hasta que fuera el momento de ir a investigar un poco más. Estábamos los dos solos y eso nos ponía más nerviosos aún. En estas situaciones, y más en ese lugar que el silencio era absoluto, el oído se agudiza hasta niveles sorprendentes y al rato pude escuchar algo. Eran voces. Las oía muy levemente, pero mi primo no escuchaba nada. De pronto los dos nos exaltamos en el interior de la tienda cuando oímos claramente unos pasos arrastrándose por la arena. Nos lo pensamos un rato, pero al final decidimos salir a ver que podía ser (no se trata de tener miedo a los muertos, si no a los vivos…). De pronto por el camino por donde llegamos vimos una linterna y a un grupo de chavales que me imagino también se sorprendieron como nosotros al vernos allí. Los nervios se calmaron por ambas partes y charlamos un rato con ellos. La suerte que tuvimos es que ellos ya habían estado aquí antes y se lo conocían, por lo que aprovechamos a ir todos juntos a dar una vuelta por el sanatorio.

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Fotografía desde una ventana hacia el interior del sanatorio.

Fuimos por delante, por detrás y llegamos hasta unas escaleras que bajaban a una estancia pequeña. Se trataba del antiguo crematorio del hospital (o eso decían…). Algunos bajaron, aunque no hay mucho que ver ya que es muy pequeño. Yo preferí quedarme fuera porque el aspecto que tenía era de poderse derrumbar en cualquier momento y dejarnos sepultados.

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Entrada al crematorio

Charlando con ellos les invitamos a que se quedaran con nosotros a pasar la noche, más que nada porque nosotros ya estábamos viendo que la situación esa noche podía ser muy tensa los dos solos allí. Dijeron que les gustaba la idea y que a media noche subirían, pero que no nos prometían nada. Efectivamente, como os lo podéis imaginar, no volvieron.

Nos encontrábamos en una situación un tanto peliaguda. Ahora que hemos estado allí mi primo y yo ya lo sabemos. No es conveniente ir a este sitio dos personas solas porque te cagas de miedo. El coche lo teníamos aparcado a dos kilómetros de donde estábamos y había que recorrer esa distancia en pleno bosque en total oscuridad. Si alguien llega hasta allí con malas intenciones estaríamos solos para defendernos. Si alguno de los dos desaparecía por cualquier motivo, el otro estaba perdido. La situación era tensa… pero para eso habíamos ido allí.

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Foto tomada desde el sanatorio. La luz del fondo es nuestro camping luz donde teníamos la tienda.

Había llegado la hora de adentrarnos en el sanatorio de nuevo. En esos momentos nos atropellaron en la cabeza todas las historias y leyendas que contaban del sanatorio de la Alfaguara. Psicofonías que se han grabado aquí, muertes dramáticas de los enfermos, incluso un suicidio de un investigador en la materia de lo paranormal. Estaba claro que este era un lugar dramáticamente marcado y además sabíamos que era de los más misteriosos de España. Incluso los restos de García Lorca yacen por estas tierras en paradero desconocido. Nosotros teníamos pensado estar un rato dentro y poner una simple grabadora como hicimos en el pueblo de Belchite. La respiración se entrecortaba en una mezcla de frío e intranquilidad y nuestros pasos eran lo único que se escuchaba aquella noche entre sus muros. Las sombras que causaba la linterna al pasar la luz por las ventanas nos desconcertaban.

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Entramos a una habitación. Los escombros se amontonaban a un lado y el cielo estrellado se veía a través de un techo inexistente. Dicen que en este sanatorio se quitó la vida su dueña, Berta Wihelmi, pero seguramente lo que sufrió fue un derrame cerebral. Nunca se ha sabido. Investigadores han venido aquí para poderlo saber y han grabado voces que dicen llamarse precisamente “Berta”. En otras ocasiones se escucha decir “Damian”, quizás uno de los antiguos jesuitas que llegaron a este lugar.

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Sea verdad o no, queríamos comprobarlo por nosotros mismos y así lo intentamos. Pusimos una grabadora en funcionamiento y tras unos 20 intensos y largos minutos salimos de allí con esa grabación que no escucharíamos hasta llegar a Madrid. No era plan de escuchar algo extraño y seguir pasando la noche entera junto al hospital.

Tras unos juegos de cartas donde pudimos distender un poco los nervios, a eso de las 2 de la madrugada volvimos a coger la grabadora y nos metimos de nuevo en el hospital. Es impresionante como cambia el cuerpo de estado en cuanto se ve con miedo.

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Salimos a un pasillo principal del sanatorio, y pese a que estaba todo en ruinas, las vistas claras de ese pasillo lleno de puertas a los lados era escalofriante. Lo último que queríamos era que se apareciera alguien o algo, ni una simple sombra.

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El silencio brutal nos ponía los pelos de punta y tras unos 10 minutos volvimos a salir y decidimos no volver a entrar. Había algo que no nos gustaba. Nunca habíamos sentido un miedo tan fuerte como el de esa noche. Incluso nos llegamos a arrepentir de haber ido.

Hacía un frío que cortaba la circulación y no íbamos preparados para la ocasión, por lo que el resto de la noche lo pasamos en el interior de la tienda jugando a las cartas hasta que nos entró sueño y nos metimos en los sacos. Pese a que eran altas horas de la madrugada, no podíamos conciliar el sueño. Pensábamos todo el rato en el interior del sanatorio y que estábamos a tan solo unos 8 metros de él.

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Cuando empezábamos a quedarnos dormidos sucedió algo que a día de hoy todavía no sabemos lo que fue. En el interior de la tienda solo podíamos escuchar nuestra respiración. Estábamos tranquilos pero en un momento nos exaltamos los dos. Algo golpeó la tienda por fuera, como si hubieran lanzado una piedra y esta cayera por uno de los lados hasta el suelo. Lo escuchamos claramente y no tuvimos valor de salir fuera a ver que podía haber sido. Empezamos a tranquilizarnos entre nosotros diciendo que posiblemente hubiera sido una rama que se haya descolgado de algún árbol, pero yo sabía que el árbol más cercano estaba a unos metros y no teníamos ramas encimas. Lo dejamos pasar como una anécdota y tratamos de dormirnos para que la luz del nuevo día disipara la sugestión que teníamos.

La claridad de la mañana siguiente la recibimos con alivio en conjunto. Habíamos conseguido dormir del tirón desde que conciliamos el sueño aunque con un poco de frío.

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El sanatorio a la mañana siguiente

Lo primero en que pensamos cuando nos levantamos fue en el golpe que habíamos recibido en la tienda esa noche y salimos a comprobar qué demonios podía haber sido. Como bien pensaba yo, encima nuestra no había ningún árbol y las ramas más cercanas las teníamos a unos metros de nosotros. No parecía posible que una piedra o rama hubiera salido volando hasta nuestra tienda y nos golpeara la lona como lo hizo. De hecho, no había ninguna rama alrededor lo suficientemente grande como para atizar la tienda de esa manera.

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Pero ya era de día y no nos preocupamos mucho. Los nervios y sugestión de la noche anterior ya se habían marchado. Nos vestimos y volvimos a dar un paseo por el sanatorio para ver mejor donde habíamos estado hacía unas horas. La soledad en esa parte de la sierra era la misma pero el paseo fue mucho más agradable que el de la noche anterior.

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Nos pusimos a recoger la tienda de campaña y al rato volvimos a escuchar pasos. Ahora estaba clarísimo que por el camino venía alguien. Dos personas vestidas de uniforme verde y que según se acercaban íbamos diciendo mi primo y yo; “Ya la hemos cagado”. Dos Guardias Civiles forestales venían dando un paseo para comprobar que todo marchaba bien en el bosque. Nosotros sabíamos que estaba prohibido acampar en aquel lugar y cuando llegaron hasta donde estábamos, ellos nos lo volvieron a recordar. Evidentemente les dijimos que no teníamos ni idea. Realmente lo sabíamos, pero pedir permiso para acampar aquí sale por un ojo de la cara, mucho más caro que un hotel de lujo en Granada. Como los guardias vieron que no habíamos liado ningún follón y teníamos todo recogido ya, sin suciedad por los alrededores ni botellas de ningún tipo, se empezaron a interesar por nuestra experiencia. A groso modo la conversación fue tal que así:

Guardia Civil: Pero sabéis que no se puede acampar aquí ¿no?

Nosotros: No teníamos ni idea, simplemente hemos venido y pasado la noche aquí.

GC: ¿Y qué tal la noche?

Ns: Pues con mucho frío.

GC: ¿Pero de verdad habéis pasado la noche aquí? ¿Los dos solos?

Ns: Si, llegamos ayer tarde y aquí hemos estado toda la noche.

GC: ¿Pero sois investigadores? ¿Habéis visto algo?

Ns: No somos investigadores… simplemente nos parecía un buen lugar para acampar. No hemos visto nada en toda la noche…

GC: ¿Pero habéis estado solos? ¿Habéis escuchado algo? -decían con caras de asombro y repitiéndose todo el rato-.

Ns: Si, sólo hemos estado los dos pasando la noche aquí tranquilamente, sin escuchar nada.

Y así siguió el cuestionario un rato más. Los Guardias Civiles sorprendidos y preguntándonos de todo, y nosotros poniendo cara de buenos para que no nos multaran. Al rato los guardias siguieron con su paseo y nos volvieron a dejar solos allí. Nosotros no teníamos ninguna intención de hacer nada más en el hospital y nos cargamos con la tienda y bártulos para poner rumbo de vuelta al coche.

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Camino de vuelta pasando entre los dos cipreses que se encuentran justo al lado.

Según nos alejábamos, el bosque se fue abriendo poco a poco y nuestro cuerpo fue volviendo a un estado más cómodo, sin tanto nerviosismo. Habíamos pasado una noche entera junto al sanatorio de la Alfaguara y los dos pensábamos exactamente lo mismo. Queríamos volver algún día, pero ni por asomo volveríamos a hacer algo así los dos solos. Mínimo 3 o 4 personas. Esa noche los dos solos habíamos pasado mucho miedo…

Cuando llegamos hasta donde teníamos el coche y nos metimos en él conseguimos estar totalmente relajados. Pensándolo bien, no nos había pasado nada esa noche salvo la anécdota de la piedra, pero las sensaciones que habíamos notado allí no las habíamos tenido nunca. Habíamos pasado miedo tal como buscábamos, pero quizás se nos fue un poco de las manos. Desde aquel día no hemos vuelto a visitar un lugar tan cargado de sensaciones como ese, pero seguro que volveremos a algún lugar para poder sentir ese medio de nuevo, eso sí, con más gente para compartir la experiencia… ¿Alguno se apunta?

Recordando a García Lorca

Ya que estábamos en aquella parte de Granada nos fuimos a visitar el Parque Federico García Lorca que se encuentra a las afueras del pueblo de Alfacar. Un lugar construido en memoria de los que murieron en la Guerra Civil y en especial al poeta granadino ya que se cree que este fue el lugar donde fue fusilado.

Parque Federico García Lorca

Entrada al parque

El parque es bonito de visitar y en él se pueden leer varios versos del poeta en la plazoleta principal. Hay unos riachuelos artificiales que nosotros nos los encontramos sin una gota de agua y el lugar más llamativo del parque sin duda es el monolito levantado junto a un olivo donde supuestamente acabaron con la vida de Lorca.

Parque Federico García Lorca

Parque Federico García Lorca

Parque Federico García Lorca

Parque Federico García Lorca

Volvimos a montar en el coche y pusimos rumbo a Madrid a través de la autovía mientras nosotros charlábamos sobre lo vivido esa pasada noche. Sin haber visto ni escuchado nada fuera de lo normal en aquel viejo y derruido sanatorio, el miedo que habíamos sentido fue mayor que en cualquier otra situación parecida. Una simple piedra golpeando en la tienda, una noche oscura casi sin luna y sobre todo un silencio sepulcral difícil de explicar nos confirmaban que el ser humano tiene miedo a lo desconocido, a lo que no podemos explicar o ver. Por ahora nosotros seguiremos visitando estos lugares, siempre intentando encontrar una experiencia propia aunque difícilmente con explicación.

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Víctor del Pozo

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37 Responses to Sanatorio de la Alfaguara: El hospital de Berta

  1. Desde luego la sugestión de la noche lo que puede provocar, ves las fotos de día y no te supone nada, sin embargo por la noche da una sensación de peligro y malestar tremendo.

    Muy buena la experiencia y sobre todo muy bien relatada, que en este tipo de aventuras es lo que cuenta jeje

    Ya tengo a unos amigos avisados sobre ir al sanatorio un día y también de pasarnos por el cortijo jurado para ver como se encuentra a día de hoy, seguro que esta noche dará para hablar mucho sobre estos temas 😀

    Saludos!!!

  2. Lo que puede hacer la mente en esas situaciones es increible… Yo de todos modos, no creo que me hubiera atrevido a pasar la noche sola en compañia de otra persona más…
    Saludos

  3. Helena says:

    Yo, ni de coña me embarco en una aventura así… ¡Vamos! ¡Qué miedo! Entiendo que en la grabación que hicisteis no se oía nada raro, ¿no?
    Saludos!!

  4. Babyboom says:

    Qué miedo!!! No me meto yo allí y menos de noche ni borracha, jejejeje. Salió algo interesante en las grabaciones? Un abrazo. 😉

  5. Victor says:

    Buenas compañeros! Si que pasamos miedo… pero mola! jejeje… En las grabaciones no sacamos nada… aunque las repasamos solamente dos veces y ya he perdido el rastro de esas cintas. Yo creo que no queríamos encontrarnos nada… porque si no se acabó el irnos a lugares así… jejeje

    Voy a volver a poner el blog como estaba… que así da un poco de yuyu…

  6. Siegmar says:

    Hi Victor, you should consider to write books. Nice Helloween story, and yes, German Grandmas are scary 😉
    Hope you are doing well and greetings from Germany
    Siegmar

  7. Fran Soler says:

    Que valor tienes víctor!! Desde luego que la ocurrencia tiene su aquel, pero no está hecha para mi frágil corazón!!
    Saludos

  8. Deivid Martínez (@Davestraits) says:

    Un buen plan para Halloween, debe haber sido una experiencia única y curiosa. Tomo nota!

    Un saludo.

  9. carfot says:

    Con un par, me encantan estos sitios con “encanto” donde no sabes lo que te puedes encontrar. Vaya susto después de pasar la noche en tensión el encontrarse con los guardias civiles, que acojone, jejeje.

    Un saludo !!!

  10. M.Teresa says:

    Jope, vaya historia! Por mucho que digan que no hay que temer a los muertos, yo no sería capaz de pasar la noche en un sitio como ese.
    Un abrazo

  11. Javier says:

    Seguro que sabes donde los tienes, jejejej
    Que experiencia!! La verdad que yo me hubiera quedado en el bar del pueblo.
    Bueno Victor llevaba semanas sin escribirte he estado liado ayudando a Deborah con su blog,echale un vistazo cuando puedas que tengo varias dudas a ver si me las aclaras.
    Saludos Javier

  12. Ku says:

    Con toda la senceridad del mundo: me h c*gado de miedo leyendo tu historia. Son las 2 de la mañana aquí en Laos, y ahora no sé si me voy a poder dormir!! :S

  13. Juan Luis Espigares says:

    Estimados amigos.

    Soy Juan Luis, un muchacho que en el año 1989 vivio precisamente todo lo que me estais contando en el Sanatorio de la Alfaguara. Lo que decis me recuerda tanto a mi experiencia….

    Yo tenia 14 años, me habia venido de Madrid a vivir a Alfacar y conoci a unos amigos del pueblo, yo no conocia para nada la historia de berta, ni sanatorio, ni leches.

    Pues conoci a estos amigos que se llaman Sergio, Israel, Lolo y Umberto, y a principios de noviembre del año 1989, un fin de semana deciden invitarme a irnos a acampar al Sanatorio.

    Pues tiramos andando desde Alfacar andando, Israel y yo, camino de la alfaguara despues del almuerzo. Lolo y Umberto llegarian a la alfaguara el viernes noche y Sergio llegaria el ultimo el sabado por la tarde ya que trabajaba el sabado por la mañana.

    Pues el viernes nos dejaron una casa en la alfaguara justo donde hoy esta el ventorrillo el Kiosko de la Alfaguara, la denominada llamada Casa de Roman que nos dejo la llave para poder dormir esa noche ahi.

    El sabado por la noche fue cuando verdaderamente dormimos en el sanatorio, pusimos 2 tiendas, una de 2 plazas y otra de 3, en la explanada posterior, cerca de la sala de calderas.

    ‘En la tienda de 2 dormimos Israel y yo, y en la de 3 los restantes. Pusimos una tienda enfrente de la otra , con una pequeña franja entre ambas y atamos los vientos de ambas tiendas.

    Llego la hora de que iba anocheciendo y nos metimos a cenar dentro de la tienda de 3 plazas….

    continuara… ahora con vuestro permiso me voy a dormir…

  14. Juan Luis Espigares says:

    Por cierto… estoy seguro que el golpe que os dio en la tienda fue el espiritu de berta, a nosotros nos apaleo toda la noche, grabamos una psicofonia que enviamos a la revista año cero que decia no volvais y nunca mas supimos de la misma… lo dicho que vuelvo a escribir.
    Buenas noches,.

  15. Víctor says:

    Juan Luis…. no se los demás… pero a mi me has creado intranquilidad jejejejeje….

    Despierta y sigue contándonos!!!

  16. Carol says:

    Qué valientes, oye. Yo es que con estas cosas me sugestiono mucho. Por aquí cerca de donde vivo (Alicante) hay un par de pueblos en los que ocurre algo parecido, te lo digo porque veo que te gustan las emociones fuertes.

    El caso más conocido es en el preventorio de un pueblo que se llama Aigües de Busot (o Aguas de Busot). Ese sitio salió incluso en Cuarto Milenio. La gente dice que de noche se ven y se oyen cosas raras y hay imágenes de una mujer, así como traslúcida, con un camisón blanco. Se la conoce como la Dama de Blanco. El edificio fue un balneario primeramente y después pasó a ser hospital, por eso de que está situado en la montaña y el aire de allí es más puro. Yo fui una vez con unos amigos y no vimos nada, pero era día. El caso es que sentí una sensación muy chunga, como lo que describes en este relato. Era como una sensación de intranquilidad y me sentía como observada, como si hubiera alguien más allí. No sé si sería sugestión, pero no entra en mis planes volver. ¡Ah! El edificio está bastante bien conservado y el ayuntamiento de allí quiere rehabilitarlo como balneario otra vez. Estás que voy xD

    El otro sitio, que también tiene fama en la provincia, es en Torremanzanas. Allí había durante la Guerra Civil un hospital antituberculoso, también en plena montaña. Yo no he estado, pero conozco a gente que si y me han enseñado fotos. También dicen que se oyen cosas raras y ni siquiera la gente del pueblo se atreve a hablar de ello, es un tema tabú, pero existe una serie de psicofonías que no sé si serán reales, pero ponen los pelos de punta. De ese edificio se conserva poco, muy parecido al de la Alfaguara, pero una de las habitaciones que está en pie es la conocida como “sala roja”. Tiene las paredes pintadas de ese color y dicen que es donde revelaban las radiografías de los internados, pero la habladuría popular cuenta que allí se hacía algo más que radiografías. Dicen que experimentaban con los enfermos, que luego los lobotomizaban y que se oían los gritos desde el pueblo. Yo no sé, pero al ver las fotos me dio muy mal rollo.

    Busca info en internet, porque la hay de los dos edificios, y saca tus conclusiones, pero si te gusta este tipo de experiencias, esos dos lugares son ideales.

    ¡Un saludo, Victor!

  17. Carol says:

    Huy, si, si, te aconsejo ir cuando pase el invierno porque por ejemplo Torremanzanas está a punto de nieve ahora mismo. Yo voy encantada, pero a enseñaros donde está y luego a dormir a mi casa jajajaja. Nah, es broma, tiene que ser divertida la experiencia, jeje.

    ¡Saludos!

  18. Roireto says:

    Se me han puesto los pelos de punta, Ni de coña!!!…jajaja. Y mira que de pequeña nos íbamos con los colegas a la “casa encantada” del pueblo de donde veraneaba, pero ahora solo de pensarlo me pongo enferma…. Víctor, lo retiro y cambio de opinión ¡¡NO SOY FRIKI!!

  19. Victor says:

    Si es que nos gusta el morbo jejejejeje…

  20. raulcasal says:

    enhorabuena,creo que sois valientes pero comprobasteis que el lugar esta encantado de verdad un saludo Rafael Reyes,podeis meteros en Granadamisterio.blogspot.com en ese lugar se escuchan susurros y hay espiritus …

  21. Moises says:

    No existe ningun crematorio en el hospital, eso es donde estaba la caldera de agua caliente y la calefaccion.
    El hospital tambien disponia de luz y agua corriente.

  22. Pingback: EL SANATORIO DE LA ALFAGUARA, HOSPITAL DE BERTA | DARKDONPELAYO777

  23. No conocía este lugar! La próxima vez que vaya a Granada me lo apunto!

  24. Pingback: ESPECIAL HALOWEEN: Lugares abandonados para visitar en España - Inmo Ocio - Selecciones Inmobiliarias Collado Villalba Pueblo

  25. andrea says:

    a todo esto… se escuchó algo en las grabaciones?¿

  26. Diego says:

    jeje me encanta, yo me apunto a la proxima! 😛
    Me encantan estas cosas, yo soy de Granada y no conocia este lugar, ahora estoy planeando el ir un fin de semana por alli.
    Y también me gustaria ir a lugares asi por todas España pero claro me faltan acompañantes.

    • Víctor says:

      Buenas Diego! pues eso es lo que más cuesta. Encontrar a alguien para ir a estos sitios. El que no viene por que no le gusta, se suma el que le gusta pero tiene miedo y el que ni le va ni le viene pero no viene porque cree que es muy friki jejejeje… Yo llevo tiempo sin ir a sitios de estos, pero tengo ganas y espero que de este verano no pase.

      Un saludo!

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