World Financial Center de Shanghái

Nos daba pena despedirnos de Pekín, pero teníamos que coger un vuelo de regreso a Shanghái ya que en dos días teníamos que coger otro vuelo de regreso a Madrid desde esa ciudad. Una vez ya en el aeropuerto, Marisol se dio cuenta que no llevaba el móvil y rápidamente llamamos al hostal para saber si estaba en la habitación. Al confirmarla que sí que estaba les dijimos que si nos lo podían acercar hasta aquí, ya que si se va ella en un taxi, es posible que no le diera tiempo a llegar antes de que saliera el avión, así que muy amablemente nos lo trajeron hasta el aeropuerto con su buena propina (en esta ocasión es evidente que teníamos que dar propina, y también es evidente que la cogieran, pero en todo el viaje no nos hemos encontrado con nadie que nos aceptase propina, ni siquiera las vueltas de algo. Todos nos insistían en que no…).

Pues ya facturadas las maletas y embarcados en el avión pusimos rumbo a Shanghái, pero esta vez al otro aeropuerto que hay en la ciudad para vuelos domésticos. A la llegada al aeropuerto no sabíamos que nos íbamos a encontrar, si tendríamos tren, taxis, o autobús… pero cuando aterrizamos y cogimos las maletas se nos quitaron los temores del nuevo aeropuerto cuando vimos que había millones de taxis y millones de gente. Nos pusimos en la cola para coger uno de los taxis y cuando nos tocó empezó el taxista a mirarnos las maletas y a decir que no nos llevaba. Nos dio rabia porque en Pekín teníamos las mismas maletas y cogieron perfectamente, pero como se pusieron muy pesados optamos por coger una furgoneta taxi, que era más cara… pero no nos puso ningún problema. Le enseñamos la tarjeta del hotel y nos llevó sin problema. El camino es más corto que desde el otro aeropuerto y en poco tiempo estábamos en el hotel. Volvimos a dejar los pasaportes y nos dieron las mismas habitaciones que la primera vez que estuvimos.

Subir al World Financial Center de Shanghai

El día estaba soleado y hacía un calor de infierno, pero mucho mejor así ya que el último día que estuvimos nos llovió y no pudimos disfrutar plenamente de la ciudad. No teníamos planeado que íbamos a hacer estos dos días, salvo subir al World Financial Center (WFC) y ver Pudong desde el malecón, ya que esta vez sí lo podríamos ver bien. Así que nos metimos en un taxi dirección a los rascacielos. Cuando llegamos al World Financial Center, Alex evidentemente se quedó abajo y nosotros entramos. La entrada creo recordar que fueron unos 150 yuanes, algo caro, pero yo no iba a perder la oportunidad de subir a uno de los rascacielos más grandes del mundo.

World Financial Center de Shanghái

Por el edificio nos fuimos encontrando por todas las esquinas a trabajadores que nos iban indicando por dónde ir. El interior del rascacielos es totalmente futurista, tanto que parecía que estábamos en un parque de atracciones. Había mil luces y encima eran acompañadas por un hilo musical que creaba una atmósfera de épocas venideras. Mientras esperábamos el ascensor unos números enormes en el techo nos indicaban cuando iba a llegar el “cohete” que nos iba a propulsar a toda velocidad a la planta 96. Cuando nos metimos en el ascensor, este se queda iluminado con luces tenues azules. Cuando el ascensor se puso en movimiento las luces y la música (pitidos y sonido más rápidos dependiendo de la velocidad) seguían creando su ambiente particular, mientras en el display empezaron a aparecer números a una velocidad sobrehumana. En un principio yo no me lo podía creer, porque en cuestión de unos 10 segundos creíamos que estábamos en la planta 100. Pero cuando vimos que los números siguen, y siguen… y siguen, nos dimos cuenta que lo que marcaba eran los metros que ascendía…. pero aun así, llegamos a 435 metros de altura en aproximadamente ¡¡50 segundos!! Se abrieron las puertas y nos entró un vértigo por el cuerpo cuando vimos que hace menos de un minuto estábamos en el suelo y ahora teníamos todos los edificios a nuestros pies. Pero todavía teníamos que ascender hasta la parte más alta del “abrelatas”.

Allí, el suelo y las paredes acristaladas te crean la sensación de estar volando sobre Shanghái. Son impresionantes las vistas desde allí, que incluso dejaban a la torre Jin Mao en “mal lugar”. Pero como siempre… mejor ver.

World Financial Center de Shanghái

World Financial Center de Shanghái

World Financial Center de Shanghái

World Financial Center de Shanghái

Si queréis pasar un rato divertido, os aconsejo que os metáis en los baños que tenéis en la misma planta del observatorio antes de bajar. Os encontraréis con los famosos baños limpiadores de culos donde si te sientas puedes poner varios programas para que salga el chorro y te deje más fresco que una lechuga.

Volvimos a meternos en el ascensor futurista y hasta la salida nos fueron indicando por todos los rincones por dónde teníamos que pasar. Afuera nos estaba esperando Alex, que el pobrecillo estuvo un buen rato sólo dando vueltas por el edificio. A la salida no quedaba otra que hacerse las fotos de rigor con el edificio y con el cartel de “Century Avenue”.

World Financial Center de Shanghái

Paseando por el malecón de Shanghai

Nos cogimos un taxi y nos fuimos hacia la plaza del pueblo para pasar la tarde por la zona y hacer alguna compra que casi no hicimos ninguna. Ahora se veía todo mucho más claro a plena luz del día. Entramos por la calle Nanjing que se encontraba mucho más desahogada de gente que la otra vez y fuimos a comer al MacDonal´s, uno de los restaurantes comodín en todos los viajes y que se encuentra en todas partes. Al salir del restaurante ya había más gente por la calle y entramos por algunas tiendas para buscar algunos encargos comprometidos de gente que se piensa que tú vienes a la otra punta del mundo solamente para aprovechar buenos precios… El caso es que lo que buscábamos valía una pasta y no me iba a arriesgar a comprarlos para que luego no guste, así que desistí y nos tomamos la tarde de relax para pasear haciendo tiempo para que anocheciera e ir al Bund.

Calle Nanjing, Shanghai

En el Bund entramos a un banco para cambiar los últimos euros que nos gastaríamos allí, y es una lástima que no recuerde que banco era (sin mucha confianza puedo decir que era el de Hong Kong), porque el interior estaba decorado con pinturas representando otras ciudades del mundo y al menos para verlo, era bonito. Ya era de noche y el cielo estaba totalmente despejado. Desde el Bund se veían los rascacielos iluminados, pero las vallas de las obras no dejaban verlos bien, así que fuimos hacia el malecón. Otra vez estaba lleno de gente, pero al menos no llovía y no habían paraguas de por medio. Las vistas desde allí eran impresionantes, con los edificios iluminados de colores (aquí se lleva el premio la perla de oriente) y otros con pantallas gigantes de publicidad que ocupaban toda la fachada. El río Huangpu hacía de espejo donde se difuminaban los colores proyectados por los rascacielos.

Vistas de Pudong, Shanghai

Cada cierto tiempo, se iluminaba la parte superior del WFC con destellos parecidos a los que se pueden ver en la torre Eiffel, aunque menos llamativo. Nos quedamos un buen rato observándolos y haciéndonos fotos.

Vistas de Pudong, Shanghai

Vistas de Pudong, Shanghai

Vistas de Pudong, Shanghai

En el propio malecón se pusieron un grupo de asiáticos como locos para hacerse fotos con mis compis, mientras que yo estaba entretenido haciendo fotos a los edificios. Pero cuando me giré vi a una quincena de chicos rodeando y fotografiándose con los tres, pero de uno en uno… así que saqué mi vena reportera y les “arrejunté” a todos para sacar una foto de grupo y tenerla de colofón.

Vistas de Pudong, Shanghai

Nos quedaba tan sólo una noche en Shanghái y ya nos estaba dando pena irnos. Nos acostamos esa noche sabiendo que al día siguiente partíamos hacia España, pero aún tendríamos el día casi entero para disfrutar ya que el vuelo salía a las 12 de la noche. Prácticamente no compramos nada, y Eva tenía muchas ganas de ir a algún mercado a ver cosas y sobre todo comprar regalitos para los sobrinos que son 6 ni más ni menos. Así que no pude oponerme a eso y planeamos el día siguiente irnos nosotros dos al mercado de la parada de metro del museo de ciencias.

Victor del Pozo

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