Últimas horas en Shanghái

El último día nos levantamos prontito para ir nada más que abrieran el mercado del museo de ciencias y encontrarnos con la menos gente posible, aunque esto casi era peor porque iban a estar muy frescos para regatear. Alex y Marisol decidieron quedarse durmiendo un poco más y luego darían un paseo por la zona del hotel para relajarse un poco en algún parque cercano.

De compras por Shanghai

Cuando llegamos al mercado que se sitúa bajo el museo de ciencias efectivamente estaban abriendo y no había mucha gente. Después de andar un poco por los puestos finalmente nos metimos en uno para probarnos unas camisas y camisetas. Después de estar un buen rato con el chico viendo camisas empezó la ardua tarea de regatear. De primeras nos dijo un precio desorbitado, que ni siquiera aquí costarían eso, así que le dije yo uno también desorbitado pero por lo bajo. El cabreo que se cogió el tío fue indescriptible. Empezó a gritarnos, a coger toda la ropa y guardarla… y yo pensando… “¿pero este tío es tonto o qué?”. Si esto es un regateo constante, ¿porque se pone así con el primer precio que le digo yo? Se cambiaron los papeles y le cogí la calculadora para decirle que pusiera otro precio más bajo del que dijo… pero me seguía diciendo que no, que nos fuéramos de su tienda. Pues hasta las narices de sus gritos nos dimos media vuelta y nos piramos, con la sorpresa nuestra de empezar a oírle a grito pelado decirnos “¡¡Fuck you, fuck you!!” Me entraron unas ganas de darme media vuelta y soltarle un pescozón que se le iban a quitar las ganas de vender ese día… Pero por suerte yo no soy de los que sueltan la mano fácil y le ignoramos, que vete tú a saber cómo hubiera acabado la cosa, con el mercado vacío de turistas y todo lleno de chinos. Pero el tío, no conforme con insultarnos, nos siguió por el pasillo y me cogió del brazo fuerte, con el correspondiente tirón mío y cara de pocos amigos. Nos dijo un precio coherente y cedimos acompañarle de nuevo al puesto. Saqué el dinero y nos metió la ropa en la bolsa (no de muy buenas formas…). Un mal trago para empezar el día y encima el muy mamón nos metió una camiseta de menos y que nos dimos cuenta al llegar al hotel. La culpa fue nuestra por ceder ante semejante escroto andante.

Proseguimos dando una vuelta por el mercado pero, aparte de un vestido para Eva, no vimos nada para llevarles a los niños, así que cogimos el metro y nos fuimos de nuevo a la calle Nanjing hacia los puestos de suvenires. Nos resultaba complicado llevarles algo original a los peques, ya que todos los chinos nos decían que les llevásemos un juguete, pero es que eran juguetes como los que puedes comprar aquí en los chinos. Ya desesperados por buscar algo vimos un mercado subterráneo en la propia calle Nanjing donde al bajar vimos que no era pequeño y dijimos…” aquí tenemos que encontrar algo”. Pues para niños no hay nada más que tonterías… pero sí pudimos comprobar que tienen también ropa igual que en el mercado anterior, y los precios son muchísimo más fácil de regatear. Finalmente y sin ser muy originales compramos camisetas para todos y salimos escopeteados de allí. ¡A la mierda con las compras!

El parque Lu Xun

Nos fuimos a juntarnos con Marisol y Alex que se encontraban en el parque Lu Xun, justo al lado del estadio Hong Kou. Este es un parque dedicado al escritor de mismo nombre, literario del siglo XX considerado por muchos como el fundador de la literatura moderna china e importante figura del movimiento del 4 de Mayo. En el parque se puede ver la tumba y un memorial dedicado a él.

Les llamamos para ver donde estaban y nos dijeron que habían alquilado unas barcas eléctricas y que estaban paseándola por uno de los lagos, así que nos fuimos en dirección al embarcadero a buscarles. Cuando les vimos nos acoplamos a la barca y continuamos con ellos dando un paseo disfrutando de la tranquilidad del parque.

En las diversas islitas que hay por todo el lago pudimos ver fauna un poco rara por el sitio… como conejos y cabritos… eso sí, escaparse no se iban a escapar. Fue un momento de relax total. Uno de los juegos que vimos practicar a la gente y que nos gustó mucho fue una especie de frontón pero sin pared. La pelota estaba enganchada con una cuerda elástica y atada a una piedra que se colocaba en el suelo, entonces cuando tirabas la pelota con la raqueta esta te volvía a la misma velocidad. Al estar allí viéndolo nos invitaron a probarlo y evidentemente les dijimos que sí. Pero además nos pusimos a hacer el tonto, uno en cada lado y haciendo que jugábamos un partido de tenis con gritos incluidos. Evidentemente uno de los dos no tenía raqueta, pero el efecto óptico del rebote de la pelota quedaba muy bien y parecía que la golpeabas. Tenemos grabado el partido en video y cada vez que lo vemos nos partimos de risa… al igual que todo el que estaba allí en ese momento.

Para terminar la tarde en el parque nos brindaron la ocasión de escuchar música en directo un grupo de hombres que, con un equipo de instrumentos, se marcaron unas canciones animadas en medio de un corro de gente que se agrupaba para verlos. Pero lo mejor de todo es que lo hacen por afición y no para hacer caja.

Pues ya se nos acababa el viaje a China. Nos llevamos una sensación de las dos ciudades buenísima. Unas ciudades que a priori, para un novato en China pueden parecer que no son seguras, pero que resultan ser todo lo contrario. La gente intenta ayudarte en todo lo que se les pide, siempre con unas distancias lógicas por culpa del idioma. Son realmente entrañables y simpáticos, un tanto curiosos y muy descarados a la hora de quedarse mirándote. No les importa en absoluto que estés haciendo cualquier cosa… ellos te miran y punto, incluso a un metro de distancia. Sentido del ridículo no tienen en ningún momento y eso es una virtud. Quizás les demos curiosidad o respeto el hombre Occidental, pero desde luego en este viaje se pueden aprender muchas cosas humanas de ellos, y eso hay que valorarlo. Tenemos pensado volver algún año para ver mucho más de este país que promete y poder ver algo más de naturaleza y pueblos, pero de momento, nos llevamos un sabor de boca inmejorable de China.

Cenamos en el hotel y nos dirigimos al aeropuerto en taxi sin ningún problema. Facturamos y al rato embarcamos, cansados y tristes. Por delante esperaban 12 horas de vuelo hasta Alemania, pero este trayecto lo íbamos a llevar mejor por el cambio de horario y porque salimos de noche, así que a dormir tocaba. Llegamos a Alemania en el tiempo previsto, pero entre alguna película y el sueño que teníamos, se nos hizo mucho más corto que el de ida. Una vez en Alemania, tuvimos que esperar una escala de cinco horas, que aprovechamos para desayunar algo y seguir durmiendo algo en el aeropuerto. En el vuelo a Madrid nos llevamos la sorpresa que a la hora de asignarnos los asientos nos pusieron en primera… Lástima que el avión no era nada del otro mundo y no tenía muchas cosas, pero al menos pudimos ir más anchos y lo mejor, estirados. Aterrizaje en Madrid sin problema…. y fin de la historia. Vuelta al trabajo al día siguiente y a la cruda realidad.

Victor del Pozo

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2 Responses to Últimas horas en Shanghái

  1. Blanca says:

    Hola, muy chulos todos tus diarios (bueno, los que he leído hasta ahora). Estamos pensado hacer un viaje a China con un bebe de 20 meses. Crees que sería muy duro?. He encontrado varios relatos de viajes a China con niños pero no con un bebe. Me preocupa el tema limpieza e higiene, así como el de la comida. Muchas gracias y un saludo.

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