La isla de Olkhon en el lago Baikal

Aquella mañana la habitación del albergue estaba totalmente iluminada por la luz del día que dejaba pasar la inmensa ventana del cuarto ya que no tenía ni una mísera cortina y mucho menos persianas. Amaneció un día espléndido en Irkutsk, perfecto para irnos a hacer la excursión al lago Baikal que nos ocuparía los siguientes tres días.

Lago Baikal.

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Habíamos quedado a las 9 de la mañana en la puerta del albergue, pero entre que tuvimos que ir a buscar a más gente y estos llegaron tarde, acabamos por salir de Irkutsk casi a las once de la mañana. El conductor de nuestra furgoneta era un chaval joven de aspecto robusto y con un sentido del humor muy a lo ruso. Cuando estuvimos todos listos salimos de la ciudad en dirección este atravesando un vasto territorio salpicado por pequeños grupos de casas bajas que no me atrevo ni a llamarles pueblo. La carretera era muy recta, casi interminable y cuando llevábamos más de hora y media de camino nos desviamos por otra un poco más pequeña y animada. Los árboles desaparecieron para dejar paso a un terreno mucho más árido, una carretera sin asfaltar y con insufribles baches a cada momento que llenaban de polvo el interior de la furgoneta. Estábamos atravesando una inmensa obra que seguramente con el paso del tiempo será una carretera mucho más transitable. Pero hoy es simplemente un camino de cabras con mil desvíos y que solo el conductor sabía por dónde tenía que ir.

Llegada al lago Baikal y adentrándonos en la isla de Olkhon

La isla de Olkhon, vista desde el aire, parece un trozo de roca que se ha quebrado separándose del resto del continente y navegando a la deriva por el inmenso mar de Siberia, como se le conoce aquí al lago Baikal.

Lago Baikal.

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Para salvar la pequeña brecha que hace que Olkhon sea una isla esperamos un rato a que apareciera el ferry y todos los coches que estábamos allí nos metimos de una tacada. El trayecto es de apenas 10 minutos, pero la sensación térmica, con frio y viento incluidos, hizo que el trayecto pareciera más largo, pero aun así no quisimos separarnos de la baranda del barco y observar las vistas de un terreno que aún parecía virgen. Ahora, con este frío, sí que teníamos la sensación de estar en Siberia (y no tiene nada que ver con los -40 grados centígrados que alcanzan en invierno…).

Lago Baikal.

Lago Baikal.

¿Tienes frío David?

En la isla de Olkhon no existen las carreteras asfaltadas, y los treinta kilómetros que nos separaban de la localidad de Khuzhir donde nos alojaríamos parecía que fueran cien. Por el camino nos cruzábamos de vez en cuando con algún que otro coche ya que este era el camino habitual para salir de la isla. Olkhon no es una isla muy poblada. Apenas 1500 habitantes que viven la gran mayoría en el pueblo de Khuzhir.

Lago Baikal.

Lo habitual cuando se contrata esta excursión al lago Baikal es que te alojen en el complejo hotelero de Nikita, conocido por todos las personas que se acercan hasta aquí y que consta de una serie de cabañas reagrupadas como si fuera una granja escuela y donde se dispone de todas las comodidades. Pero realmente nosotros no queríamos eso. No sabíamos si iríamos allí o a otro sitio, porque la verdad que no nos enteramos bien cuando lo contratamos. Solo sabíamos que una tal Olga nos recogería y la tendríamos que dar un vale para justificar que ya teníamos pagado los 150€ por persona que costaba el alojamiento y el servicio hasta que nos fuéramos.

Visitando el pueblo de Khuzhir en el Lago Baikal

Cuando llegamos al pueblo de Khuzhir, en una de las primeras casas, el conductor paró el coche y nos llamó. Nosotros salimos y el resto de gente se fue al famoso Nikita. Olga, una mujer de mediana edad, nos saludó y nos hizo pasar a su casa. Resulta que la tal Olga no tiene nada que ver con el albergue Nikita y que por lo visto se estaba construyendo en su casa otro tipo de albergue pero que aún le quedaban muchas cosas por hacer.

 

Lago Baikal.

Esta es la entrada a la casa de Olga

En esos momentos éramos nosotros sus únicos inquilinos y nos dio una habitación doble y otra individual para David. Nos enseñó los baños, aseos, el comedor y la famosa banya (sauna) que acostumbran tener todo el mundo aquí en sus casas. Desde luego que acabamos encantados con el alojamiento. Olga y su familia trabajaban en la casa todo el rato haciendo reformas, clavando maderas, pintándola y la verdad que estaba todo un poco destartalado. Pero el lugar era de lo más agradable. Más campestre imposible. Realmente nos había salido bien la jugada.

Lago Baikal.

Como habíamos salido tarde ya se nos había hecho la hora de comer y Olga nos tenía la comida preparada. De primero teníamos una especie de sopa castellana que estaba de muerte y un segundo plato que no me acuerdo por qué no lo pude comer por mi dolor de muela… Y si… aquí comienza mi particular batalla con el dolor de muela que no me abandonó hasta que nos fuimos. La verdad que fue una gran putada (y perdón por la expresión, pero fue así…) que justo en este lugar la muela me doliera de esa manera, y más viendo como cocinaba la señora Olga que era para relamerse los dedos.

Lago Baikal.

A partir de este momento era imposible verme sin una botella de agua fría en la mano. Me tomaba calmantes e ibuprofeno, pero cuando estos dejaban de hacer efecto, el agua fría en la muela me aliviaba un tiempo. Pero aún no me acaba de doler tanto… (lo peor llegaría al día siguiente).

Con el estómago lleno (algunos…) nos fuimos a dar un paseo por el pueblo de Khuzhir. No teníamos nada más que hacer en toda la tarde. Relax y a disfrutar de nuestras vacaciones. Y la verdad que relax en este pueblo hay mucho. Pasear por sus calles de tierra es lo más parecido a lo que sería pasear por un pueblo del viejo oeste.

Lago Baikal.

Cruzarte con alguna persona era fruto solo de la casualidad. De camino vimos alguna tienda, algunas casas de huéspedes y varias vacas pastando plácidamente. Algunos coches destartalados parecen estar aparcados en el mismo sitio desde el siglo pasado. Solo algunos perros que ladraban a nuestro paso nos hacían ver que no estábamos solos en el pueblo.

Lago Baikal.

Al fondo de la calle vimos el albergue Nikita y pasamos a verlo y a charlar con los españoles que nos encontramos en Irkutsk que también se habían venido a pasar un par de días por aquí.

Lago Baikal.

El albergue Nikita en el lago Baikal

Al otro lado del pueblo se nos descubrió el Maloe More, el pequeño mar que ha surgido entre la Isla y la costa oeste del Baikal. Allí no se escuchaba nada. Absolutamente nada. Bajo nosotros se hallaba el cabo de Burkhan, envuelto en numerosas leyendas místicas y que da imagen a los folletos turísticos del Baikal. Nos fuimos hacía allí para sentarnos un rato y observar la paz del lugar.

Lago Baikal.

Cabo de Burkhan en el lago Baikal

Solo nos acompañaban cerca una pareja joven que desafiaron las frías aguas y se dieron un baño. Pero nosotros preferimos mantenernos secos y seguir paseando.

Lago Baikal.

En lo alto del acantilado hay pilares de madera envueltos en decenas de telas atadas que los buriatos y turistas dejan para honrar a los espíritus que rondan el lugar como símbolo de la cultura de los chamanes.

Rodeamos el pueblo atravesando una playa paradisíaca salpicada por pequeñas charcas que sería un lugar ideal para darse un baño si el tiempo y sobre todo el viento acompañaran.

Lago Baikal.

Playa en el lago Baikal

Se trata de un pequeño desierto en medio de un lugar lleno de vida, ya que en el Baikal hay una biodiversidad impresionante. Aunque parezca un lugar aparentemente poco habitado, este lugar recoge más de mil especies de plantas y animales. Nosotros, salvo los más comunes, no pudimos ver nada, pero nos hubiera encantado ver a las Nerpas que son la focas características del Baikal, pero estas se hayan en otros lugares “menos” poblados de la isla.

Lago Baikal.

Como el día iba de relax, lo quisimos acabar totalmente relajados y nos fuimos a una de las rocas que se asoman al lago Baikal para ver la puesta de sol. El dorado del cielo se iba impregnando en nuestras caras y en las rocas según llegaba el crepúsculo.

Lago Baikal.

Lago Baikal

Al rato nos dimos cuenta que no éramos los únicos que habíamos decidido acabar el día de esa manera y algunas personas aparecieron a lo largo del acantilado para observarlo. Nadie quería perderse aquel atardecer en un lugar tan mágico.

Lago Baikal.

Lago Baikal

Cuando el ocaso llegó, los tejados del pueblo lucían a medias tintas entre el sol y la luna. Los perros y algún gallo despistado creaban alboroto en medio de aquel imponente silencio y eran los únicos sonidos apreciables en nuestro camino de vuelta a la casa de Olga.

Lago Baikal.

Cuando la luz del día desaparece, el pueblo queda envuelto en una atmósfera misteriosa, como si desapareciera del mapa. La luminosidad se reduce a unas pocas bombillas en las calles más principales y a las luces que salen de las ventanas de las casas.

Lago Baikal.

Esa noche Olga nos tenía preparado para cenar un pescado revuelto que me quedé con unas ganas tremendas de probar, pero mi dolor de muela no me permitía morder nada que estuviera medianamente sólido. Al final me fui a dormir con más hambre que un perro lazarillo, y aún sin comer nada, pasé una noche horrible con el dolor de muela. Me tomaba a la vez un ibuprofeno y un paracetamol de un gramo cada uno, pero ni con esas se me pasaba. Al rato me tomaba un relajante y tampoco hacia efecto. Al final, el sueño pudo más que el dolor y con la boca llena de agua fría pude dormir a ratos.

Excursión por Olkho en el lago Baikal

A la mañana siguiente yo seguía igual, con la botella en la mano y sin desayunar nada. Ese día teníamos programada una excursión por la isla de Olkhon y no me la quería perder, así que me preparé cuatro litros de agua bien fresquita y nos montamos en la furgoneta que nos llevaría rumbo al norte de la isla.

Lago Baikal.

Nuestro transporte era un bus UAZ, una reliquia de la antigua URSS que vi por primera vez en Moscú y pensé que no vería muchas más. Unos auténticos todo terreno y no lo que se fabrica hoy en día. ¿Y comodidades? todas las que se necesitan. Aire acondicionado abriendo media ventanilla, insonorización del ruido del motor por una caja metálica que va entre el conductor y el acompañante, elevalunas con manecilla, dos faros redondos para ver bien de noche y dos intermitentes para señalizar y no ocasionar ningún accidente.

Lago Baikal.

¡Pero no solo se queda la cosa ahí! También tiene un volante enorme para mover la dirección que está tan cerca del conductor que no hace falta ni equipar airbag, cuatro ruedas motrices que son capaces de subirse por cualquier pared y lo mejor de todo, unos asientos acolchados para que te sientas como en tu propia casa. Lo dicho…  ¡Una auténtica joya! Que ilusión me hizo poder montarme en uno. Con él nos podíamos meter por cualquier camino por impracticable que fuera. Montones de arena, rocas, barrancos… ¡Podía con todo!

Y así fuimos, bote tras bote recorriendo los kilómetros que nos separaban hasta el cabo Joboy, la parte más septentrional de la isla de Olkhon. De camino nos fuimos parando en varios parajes con cierta belleza paisajística, como un pequeño desierto de dunas doradas donde hace años se ubicaba una cárcel o el acantilado de los hermanos, por ponerle un nombre a dos formaciones rocosas parecidas que se adentraban en el lago.

Lago Baikal

Lago Baikal

Lago Baikal

Lago baikal

Este pequeño embarcadero es lo único que queda de la antigua cárcel que se situaba en Olkhon

Lago Baikal.

Pero más que paisaje, que sin duda era bonito, lo más emocionante era poder estar allí en ese momento. Estábamos rodeados por uno de los lagos más grandes del mundo y con una antigüedad de unos 25 millones de años… Ahí es nada. Si miramos desde el cabo de Joboy (el punto más septentrional de la isla) hacia el norte podríamos pensar perfectamente que estábamos viendo un mar y no un lago.

Lago Baikal. Cabo Joboy

La línea del horizonte se desdibujaba cientos de kilómetros más adelante y lo único que veíamos era agua. Agua y más agua. Tanta que podría abastecer a la población mundial varias decenas de años sin tener ningún problema de sequía. Y pensar que todo este lago se congela en invierno, me entra frío solo de pensarlo. De hecho, cuando se construyó la vía transiberiana, el lago quedaba en medio del recorrido y el tren tenía que atravesarlo subido en un rompehielos que llevaba de nombre “Baikal”, y pese a que hubo otros barcos posteriores, este era el único que podía atravesar los varios metros de grosos del hielo que se crean en invierno.

Lago Baikal.

Lago Baikal.

Pero cuando la climatología era muy adversa (si podía serlo más) y el rompehielos “Baikal” no podía surcar sus aguas, la única manera de que los pasajeros cruzaran el lago era ¡en trineos! Desde luego no se puede decir que fuera un viaje de placer… aunque hoy en día yo pagaría por hacerlo.

Lago Baikal.

Lago Baikal.

Esto tuvo que ser así hasta que se construyó el tramo de vía del Circumbaikal en 1905 (5 años después de que se inaugurara la línea transiberiana), un tramo que es de una belleza extraordinaria por lo escarpado de su recorrido atravesando decenas de puentes y lamiendo las costas del lago.

Lago Baikal.

En el cabo de Joboy, con agua a un lado, al otro y al fondo y sentados en la última roca junto a un poste lleno de lazos, permanecimos unos minutos en silencio. El viento soplaba fuerte y comenzaba a refrescar un poco. En un rato nos esperaba nuestro conductor, resguardado entre los árboles, para deleitarnos con una comida campera donde las haya. En cubos metálicos y con los ingredientes más básicos nos preparó una sopa de pescado que hubiera degustado mucho mejor si no fuera por el dolor de muela, a la que el calor del caldo no la vino nada bien. Pero como llevaba sin comer casi un día y aprovechando que esto no era tan sólido, me llevé a la boca unos cuantos bocados. Si me viera mi madre comer pescado de esta manera, me recordaría los muchos berrinches que la daba de pequeño cuando me lo ponía en el plato, a los que mi madre siempre respondía… “¡lástima hambre de dos semanas…!”. Y qué razón llevaba…

Tras la comida pusimos rumbo al pueblo bordeando la costa contraria por la que vinimos. Los botes que pegaba la furgoneta atravesando esos caminos no le hacían nada bien a mi muela y en alguna ocasión se me saltaron incluso las lágrimas. En uno de esos momentos de dolor intenso llegué a comentar que si me ponían un avión en ese momento de vuelta a Madrid, me lo cogía sin pensar. Y es que un dolor de muelas se puede hacer insoportable en algunas ocasiones, tanto como para decir esas barbaridades.

Lago Baikal.

Aquí tenemos parte de nuestros compañeros de ruta. A la izquierda una mujer mayor que la catalogamos como “megarrusa” por la energía que tenía (aunque ahora iba dormida…) y a la derecha una chica rusa que sabía inglés y nos iba traduciendo lo que decía el conductor.

Una de las paradas que hicimos fue en un acantilado que tenía forma de cuernos. El conductor nos comentó que se trataba de un lugar donde la gente arrojaba monedas y pedía sus deseos. Desde luego el lugar era para enmarcar.

Lago Baikal.

Justo en esta parte del lago Baikal se haya la zona con más profundidad. Me asusta el simple hecho de pensarlo. Más de 1600 metros de abismo hasta llegar a su oscuro fondo. Se dice pronto, pero a mí me cuesta imaginarme esta enorme grieta en medio del continente. Este es uno de esos milagros geológicos que existen en el mundo y que posiblemente haga que con el tiempo tenga más profundidad o quizá al revés, según le dé a la madre tierra.

Lago Baikal.

En la villa de Uzury se encuentra una estación meteorológica que toma todo tipo de medidas para saber en todo momento las posibles variaciones de este ecosistema. Este pequeño pueblo, por llamarlo de alguna manera, es el punto perfecto para estudiar los movimientos sísmicos que se generan a lo largo del año en las profundidades del lago Baikal. Pero nosotros no notamos temblores ni nada parecido. A nosotros solo nos pareció un lugar ideal para un retiro de una temporada y regresar como bebes sin estrés alguno.

Lago Baikal.

A mi particularmente me vino genial la parada porque me estaba quedando sin mi “anestésia”, totalmente indispensable ese día, y aproveche a rellenar la botella de las propias aguas del Baikal. El conductor me comentó que no había ningún problema en beber de esa agua porque era muy pura, pero realmente tenía que acostumbrarme a escupirla porque me había convertido en una máquina de orinar y no podíamos estar parando cada dos por tres para que el niño soltara el chorro.

Lago Baikal.

Disfrutando de una Banya en el lago Baikal

Cuando llegamos de nuevo a nuestro punto de partida Olga nos estaba preparando la banya para que la pudiéramos utilizar esa tarde. No nos faltó tiempo para ir a por nuestros bañadores (ya que no era plan de quedarnos en bolas porque ese día habían llegado dos chicas francesas) y bajar de nuevo para pasar el resto de la tarde relajados.

Lago Baikal.

Aunque si os digo la verdad, no había dios que aguantara allí dentro más de 5 minutos. Nada más entrar por la puerta el calor ya se hace sofocante, pero cuando entras justo donde está la caldera, ¡Dios…¡ ¡Era como estar en el infierno! Yo no sé la cantidad de grados que podía haber allí, pero rondaríamos los 80 grados seguro. Si te estás quietecito sin hacer nada, al final el cuerpo se acostumbra y consigues aguantar sentado un rato y sudando como un pollo, pero la gracia de estas saunas es echar agua fría en las piedras para que se evapore y te des un baño de vapor. Justo en la puerta hay un cubo a rebosar de agua fría y con un cazo cogíamos un poco para arrojarlo a las piedras. Ese era el momento justo en el que teníamos que salir corriendo de allí porque el propio vapor te abrasaba el cuerpo y se hacía insoportable estar dentro.

Esta gente se puede tirar en invierno sin darse una ducha normal durante semanas y lo que hacen es utilizar la banya para asearse, y desde luego no se puede decir que no se queden bien limpios, porque con lo que sudas se te queda la piel tan limpia y con los poros tan abiertos que cualquier suciedad que tengas se separa de tu cuerpo en cuestión de segundos.

El resto de la tarde, que no era ya mucho, nos quedamos lavando la ropa, tendiéndola y nos fuimos a dar un último paseo antes de que estuviera la cena preparada.

Lago Baikal.

Esa noche yo volvía a tener problemas para dormir por culpa de la maldita muela, y cada vez que me recostaba, el dolor se hacía insoportable. Hasta que no me dieron las 4 de la mañana no pude conciliar el sueño y como no podía escupir el agua que me metía en la boca para relajar el dolor, cada dos por tres me tenía que bajar a la calle a desahogar la vejiga.

A la mañana siguiente nos vendrían a buscar para llevarnos de vuelta a Irkutsk y nos pusimos los despertadores para que nos diera tiempo a desayunar y poco más. Cuando me levanté llegó mi sorpresa y mi alegría. Toda la droga que me estuve tomando estos días atrás para la infección de la muela por fin surgió efecto y me levanté como un roble, con cierta molestia pero sin el dolor tan intenso del último día. No me lo podía creer que justo cuando nos íbamos se me fuera a quitar el dolor, pero más vale tarde que nunca, porque aún nos quedaba mucho viaje. No quise desayunar por si me volvía el dolor y tampoco me separé de la botella de agua por el mismo motivo. De camino a Irkutsk no tuve ningún problema más y finalmente decidí no ir a ningún dentista como habíamos pensado el día anterior.

La furgoneta nos dejó en la puerta de nuestro albergue y pagamos un poco de dinero para utilizar internet y dejar las mochilas toda la tarde ya que el tren salía por la noche. Nuestro siguiente destino era la capital de Mongolia, Ulán Bator, y no teníamos reservado ningún alojamiento, por lo que nos pusimos a buscar en internet y reservamos una noche en un hostel que se veía bien situado.

Las siguientes dos noches nos la volveríamos a tirar en el tren, por lo que nos fuimos a comprar cosas para comer y dos horas antes de la salida del tren nos cogimos las mochilas y nos fuimos andando hasta la estación. La verdad que nos vino genial estos días de relax en el lago Baikal (a parte del dolor de muela mío) y habíamos cargado totalmente las pilas para afrontar la siguiente etapa del viaje que prometía ser cansada. Mongolia nos esperaba y aún no sabíamos lo que íbamos a hacer, pero ya tendríamos tiempo el día que llegábamos para decidirlo. Ahora tocaba seguir disfrutando de nuestro viaje en tren.

Víctor del Pozo

Paseando por la ciudad de Irkutsk

Tras las ventanillas de aquel tren se advertía una mañana fría en el óblast (provincia) de Irkutsk. Una gélida niebla tapaba buena parte del campo mientras que el frío entre los vagones erizaba los pelos, aún con un sol que comenzaba a elevarse en el horizonte. Casi dos horas antes de llegar a Irkutsk ya estábamos vestidos, aseados y preparados para continuar nuestro viaje en esta ciudad que serviría de lanzadera para llegar al lago Baikal.

Estación de Irkutsk

Estación de Irkutsk

La estación de tren de Irkutsk se encuentra a orillas del río Angará, Justo en el lado opuesto del centro de la ciudad, y pese a que la distancia no era mucha, nos aventuramos a coger el primer tranvía que vimos parado junto a la estación. Era el tranvía número 1, por lo que nos imaginamos que iría hacia el centro y así fue. Teníamos que llegar hasta la calle Lenin donde está ubicado el albergue que teníamos reservado, el Baikaler Hostel, y de casualidad, tras 5 minutos escasos, nos bajamos en una parada coincidiendo justo con la calle que buscábamos y la entrada al patio trasero del albergue.

Irkutsk

Cuando llegamos a la puerta del albergue lo primero que pensamos fue en dónde nos habíamos metido. Y es que el aspecto exterior del edificio no era nada alentador. Una pequeña pintada en la pared donde ponía el nombre del albergue nos indicaba que teníamos que llamar al pequeño telefonillo que casi se caía a cachos.

Irkutsk

Esta fotografía está sacada de tripadvisor.es porque no sé como no se me ocurrió hacer una a mí… Siempre me pasa lo mismo con los alojamientos…

Tras las dos puertas y varias telas de araña, subimos por un portal frío con la pintura blanca de las paredes descascarillada por la humedad mientras que una emoción de desolación corrió por nuestros cuerpos en aquel momento. Parecía que no iba a pintar muy bien. Pero al otro lado de la puerta, en la última planta del edificio, descubrimos un oasis acogedor en medio de lo que parecía un edificio abandonado.

Nos quitamos las zapatillas y nos mostraron nuestra habitación, una salita con tres literas y llena de ropa colgada en tendederos. Estaba todo limpio y los radiadores mantenían una temperatura muy agradable que se agradecía. Tras los tres días en el tren, lo primero que hicimos fue pegarnos una ducha en condiciones y después conocimos a nuestros vecinos, que dio la casualidad que era un grupo de 7 españoles que estaban haciendo el mismo viaje que nosotros pero en dirección contraria y que venían de pasar unos días por la vecina Mongolia.

Antes de salir, contratamos con el propio albergue una excursión de tres días al lago Baikal para salir a la mañana siguiente, pero aún nos quedaba todo el día por delante y lo pasaríamos descubriendo la ciudad de Irkutsk.

Casas de Irkutsk

Estampa típica en las calles de Irkutsk

Lo primero que hicimos fue ir de nuevo a la estación de tren, esta vez andando, para reservar los billetes del tren que nos llevaría a Mongolia. Estos billetes no se pueden sacar por internet al tratarse de billetes internacionales (aunque sé que se puede hacer pagando una buena suma de dinero) y tiene que ser en la misma estación desde donde partas.

Irkutsk. Rio Angará

Vistas del río Angará sobre el puente que une las dos partes de la ciudad.

Cuando llegamos, la taquillera no hizo ni un mínimo esfuerzo por entendernos en un inglés muy básico, ni mostrándole escrito en ruso a donde queríamos coger los billetes. Pero en medio de la confusión apareció una mujer que sabía algo de inglés y se prestó a ayudarnos y hacer de intérprete con la taquillera. De esta manera, y con cierta dificultad aún, conseguimos comprar los billetes a Ulán Bator para dentro de cuatro días, aunque realmente no nos acabamos de entender muy bien porque los quisimos comprar de segunda y luego resultaron ser de primera. Los billetes costaron 110€ cada uno, 10€ más que si fuera en segunda clase, por lo que tampoco había mucha diferencia. Hecho el trabajo “sucio”, las calles de Irkutsk nos esperaban para descubrirlas.

Irkutsk.

Qué ver en Irkutsk en un día

Esta ciudad, así de primeras, gusta. Con apenas algo más de medio millón de almas, no se ve una ciudad masificada y las calles son anchas y buenas para pasear, con grandes aceras y zonas verdes donde relajarse un rato. Lo único que tenía en común con las otras ciudades rusas que habíamos visto era el caótico tráfico. Justo en hora punta las calles se convertían en auténticos ríos de coches amontonados semáforo tras semáforo. Pero si saléis de las arterías principales y os aventuráis a pasear por otras más pequeñas, descubriréis la antigua ciudad que hace casi dos siglos ocuparon exiliados participantes de la revuelta decembrista contra el Zar Nicolás I.

Qué ver en Irkutsk. Antiguas casas de madera

La mayoría de las casas de madera que aún se ven por toda la ciudad pertenecían a esa gente, oficiales y aristócratas, y son hoy el mayor atractivo de una ciudad que parece vivir en el presente sin olvidar absolutamente nada del pasado, como si nunca hubiera pasado por aquí ningún gobierno soviético.

Irkutsk.

Irkutsk apenas cuenta con algo más de tres siglos y medio de historia, pero desde sus inicios rápidamente comenzó a cobrar auge debido a su estupenda ubicación junto al río Angará en medio de una ruta mercantil en la que se comercializaba con pieles, tés que procedían de China y más adelante con el oro que hizo su aparición en estas tierras, convirtiendo esta zona del mundo (y Siberia en general) en un foco importante para la industria minera y que reavivó la leyenda de la Fiebre del Oro.

Irkutsk.

Pese al fatídico incendio que sufrió la ciudad en 1879, aún se pueden ver muchas de las casas de madera que parecen ser tragadas por el asfalto, algunas en estado decrépito y que no dan la sensación que puedan aguantar mucho más tiempo en pie.

Irkutsk.

La verdad es que estas casas de madera son el verdadero encanto de esta ciudad. Una ciudad tranquila en unos lugares, pero ajetreada en otros. En el centro más neurálgico, la gente se desplaza como en una gran ciudad, sin mirar nada más que al frente y con paso firme sorteando los coches en cada cruce. En esta zona vuelven a abundar los centros comerciales, tiendas y restaurantes de comida rápida, y no podía faltar en un sábado como hoy el típico mercadillo de fruta donde daba cabida incluso a la venta de guantes y calcetines hechos a mano por los tenderos.

Irkutsk.

Se ve clara diferencia entre los puestos de la gente que se dedica habitualmente a la venta ambulante y los puestos más humildes de las babushkas donde venden frutas y hortalizas seguramente recién cogidas de sus huertos particulares.

Irkutsk.

En resumidas cuentas, la sensación que transmite pasear por Irkutsk es de no saber si lo estás haciendo por una ciudad venida a menos o un pueblo venido a más. Con el contraste de los distintos edificios y de sus gentes es inevitable tener esa sensación.

Irkutsk.

Irkutsk.

Los rasgos de la gente denotan los claros rasgos asiáticos, y en Irkutsk más que en ningún lado.

Irkutsk y su analogía con París

A esta ciudad la llaman la “París de Siberia”, y bueno…, encontré ciertas diferencias para pensar que es un adjetivo un poco optimista. Desde luego la ciudad es agradable y tiene calles muy elegantes con casas que parecen pequeños palacetes, y hay detalles por la ciudad que recuerdan a la capital francesa, como algunas pequeñas torres Eiffel que me imagino se colocarían para apoyar el dicho. Incluso me encontré con gente que llevaba sus llaves sujetas con llaveros de París.

Irkutsk.

Pequeña torre Eiffel en una calle peatonal en el centro de Irkutsk

Pero esa comparación es la misma que se hace cuando una ciudad es cruzada por un canal y se la llama la “Venecia de tal sitio”. Un poco afán de conseguir prestigio con comparaciones raras. Pero lo que si me sorprendió fue que mucha gente tuviera el idioma francés como segundo idioma, o al menos esa fue la sensación que me dio. En muchos lugares, como la mujer que nos ayudó a reservar los billetes esa mañana, nos preguntó primero que si hablábamos francés, o la dependienta de una farmacia donde nos paramos a comprar medicina también sabía hablar francés.

Irkutsk.

El centro de la ciudad está muy animado, con mucha gente, hilo musical, muchas tiendas y artistas callejeros.

Últimamente tengo la costumbre de improvisar mucho las visitas en las ciudades y a las pruebas me remito con lo que hicimos en Irkutsk. Si en Kazán nos dejamos guiar por nuestro amigo Valentín y en Ekaterimburgo nuestra visita se basó a una línea roja pintada en el suelo, aquí en Irkutsk nos marcamos un itinerario in situ frente a un mapa turístico que estaba en medio de la calle tachado por varios grafitis. En él vimos todos los sitios turísticos que había en la ciudad y decidimos hacer una ruta empezando por uno de los lugares que no se debe uno perder si visita Irkutsk. Se trata de la plaza Kírov y las iglesias que hay tras ella junto al río Angará.

Irkutsk.

Como en toda ciudad rusa que se aprecie, el edificio del circo ocupa un buen espacio en la ciudad.

Qué ver en Irkutsk. La plaza Kírov

La plaza Kírov, nombrada así desde 1935 en honor al político bolchevique Serguéi Kírov, era la zona donde se comercializaba con los productos que venían de Oriente y en ella se creaban populares mercados y ferias. En unos de los fondos de la plaza se encuentra el edificio de la administración regional de Irkutsk de aspecto rudo (y a mi gusto feo) al más puro estilo soviético, pero lo realmente interesante se encuentra justo a sus espaldas, en lo que se conoce como el centro histórico de Irkutsk.

Cuando llegas hasta aquí después de haber pasado por otras ciudades como Moscú o Ekaterimburgo, lo que más llama la atención es ver una iglesia católica de estilo neogótico. En cualquier parte de Europa podría pasar desapercibida, pero aquí en medio de Rusia como que no. Se trata de la iglesia católica polaca que fue levantada en ladrillo rojo tras haber desaparecido la original de madera en el funesto incendio de 1879. Las donaciones de los exiliados polacos hicieron posible su levantamiento en el año 1883.

 

Irkutsk.

Hoy es una de las dos iglesias católicas que existen en la ciudad. La otra está en la otra orilla del río Angará.

Si seguimos adelante camino al río nos encontraremos con otras dos iglesias. La primera a mano izquierda es la del Salvador, con un exterior muy normalito y un interior que no pudimos ver porque se estaba celebrando una boda, una de tantas que vimos por Rusia. De todas formas, por lo que he leído, su interior es muy austero y parece ser que no nos perdimos mucho.

Irkutsk.

Iglesia del Salvador

En cambio, la que queda a mano derecha, solo su fachada ya inspiraba entrar en ella. Se trata de la catedral de la Epifanía y el lugar donde están enterrados algunos de los obispos de Irkutsk. Como toda iglesia ortodoxa esperábamos encontrar un interior recargado con decenas de pinturas e imágenes de santos, pero la verdad que no solo fue eso.

Irkutsk. Catedral de la Epifanía

Catedral de la Epifanía

Los colores utilizados para decorar su interior, por lo general el azul y el dorado, daban la sensación de haber ascendido hasta el cielo y que estábamos flotando. En ese momento se estaba celebrando un pequeño oficio con apenas diez personas. Parte de su interior se estaba reformando y parte del iconostasio estaba tapado por unos andamios, pero eso no quitaba a que fuera la iglesia más bonita que habíamos visto en Rusia, y ya habían sido unas cuantas.

Irkutsk.

Irkutsk.

Irkutsk.

Salimos de la iglesia maravillados y nos fuimos a pasear por el parque que se encuentra en frente. En él se haya un monumento a los soldados rusos caídos en la Segunda Guerra Mundial en forma de llama eterna y desde aquí se puede ir andando hasta un pequeño malecón para observar las aguas del río Angará.

Irkutsk.

Monumento al soldado desconocido

Nuestra ruta prosiguió en circunvalación al centro de la ciudad, la cual ya habíamos visto por la mañana, y nos centramos simplemente en pasear mientras charlábamos, sin ninguna pretensión más que hacernos pasar por simples viandantes y dejar a la ciudad que nos fuera sorprendiendo ella sola. Aunque la verdad que ya poco más nos iba a sorprender porque no había mucho tiempo para entretenerse en ir a otros sitios.

En algunos puntos de la ciudad nos invadía una sensación de desolación y de recuerdo hacia el pasado al cruzarnos con algunos carros de combate participantes en la Gran Guerra Patria contra los Nazis. Es increíble como en cualquier parte del mundo te acabas encontrando con algún tipo de memorial que recuerda tal funesto conflicto.

Irkutsk.

A esas horas algunos de los parques que cruzábamos carecían de vida humana. En uno de ellos tan solo nos encontramos a un borracho que iba cantando solo y que se giró para decirnos algo en ruso que evidentemente no entendimos. Según caía la noche, la ciudad fue oscureciéndose y las luces artificiales casi no iluminaban las calles.

Irkutsk.

En el patio trasero del albergue se estaba totalmente oscuro, sin un alma que lo pisara salvo algunos huéspedes que volvían como nosotros. Había sido un día largo pero muy productivo, ya que teníamos los billetes reservados para llegar a Mongolia, contratado una excursión al lago Baikal para tres días y habíamos recorrido Irkutsk, una de las ciudades más atractivas de Siberia.

Irkutsk.

Monumento a Lenin en las proximidades al Hostel

Esa noche ya coincidimos con todos los españoles que estaban alojados con nosotros. Tras una buena ducha y cenar los típicos fideos que me encantaban, nos quedamos con nuestros compatriotas bebiendo vodka de una botella que al destaparla el tapón emitía una melodía popular rusa. Charlando de viajes y sobre todo de Mongolia, de donde venían ellos de pasar unos 15 días, se nos hizo la hora de irnos a la cama.

La verdad que no tenía ganas de acostarme, y buena parte de la culpa era el intenso dolor de muela que me estaba volviendo a salir. Ya había acabado con prácticamente todas las medicinas que nos habíamos llevado y ese día repusimos el botiquín con una caja más de Nurofen, que fue lo único que encontramos en una farmacia que me pudiera hacer algo de efecto y que fue imposible encontrar ningún otro fármaco con más de 400 mg. cada pastilla. Toda droga iba a ser poca para el dolor de muela que me esperaba en los siguientes días.

Me quedé en la litera con el portátil  viendo las fotos. Por la ventana se veía ya una ciudad oscura y aparentemente deshabitada, durmiendo como lo hacían mis compañeros de habitación. Era hora también de cerrar los ojos y descansar. Al día siguiente marcharíamos hacia el legendario lago Baikal, un paréntesis en el viaje en el que trataríamos de disfrutar al máximo y sobre todo descansar.

Víctor del Pozo

A bordo del transiberiano

Era el momento de comenzar puramente dicho nuestro viaje transiberiano. Habíamos llegado con tiempo a la estación de trenes de Ekaterimburgo, una hora antes de que saliera nuestro tren a Irkutsk, tres horas si miramos los horarios de Moscú, cinco horas si miro mi reloj y 6 horas si miramos el reloj de David. Este es un pequeño ejemplo del mejunje de horarios que íbamos a tener durante los siguientes días atravesando el vasto territorio siberiano en el que atravesaríamos varios husos horarios, y eso que solo llegaríamos a poco más allá de la mitad de Rusia.

Dentro del tren tendríamos nuestro propio horario, con nuestras rutinas, comidas y quehaceres, aunque tras la ventanilla habría otro distinto, una hora más cada día, por lo que para hacer el transiberiano recomiendo desconectar la mente de cualquier minutero y ser sirviente únicamente de la posición del sol dentro de este micro mundo que llega a ser un viaje transiberiano.

Transiberiano

Nuestro tren que salía a las 22:30 hora local se iba retrasando cada vez un poco más mientras esperábamos sentados en la estación a que de una vez por todas pusieran el andén al que llegaría nuestro tren. No éramos pocos los que lo esperábamos y todos estábamos en la puerta de acceso expectantes a lo que ponía en los letreros luminosos. Cuando llegó el momento, dos horas más tarde, todo el mundo salió corriendo como en una estampida de búfalos hacia la plataforma marcada. Nosotros, con más tranquilidad, intentando leer los carteles de los vagones, encontramos nuestro pequeño alojamiento para estar las siguientes tres noches y dos días completos.

Transiberiano

Viajar en un tren transiberiano

Viajar en el transiberiano es una experiencia única. No existe en la faz de la tierra otro recorrido tan largo y mítico sobre la siempre romántica línea férrea. Este, el transiberiano, fue un trabajo titánico que se comenzó a construir a finales del siglo XIX para unir el inmenso territorio ruso y sobre todo comunicar con la principal base naval que tenían los rusos en la ciudad oriental de Vladivostok. Tras trece años de durísimo trabajo por parte de campesinos que fueron contratados y sobre todo por deportados con la promesa de reducir sus condenas, se completó un recorrido de casi 10.000 kilómetros uniendo las principales ciudades rusas. Una línea férrea que facilitaría al transporte de mercancía y personas a lo largo de la impenetrable Siberia.

Transiberiano

Diferentes lineas para realizar el transiberiano. La original sería la roja.

Hoy en día se nos haría un poco pesado viajar en aquel tren cuya velocidad no superaba los 20 kilómetros a la hora. Ahora  gracias a la electricidad se va un poco más rápido y las distancias se acortan pudiendo hacer el recorrido completo en apenas una semana. Pero lo que sigue manteniéndose igual desde el principio es el recorrido, y con él, los sueños de la gente por poder desplazarse para ver a sus familiares, trabajar o simplemente viajar como nosotros.

transiberiano

Dentro del tren se vive en otra dimensión, como he dicho antes, en un micro mundo que se desplaza lento y contundente hacia su destino. Detrás de la ventanilla por las mañanas se ve un amanecer brumoso y un ligero Sol inundando de luz las tierras húmedas de Siberia. Dentro del tren mientras tanto nos mantenemos a una temperatura constante de 24 grados y solo cuando pretendes ir de vagón en vagón hace falta ponerse algo más de ropa porque en los huecos de unión el frío acecha, sobre todo por las noches.

Transiberiano

Nuestro compañero de cabina era un ruso de unos 27 años que no abrió la boca en toda la noche. La verdad que con él no tuvimos suerte al compartir dormitorio porque era un sosainas de mucho cuidado. Solo cuando le ofrecimos beber de nuestro vodka que compramos en Ekaterimburgo se animó a hablar un poco en un inglés vago, algo es algo. Se desplazaba hasta una ciudad cercana a Irkutsk para trabajar. Varios de sus compañeros estaban dispersos en otras cabinas y en las paradas se juntaba con ellos, pero mientras tanto, el solo se limitaba a leer y a comer pipas. Lo dejamos por imposible.

En cambio, un ruso de dientes dorados, de esos que no te imaginas hablando nunca con él, me empezó a dirigir la palabra mientras estábamos esperando para entrar al baño. Ninguno de los dos sabíamos inglés, pero eso le importaba poco porque todo me lo decía en ruso. Intentaba decirle que no le entendía pero él seguía con su ruso que me resultaba un tanto familiar. Acabé por entenderle un ligero “from” y me aventuré a decirle “Spain”. Su sonrisa me delató que era eso precisamente lo que me quería preguntar aunque todas las demás veces no acabábamos de entendernos bien. Pero la situación era de lo más cómica. Imaginaros a un ruso que cada vez que sonríe te deja ver sus dientes de oro, robusto como él solo, calvo y con brazos fuertes y tatuados, y de repente se te pone a cantar una canción rusa y te pide que la cantes con él. Teníais que verme la cara. Hubiera deseado haberme bebido la botella de vodka yo solo. Me enseñó un saludo de manos y cada vez que nos cruzábamos por algún vagón nos saludábamos de esa manera.

 

transiberiano

En estas tierras y a lo largo de la linea transiberiana, existe un mapa muy distinto que no se ve desde el tren. Decenas de campos de trabajo forzoso, llamados en la época de la URSS como “gulag”, salpican estas tierras y prácticamente dibujan una linea imaginaria junto al recorrido del transiberiano.

Desde luego tres días metidos en un tren puede dar para muchas anécdotas, pero también hay mucho tiempo en el que no pasa nada y simplemente te dedicas a leer, hacer algún sudoku y jugar a las cartas, sobre todo por la noche cuando la gente ya se ha organizado y permanecen todos en sus literas convirtiendo el pasillo del vagón en un silencioso corredor que exponenciaba aún más la sensación de estar en algún lugar remoto lejos de tu casa.

Cuando todos duermen y el tren marcha ligero, el sonido de las vías se convierte en la banda sonora del viaje, en aquella música que cuando la escuche alguna otra vez, siempre me recordará este viaje. Te acostumbras tanto a ese ruido y al balanceo de la cama que cuando el tren hace alguna parada lo echas de menos. Estás deseando que se ponga otra vez en marcha y siga su camino.

 

transiberiano

Cuando despiertas, las caras desconocidas del día anterior ya no lo son tanto y empiezan a ser familiares. La provodnitsa pasea de un lado a otro pasando la aspiradora, llevando agua caliente a ciertos compartimentos mientras que la mayoría vamos hasta el calentador de agua que hay en cada vagón para prepararnos algo caliente, un té o un café. Un nuevo día surge en el tren y no tienes nada previsto por hacer.

Transiberiano

En los pasillos hay un cartel donde puedes ver las paradas que va a hacer el tren y el tiempo que estará en cada una de las ciudades. Andábamos cerca de la frontera de Kazajistán y el tren aminoraba la marcha para hacer entrada en la estación de Omsk, así que nos pusimos la ropa para bajar y estirar un poco las piernas.

Transiberiano

Muchas de las estaciones se convierten por unos momentos en improvisados mercadillos ambulantes donde las babushkas intentan sacarse unos pocos rublos vendiendo sus productos caseros como galletas saladas, mermeladas o pescados. Nosotros caímos en la tentación y compramos unos bollos artesanos para desayunar y unas gominolas que nos duraron para todo el viaje.

transiberiano

Transiberiano

Durante prácticamente todo el recorrido transiberiano el paisaje bucólico es el mismo en cada momento. Bosque boreal a un lado y a otro salpicado de vez en cuando por pequeños poblados con casas viejas de madera delimitadas por vallas.

Transiberiano

Transiberiano

En algunos momentos no ves más que árboles que se multiplican y se reflejan al otro lado de la vía y de pronto aparece de la nada un coche antiguo hundido en el fango de un camino inaccesible. En ese momento te das cuenta hasta qué punto ha llegado el hombre a domar este territorio, estando hasta en lugares tan inhóspitos donde solo se divisa taiga y esporádicas ciénagas. Pero la realidad no es esa. Las personas que vemos en estos pueblos no han domado nada. Siberia es muy difícil de dominar y simplemente se han adaptado a vivir en uno de los lugares más hostiles del planeta.

Transiberiano

Algunos trenes antiguos se muestran en algunas de las estaciones. A llovido un poco desde aquellos trenes a los de ahora.

Según va pasando la mañana la gente va volviendo a su particular habitación y el tiempo que hay hasta la comida se dedica a largas charlas. Nosotros dimos con la casualidad de coincidir en este viaje con dos hermanos andaluces que viajaban en otro vagón. Los vimos en una de las paradas y con el tren en marcha me fui a buscarles para ver que se contaban. Se trataba de una pareja muy particular y aventurera. Habían viajado mucho, pero para nada eran viajes corrientes. Ahora su destino era Hong-Kong para tratar unos temas de un negocio que tenían montado, pero habían decidido llegar hasta allí haciendo este trayecto de tren en vez de ir directamente a su destino. Cosa normal cuando acabas conociendo los gustos que tienen a la hora de viajar. Su aventura más exótica fue sin duda en la que se embarcaron hace unos años, dejando todo lo que tenían en su pueblo (casa, coches, motos, familia…) y comprándose un catamarán pequeño para navegar por tiempo indefinido. Salieron de la costa andaluza en dirección a Canarias y una vez allí salieron dirección las Américas como hace más de medio siglo salieron la Pinta y compañía. Nos contaron sus aventuras en pleno océano, con tormentas que levantaban su pequeña embarcación varios metros de altura en sintonía con las olas gigantescas que se creaban. Una aventura digna y que dudo que yo realice algún día, puesto que el mar me da mucho respeto y miedo. Tras varios meses ya habían llegado a América y se dedicaron a ir subiendo la costa hasta que un día, en el puerto de Nueva York, sufrieron un accidente chocando con una embarcación mucho más grande, hundiendo la suya hasta el fondo marino. Un año después de que salieran de España, sus sueños se hundieron junto a su barco. Desde luego tenían mil anécdotas para contar y con la gracia que caracteriza a los andaluces, era un “pazón” escucharles.

Transiberiano

Aquí posamos yo y uno de los hermanos andaluces subidos en un monumento a la locomotora en la ciudad siberiana de Llanskaya.

En las horas de comida todos volvemos a nuestros camarotes a llenar el estómago. Una cosa que no sabía de este viaje en tren es que las comidas y las cenas vienen incluidas en el precio, al menos en la segunda clase donde viajábamos nosotros. La provodnitsa pasa por cada camarote apuntando lo que quiere comer cada uno, pollo o pescado. Cuando llegaba a nuestro compartimento, para hacernos entender que quería apuntar la comida, hacía el típico gesto de llevarse la mano a la boca y decía un “ñam ñam” que entendíamos a la perfección (momento cómico que tuvo guasa jejeje).

Transiberiano

Sin duda el transiberiano es toda una experiencia donde el más mínimo detalle cobra protagonismo. El tema de la higiene es uno de ellos. Tres días metidos en el tren dan ganas de asearse y sentirse uno limpio, pero aquí no hay duchas y hay que ingeniárselas para ello. Los baños son pequeños, pero están muy bien. Disponen de su lavabo, un mueble y el retrete, pero el espacio es reducido. Para la higiene se pueden usar las toallitas húmedas que vienen muy bien, pero yo ni corto ni perezoso me hacía mi ducha dentro de aquel pequeño compartimento. Como en el suelo hay un desagüe para que caiga el agua a la vía, me despelotaba y me duchaba con el agua del grifo tirándomela cuidadosamente por el cuerpo para no mojarlo todo (eso si aguantáis el frío… porque olvidaros del agua caliente salvo para los tés). Para esto aprovechaba las últimas horas del día donde la mayoría de la gente ya duerme y no hay gente esperando para entrar, aunque la verdad que la mayoría de las veces, con las toallitas que llevábamos se podría cubrir esta necesidad más que suficiente.

Transiberiano

La última noche de esta ruta de dos días realizando el transiberiano la dormimos sin prisa, como otra cualquiera. Sabíamos que a la mañana siguiente nos despertarían dos horas antes de llegar a nuestro destino y nos daría tiempo de sobra para prepararnos.

Transiberiano

La provodnitsa es la encargada del vagón. Ella se encarga de avisar cuando llegas a tu destino y de vigilar que todo el mundo suba al tren cuando este hace alguna parada.

Realmente no hemos pasado nada mal las 52 horas que duraba nuestro trayecto transiberiano,  incluso en alguna ocasión durante el mes hemos echado de menos el dormir en un tren y su comodidad, pero eso sería más adelante. Ahora habíamos llegado a nuestro destino tras más de 5.000 kilómetros desde Moscú, la ciudad de Irkutsk, pero el transiberiano seguiría su marcha incansable hasta el mar completando el recorrido de tren más grande del mundo. Y mientras, el mundo sigue y nuestro viaje también.

Víctor del Pozo

Ekaterimburgo a las puertas de Siberia

Este día teníamos pensado ver Ekaterimburgo tras coger el tren desde Kazán. En el trayecto en tren hasta llegar mi intención era poder ver algo característico cuando pasáramos al continente asiático. Una señal, un tótem o incluso los propios montes Urales. Pero nada. Cuando quise abrir los ojos ya deberíamos de haber pasado esa frontera imaginaria entre Europa y Asia, aunque lo mismo la estábamos pasando en esos momentos y no me enteraba porque, aunque tengan mucha fama, los montes Urales no se elevan más de 2000 metros, y por donde pasábamos nosotros, ni a 1000.

Etakterimburgo.

Teníamos unas galletas y un zumo para desayunar que habíamos comprado el día anterior. Era lo necesario para empezar bien el día. El tren aminoraba la marcha y en el paisaje fue cambiando el tono verdoso de los árboles por el gris de la ciudad. Nos estábamos aproximando a Ekaterimburgo y el tren serpenteaba pequeños pueblos y suburbios con aspecto mucho más soviético que Kazán.

Cuando el tren se paró en la estación de Ekaterimburgo nos plantamos con las mochilas al hombro y buscamos la consigna para dejarlas durante todo el día. Había mucha más gente que hacía lo mismo, pero todos eran rusos. Pocos turistas vimos durante nuestro viaje por Rusia.

A la salida de la estación, el primer edificio que se ve es el hotel Marins Park, que con su planta soviética nos dio la bienvenida a esta ciudad que se veía más llena de gente y de coches que Kazán, mucho más parecida a Moscú, sin llegar a serlo.

Estábamos en plan descolocados. No teníamos ni un mísero mapa para podernos situar y partir hacia algún lado, pero decidimos tirar por la gran avenida Sverdlova que se presentaba en frente nuestra que seguro nos llevaría hacia el centro de la ciudad. Y así fue, porque a los 200 metros pudimos divisar la silueta de la catedral de la Sangre Derramada, solitaria en una pequeña colina y con las cúpulas de color dorado pálido por el día tan gris que teníamos.

 

Etakterimburgo. Catedral de la Sangre Derramada

Catedral de la Sangre Derramada de Ekaterimburgo

Realmente este era el único sitio turístico seguro que tenía en mente visitar y nos lo íbamos a ventilar a primera hora del día. Esta catedral, que a simple vista podría pasar por una catedral ortodoxa más de Rusia, marca el lugar donde se vivió uno de los acontecimientos más importantes de la historia del país.

Etakterimburgo. Catedral de la Sangre Derramada

Justo en ese lugar, hace casi un siglo, el Zar Nicolas II junto a su familia fueron trasladados desde San Petersburgo, donde estaban retenidos, hasta la casa del comerciante Ipatiev  que ocupaba el lugar actual de la catedral, para poco después ser ejecutados cruelmente y poner fin a la era zarista a manos de los bolcheviques. Los “rojos” pudieron más que los “blancos” y con este suceso comenzó un proceso de cambio en Rusia hacia lo que más adelante se le conocería como la Unión Soviética.

Etakterimburgo. Catedral de la Sangre Derramada

La casa del tal Ipatiev fue derruida por orden de Boris Yeltsin en 1977, que en aquella época era primer secretario de la región, y doce años después de la caída de la URSS, fue levantada la catedral que hoy vemos en esta pequeña colina de Ekaterimburgo para conmemorar la canonización de los Romanov. El sótano donde estuvieron encerrados y donde fueron asesinados es hoy una silenciosa sala en el subsuelo de la catedral. Varios motivos recuerdan a la familia zarista y la gente reza ante ellos en un lugar en el que lo único que se oyen son nuestros pasos. Junto a  esta, otra sala recuerda la vida de Nicolas II en un repaso fotográfico junto a más fotografías que reviven la construcción de la catedral que estábamos pisando. Tanto en la catedral como en las salas, no pude hacer ninguna foto, pero tampoco me pareció nada del otro mundo.

Etakterimburgo. Catedral de la Sangre Derramada. Romanov

Este es un monumento que se encuentra justo enfrente de la entrada a la catedral. En el se representa a la familia Romanov mientras descendían al sótano donde luego serían ejecutados.

Siguiendo la línea roja de Ekaterimburgo

Cuando salimos de allí bajamos las escaleras en dirección al estanque que hay en todo el centro de la ciudad y paseamos junto al agua hasta la pequeña presa que corta el agua del rio Iset. No teníamos mucha idea de qué es lo que podíamos hacer, pero vimos un puesto de información turística, de estos digitales, y consultamos algunos lugares. Pero la verdad que tampoco nos servía de mucho porque no llevábamos ningún mapa y no sabríamos situarnos para ir a ningún lado.

Ekaterimburgo. Plaza Histórica

Esta foto está hecha junto a la presa del estanque en la plaza Histórica. Aquí también hay puentes donde la gente coloca sus candados en forma de unión con su pareja. Al fondo se puede ver la torre de la TV.

Entonces nos dimos cuenta de algo. En la catedral que acabábamos de ver encontramos una línea roja pintada en el suelo y nos la volvimos a encontrar en el parque por el que acabábamos de pasar. Dándole un poco al coco caímos en la cuenta de que podía tratarse de una línea que marcara una ruta turística por la ciudad y nos pusimos a seguirla para ver a donde nos llevaba.

Ekaterimburgo.

Efectivamente, y una vez confirmado a nuestra vuelta del viaje, la línea roja marca un circuito por los puntos más interesantes de la ciudad. No sabíamos dónde empezaba ni dónde acababa, pero de momento nosotros la seguimos por la Avenida Lenina hacia el norte, que es una de las calles más transitadas tanto por peatones como por coches.

Ekaterimburgo.

La Casa del comerciante Sevastyanov es una de las más bonitas de la ciudad y que se encuentra además en todo el centro histórico. Se construyó en 1860 y durante la era soviética fue la sede de los sindicatos. Hoy en día es un edificio de oficinas.

Ekaterimburgo.

Una pequeña capilla.

Sin duda esta ruta nos había salvado el día, porque ya pudimos comprobar a lo largo de la mañana que Ekaterimburgo no es una ciudad bonita para pasear sin rumbo.

Ekaterimburgo. Yokov Sverdlov

Entre los edificios de la ópera y la universidad estatal de los Urales se encuentra esta estatua del líder bolchevique Yokov Sverdlov, uno de los autores intelectuales de la ejecución de los Romanov.

Ekaterimburgo. Monumento al teclado

Sorprendidos nos quedamos cuando vimos semejante monumento. El artista Anatoly Vyatkin ha querido homenajear un utensilio que se ha convertido en pieza indispensable en nuestras vidas digitales. El teclado del ordenador. ¡Ole sus narices!

Es una ciudad gris incluso en verano. Lo edificios se ven viejos y sucios casi a la misma cantidad que los coches, tranvías o furgonetas oficiales de la policía.

Ekaterimburgo.

Solo algunos edificios destacan y la mayoría son centros comerciales. Lo único que se salva un poco (al menos de lo que vimos) es la calle Vaynera por ser peatonal y donde los edificios no son simples cubos de hormigón. Además queda al lado de aquí la famosa plaza 1905 donde está el ayuntamiento y una estatua de Lenin alzando enfático su brazo.

Ekaterimburgo.

Calle Vaynera

Me resultó curioso ver en el mismo día y ciudad varios lugares que recuerdan más o menos el mismo acontecimiento, aunque con diferente significado cada uno, como por ejemplo la catedral de la sangre derramada levantada en honor al último zar de Rusia, la estatua del bolchevique Yokov Sverdlov o esta plaza 1905 que lleva como nombre el año en el que comenzó la revolución con el que se daría fin a la era zarista.

Ekaterimburgo.

Edificio del Ayuntamiento de Ekaterimburgo en la plaza 1905

Ekaterimburgo.

Lenin

Volvimos de nuevo a nuestro punto de partida en la plaza Histórica donde habíamos enganchado la línea roja turística y a la que hacía ya un rato habíamos dejado marchar en otra dirección. El cielo estaba gris y algunas gotas se dejaron caer, pero eso no les importaba a las personas mayores que se sentaban allí para jugar un poco al ajedrez o a los niños que montaban sus patinetes.

Ekaterimburgo.

Volvimos sobre nuestros pasos hacia la estación dejando atrás la silueta apagada de la catedral y los reflejos de la ciudad en el estanque. Poco a poco iba anocheciendo pero el tráfico en la ciudad seguía igual de intenso. Coches para arriba y coches para abajo, todos a una velocidad nada aconsejable viendo la cantidad y el estado de ellos. Desde luego el civismo en las carreteras rusas deja mucho que desear y para cruzar las enormes avenidas no te valía ni la confianza de un semáforo y mucho menos la de un paso de cebra. Y las consecuencias las vimos esa misma tarde cuando enfilábamos la avenida Sverdlova camino a la estación. Dos coches se chocaron casi de frente y la verdad que nos asustamos y no fue para menos. Una explosión nos hizo girar a todos los que estábamos andando por allí e incluso pensamos que podía haber sido algún tipo de bomba. Imaginaros como tuvo que sonar para pensar eso… Dos coches destrozados y un semáforo partido. Menos mal que acabábamos de pasar por allí y no había nadie esperando a cruzar en ese momento.

Ekaterimburgo.

La noche empezaba a caer en Ekaterimburgo

Tras el susto localizamos en la misma calle un supermercado al que entramos para comprar provisiones de comida. Esa noche nos meteríamos en un tren en el que viviríamos los siguientes tres días atravesando Siberia. Nos gustaba la idea y realmente estábamos ansiosos. Para eso también habíamos querido hacer este viaje y por ello el próximo relato será exclusivamente del trayecto en tren.

Ekaterimburgo.

Estación de tren de Ekaterimburgo

Siento no poder dar muchas más explicaciones de Ekaterimburgo, pero es una lástima que tan solo hubiéramos podido pasar un día allí y no haber podido conocer un poco más a fondo la ciudad, que aunque nosotros tuvimos la sensación aquel día que con unas horas era suficiente y que al final del día no me inspiró nada la ciudad, creo que Ekaterimburgo se merece dos o tres días mínimo para poder indagar más en ella, que historia tiene para dar y tomar.

Víctor del Pozo

Cómo comprar billetes de tren en Rusia y nuestras etapas.

En este artículo os intentaré dar algunos consejos a la hora de comprar billetes de tren en Rusia y más concretamente para hacer el recorrido del transmongoliano, además de indicaros los trayectos que por ahora hemos reservado nosotros.

¿Cómo comprar billetes de tren en Rusia?

Punto y aparte. Esto es lo que hay que hacer cuando uno se quiere poner a comprar billetes de tren en Rusia. Dejar apartado todo lo que estéis haciendo y centraros en la única tarea que os concierne en ese momento que no es otra que entender una página que está totalmente en ruso y que en todo momento estás pensando que te puedes confundir y acabar en un lugar de Rusia al que no quieres ir.

Pero voy a quitar un poco de hierro al asunto. Al fin y al cabo, esa sensación sólo la tenemos la primera vez que reservamos en la página oficial de trenes rusos (“RZD”). Bien es cierto que con los traductores online que disponemos hoy en día, la tarea se hace algo más fácil. En mi caso yo utilizo directamente el explorador Google Chrome, que me traduce cualquier página al español instantáneamente (así nunca aprenderé inglés…) y con el ruso más de lo mismo y de una manera bastante eficiente. Pero aunque parezca que de esta manera lo podréis hacer perfectamente, no es cierto. No sólo por traducir las palabras podremos coger un billete sin tener alguna duda, con la intranquilidad que eso conlleva. Pero hay una página que han editado unos amigos viajeros que os puede servir como referencia para “vuestra primera vez” y sentiros seguros a la hora de reservar un tren en Rusia. Son Edu y Eri, y en su apartado de Moscú han dedicado un relato a explicar detalladamente todo este proceso de reserva en la web oficial de RZD, con imágenes y paso por paso. No nos vamos a repetir y no vamos a quitar el mérito que tiene su post, por lo que pondré un enlace directo a ellos para que lo leáis detenidamente.

Como comprar billetes rusos por Edu&Eri

5 consejos para comprar billetes de tren en Rusia

  1. Este de hoy, más que un post personal va a parecer una recopilación de lo que he estado viendo en internet sobre los trenes rusos. Para los casos en los que no se reserven los billetes desde casa y tengamos que comprarlos in situ en las estaciones de tren, os recomiendo un simple papelito donde ponga claramente escrito en ruso lo que se quiere comprar, para que las taquilleras lo entiendan perfectamente y no tengamos que aguantar malos comentarios. Esta idea la he sacado de la web de una pareja ( www.tierrrasinsolitas.com) que en estos momentos se hallan inmersos en este viaje y que dejaron esta sencilla forma de evitarte líos y hacerte entender con las taquilleras.comprar billetes de tren en Rusia
  2. Y seguimos con las recomendaciones. Algo importante para viajar en tren (o bus, metro o simplemente ver un mapa) es entender lo que pone en los letreros. Para esto no queda otra que aprenderse el alfabeto cirílico. Yo no soy torpe con los idiomas… soy lo siguiente, y el inglés es un mundo al que todavía no he sido capaz de dominar salvo el típico “sorry”, “yes” y “can you repeat, please”… por lo que plantearme aprender ruso ni se me pasa por la cabeza. Pero otra cosa distinta es aprenderse su alfabeto. Aquí solo juega la capacidad que tengamos para retener sus letras cirílicas y emparejarlas con las nuestras, las latinas. Realmente no es tan difícil y hasta hay varias letras que coinciden con las nuestras. Para palabras sueltas y sobre todo nombres propios viene de lujo aprenderse el alfabeto cirílico, pero para leer un libro no va a valer de nada puesto que la gramática es diferente. El único inconveniente que me encuentro es que las palabras cuando las traduces del cirílico al latino, al final consigues una palabra inglesa (o parecida), por lo que también es bueno tener un amplio repertorio de vocabulario inglés.Alfabeto cirílico
  3. Sabiendo ya comprar bielletes de tren en Rusia a través de la página oficial RZD, no aconsejo reservar trenes desde otras páginas que no sea esta aunque resulten más fáciles de entender, porque inflan los precios hasta el doble en algunas ocasiones. Estas páginas, como Russianrails, pueden estar bien para ver los trenes, horarios y duración, pero sale como he dicho antes, el doble del precio de lo que cuesta.
  4. También otra cosa a tener en cuenta, y que es muy importante, es saber que desde la página de RZD, los horarios de trenes siempre tienen como referencia el horario de Moscú, por lo que si reservamos un tren de Kazán a Ekaterimburgo y vemos que sale a las 22 horas, quiere decir que son realmente las 22 horas porque Kazán tiene el mismo horario de Moscú, pero en cambio, cuando pone que llegamos a Ekaterimburgo a las 9 de la mañana, quiere decir que llegaremos a las 11 de la mañana horario local puesto que son 2 horas más que en Moscú (podéis ver las horas actuales en todo el mundo en hora.es). Y lo mismo con todos los trenes que cojamos, por lo que tener muy en cuenta esto. Yo todavía le estoy dando a la cabeza intentando entender por qué se complican de esta manera, porque sólo viene bien para saber directamente cuantas horas te tiras en el tren, pero eso la verdad que no suele importar mucho.
  5. Y por último, antes de que se me olvide, recordad que los billetes electrónicos que obtengáis a través de la página RZD, en muchas ocasiones no son válidos para subir al tren y hay que canjearlos por el billete original en las estaciones rusas. Si tenéis dudas de si os vale el billete electrónico o no, no os arriesguéis y dirigiros a una estación para comprobarlo como vamos a hacer nosotros. En la estación hay que buscar la taquilla que tenga una arroba y allí os los canjearán.

Bueno, pues con estas precauciones y con mucha paciencia, hemos conseguido reservar ya tres trenes que detallo a continuación.

Viaje de Moscú a Kazán

Kazán será nuestra primera parada una vez partamos de Moscú. La fecha elegida ha sido el día 3 de septiembre y el horario por la noche. A eso de las 22 horas saldrá el tren que hemos reservado y llegará a las 10 de la mañana hora local de Kazán, que es la misma que en Moscú. La categoría elegida ha sido la 3ª clase que son vagones llenos de camas y el único hueco libre es el pasillo. Teníamos que probar estos trenes y este corto trayecto era el indicado ya que sólo iba a ser una noche. Por lo visto, lo que más voy a notar es que las camas son un poco más pequeñas y seguro que mis pies se salen por todas partes, pero la verdad que yo duermo en cualquier lado y con cualquier ruido a mi alrededor. Veremos cuando lo haya probado y ya os contaré. El billete nos ha salido por unos 20€ a cada uno. Cosa barata teniendo en cuenta que es un trayecto de algo más de 800 kilómetros y estamos pagando también donde dormir esa noche.

(Ya puedes leer cómo nos fue en este trayecto aquí)

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Viaje de Kazán a Ekaterimburgo

Aquí ya han empezado a surgir los primeros cambios y todavía no hemos comenzado el viaje. A Kazán llegaremos por la mañana del día 4 y teníamos pensado pasar allí dos días y luego salir hacia el lago Baikal el día 5 por la noche. Pero cuando quisimos ver los billetes de tren ese día 5, vimos que no había hueco en el que hacía la ruta directa, por lo que nos daban la opción de hacer escala en alguna ciudad. Entonces decidimos coger cada billete por separado y desde el día 4 por la noche para, ya que tenemos que parar en alguna ciudad, poder verla aunque sea un día solo, y elegimos Ekaterimburgo por ser la primera ciudad de Asia y porque para un día seguro que tenemos bastantes cosas por ver. La categoría del tren ya la hemos cambiado y hemos cogido Kupe (2ª clase), en compartimentos de 4 personas. El tren saldrá de Kazán el día 4 a las 20 horas y llega el día 5 a Ekaterimburgo a las 10:30 también hora de Moscú (12:30 hora local), por lo que serán algo más de 14 horas y con un coste de 2.075 rublos (unos 50€ cada uno).

(Ya puedes leer cómo nos fue en este trayecto aquí)

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Viaje de Ekaterimburgo a Irkutsk

Continuaremos el mismo día 5 con la ruta y saldremos de Ekaterimburgo a las 22:30 hora local (2 horas más que en Moscú) con destino Irkutsk, en las inmediaciones ya del lago Baikal, al que llegaremos el día 8 a las 9:30 hora local (5 horas más que en Moscú) tras algo más de 55 horas de vida en el tren y un cacao de cabeza de mucho cuidado por los cambios de horarios. La categoría de este tren vuelve a ser Kupe, pero en esta ocasión uno de los tres vamos a tener que dormir separado puesto que prácticamente no quedaban huecos en el tren y no podíamos retrasar más la llegada a la zona del Baikal. Y no sé por qué, uno de los billetes, y no tiene nada que ver que uno se quede fuera, nos ha costado bastante más… Como 50€ más. En un principio todo era igual, la cabina del que irá solo está justo al lado y no entiendo muy bien el porqué de esa diferencia de precio, por lo que será un misterio hasta el día que estemos allí. En total, y dividiendo el coste de los tres billetes entre los tres, sale un precio de 151€ cada uno (para el que esté interesado en los precios os comento que dos de ellos han costado 135€ y el caro 181€)

(Ya puedes leer como nos fue en este trayecto aquí)

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El resto del viaje… Ya veremos…

De momento no tenemos reservado ningún trayecto más de tren ni de autobús. Me imagino que, a no ser que tengamos muy claro lo que vayamos a hacer, no reservaremos más trenes, por lo que en Irkustk trataremos de ver la mejor forma de pasar a Mongolia.

(Puedes leer la opción que elegimos para llegar a Mongolia aquí y para llegar a China aquí)

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Esta entrada ha sido un recopilatorio de los trayectos y formas de coger un billete, pero ya cuando volvamos del viaje, contaré más cosas basándome en mi propia experiencia.

Víctor del Pozo