Hola, qué Hase? Un conejo rosa gigante en Italia

¿Os había comentado alguna vez que soy un poco friki? Creo que sí… no? En los viajes me gusta ir a lugares raros que poca gente conoce al no tener mayor interés, pero que a mí me resultan curiosos, y como soy un poco raro, pues allá que voy. Mis “caprichos” frikis es una característica que mis acompañantes, y en especial Eva, tienen que “sufrir” un poco en los viajes. Normalmente no suelen ser cosas muy descabelladas… Algún cementerio, zonas curiosas aunque sin ningún interés extra como Amatciems o incluso alguna “rotonda mágica“… en fin, poca cosa no? Pero creo que con este lugar que os voy a comentar llegué a la cúspide de lo absurdo. A la supremacía de la estupidez. Vamos… lo que viene siendo la cosa más tonta que he visitado en cualquier viaje y que estoy convencido que no podré superar (o al menos eso espero…).

Hase, el conejo rosa de Colleto Fava

Foto de Gelitin

No sé si alguna vez habéis oído hablar de un conejo rosa gigante que descansa tumbado en una montaña en Italia (el de la foto de arriba…). Si no sabéis de qué os hablo podéis estar de enhorabuena. No habréis malgastado vuestro tiempo en ver tonterías por Internet. Y vosotros, los raros, sí sí… aquellos que sabéis de lo que os hablo o al menos creéis saberlo, también os doy la enhorabuena. En alguno de esos momentos de aburrimiento total os habéis puesto a mirar cosas raras por Internet y os habéis encontrado con este conejo. Eso quiere decir que sois unas personas curiosas y el ser curioso también es muy bueno. A veces aprendes cosas realmente interesantes. Lo malo es cuando ves algo tan curioso que roza la absurdidad y encima te empeñas en querer ir a verlo. Y eso es lo que me pasó.

Marchábamos ya de Italia poniendo fin a nuestra ruta por la Toscana y teníamos pensado pasar unos días por Francia, concretamente en la Provenza. Podíamos haber ido vía Génova y seguir por la costa hasta cruzar la frontera que hubiera sido la ruta más adecuada, pero no… Fuimos a través de Turín y después descendimos al sur por carreteras comarcales, mucho más lentas pero con un recorrido más bonito, eso sí. Pero mi intención no era disfrutar de una ruta paisajista. Mi intención era llegar hasta la localidad de Artesina en plenas montañas de Piamonte, más concretamente en Colleto Fava, una zona de esquí famosa en Italia pero que en pleno verano es como visitar Benidorm en el mes de febrero. Sin comentarios…

Hase, el conejo rosa de Colleto Fava

Foto de Gelitin

Pero yo tenía una meta concreta. Quería ver a Hase, el conejo rosa gigante del que os hablaba antes (traducido del alemán, hase=liebre). Hase es el nombre que le pusieron al conejo sus creadores Gelitin, un grupo de artistas vieneses con un gusto por el arte un poco estrambótico. Sólo hace falta pasarse por su página web para darse cuenta de ello… Si alguna expresión artística me puede parecer extraña, las de este grupo vienés sería el claro ejemplo de cuales son. Tras ver algunas de sus obras estoy convencido que la imaginación del hombre para crear “arte” no tiene límites.

Hase, el conejo rosa de Colleto Fava

Foto de Gelitin

En un principio ver a Hase no es plato de buen gusto. Es un conejo rosa de 60 metros de largo y con los intestino saliéndose de su tripa (para las obras que tienen, demasiado moderado diría yo). Pero al menos es curioso ¿no? Te puedes subir a él y descansar en un lugar privilegiado rodeado de naturaleza. A mí al ver las imágenes por Internet me recordó a Gulliver, aquél capitán que aparece en una de sus aventuras maniatado por numerosos hombrecillos. Pero, ¿Que hace allí este conejo? Los artistas lo colocaron en este lugar en el año 2005 y la obra consiste en que la gente disfrute de él y pueda ir a verlo hasta el año 2025, fecha en la que estimaron que la naturaleza misma le hará desaparecer de forma natural ya que está creado íntegramente con materiales biodegradables. ¿Y por qué quería ir a verlo? Pues porque pasábamos cerca de allí y sobre todo porque soy muy friki… demasiado friki diría yo…

Artesina. Hase, el conejo rosa de Colleto Fava

Antes de llegar ya me estaba arrepintiendo. Lo que pensaba que serían un par de horas, entre unas cosas y otras resultó que ese tiempo ya lo dedicamos solamente en encontrar Artesina, la localidad que se encuentra a pies de las pistas de esquí donde se ubica el muñeco. Lo que nos encontramos fueron muchos hoteles en obras y prácticamente a nadie por la calle. Sólo vimos a una pareja de personas mayores que venían de darse una vuelta por el campo y a los cuales les preguntamos por el conejo rosa gigante. Su mirada rara y gestos incrédulos que nos dedicaron hicieron que me avergonzara de mis peculiares gustos. Según mi GPS el conejo estaba a unos pocos metros por encima de nosotros, así que dejamos el coche aparcado y nos aventuramos a ascender la montaña hasta que unos pocos metros más arriba y viendo el panorama, Eva decidió dejarme sólo con mi frikada y quedarse en el coche esperándome (recordad que Eva estaba embarazada ya de seis meses y no era plan de subirse una montaña andando).

Yo seguí. Ya que habíamos llegado hasta allí no me iba a ir sin ver el maldito conejo. Ascendí siguiendo el recorrido de un tobogán que en época invernal habilitan para descender la montaña. Cuando por circunstancia del terreno no pude seguir por donde iba crucé un pequeño riachuelo para continuar por el otro lado y seguir mi ascensión a través de una pequeña arbolada siguiendo una pista de esquí en forma de zig zag. La verdad que iba un poco perdido porque no sabía hasta donde tenía que subir, pero tras 30 minutos de ascensión vi la caseta de madera que según las imágenes de satélite estaba cerca del conejo. Tan sólo me quedaban andar unos pocos metros más arriba para encontrarme con… con… eeeh… esto…

Hase, el conejo rosa de Colleto Fava

Lo que peor me sentó no fue encontrarme el conejo totalmente descompuesto, sino todo el tiempo perdido en llegar hasta allí. De rosa ya no le quedaba prácticamente nada salvo un poco de la zona de la tripa. Estaba todo roído y para más inri me encontré numerosas arañas andando por entre la paja del muñeco, así que con mi conocida aracnofobia desestimé la posibilidad de subirme a ningún lado.

Hase, el conejo rosa de Colleto Fava

Pero aunque no hubiera habido arañas me hubiera dado igual. Desde allí abajo no se llegaba apreciar ni un poco de la figura original.

Hase, el conejo rosa de Colleto Fava

Hase, el conejo rosa de Colleto Fava

En ocho años desde que está colocado este muñeco la naturaleza lo ha borrado prácticamente del mapa. No sabía si lo que tenía al lado era la cabeza o las patas, si la cavidad de la boca era lo que pensaba o no. ¡Qué demonios! ¡No sabía ni tan siquiera si era el conejo!… Pero si… era él, o al menos lo que quedaba de él.

En ese momento pensé de la que me había librado si Eva hubiera llegado hasta aquí arriba. Menos mal que no lo hizo porque era para matarme… Sólo puedo decir que he aprendido dos cosas con esto. Que hay que fijarse en la fecha en la que están tomadas las fotos de satélite de Google maps (o investigar un poquito más sobre el asunto) y la otra es que, si algo me parece absurdo antes de ir, es que muy probablemente me siga pareciendo absurdo cuando lo visite. ¡Ah! Y otra cosa más que he aprendido. Definitivamente no entenderé nunca este tipo de arte.




Víctor del Pozo

Descanso en Sirmione en el Lago de Garda

Salíamos de la Toscana. Detrás dejábamos Florencia con su arte y su algarabía buscando al final de nuestra ruta un lugar tranquilo donde poder descansar y despreocuparnos de horarios, aglomeraciones y tirarnos a la bartola aunque sólo fuese un día durante ese viaje. Y en tan sólo tres horas de coche llegamos a Sirmione en el Lago de Garda, nuestro particular oasis escogido.

Camping Sirmione

No es que Sirmione sea un lugar remoto y tranquilo. Más bien todo lo contrario. Es una zona de Italia muy frecuentada tanto por locales como por turistas alemanes, suizos y franceses, pero a nosotros nos valía. Tampoco pretendíamos desaparecer del planeta ni estar en total soledad. Sólo buscábamos un lugar para descansar y Sirmione fue el lugar perfecto.

Allí nos hospedamos en el camping Sirmione, con piscina, bar y justo al lado del Lago de Garda. No nos hacía falta nada más. En tan sólo unas horas allí nos habíamos relajado más que en cualquier momento del viaje y eso era justo lo que íbamos buscando. Además complementamos nuestra estancia en Lago de Garda visitando tranquilamente el casco antiguo de Sirmione.

Lago de Garda

Sirmione en el Lago de Garda

Para visitar Sirmione dejamos el coche aparcado en el camping. No nos iba a hacer falta ya que apetecía pasear tranquilamente los casi cuatro kilómetros que separan el casco antiguo de Sirmione de donde estábamos alojados.

Lago de Garda

Paseando por allí te das cuenta de una cosa. El turismo en esta zona del lago es básicamente el mismo que te puedas encontrar en alguna zona costera de España, pero con la diferencia de encontrarnos justo en el norte de Italia y a muchos kilómetros del mar.

Lago de Garda

Pero este lago suple con demasía esa distancia a la playa. Se trata del lago más grande de Italia (sin contar la laguna de Venecia) con más de 150 kilómetros de costa, convirtiéndose así en el lugar perfecto de los norteños para disfrutar de un fin de semana soleado y en remojo.

También Sirmione es conocido por sus baños termales ubicándose allí dos balnearios famosos que aprovechan la azufrosa agua de sus manantiales, tanto para relajarse como para uso medicinal. Con una simple mirada puedes ver que el lugar tiene su fama y su prestigio. No le falta de nada. Un aspecto cuidado, acogedores hoteles, numerosos restaurantes, tiendas y un ambiente lujoso sin tampoco llegar a serlo exageradamente con precios bastante normales (evidentemente, según qué sitio…).

Sirmione en el Lago de Garda

El castillo de Sirmione es el icono por excelencia de esta pequeña villa. Tendremos que pasar a través de una de sus puertas si queremos acceder al interior del pueblo, y si os apetece conocer un poco la historia del castillo, en su interior se exponen algunos documentos del mismo.

Castillo de Sirmione

El castillo se terminó de construir en el siglo XIV y su última gran reforma sucedió a principios del siglo XX dejándolo tal como lo vemos hoy en día. Nosotros, como he dicho, estábamos en plan vago y lo único que hicimos fue pasear cerca de él, sentarnos junto al lago y descansar.

Sirmione en el lago de Garda

El pueblo de Sirmione es bonito, pero no es nada del otro mundo. Enfocado casi plenamente al turista su mayor interés reside en visitar alguna iglesia y pasear por sus calles que siempre acaban desembocando junto al lago. Después de haber visto en este viaje pueblos como San Gimignano, cualquiera de Cinque Terre o incluso la ciudad de Siena, Sirmione no provocó ningún asombro en nosotros.

Sirmione en el lago de Garda

Sirmione en el lago de Garda

Allí mismo descubrimos que había una antigua villa romana ubicada al fondo de la pequeña península donde se sitúa Sirmione, la llamada cuevas de Catulo, a la que hicimos el esfuerzo de ir pero que ni tan siquiera llegamos. Como he dicho, habíamos decidido dedicar el día a descansar, a pasear tranquilamente y tomarnos el aperitivo (dicho así por estar en Italia), por lo que el llegar hasta la villa romana no nos convenció para nada. Quizá perdimos la oportunidad de ver uno de los restos romanos más importantes de la antigua Roma en esta zona de Italia, pero en las vacaciones también hay que descansar y la verdad que un día de relax, sin coger el coche, sin grandes pateadas y sin ningún tipo de prisa también apetece. Además… seamos sinceros, poco hay que ver en Sirmione. Puede estar bien para pasar el día relajado en el lago o dedicarle como mucho una mañana si os queréis para a verlo en un viaje por Italia, pero poco más…

Lago de Garda

Al día siguiente volveríamos a retomar el ritmo habitual del viaje. El quedarnos a descansar un día en este lugar vino dado a la cercanía de nuestra siguiente visita. La ciudad de Verona, mundialmente conocida por haber sido el escenario elegido por William Shakespeare en su obra Romeo y Julieta, pero que mi mayor interés era poder ver su conocido anfiteatro romano.




Víctor del Pozo

Una parada en Pisa

Pisa fue lugar de paso en nuestra ruta por Italia en coche. Aunque es mundialmente famosa la ciudad por su inclinada torre, reconozcámoslo, la mayoría de gente que vamos por allí no vemos prácticamente nada del resto de la ciudad. Salimos de ella sin conocerla. Como mucho, daremos un breve paseo por sus calles hasta la famosa Piazza dei Miracoli tomando pequeñas pinceladas, más bien miradas a través de nuestra cámara. Lugares que pillan de paso como la plaza de los caballeros o la coqueta iglesia de Santa Maria della Spina situada junto al río Arno.

Iglesia de Santa Maria della Spina

El nombre de ‘Spina’ es debido a que en sus incios esta la iglesia conservaba la reliquia de una espina de la corona de espinas de Jesucristo

Pero a todos nos interesa lo mismo. La Plaza del Duomo. La Plaza de los Milagros o para entendernos, donde está la Torre de Pisa. Vamos como ciegos a este lugar nada más pisar la ciudad como si fuera a desaparecer al día siguiente. Pero es que realmente no se suele planear pasar dos días en Pisa, y al final es lo que toca. Visitar las dos cosas imprescindibles y salir de allí como si no hubiera un mañana.

La Scuola Normale Superiore

La Scuola Normale Superiore en la Plaza de los Caballeros

Desde el aparcamiento donde dejamos el coche por unas horas situado en la plaza Vittorio Emanuelle II fuimos andando por el Corso Italia, una bonita calle peatonal que nos dejó a pie del puente de Mezzo, el más antiguo de la ciudad que atraviesa el río Arno. Está justo en medio de la antigua ciudadela y sólo nos quedaba callejear un poco hasta llegar a las inmediaciones del duomo, del baptisterio y de la famosa torre “descarriada”.

Piazza dei Miracoli Lo primero que te viene a la mente cuando llegas aquí es… “¡Benvenuto a la Toscana! hazte hueco si puedes…”. Si amigos. Habíamos llegado a Pisa, a la Toscana grosamente dicho, como miles de personas más, y como los miles y dos que éramos, nos habíamos reunido todos aquí como buenos feligreses de la basílica pisana y los suvenires.

Puestos de suvenires en PisaEn el centro, el basto prado verde que contiene los tres monumentos más importantes de Pisa, y justo al lado, una calle peatonal repleta de puestos de suvenires con todo tipo de recuerdos donde la inclinada torre se lleva la palma siendo retratada en todo tipo de material.

Suvenires de PisaAl oeste de esta pradera se encuentra el impresionante baptisterio, el más grande de toda Italia, terminado de construir en el siglo XIV y dedicado a San Juan el Bautista. Justo al lado, ocupando el centro de la plaza, se halla la catedral de Pisa cuya construcción, anterior al baptisterio, engrandecía aún más si cabe la imagen exterior de la potencia económica que llegó a ser la República Marítima de Pisa. Y finalmente, en el costado derecho encontramos la famosa silueta inclinada del campanario de la catedral.

Piazza dei Miracoli, PisaLa imagen de la Torre de Pisa, el campanario de la catedral, la habíamos visto en muchos lugares. En los libros de historia, en Internet, en guías, revistas… incluso la hemos visto ponerse recta —y vuelta a inclinarse— en una de las películas de Superman. Se comenzó a construir 80 años después que la catedral y desde el primer momento comenzó a desviarse ligeramente hacia el sur hasta acabar hoy día como la vemos, con una inclinación aproximada de 5 grados.

Piazza dei Miracoli, PisaParecen pocos, pero desde allí parecen demasiados. Durante su construcción ya se comenzó a intentar rectificar ese desnivel, pero por culpa del terreno pantanoso de la zona (existen otras dos torres más en la ciudad que también están inclinadas) nunca se llegó a conseguir. Ni tan siquiera hoy en día se ha solucionado el problema y sólo se han hecho “apaños” para que la torre no acabe desequilibrada y esparcida a cachos por la plaza.

Torre de Pisa

Nosotros la veíamos allí. Aquella icónica figura asomándose tímidamente tras la catedral. Lo notaba. Me estaba camelando poco a poco e incitándome con su hechizante desnivel a abordarla hasta su cima. Por eso, entramos a ver los precios en el museo de las sinopias situado en la misma plaza (información aquí) y allí volví a recordar que estaba en Pisa, en la Toscana y en un sitio excesivamente turístico traducido por tanto en un precio exagerado para subir a la torre. 18 eurazos, uno tras otro. Y sólo para subir a la torre. Si quieres entrar al baptisterio, al camposanto o al museo, cada uno tiene su precio —mucho más económico— o puedes optar por una entrada conjunta para estos últimos monumentos que te hará ahorrar algo, pero que en ningún caso incluye la entrada a la famosa torre de Pisa. Para eso tienes que pagar exclusivamente 18 eurazos (y lo vuelvo a repetir… 18 e-u-r-a-z-o-s). Nos costó decidirnos. Pero lo sabía. Finalmente fui estafado por mi propio subconsciente que me decía todo el rato “¿cómo no vas a subir a la torre?… Que habéis llegado hasta aquí en coche desde Madrid… que os estáis pegando una paliza y sabes que muy probablemente no vuelvas a pisar Pisa. ¡SUBIR!”. Eva no estaba por la labor, y yo sabía que en mi vida no iba a pagar tanto por entrar a un monumento de estas características (quizás a la Abadía de Westminster, pero por eso aún no la he visitado, y tampoco creo que sea lo mismo…). Y finalmente pagamos.

Torre de Pisa

Por lo menos, la entrada a la catedral es gratuita y como para subir a la torre había que espera a que nos tocase (ya que va por horarios), aprovechamos el rato y nos dimos una vuelta por los alrededores y entramos a ver el templo que como toda iglesia italiana es un deleite para los ojos.

Catedral de PisaFinalmente nos pusimos en la fila para acceder a la torre. Desde allí abajo se ve más grande si cabe y te puedes dar cuenta que el suelo está rebajado tras las rehabilitaciones que se han hecho. Son un total de 56 metros de altura distribuidos en 8 plantas con galerías porticadas rodeando cada una.

Torre de PisaTorre de Pisa

Desde fuera se ve preciosa. Una auténtica obra de arte como todo lo que hay en esta plaza. Pero por dentro es… es… bueno… es esto.

Interior de la Torre de Pisa¿Y que esperaba? Es tan sólo un campanario. Dentro no hay nada. Un panel informativo y un cable que cuelga desde arriba para comprobar la inclinación. La guía que nos acompañaba explicó su historia en italiano y finalmente nos invitó a subir por las escaleras de caracol hasta el campanario propiamente dicho. El precio de la entrada no lo vale, pero hay que reconocer que las vistas de la plaza desde allí arriba son espectaculares. El único pero que se puede poner es que, evidentemente, desde aquí no puedes ver la propia torre, pero tanto el baptisterio como la catedral se ven increíblemente bonitos con esa característica blancura del mármol con el que están construidos destacando sobre el verde esmeralda de la pradera.

Piazza dei Miracoli, PisaTorre de Pisa

Cuando bajamos de la torre vimos que la cantidad de gente en la plaza era todavía mayor que antes. Sinceramente me agobié un poco. Decenas de guías con paraguas, banderita o lanza llevando consigo a 20 turistas mínimo cada uno. Cuando nos cruzábamos con uno de estos grupos no sabíamos ni por donde pasar. Te quedabas quieto y dejabas que pasaran ellos.

Torre de Pisa

Y esta foto no hace justicia a la cantidad de gente que nos juntábamos en algunos momentos…

Ya arriba nos pudimos dar cuenta de este detalle y sobre todo de que todo el mundo que al principio respetaba el cordón que delimitaba el césped, ahora se encontraban dentro del mismo haciéndose la típica foto sujetando la torre. Y es que no falla. Sabía que lo iba a ver y os aseguro que tengo muchas fotos de la torre, pero tengo aún más del espectáculo contorsionista que hacía la gente. Y con esta serie de imágenes que os dejo a continuación —que no pasarán a la historia— termino de hablaros de nuestra visita a Pisa. Corta, concentrada y al final hasta entretenida gracias a toda esta gente.

Y como no… Eva también sujetando la torre con su tripita de seis meses…

Victor del Pozo

Cinque Terre: Cinco pueblos frente al mar

Unos pocos pueblos, 5 para ser exacto, comprenden uno de los paisajes más bellos que existen en Italia. Son las Cinco Tierras, una porción de costa acantilada donde el hombre ha sabido adaptarse al abrupto relieve y convivir casi diez siglos en perfecta armonía en una tierra quebrada y bañada por el Mediterráneo. Antiguamente el motor económico de Cinque Terre lo daba el mar y la agricultura, pero hoy este lugar, patrimonio de la humanidad desde 1997 y declarado Parque Nacional dos años más tarde, vive sobre todo del turismo. Un turismo que llega en masa pero sin devaluar para nada el paisaje que contiene.

Manarola, Cinque Terre, Italia

Manarola

Antes de llegar a Cinque Terre confundía casi siempre una fotografía de la costa Amalfitana con la de alguno de estos pueblos. Hoy no dudaría ni un instante pese a su posible paragón. Las tonalidades de este hermoso mosaico multicolor que son las cinco tierras son difíciles de olvidar, como también lo son sus vistas desde sus escarpados paseos que los rodean.

Y allí llegamos tras dejar atrás Piamonte y Lombardía, prosiguiendo nuestro viaje por La Toscana y haciendo esta parada intermedia en la región de Liguria. Con el coche llegamos al sur de La Spezia, a algún pueblo que no recuerdo su nombre, uno de los muchos que afean esta zona costera de playas kilométricas. Nos alojamos en un camping y de allí partimos al día siguiente hacia Cinque Terre de la forma más cómoda que seguramente exista. Dejar el coche en La Spezia y obtener la “Cinque Terre Card tren” para movernos sin problemas y las veces que queramos durante ese día por la vía que atraviesa estos cinco pueblos.

Riomaggiore, Cinque Terre

La mejor forma de llegar a Cinque Terre

Si llegáis a La Spezia en coche como nosotros, lo mejor es dirigirse a este aparcamiento gratuito, dejar el coche y andar hasta la estación de tren que está a tan sólo 10 minutos. En la estación podréis adquirir la Tarjeta de tren y os darán también una planilla de horarios para que sepáis a qué hora pasa cada tren por cada pueblo.

Cinque Terre lo componen 5 pueblos. Son Riomaggiore, Manarola, Corniglia, Vernazza y Monterosso, justo en ese orden si partimos desde La Spezia. Cuando los vi por primera vez me recordaron a las favelas brasileñas, nada que ver por supuesto, pero en algún momento me vino a la mente imágenes de esas comunidades apiñadas en la falda de una montaña tan características de Brasil. Sus colores, sus compactas casas ensambladas unas a las otras, las callejas entrecruzadas… Pero por supuesto, esto no es Brasil ni tampoco son favelas (Y si tienes curiosidad de ver una favela aquí os dejo dos artículos muy buenos de Victor y Miguel).

Cinque Terre, Italia

Cuando llegamos al primero de ellos nos encontramos un tanto desorientados. El tren nos dejó al otro lado del pequeño valle y no localizamos en ese momento como cruzar (aunque no es nada complicado, pero no estuvimos lúcidos), así que tras una pequeña vuelta volvimos al tren para ir al siguiente pueblo. Ya volveríamos a Riomaggiore a última hora de la tarde antes de irnos.

La Vía del Amor en Riomaggiore

Es famoso también aquí el recorrido entre los cinco pueblos a través de una pasarela junto al mar, pero la verdad que por mucha UNESCO o Parque Nacional que lo hayan declarado no se ve que Cinque Terre sea muy bien mantenido. Esta pasarela a la que queríamos acceder desde Riomaggiore —el primer pueblo en el que paramos— nos la encontramos cerrada con vallas que anunciaban el desprendimiento del suelo haciendo imposible andar por ella. Es una pena que esté así, y no parece que sea casualidad ya que por muchas partes podías ver detalles de abandono por parte de las autoridades.

Cinque Terre; Manarola

Manarola por el contrario no tiene pérdida y para llegar al pueblo desde la estación sólo existe un camino subterráneo que atraviesa la montaña y te deja en pleno corazón del pueblo. Bien es cierto que la primera sensación que tienes de este pueblo —y en cualquiera de los cinco— es que es muy turístico, que está todo lleno de restaurantes y tiendas para el turista, pero cuando andas por sus calles y observas detenidamente el ambiente, las viviendas y sus gentes, ves que parece vivir en un equilibrio constante manteniendo intacta su esencia primigenia.

Manarola, Cinque TerreManarola, Cinque Terre

Y esa sensación de auténtico se acentúa si recorremos tranquilamente —y con muchas ganas de subir cuestas— las zonas altas del pueblo, aquellas donde en cualquier callejón o recoveco sale la nonna de su casa con la colada preparada para tender o el campesino trayendo de vuelta a casa lo cogido de las terrazas agrícolas que rodean el pueblo.

Manarola, Cinque TerreManarola, Cinque TerreManarola, Cinque TerreManarola, Cinque Terre

En nuestro día por Cinque Terre prescindimos del tercero de los pueblos, Corniglia, no porque no tuviera interés, pero sí por su accesibilidad y falta de tiempo que teníamos. Para llegar a él había que subir una enorme cuesta y nos dio hasta pereza, pero sobre todo, con los cálculos que habíamos hecho, nos dimos cuenta que con tan sólo un día no nos podía dar tiempo a disfrutar de todos los pueblos, así que de Manarola pasamos directamente a Vernazza.

Corniglia, Cinque Terre

Vista de Corniglia desde Manarola.

Cinque Terre; Vernazza

En Vernazza lo que destaca sobre todo es su bonito puerto enmarcado por la iglesia de Santa María de Antioquía y las decadentes casas junto al mar. Los colores de los edificios ya no son tan llamativos, pero la esencia portuaria se vive aquí más que en cualquiera de los otros pueblos. La vida se hace alrededor de este puerto y todas las calles acaban dirigiéndote a él.

Puerto de Vernazza, Cinque Terre

Hay dos caminos interesantes a descubrir y que tras ellos conseguiremos las mejores vistas de Vernazza. Uno es tras llegar a lo alto de la torre del castillo de Doria, casi en ruinas pero perfectamente accesible, y el otro justo al lado contrario, por un camino que asciende sobre las vías del tren y que nos ofrece la mejor panorámica de Vernazza.

Vernazza, Cinque TerreVernazza, Cinque Terre

Cinque Terre; Monterrosso

Monterosso es el pueblo más grande de Cinque Terre y por ende el que más población contiene. El ambiente de sus calles se asemeja más a cualquier zona costera y pierde quizá un poco su encanto de lugar recóndito, pero en cambio, sólo desde aquí podremos obtener una visión de todos los pueblos que componen Cinque Terre siendo imposible hacerlo desde cualquiera de los otros dada la orientación de los mismo (salvo desde el mar, claro está).

Monterosso, Cinque TereCinque Terre

Ya metidos de lleno en la zona antigua de Monterosso recuperamos de nuevo el encanto a añejo que encierran estos pueblos con edificios e iglesias antiguas arropadas por una maraña de calles. Pero a mi Monterosso no me convenció. Simplemente me pareció un pueblo cualquiera, con encanto… sí, pero tras haber visto anteriormente Vernazza o Manarola este me dejó un tanto indiferente.

Monterosso, Cinque TerreMonterosso, Cinque Terre

Cinque Terre; Riomaggiore

La tarde se nos fue echando encima y tras recorrer Monterosso quisimos pararnos ya de regreso en el primer pueblo de todos, en Riomaggiore, que al comienzo del día no dimos —por torpes— con la manera de acceder él y esta vez ya lo conseguimos a la primera (traspasando un túnel junto a la estación que no vimos al principio).

Riomaggiore, Cinque Terre

Y fue buena idea dejarlo para el final para así despedirnos de estos pueblos de la mejor forma posible, viendo la típica estampa de las Cinque Terre y una bonita puesta de Sol.

Riomaggiore, Cinque Terre

Aquí más que en ninguno de los otros pueblos se aprecia la enrevesada construcción sobre la roca a lo largo del pequeño valle y su característico puzle de casas encajadas a la perfección.

Riomaggiore, Cinque TerreRiomaggiore, Cinque TerreRiomaggiore, Cinque Terre

Los colores de las casas tornaban a colores mucho más apagados según iba anocheciendo y nos recordaba que teníamos que volver a La Spezia para recoger nuestro coche y regresar al camping. Tras esta parada en Liguria poníamos rumbo ya directamente a la Toscana donde pasaríamos los siguientes días y comenzamos con uno de los platos fuertes de este viaje. La ciudad de Pisa y su famosa torre inclinada.

Páginas útiles sobre Cinque Terre



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Victor del Pozo

Índice del viaje en coche por Toscana y norte de Italia

Etiqueta Italia

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Viaje en coche por Italia (2013)

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Turin: 45.070982, 7.685676
Milán: 45.465454, 9.186516
Cinque terre: 44.106878, 9.728382
Pisa: 43.722839, 10.401689
San Gimignano: 43.467632, 11.043491
Siena: 43.318809, 11.330757
Florencia: 43.771033, 11.248001
Sirmione: 45.496972, 10.605375
Verona: 45.438356, 10.991658
Conejo rosa: 44.246853, 7.760674

Resúmen fotográfico del viaje por Italia

Improvisando en Turín

Visita a Milán y la última cena de Da Vinci

Un día en Cinque Terre

Una parada en Pisa

San Gimignano y Volterra. Dos pueblos bonitos de la Toscana

Florencia sin el síndrome de Stendhal

Descanso en Sirmione en el Lago de Garda

Verona más allá de Romeo y Julieta

Hola, qué Hase? un conejo rosa gigante en Italia