33 lugares y situaciones para sentir

No me digáis que no es una cifra rara para hacer un top de los lugares que más nos han gustado. Lo más lógico sería un top 5, un top 10 o un top 30 si hace falta… ¿Pero 33? Sé que soy un tanto raro… Pero todo tiene su explicación. La verdad que nunca me he animado a hacer un top de nada, y eso que soy muy dado a leerlos, pero no se… nunca me había planteado hacer uno. Pero la verdad que me parecen una buena forma de recordar lugares y experiencias vividas y que hasta escribiéndolos disfrutas más que con otros artículos. ¿Pero por qué 33? Pues por una sencilla razón. Hoy, 16 de noviembre cumplo la bíblica edad de 33 años.

Llevo nada más que 7 años viajando fuera de nuestras fronteras. Comencé en agosto del 2005 cuando compré un billete a París para ir a ver a una amiga, y desde ese momento intento viajar en cuanto puedo, lo que me ha permitido visitar ya unos cuantos países y culturas diferentes. Y con tantas diferencias que hay en nuestro mundo, al final siempre te acabas sorprendiendo con algo, acabas degustando las cosas con otro sentimiento y poco a poco vas acumulando lugares en tu retina que jamás olvidaras. Pues bien, ese es el objeto de este top. Reunir 33 lugares y situaciones que hayamos vivido con una intensidad mayor que con cualquier otro lugar. No se tratan de los mejores lugares del mundo ni los más bonitos (aún nos quedan muchos por ver…), sino los lugares que a título personal entre Eva y yo hemos seleccionado como los mejores que hemos conocido hasta ahora viajando. Y dejémonos de tantas explicaciones porque al final este post se va a hacer eterno. Comencemos arbitrariamente por el primero.

1.- Pasear por la Gran Muralla China

Una de las grandes obras de la ingeniaría militar de toda la historia de la humanidad. La Gran Muralla China nos cautivó la primera vez que la visitamos en el 2009 y no nos defraudó tampoco el año pasado, pero reconozco que la primera vez, cuando hicimos el tramo andando entre Jinshanling y Simatai, llegamos a conectar plenamente con ella. Fueron cuatro horas andando sobre la muralla sin prácticamente más gente que nosotros, en un tramo en el que la muralla está prácticamente sin restaurar (por no decir nada restaurada), y ver la serpenteante figura de esta construcción con nuestros propios ojos es algo que nunca olvidaremos. La llaman el mayor cementerio del mundo por la cantidad de gente que hay enterrada a lo largo de sus casi 9.000 km de longitud. Obreros que durante los 1.500 años que duró su construcción perecieron en sus inmediaciones y fueron enterrados allí mismo. Hoy es patrimonio de la humanidad y una de las 7 maravillas del mundo moderno.

Lugares increíbles del planeta. La Gran Muralla China

2.- Vislumbrar el Taj Mahal

Personalmente creo que es una de las construcciones humanas más bellas que el hombre podrá ver, y parece mentira tratándose de tan solo un sepulcro. Esta increíble construcción fue creada por el emperador Shah Jahan para el descanso eterno de su amada Mumtaz Mahal y cuando la visitamos nosotros sencillamente nos quitó el aliento. La primera visión del Taj Mahal la tuvimos desde los jardines del hotel anocheciendo y parecía puesto allí por un ente sobrenatural. El mármol pulcro y sus desmesuradas dimensiones te hacen creer que estés viendo una construcción salida de algún cuento. Nosotros cuando íbamos saliendo del recinto no podíamos parar de mirar hacia atrás y decirnos a nosotros mismos, “que bonito”.

Lugares increíbles del planeta. Taj Mahal

3.- Ver la torre Eiffel

Quién les iba a decir a los franceses, que aquella extravagante antena férrea que construyeron para la exposición universal de 1889 se iba a convertir en el mayor reclamo turístico hoy en día del país. Y pese a ser algo que está muy visto, a mi me sigue encantando verla. La tengo especial cariño porque fue el primer monumento famoso que divisé con mis propios ojos. Era en aquel primer viaje que hice. Acababa de llegar a París y estaba en el metro de camino al lugar donde había quedado con mi amiga, y cuando atravesábamos el río Sena, la exclamación de la gente hizo que me volviera en mi asiento. Detrás de mí estaba la iluminada y destellante figura de la torre Eiffel.

Lugares increíbles del planeta. Torre Eiffel

4.- Llegar a Machu Picchu

Otra de las siete maravillas del mundo moderno y con razón. Solo al llegar hasta Machu Picchu y verlo con tus propios ojos tomas conciencia de lo que es. Una antigua ciudad maya escondida durante años en medio de un paisaje natural abrumador. Este lugar es uno de esos que te quitan el habla al verlo por primera vez. Cuando iba camino de él y lo divisé por primera vez, por mi boca salió un “¡guaauuu…!” de los más sinceros que he tenido. ¡Te tienes que frotar los ojos para ver si es cierto!

Lugares increíbles del planeta. Machu Picchu

5.- Entrar en barca al Lago Sandoval

Y nos quedamos en Perú, porque allí fue donde vimos por primera vez una selva auténtica. Fueron tres días cortos, pero la experiencia fue para toda la vida. Sentirnos dentro de un paraje tan virgen no se consigue a no ser que se vaya a un lugar así. Solo de imaginarme la cantidad de kilómetros cuadrados de selva que habrá por explorar se me pone la piel de gallina. Esta en concreto, la zona del lago Sandoval, ya recibe muchos turistas, pero aun así la sensación que te llevas es de haber estado en un paraje sin igual. La entrada en bote de remo al lago Sandoval dudo que la olvidemos nunca.

Lugares increíbles del planeta. Lago Sandoval

6.- Lagos de Plitvice en Croacia

Seguimos con los lagos y me acuerdo de los lagos de Plitvice. Estos fueron los causantes de que hiciéramos aquel viaje en coche por la costa croata en el 2008. En un principio el viaje iba a ser por el norte de Italia, pero cuando vi una foto de los lagos dije… “quiero ir a verlos”. Y así hicimos, convirtiendo aquel viaje en uno de los que recuerdo más gratamente. Después de dos días en coche desde Madrid, llegamos a este precioso parque nacional croata que lleva 33 años siendo patrimonio de la humanidad, los mismos años que cumplo hoy yo. Dar un paseo alrededor de ellos y observar su impoluta agua de color azul turquesa es suficiente para darse cuenta el porqué de tanta fama en el país.

Lugares increíbles del planeta. Lagos de Plitvice

7.- Subir al Jungfrau

Uno de los picos más alto de Europa al que se llega en uno de los trayectos en tren más bonitos de Europa. El viaje comienza en el valle idílico de Lauterbrunnen y prosigue la marcha poco a poco hasta la cima. El paisaje va cambiando continuamente hasta llegar a los 3.454 metros donde se sitúa la estación de tren a más altitud de Europa. El edificio que comprende el centro de investigación y terraza panorámica de Sphinx se encuentra a 3.571 metros dándole el título del edificio construido más alto de Europa (parece esto que va de récords…), pero lo impresionante de llegar hasta allí y el que quita protagonismo a todos los demás “récords”, es el impresionante glaciar Aletsch, el más grande de todos los Alpes (no iba a ser menos él…).

Lugares increíbles del planeta. Subida al Jungfrau

8.- Sentarse en el Preikestolen

Sentarse en una piedra no tiene ningún mérito, pero si en la piedra que te sientas te cuelgan los pies a 600 metros del suelo… eso ya es otro cantar. En Preikestolen y si tu sangre fría te lo permite, puedes hacerlo. Nuestro viaje a Noruega no se podía concebir sin subir hasta este mágico lugar sobre el fiordo de Lyse y como la primera vez que subimos estaba todo nublado, volvimos a subir al día siguiente a ver si teníamos suerte y así fue. Aquel día pudimos observar una de las mejores vistas que hemos tenido en nuestra vida.

Lugares increíbles del planeta. Preikestolen

9.- Andar por Times Square

La ciudad de Nueva York tiene uno de esos lugares, Times Square, que aunque no los hayas visitado antes, cuando estas en él por primera vez te da la sensación de conocerlo. Este famoso cruce recibe la visita de millones de turistas al año y a nosotros nos tocó en el 2006. Recién llegados a Nueva York una noche, dejamos las maletas en el hotel y lo primero que fuimos a ver fue Times Square. Sus hipnóticas luces de neones y el inquietante bullicio constante de aquel cruce nos cautivaron a todos los que íbamos en aquel viaje. Es el único rincón de la ciudad donde te da igual que sea de día o de noche, la luz siempre parece ser la misma.

Lugares increíbles del planeta. Times Square

10.- Ponerte a los pies de una pirámide eguipcia

Las pirámides creo que han sido y serán las construcciones más impresionantes que voy a ver en mi vida. Sobre todo porque las estamos viendo prácticamente de la misma manera que las dejaron quienes las realizaron, y de eso hace ya miles de años. He leído mucho de ellas, pero cuanto más leo, más sorprendido me quedo de cómo en esa época pudieron construir tan titánicas construcciones con tanta perfección. Ver la misteriosa pirámide de Keops con mis propios ojos o entrar en la pirámide Roja totalmente solos, sin nadie más en todo el recinto, son experiencias únicas.

Lugares increíbles del planeta. Pirámides de Egipto

11.- Observar el infinito en el desierto de Túnez

El desierto de arena es uno de esos paisajes que no deja indiferente a nadie y me atrevería a decir que es uno de los paisajes más impresionantes del mundo. Especialmente le tengo cariño al de Túnez porque fue el primero que vi en mi primer viaje fuera de Europa. En ese viaje vi cosas muy distintas a las que estaba acostumbrado, tanto por el país y la gente como por los paisajes. La sensación de tener un puñado de arena del desierto en mis manos e ir derramándola poco a poco me hizo pensar en que el planeta no es tan solo como lo había conocido hasta ahora. Había más cosas tras los Pirineos y al otro lado del mar. En ese justo momento, inconscientemente había decidido que iba a viajar toda mi vida.

Lugares increíbles del planeta. Desierto de Túnez

12.- Sentarse en los ghats de Varanasi

Nunca hemos vivido tantas situaciones surrealistas como en India, y desde luego, la ciudad de Varanasi es la perfecta para encontrarte a cada paso con este tipo de situaciones. En concreto me quedo con el motor de la vida en la ciudad, el río Ganges. Allí sentado puedes ver casi de todo. La gente hace la vida en el río. Se asean, juegan, lavan a los animales, meditan, festejan, hablan, rezan y por supuesto, incineran a los muertos y los arrojan al río. Pero desde luego la situación más surrealista la vivimos justo antes de irnos cuando vimos a un santón muerto que le llevaban en un trono hacia el río. Vimos como le ataban una piedra a las piernas para luego llevarlo río arriba y arrojarlo. En ese momento nos quedamos sin palabras.

Lugares increíbles del planeta. Varanasi

13.- Pasar el rato en el pabellón de los Cinco Dragones en Pekín

Este pequeño rincón de la capital China se encuentra dentro del parque de Beihai y se ha convertido en uno de mis rincones favoritos de Pekín. Lo sorprendente es que aun estando en medio de la ciudad, la gente lo pasa por alto, también porque esos pabellones no son nada del otro mundo. Pero sí que lo es el entorno donde se encuentra, a orillas del lago y con gente local que viene a cantar, bailar o dibujar y donde puedes ser partícipe de estas actividades en un marco inmejorable. Recomiendo ir a última hora de la tarde porque allí puedes disfrutar de uno de las mejores atardeceres de la ciudad en total tranquilidad.

Lugares increíbles del planeta. Pabellón de los cinco dragones en Pekín

14.- Rodear el círculo de piedras de Stonehenge

Stonehenge era uno de esos lugares que desde pequeño siempre había querido visitar. Siempre me había llamado la atención sus historias y los misterios de su construcción, por lo que en cuanto tuve la oportunidad me fui a verlo. Cuando lo vi con mis ojos fue como quitarme una espina clavada. Realmente parece un juego de gigantes, con enormes rocas que llegan a pesar hasta 50 toneladas colocadas una junto a la otra formando círculos. Stonehenge es sin duda un lugar místico por antonomasia y espero algún año poder volver coincidiendo con el solsticio de verano para poder vivir ese momento en aquel lugar tan mágico.

Lugares increíbles del planeta. Stonehenge

15.- Recorrer los Picos de Europa

Asturias es sin duda la comunidad autónoma que más me gusta de toda España, tanto por clima, paisajes o gastronomía. Y la joya de la corona para mí son sin duda las montañas que comprenden los Picos de Europa y sus pueblos y aldeas. Si el paraíso existiera y estuviera en la Tierra, muy probablemente se situaría en Asturias. Todos los años trato de escaparme unos días y recorrer sus carreteras, descender sus barrancos y ríos, comer fabes o beber sidra en alguna callejuela…

Lugares increíbles del planeta. Picos de Europa

16.- Escuchar la llamada a la oración

El Adhan, la famosa llamada a la oración que puedes escuchar el primer día que llegas a un país árabe, ha sido una de las cosas que más me han impresionado viajando. La primera vez que lo oí me quedé sin habla. Me acuerdo que estábamos en Hammamet, en Túnez, y paseábamos por el centro de la ciudad cuando de pronto desde alguna mezquita cercana empezamos a escuchar al Almuédano llamar a los fieles para el salat. El sonido me hipnotizó hasta el punto de verme de pie en medio de un pequeño cruce de callejuelas, parado y observando como la gente pasaba junto a mi y luego se arrodillaban en el suelo y se ponían a orar. Aún hoy es una de las cosas que más me impactan cuando visito algún país Islámico.

El siguiente vídeo son imágenes de aquel viaje a Túnez y la primera llamada a la oración que escuché. Por aquel entonces, también llevaba grabadora además de cámara.

17.- Recorrer la East Side Gallery de Berlín

Dar un paseo por este lado del muro de Berlín en la calle Mühlentrasse es sin duda hacerlo junto al mayor icono de la guerra fría que aún persiste como recuerdo y que mucha gente de mi generación ha podido vivir y estudiar. Precisamente para mi era especial por eso, porque yo tendría 10 años y me acuerdo de la caída del muro aunque realmente no supiera exactamente lo que significaba, salvo que en el colegio tendríamos que aprender una capital menos. Visitar el muro para mi no fue igual que visitar un coliseo romano. El muro lo había estudiado, lo había visto en la tele y en cierta manera paseando junto a él me sentía un poco identificado con su historia.

Lugares increíbles del planeta. Muro de Berlín

18.- Sobrevolar las líneas de Nazca

Para disfrutar como es debido esta experiencia hace falta tener una buena dosis de curiosidad y también cierto nivel de “frikismo”, dos cualidades que realmente a mi me sobran. Desde que muy pequeño me empezaran a gustar los temas paranormales, temas de ovnis y misterios del universo varios, las líneas de Nazca siempre habían estado en mi lista de “lugares indispensables”. Ojo, que no estoy diciendo que yo crea que las líneas estén hechas por “marcianos”, faltaría más despreciar a la raza humana de esta manera… pero habiendo leído tantas hipótesis sobre su creación no podía pasar por alto irme de Perú sin haberlas visto antes con mis propios ojos. Cuando cogimos aquella avioneta y comenzamos a ascender, supe que estaba cumpliendo otro de mis sueños que tuve de niño.

Lugares increíbles del planeta. Líneas de Nazca

19.- Atravesar la estepa de Mongolia

Es increíble como algo que parece tan sumamente aburrido como la estepa de Mongolia pudo llegar a ser una de las mejores experiencias que he tenido viajando. Por la sencillez y a la vez complejidad del paisaje, por la soledad que se llega a sentir, por hallarse en uno de esos lugares tan remotos que hay en la Tierra que realmente no sabes si pertenece a algún sitio, por tumbarte en el suelo de noche y observar uno de los mejores firmamentos que se puedan ver, por la historia que acabé conociendo de un lugar que antes casi desconocía por completo. Fueron muchos los factores para que me encantara la estepa de Mongolia, ninguno muy grande, pero si muchos pequeños detalles que he sabido valorar.

Lugares increíbles del planeta. Estepa de Mongolia

20.- Recorrer la mitad de Rusia y Mongolia en tren

Puede parecer aburrido tirarse dos o tres días seguidos metido en un tren, y en cierto modo llega a serlo. Pero la esencia de los viajes también se encuentra así, viajando como antaño, con largas horas de trayectos sin despegar del suelo y traspasando fronteras como si no las hubiera. Puedes ver los cambios de la gente y vida según vas parando en las ciudades y disfrutar a la vez del micro mundo que se crea dentro del tren. El sonido del traqueteo del tren aquellas noches se convirtió en la banda sonora del viaje y precisamente ese ruido se ha convertido en uno de mis favoritos, un sinónimo de viajar y que me trae muy buenos recuerdos.

Lugares increíbles del planeta. Transmongoliano

21.- Bucear en el Mar Rojo

Esta fue una experiencia casi de sorpresa, porque nunca antes nos habíamos planteado bucear, pero estando en el Mar Rojo y con todas las ofertas que había para hacerlo, al final decidimos probarlo. Cierto es que yo no estaba muy por la labor. Me daba mucho respeto el agua y no concebía el poder respirar dentro de este líquido. Eva me tuvo que animar (aunque tampoco mucho, la verdad…) y al final hicimos dos inmersiones bajando hasta los 15 metros de profundidad. ¡La experiencia fue brutal! Perdido el miedo de los primeros momentos, después disfrutamos como uno enanos. Nos adaptamos perfectamente a respirar de la bombona y nos sentimos como pez en el agua. Fue sin duda una de las mejores experiencias que hemos tenido y que espero poder repetir en más lugares del mundo.

Lugares increíbles del planeta. Buceo en el Mar Rojo

22.- Ver anochecer en el cabo de San Vicente

Ver una puesta de sol siempre es agradable y en todos los lugares que viajamos siempre acabamos disfrutando de algún anochecer. Pero especialmente recuerdo el que vivimos en el Algarve portugués, sentados en el punto más occidental del continente europeo, en el cabo de San Vicente. Apenas había gente, Eva, yo y dos o tres personas más al otro lado del faro. El sonido de las olas rompiendo en aquellos acantilados parecía la música de acompañamiento en los créditos de cierre de aquel día. La conjugación del sol junto con las agonizantes nubes que se veían en el horizonte creó una estampa apocalíptica que guardamos con mucho cariño en la retina. Más que el lugar, aquí recordamos el momento.

Lugares increíbles del planeta. Cabo de San Vicente

23.- Pasear por el Bazar Jan El-Jalili de El Cairo en Ramadán

Si para algunas personas visitar un país árabe justo cuando se celebra el Ramadán es un inconveniente, para mí fue todo lo contrario. Yo lo recomiendo encarecidamente. Nosotros tuvimos la suerte de visitar Egipto en ese mes, y durante el día prácticamente no notábamos si estaban en Ramadán o no. Pero cuando el sol se ponía, el ajetreo en la calle era incesante, y exponencialmente ocurría en el antiguo bazar de El Cairo. Uno de los días que pasamos en aquella ciudad nos sorprendió el Magrib (cuarta oración del día que marca el ocaso y el final del ayuno diario en Ramadán) paseando por el Jan el-Jalili y las calles se quedaron vacías como por arte de magia. Todo el mundo se metió en sus tiendas o en la de los amigos y familiares y comenzaron a comer. Nosotros simplemente paseábamos contemplando atónitos todo aquel festín, un tanto extraño para mí y para Eva que no regimos nuestras costumbres a causa de un credo, pero que igualmente respetábamos y disfrutamos viéndolo.

24.- Nadar junto a leones marinos en Perú

Este fue uno de los momentos que más recordamos de nuestro viaje al Perú y en general de todos los viajes. Estar en contacto con estos animales, sentirles nadando bajo nuestra, verles acercarse curiosos y sobre todo oírles en conjunto sobre las pequeñas islas Palomino es un recuerdo difícil de olvidar. Había cientos tumbados sobre las rocas y unos cuantos en el agua. Al tirarnos del barco y vernos en medio del océano nos creó cierta incertidumbre que al rato desapareció y dejó paso simplemente al disfrute del momento. Realmente ha sido un contacto muy leve con este tipo de naturaleza, pero espero en viajes posteriores poder ampliar la lista de animales vistos en estas condiciones, nadando en plena libertad.

Lugares increíbles del planeta. Nadar con leones marinos

25.- Pasar la nochevieja en Londres

En un principio no tiene nada de especial pasar una nochevieja fuera de casa. Pero aquella, nuestra primera nochevieja lejos de los nuestros y en un país diferente, la recordamos con mucho cariño. Fueron cinco días perfectos los que pasamos en Londres y realmente no hay muchas más explicaciones de porque está en esta lista. Simplemente nos encantó aquel viaje.

Lugares increíbles del planeta. Nochevieja en Londres

26.- Visitar un campo de concentración nazi

Sobran las palabras para explicar el motivo de por qué visitar un antiguo campo de concentración nazi está en esta lista. Las sensaciones que vivimos cuando visitamos el campo de concentración de Sachsenhausen al norte de Berlín fueron unas sensaciones frías, de desaliento y a la vez de intranquilidad al ver hasta dónde puede llegar la raza humana. Al pasear entre los muros y pabellones ahora vacíos te los imaginas llenos de gente, en fila y trabajando para luego ser exterminados en este u otro campo de concentración. Las almas de los presos políticos como de los simples judíos parecen estar talladas en los muros de aquel campo. Un lugar que aún vive para el recuerdo y la memoria.

Lugares increíbles del planeta. Campo de concentración nazi

27.- Montar en globo

Montar en globo es una experiencia que recomiendo a todo el mundo y en la que tu percepción del silencio cambiará para siempre. Nosotros lo hicimos sobrevolando la ciudad de Segovia, a mil metros de altura y en un día que comenzaba a amanecer. Cuando te encuentras a esa altura suspendido por un puñado de tela inflado y sobre una cesta  de mimbre, te parece estar dentro de una película de dibujos animados. Parece surrealista y te sorprende que esta manera de volar sea segura, pero cuando la confianza se asienta en ti, el momento lo disfrutas como si fueras un niño pequeño. Allí arriba el silencio es absoluto. No se escucha nada. Solo el silencio es roto por el sonido de la llama llenando el globo de gas. La paz que se tiene en ese momento es tremenda, casi proporcional al vértigo que se siente al mirar hacia abajo.

Lugares increíbles del planeta. Montar en globo

28.- Realizar el camino de Santiago

Pese a que yo no acabé el camino de Santiago que emprendí a causa de una lesión, el trayecto que realicé desde Oporto hasta casi Pontevedra lo recuerdo como uno de los viajes más completos que he realizado. Mi motivo no fue religioso pero si espiritual. No pasaba yo por una buena época y decidí pasar unos días solo para pensar. Andar durante días en total soledad por montes, pueblos, carreteras y caminos me hizo darme cuenta de muchas cosas.

Lugares increíbles del planeta. Camino de Santiago

29.- Visitar el parque Jingshan de Pekín por la mañana

Y no me refiero visitar el parque a las 10 o 12 de la mañana. Me refiero a levantase temprano y estar allí a eso de las 6. Lo que se cuece dentro de ese parque (y muchos otros) a esas horas es para verlo. Gente cantando en pijama, haciendo taichí, tocando instrumentos, meditando y haciendo una infinidad de ejercicios a cual más raro. Grupos de personas gritando, riéndose a carcajadas, golpeándose las piernas, andando hacia atrás, frotándose la cara, las ojeras, aplaudiendo… Si madrugas y vas al parque Jingshan, os aseguro que podéis vivir uno de los momentos más divertidos del viaje. Nosotros hemos estado dos veces en la ciudad y las dos veces hemos ido al mismo parque para participar en estas actividades. Es una de las cosas que más nos gusta de China. Además te llevarás el plus de observar una de las mejores vistas de la ciudad.

Lugares increíbles del planeta. parque Jingshan de Pekín

30.- Ver las secuelas de una guerra en Mostar

En nuestro viaje por Croacia nos desviamos un día para visitar la ciudad de Mostar en Bosnia y ver con nuestros propios ojos lo que una guerra deja a su paso. Han pasado ya muchos años de aquella guerra, 20 años para ser exactos, pero recuerdo especialmente aquel conflicto porque yo jugaba en mi portal con unos niños Bosnios refugiados que habían venido a vivir a España. Intercambiaba monedas con ellos y ninguno teníamos conciencia real de porqué pasábamos los días juntos. Por eso, el visitar la ciudad de Mostar fue muy especial y triste a la vez. Pasear por las calles y ver los edificios destruidos y pequeños parques convertidos en cementerios son imágenes que no olvidaremos jamás.

Lugares increíbles del planeta. Mostar

31.- Ver Praga nevada

A la ciudad de Praga no le hace falta la nieve para estar bonita. Pero si la nieve aparece, bienvenida sea, porque las vistas desde lo alto de la torre del reloj de la Plaza Vieja son impresionantes. Los tejados a medio teñir de nieve se van mezclando unos con otros conjugándose perfectamente con las fachadas medievales de varios tonos color pastel. Es sin duda una de las mejores estampas invernales que hemos visto, pese a que eso conllevara aguantar temperaturas de -20º…

Lugares increíbles del planeta. Praga

32.- El simple hecho de viajar en coche

Es la manera que más me gusta de viajar. No me canso aunque haya que estar todo el día conduciendo. Hemos viajado mucho en coche y particularmente son de los viajes que más gratamente recuerdo. Hemos ido desde Madrid hasta Montenegro, hasta Ámsterdam, hasta Suiza y en otros viajes hemos alquilado allí un vehículo para recorrer el país como en Noruega. En general, viajar en coche es un compendio de experiencias. Viajando en coche improvisas en cada momento y decides donde vas a parar sin ninguna otra preocupación. No te hace falta alojamiento, pues hemos tenido que dormir en el coche varias veces. La libertad que te da viajar en coche es infinitamente mayor que la de depender de transportes públicos y en ocasiones esa libertad se convierte en aventura al no saber donde dirigirte. Uno de mis sueños sería dar la vuelta al mundo en coche.

Lugares increíbles del planeta. Viajar en coche

33.- Simplemente mi pueblo

No podía olvidarme de mi pueblo haciendo esta lista. En la provincia de Cuenca se encuentra mi pueblo (bueno… el de mi madre), Huerta de la Obispalía, y no es que tenga nada en especial, es que todo él, para mí es especial. Allí he pasado la mayoría de los veranos, desde que nací hasta que empecé a viajar al extranjero. Pero no puedo olvidar el lugar donde he pasado muchos de mis mejores momentos con amigos venidos de toda la geografía española. Aún hoy sigo teniendo morriña de los tiempos pasados, por lo que todos los años voy a las fiestas y algunos fines de semana sueltos. Y por cierto, que quién quiera pasar un fin de semana en el más puro relax y conocer Cuenca, hace poco han creado y abierto unas exclusivas casas rurales en Cuenca para su disfrute.

Lugares increíbles del planeta. Huerta de la Obispalia

Bueno… pues después de más de 4500 palabras he completado esta lista. Como podéis ver, aparecen prácticamente todos los viajes que hemos realizado hasta este momento. Muchas veces me han preguntado cuál es el país o viaje que más me ha gustado y me es imposible contestarla. Un viaje se mide por experiencias y momentos especiales y en los viajes estas cosas abundan, por lo que creo que nunca me decantaré por ninguno en concreto. Creo que la próxima vez que me lo pregunten, les remitiré a este post para que ellos mismos lo elijan puesto que a mí me resulta imposible decantarme por tan solo uno.


Víctor del Pozo

Retorno a Delhi, vuelta a casa.

Tras toda la noche en tren recorriendo los 600 km aproximadamente que separan la ciudad de Jodhpur con la capital Delhi, llegamos a las 6:00 de la mañana (13 de Junio 2010) a la estación de vieja Delhi en pleno barrio de Chandni Chowk, tras una verdadera puntualidad británica.

Era pronto, muy pronto, pero las calles de Delhi estaban llenísimas de gente. Era un barrio conocido por el que anduvimos hacía unos 13 días, pero ese día parecía que había salido todo el mundo a la calle a recibirnos. No teníamos hotel reservado y necesitaríamos algún sitio para dejar las mochilas durante todo el día ya que nuestro vuelo salía casi a la una de la madrugada. En la misma calle de la estación pasamos por varios hoteles —más bien verdaderos tugurios— que nos pedían entre 500 y 800 rupias para pasar el día… sin dormir. Exagerado nos parecía el precio y decidimos ir hacia la zona donde estuvimos los primeros días a probar suerte. En uno que estaban reformando nos dejaron un cuarto por 300 rupias, perfecto el precio pero cuando subimos a verlo vimos que se encontraba todo en obras y la puerta de la habitación daba directamente a la calle sin ninguna pared que evite posibles caídas desde lo alto… Bueno… no pasaba nada… Pero en el interior vimos que se encontraba todo desastroso y lo más importante, no tenía ducha.

Delhi

Todo lo demás podría pasar, pero que no tuviera ducha no nos apetecía y por unos euros más fuimos a buscar otra. Pasamos al mismo hotel en el que estuvimos los primeros días y nos conocieron al momento. Nos intercambiamos saludos y nos preguntaron por el viaje. El día que nos fuimos de aquí nos dijeron que una habitación sencilla para dejar las mochilas nos saldría por 1000 rupias, pero tras hablar con ellos un rato nos la dejaron por tan solo 500 y desde luego que nos quedamos. Una habitación pequeña pero más que suficiente, con una ducha que bien aprovechamos.

Era pronto y tras ducharnos desayunamos en el propio hotel para emprender otra caminata por Delhi sin un rumbo fijo.

Delhi

Paseando por Delhi

Nos fuimos a ver la zona cercana de Main Bazar y la sorpresa fue mayúscula. Habíamos paseado antes cerca de esta zona pero no recordaba que estuviera como nos la encontramos en ese momento. La calle principal estaba literalmente derrumbada. Llena de escombros. Montañas de escombros. Transitar por esta calle se hacía tarea difícil aun mirando continuamente al suelo. Por lo visto la cercana fecha de los juegos de la Commonwealth había provocado que las autoridades decidieran cambiar un poco el aspecto de la ciudad, al igual que Cannaught place u otras calles cercanas. Pero de todos modos… disimular el estado precario de toda la ciudad es un poco difícil, por no decir imposible.

Delhi

Bajamos por la calle Ramdwara y topamos con el cementerio de Nueva Delhi… ¡Coño! un cementerio con cruces… Entramos pero no tenía mucho interés turístico y proseguimos andando por las calles que se convertían en improvisadas barberías o lugar de encuentro tras una noche en el suelo. Pasamos por el estadio Shivaji que creo que es para jugar al hockey, pero en ese momento solo era un amasijo de hierro que estaban reformando para los mencionados juegos.

Delhi

Delhi

En Cannaught place cogimos el metro para irnos a Chandni Chowk y dejarnos de tanto andar por lugares sin mucho interés. Queríamos saborear por última vez en este viaje pasear por las calles de aquel barrio, perdernos por sus entresijos y sobre todo fotografiarlo todo ya que la primera vez solo dio cabida a la perplejidad.

Delhí, Chandni Chowk

Delhí, Chandni Chowk

Delhí, Chandni Chowk

Delhí, Chandni Chowk

Sigo sin palabras para describir exactamente este lugar, que no parece nada y podría serlo todo.

Delhí, Chandni Chowk

Delhí, Chandni Chowk

Delhí, Chandni Chowk

Delhí, Chandni Chowk

A la vuelta al hotel ya por la tarde nos volvimos a duchar antes de dejar la habitación y les pedimos que nos guardasen las mochilas hasta que nos fuéramos, que lo hicieron sin ningún problema.

Delhí, Chandni Chowk

Fuimos a recorrer la zona trasera del hotel que aún no la conocíamos, y entre callejuelas ajetreadas, un chico con una moto nos preguntó a dónde íbamos. Como le dijimos que simplemente estábamos paseando nos dijo en un español malo. “Turista por aquí no… peligroso”. En ningún momento he sentido inseguridad en este país, pero India no es un país que se destaque precisamente por la seguridad y aunque no hemos tenido ningún problema en todo el viaje, preferimos hacerle caso y darnos media vuelta.

De pronto, el viento empezó a mover carteles y a tirar parte de los anuncios que hay por las calles. El suelo por esa zona no era más que una capa de cemento cubierto por un buen manto de arena y piedras, así que os podéis imaginar la que se formó en un momento…

Delhí

El polvo que se empezó a levantar no nos dejaba abrir los ojos y la gente se apresuraba a guardar sus cosas dentro de los locales. Un cartel me golpeó en la cabeza y finalmente decidimos dar marcha atrás. Se estaba preparando una buena y la calle no parecía ser el lugar más seguro para estar. Nos fuimos al hotel y subimos a la azotea para ver esta ciudad cubierta por una nube densa de polvo que viajaba sin control entre los edificios. La lluvia comenzó a caer y calmó el viento y a la vez renovó el aire de la ciudad, pero ya no nos quedaba mucho tiempo. No merecía la pena salir más.

Negociamos con un autorickshaw para que nos llevara al aeropuerto y allí pasaríamos nuestras últimas horas en India.

Nos vamos de India

En el aeropuerto de Delhi pareces estar en otro mundo. Todo nuevo, todo limpio y con aire acondicionado que te hace olvidar los más de 35 grados que aún calientan fuera a estas horas de la noche. El viaje a India ha sido corto de días pero no de intensidad. Realmente parece que habíamos estado más tiempo allí, y es que ver tantas cosas en tan pocos días genera esa sensación que, junto al cansancio, hacía que deseáramos salir ya hacia España —total… ya no íbamos a hacer nada en el aeropuerto—.

Este es un país que hay que conocer y saborear poco a poco, sin prisas como las que parecíamos llevar en algún momento del viaje, pero los días de vacaciones mandan más que los deseos y había que ajustarse a lo que había. La India es inmensa y nosotros ya hemos tenido un primer contacto, una primera impresión. Es poco tiempo el que hemos estado aquí, pero creo que puedo asegurar que no es como lo venden en las agencias… es sin duda mucho mejor. Pero para viajar a India creo que hay que bajarse antes de la nube donde se encuentra el Taj Mahal.

India

Victor del Pozo

Qué ver en Jodhpur, la Ciudad Azul

Entre sinuosas curvas y carreteras casi solitarias, fuimos desde Ranakpur hasta Jodhpur, la llamada Ciudad Azul a las puertas del desierto de Thar, llegando a nuestro destino pasadas las 5 de la tarde, lo que nos dejaba dia y medio, suficiente tiempo para las cosas que ver en Jodhpur. Como hicimos en la última ciudad, miramos alojamiento en internet un día antes para no tener que buscar luego allí y de esta manera fuimos directos al hotel Devi Bhawan que está situado a las afueras de la ciudad en una zona muy tranquila. He de decir que lo que hizo decidirnos por este hotel, además del precio de 26€, era la piscina que salía en las fotos, y es que se agradece con esta temperatura tener un sitio para refrescarse. Instalados en la habitación y sin comer aún, nos dirigimos al restaurante para que nos prepararan unos sándwiches de queso con tomate… y con mosca incluida… Bien… es un asco pero un fallo lo puede tener cualquiera. Pero cuando entramos de nuevo a la habitación y pretendimos ducharnos, nos encontramos una caravana de hormigas y bichos alargados, que junto al polvo de todo el cuarto decidimos ir a recepción y usar también la excusa de la mosca para que nos cambiaran de habitación. De esta manera nos pusieron en una un poco mayor y en mejores condiciones por lo que nos dimos por satisfechos. Esa tarde nos quedamos en la piscina un rato antes de que se pusiera el sol. Una cerveza, una tumbona y un agua que parecía un poco turbia… Según nos metimos en el agua pensamos que vendría alguien a poner especias y remover un poco, porque con la temperatura del agua bien se podrían cocer unos macarrones. Estábamos a cuarenta grados en el exterior y ¡no notamos ninguna sensación de frescor al meternos! Al poco tiempo de estar en el agua creo que estaba sudando, pero aunque sea así… la verdad que nadar un poco nos relajó.

Qué ver en Jodhpur

Nos preparamos y salimos a dar una vuelta por la ciudad ya de noche. Con esta oscuridad todos los gatos son pardos y yo no me situaba en ningún momento. Al final de una calle muy ajetreada, el autorickshaw nos dejó en una de las puertas al mercador Sardar. Este lugar se encontraba llenísimo de gente y eso me gustaba. Puestos de todo tipo rodeaban la torre del reloj, una reliquia de la ciudad que lleva aquí desde 1910 dando la hora a sus vecinos, y callejuelas adyacentes te sumergían en un mundo oscuro con decenas de ojos blancos mirándonos. El gran fuerte de Mehrangarh tenía que estar por aquí dominando esta zona en las alturas, pero no se veía nada. Decidimos volver hacia la torre del reloj que será nuestro punto de referencia en esta ciudad y salir del mercado Sardar por la calle Nai Sarak, llena de tiendas y puestos de comida.

Qué ver en Jodhpur

Decidimos esa noche en buscar los típicos recuerdos para los familiares, pero en India no es fácil tropezar por ejemplo con dedales de colección y lo que más abundan son pulseras de miles de colores. En algunos talleres podías ver como las hacían y daban forma parar luego colorearlas una a una. Al final compramos para los niños y yo de momento seguía sin encontrar el dedal para mi madre… Tendría que seguir buscando. Cenamos al final de la calle Nai Sarak, en un local abierto que estaba lleno de gente. Los empleados simpatiquísimos y la comida genial. Eva se cogió una pizza que no picara y picaba y yo me comí una especie de bombas argentinas pero en plan vegetariano, que supuestamente picaba y que a mí me ardía la boca… pufff. Por ese día ya estábamos listos y nos fuimos al hotel. Teníamos todo el día de mañana para ver la ciudad.

Que ver en Jodhpur; el fuerte de Meharangarh

Ese día (11 de Junio 2010) fluimos más por la ciudad de Jodhpur, una ciudad que fue fundada en el año 1459 por el Rajput Rao Jodha de los clan Rathore y tuvo gran auge por encontrarse en la ruta comercial entre Delhi y Gujarat, generándose así importantes riquezas y consiguiendo ser la capital de la región de Marwar. Una ciudad que de momento la conocíamos de noche y la primer impresión fue muy buena.

Un desayuno de tostadas en el hotel y marchando tempranito en un tuk tuk al fuerte Meharangarh. A la luz del día ya si se veía desde la ciudad el imponente fuerte sobre la llamada “montaña de las aves”. No me extraña que sea una de las mayores fortalezas de India. La situación desde luego es inmejorable a más de 100 metros de altura y con paredes que lo elevan 36 metros más. Subiendo por la sinuosa carretera se va haciendo más y más grande y a sus pies piensas que es invulnerable, un cerrojo con paredes de 20 metros de grosor. Parece construido para gigantes.

Qué ver en Jodhpur

Jodha comenzó a construirlo en 1459 y tuvo que desalojar a un ermitaño que vivía en esta misma colina provocando su enfado y el cual hizo pesar sobre el fuerte una maldición que predeciría sequías. Jodha por si acaso tomó medidas y le construyó una casa y un templo al ermitaño cerca de donde vivía antes, pero aun así cada cierto año resultaba una sequía en la ciudad. Finalmente lo que hizo Jodha para quitar el mal fario fue enterrar vivo a un hombre bajo los cimientos del fuerte y ofreció a cambio mantener atendida a su familia por generaciones, tantas que aún hoy sus descendientes viven con ese privilegio.

Qué ver en Jodhpur. Fuerte Mehrangarh

La entrada al fuerte cuesta 250 INR y además entra en el precio un audio guía y la libertad de hacer fotos. Empezamos el pesado ascenso hasta la puerta Lohapol, y es que la cuesta es tremenda… Quien se quiera ahorrar esta caminata puede optar por subir en ascensor… y no es coña, tienen uno disponible. Pero es recomendable ir pasando por cada una de sus puertas y observar por ejemplo las marcas de cañonazos que recibió el fuerte al defenderse y ver las vistas de la ciudad con un deslumbrante color azul.

Qué ver en Jodhpur. Fuerte Mehrangarh

En la puerta de hierro o Lohapol pueden verse las huellas de las manos que dejaron las viudas del maharajá Man Singh, que se lanzaron a su pira funeraria en el ritual del “sati”. En esta puerta y en muchas de los palacios y fuertes ya vistos, sobresalen unos asombrosos punzones a una altura considerable. La función que tenían estos era evitar que los elefantes pudieran embestirlas y entrar a la fuerza, pero además tampoco es casualidad que las entradas siempre estén en curva, ya que esto complicaría la carrerilla del animal. Vamos… que al igual que ahora se usan tanques, aquí hace años utilizaban elefantes. Cuesta creerlo… Como cambia todo.

Qué ver en Jodhpur. Fuerte Mehrangarh

Qué ver en Jodhpur. Fuerte Mehrangarh

Ya estamos dentro y el complejo palaciego empieza a deslumbrar con celosías en fachadas enormes y balcones con detalles cuidados al máximo.

Qué ver en Jodhpur. Fuerte Mehrangarh

Se pueden ver varios palacios que en su interior albergan piezas tales como armas, cunas reales, asientos para elefantes, trajes y un largo etcétera además de habitaciones como la Takhat Vilas, la sala privada del último maharajá en habitar el fuerte, Singh Takhat, con paredes y cristales de mil colores y unas extravagantes esferas de vidrio que cuelgan del techo al más puro estilo fiebre de sábado noche.

Qué ver en Jodhpur. Fuerte Mehrangarh Qué ver en Jodhpur. Fuerte Mehrangarh

Otras salas no tienen ningún desperdicio como la Moti Mahal que sería el lugar de reunión del maharajá para decidir asuntos de estado o el palacio de las flores con una decoración exótica en oro que servía de esparcimiento para escuchar versos, música o bailar.

Qué ver en Jodhpur. Fuerte Mehrangarh

Qué ver en Jodhpur. Fuerte Mehrangarh

Sin duda las vistas desde el fuerte hacia Jodhpur son espectaculares, confundiendo el cielo con la vieja ciudad.

Qué ver en Jodhpur. Fuerte Mehrangarh

Desde aquí también se puede divisar el cenotafio Jaswant Thada que ahora sería nuestro próximo destino al encontrarse cerca.

Qué ver en Jodhpur

Qué ver en Jodhpur; cenotafio Jaswant Thada

Fuimos andando por la rizada carretera con un sol estremecedor hasta la puerta de entrada del cenotafio. La entrada a Jaswant Thada cuesta 30 INR y 25 INR más por meter la cámara, que en esta ocasión me libré por ocultarla. De un mármol blanco impoluto se levanta este monumento en memoria del Maharajá Jaswant Singh II por orden de su propio hijo. Alrededor se pueden ver más estructuras similares de menor tamaño y un jardín agradable por donde pasear. En el interior del gran cenotafio cuelgan cuadros de anteriores gobernantes en Jodhpur, ya que aquí se encuentra el campo de cremación de todos ellos. Un bonito lugar y sobre todo bonitas vistas al fuerte.

Qué ver en Jodhpur

Qué ver en Jodhpur

Qué ver en Jodhpur; paseando por la ciudad azul.

Un solo tuk tuk nos estaba esperando a la salida pensando que como era el único nos podría sacar más dinero. Después de decirle que nos dejara en la antigua “ciudad azul” nos dio un precio desorbitado… estábamos solos y el cabronazo estaba firme… ¡Ni hizo caso cuando nos íbamos andando! Al final, tuvimos que volver con la cabeza agachada y darle una última oferta aún cara. Nos miró y cedió… ¡¡¡Estamos negociando unos céntimos!!! Esto llega a un punto que es cabezonería nuestra. El recorrido que teníamos que hacer para nada era largo y encima cuesta abajo. En menos de 5 minutos le pagamos sus 80 rupias y nos dejó sumergidos en esta nube azul de casas viejas repintadas.

Se dice que aquí vivían antiguamente gente de la casta Brahmán con ese característico color azul, pero que posteriormente la idea fue copiada y extendiéndose por las demás castas con la creencia de que el color azul ahuyentaba a los mosquitos y mantenía frescas las viviendas. El caso es que todas las casas que veíamos en esos momentos eran azules o tenían decoración de este color. Casas viejas, nuevas, grandes o pequeñas.

Qué ver en Jodhpur

Qué ver en Jodhpur

No teníamos ninguna visita programada para estos días y no porque no hubiera nada más que ver en Jodhpur, sino porque ya no nos apetecía seguir yendo de un lugar a otro para ver más monumentos. Era la una de la tarde y queríamos integrarnos en la ciudad.

Qué ver en Jodhpur

Sabíamos que la torre del reloj, nuestra referencia en Jodhpur, estaba situada al otro lado del fuerte y con tiempo de sobra nos sumergimos por el entramado de calles pasando templos, fuentes y pequeñas plazoletas donde bifurcaban muchos caminos… “izquierda, derecha… ¡por aquí!” Todo parecía un comercio gigantesco. Locales por todos lados y autorickshaw esquivándose de milagro —Es curioso ver como este transporte cambia de una ciudad a otra y aquí en Jodhpur me resultaban muy cómicos, más alargados y decorados de forma más hortera—.

Qué ver en Jodhpur

La gente nos observaba y saludaba. Unos querían que mirásemos en su tienda, otros solo buscaban una contestación recíproca y los niños unos caramelos o el último trago de Sprit que me quedaba en la botella.

Qué ver en Jodhpur

La suciedad en esta ciudad esta elevada al cuadrado o al cubo, depende de la calle. Llegamos al mercado Sardar y nos paramos a tomar otro refrigerio en un puesto sentados frente a un ventilador.

Qué ver en Jodhpur

De repente y sin darnos cuenta éramos la atracción del lugar y los niños se acercaban y se sentaban con nosotros a tomar algo. No nos decían nada y se pensaban que no les veíamos. Miraba mi móvil y ellos sacaban el suyo. Empiezan a jugar con él y con su cámara nada discreta… más bien diría que ellos son los indiscretos y descarados… ¡sonríe para la foto! ¡Yo también quiero una!

Qué ver en Jodhpur

Qué ver en Jodhpur

Nos fuimos a comer ya tarde al mismo sitio de las bombas vegetarianas que cenamos el día anterior, pero esta vez había aprendido la lección y pedí pizza. Perdidos por las tiendas colindantes yo seguía buscando el dedal para mi madre con suerte pésima. ¡No me puedo creer que me vaya de India sin llevarla el dedal! Desistimos y tras tomar una cerveza en un “majestuoso” bar de 5 metros cuadrados en la segunda planta de un edificio nos fuimos al hotel a darnos un último baño en la olla que tenían por piscina.

Hoy era día 11 y comenzaba el mundial de fútbol. No suelo perderme ninguna inauguración de un mundial, y esta vez con Shakira menos aún… jejeje. Los empleados del hotel charlaban con nosotros y estaban con la selección española. “Torres” “Villa” “del Bosque” “very good football” “Spain world Champion”… Que dios te oiga le decía… y vaya si los oyó. De momento vi el primer partido entre Sudáfrica y México… ¡Había empezado el camino!

Al día siguiente amanecimos sin despertadores a eso de las 9 de la mañana (12 de Junio 2010) y tras desayunar unas tostadas y darnos un baño en la piscina, caminamos hacia el centro de la ciudad, hoy sin autorickshaw, con nuestras patitas poco a poco y perdiéndonos como es habitual. De camino, un centro comercial anunciaba rebajas y pasamos a ver. Un lugar de venta de todo donde mi búsqueda del dedal seguía frustrada. Al menos se estaba fresquito y pudimos tomarnos algo fresco. Una curiosidad de las tiendas en India es la forma que tienen de darte el producto comprado. Cuando ya has decidido que es lo que te llevas, pasas por caja a pagar y ellos se quedan con el paquete, dándote a ti un recibo o papelito que tienes que enseñar a la salida de la tienda, o como en este caso, ya fuera de ella. Hacemos un trueque, papelito-compra y listo. Curioso.

Qué ver en Jodhpur

Subimos una cuesta, atravesamos una vía ferroviaria y el fuerte Meharangarh no lo veíamos por ningún lado… ya estábamos perdidos de nuevo. Preguntamos y la gente nos hacía un lío donde unos te mandaban hacia allá y otros para acá.  ¡Será posible! ¡Donde quedó aquella época en la que me orientaba en cualquier lado! Pasamos rotondas que por las noches se convierten en el hogar de mucha gente. Se lavaban con el agua de una fuente o simplemente seguían tumbados, mirándonos como si nos hubiéramos perdido… Otra rotonda y un parque con una estatua de algún Maharajá junto a una calle ancha. “Por esta calle se tiene que llegar al centro seguro”. Ya por fin vimos el fuerte y además reflejado en el Gulab Sagar, un lago artificial pequeño donde la contaminación del agua es evidente ante tanta basura.

Qué ver en Jodhpur

Pero a los niños esto de que el agua esté contaminada no parece importarles y arriesgan su vida tirándose desde lo alto y atinando a caer donde haya menos botellas. Nos saludamos mutuamente y se prepararon para pedirme una foto… se arreglan los pelos y estiran las camisetas… ¿Preparados? ¡Va!

Qué ver en Jodhpur

Qué ver en Jodhpur

Qué ver en Jodhpur

Ya estábamos de nuevo en el casco antiguo y empezamos a preguntar por dónde podía conseguir dedales de recuerdo. ¿Qué es eso de recuerdo? Los únicos dedales que conocen son los que se ponen en los dedos para no pincharse con la aguja.

– “¿Dedales? no… ¡Pulseras, pulseras!”

 – “Que ya tenemos… quiero dedales”

Qué ver en Jodhpur

Preguntando y preguntando fuimos llegando a una zona de la ciudad vieja donde en los locales vendían telas y los dueños estaban con máquinas de coser a pedales. Me da a mí que no iba a ver dedales de estos… Pero Eva tuvo una idea. “¿Por qué no le compras un dedal normal y corriente? Y luego podemos comprar una tira de tela que usan ellos para adornar los saris y pegarla al dedal”. Parecía cutre pero en verdad era una buena idea. Tendría realmente el dedal más típico del lugar jejeje. En una tienda compramos la dichosa armadura para el dedo y en otra elegimos una tira de tela fina con muchos colores. ¡Creo que al final puede quedar hasta bien! Ya no me iba a ir de India sin dedal.

Qué ver en Jodhpur

Pasamos la mañana dando vueltas a la espera de las siete de la tarde para coger el tren destino a Delhi. Comimos en un MacDonalds de un centro comercial con tiendas de marcas reconocidas. Sin duda se ve otra India solo con traspasar una puerta. Nos fuimos hacia el hotel y recogimos las cosas. Esto se acababa y volvíamos al punto de partida.

Qué ver en Jodhpur

La estación de Jodhpur no es nada complicada y rápidamente localizamos el andén. Quemamos allí la última hora esperando al tren y cuando llegó nos metimos en nuestro compartimento. En esta ocasión nos acompañaron una pareja con su recién nacido y su familia entera vinieron a despedirles. A todos se les caía la baba con el churumbel mientras que empleados de la estación les hacían todo el trabajo. Subían las maletas, preparaban las literas, les traían agua ¡y por la noche les hicieron la cama! Aún hoy se ve mucha diferencia entre las clases sociales en India. Entre llanto y pecho pasamos la noche sin descansar mucho. La madre y el padre ni durmieron.

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Victor del Pozo

Qué ver en Agra; descubriendo la ciudad del Taj Mahal

Nuestra primera noche en tren (4 de junio 2010) transcurría sin ninguna novedad y el movimiento del tren junto al sonido de las vías me resultaba hasta acogedor. Cada cierto tiempo me despertaba y miraba al exterior pero poco se podía ver en la noche. Al final no tuvimos compañía en todo el trayecto hasta Agra y nuestra parada era la última así que nos despreocupamos un poco de estar atentos.

Cuando empezó a amanecer yo ya no podía desviar la mirada de la ventanilla. Al lado de las vías se veían poblados en los que la mayor decoración eran cacas de vaca secándose a montones. La India amanecía y la gente se levantaba de los colchones que tenían tirados en el suelo a pocos metros de las vías. A estas horas lo mejor que podían hacer era ir a tirar un zurullo y el lugar más indicado parecía ser lo más próximo posible de donde fuera a pasar un tren hasta arriba de pasajeros… así que nuestras primeras vistas de Agra fueron cacas de vacas, traseros acuclillados y testículos por debajo del culo (this is India…).

La gente en el tren empezaba a salir hacia los baños y se cepillaban los dientes por el pasillo. En una de las paradas la gente aprovechaba para salir y coger un “chai” mientras que nosotros nos íbamos preparando recogiendo las cosas. Teníamos que haber llegado a las siete y veinte de la mañana y ya eran las doce pasadas…

Eva: “¿Ya casi estamos no?”

Yo: “Si… ya sólo quedan dos paradas más…”

Eva: “Si si!!! ya estamos!!! Mira el Taj Mahal!!!”

Al fondo en el horizonte se dejaba ver la impoluta cúpula del famoso mausoleo y atrás quedaban las primeras visiones corporales de Agra, suplantadas al momento por esta bella, aunque fugaz, imagen del Taj Mahal.

Atravesamos el río Yamuna donde el agua casi no existía y la gente lavaba la ropa extendiéndola a lo largo del cauce vacío. Abrí una puerta del tren para sacar medio cuerpo por fuera y de esta manera recoger un poco de calor y vi que las calles eran iguales que las que conocíamos, llenas de basura y casas a medio derruir. El tren fue aminorando la marcha y se detuvo en la estación de Agra Cantt… Por fin llegamos.

Aquí en Agra teníamos reservada una noche en el hotel Taj Khema, situado a escasos metros de la puerta este del Taj Mahal, así que no debería ser muy complicado explicar a un taxista donde llevarnos. Le dijimos el nombre del hotel, pero debía ser que la pronunciación no era muy buena y no nos entendía, así que directamente le pedimos que nos llevara al Taj Mahal. Justo aquí empezó la labor comercial del taxista… “que si te llevo a este hotel, que si necesitas guía, que si quedamos para más tarde, que si el Taj Mahal hoy viernes está cerrado…”  – “¡¿Como?!” ¡Anda la madre que nos parió!, efectivamente el Taj Mahal sólo abre de Sábados a Jueves al público ya que en el interior del complejo hay una mezquita y los viernes sólo es accesibles para los musulmanes… ¡Que fallo! (aún no entiendo como pude tener tal despiste…). Ahora me alegré de no haber reservado todos los trayectos en tren pensando en posibles cambios que pudieran surgir… por lo que al día siguiente no estaríamos sujetos a ningún horario y podríamos visitarlo a primera hora. De todas formas si esa noche hubiéramos tenido que coger algún tren, se hubiera ido sin nosotros…

El tuk tuk nos dejó en una calle cercana a la puerta principal del Taj, porque por motivos de contaminación tienen cortadas las calles cercanas a todo vehículo de motor. Andando con las maletas fuimos hacia la puerta este y a muy pocos metros dimos con la puerta del hotel. A primera vista no tenía muy mala pinta y como en todos los hoteles en los que habíamos estado, este presentaba un panorama desolador. Yo creo que éramos los únicos hospedados allí en ese momento. Hicimos el check in y nos llevaron a nuestra habitación. Era una especie de Bungalow dividido en 3 habitaciones para 3 huéspedes distintos y totalmente retirado de toda humanidad. A nuestra espalda se levantaba un bosque de árboles. Nada más ver la habitación pensamos… “bueno… va a ser sólo una noche”. Desde luego no estaría mal si no fuera porque estaba llena de polvo, pelos y bichos. Dejamos las mochilas y partimos hacia el exterior, donde lo mejor que tiene el hotel es su jardín con unas estupendas vistas al Taj Mahal.

Qué ver en Agra

Qué ver en Agra; el fuerte Rojo de Agra

Sin más dilaciones nos pusimos en marcha para visitar esta ciudad que todo el mundo me había dicho que no merecía la pena… pero que quería comprobarlo por mí mismo. Nuestro primer destino sería el fuerte rojo, considerado como uno de los mejores fuertes mogoles de India. Para llegar a él nos convenció un ciclo-rickshaw y en él fuimos leeeeentamente hasta la puerta de Amar Singh, la entrada principal al fuerte Rojo de Agra.

Qué ver en Agra

Este fuerte fue iniciado por el emperador Akbar en 1565 con fines militares, pero el nieto de este, Shah Jahan, lo convertiría más adelante en palacio, siendo esta remodelación la que aún perdura hasta nuestros días. Una de las historias de este fuerte está muy ligada a la historia del Taj Mahal y al amor incondicional de Shah Jahan y Mumtaz Mahal.

Tras la muerte de Mumtaz Mahal, Shah Jahan decidió realizar el asombroso mausoleo llegando a convertirse en una obsesión para él, llevándole a la ruina y finalmente a la enfermedad. Esto hizo que su tercer hijo, Aurangzeb, desesperado por llegar al poder traicionara a su familia matando a sus hermanos apoderándose del trono y posteriormente encerrando a su padre en una de las torres del fuerte. Desde aquí, Shah Jahan podría ver como se completaba su majestuosa obra y fue aquí donde finalmente en 1666 sucumbió de pena encerrado y en sus ojos seguramente pudiera haberse visto su última visión al lugar donde descansaba eternamente su amada.

Tras pagar la entrada de 250 rupias (si se ha accedido en el mismo día al Taj Mahal se obtiene un descuento), ascendimos por una rampa hasta unos jardines que son la entrada principal al palacio de Jahangir, única estancia que aún queda del reinado de Akbar, todo construido de arenisca roja y con unas tallas y celosías dignas de ver.

Qué ver en Agra

Qué ver en Agra

Pero la parte más llamativa del fuerte se encontraba a continuación, perteneciente al reinado de Shah Jahan y donde el mármol era el mayor protagonista. Aquí se encuentra el Khas Mahal, lugar donde Shah Jahan perdió su libertad y falleció, además de un simétrico jardín donde bajo el suelo solía estar el harén de Akbar. Baños reales, mezquitas y salas de audiencia se apelotonan en una pequeña parte del inmenso fuerte.

Qué ver en Agra

Qué ver en Agra

Qué ver en Agra

Qué ver en Agra

La mezquita de la perla, un poco más retirada de todo esto, se encontraba en reforma y no se podía pasar, así que nos quedamos con la miel en los labios de poder verla. Después de dedicarle buena parte de la mañana al fuerte, salimos fuera donde “nos estaban esperando” una serie de vendedores ambulantes con látigo en mano y niños queriéndome vender 10 Taj Mahal por menos de 2 euros… Momento gracioso pero realmente pesado… (no nos separamos de los niños hasta que cogimos un tuk tuk… puffff).

Qué ver en Agra; el Baby Taj Mahal

Aunque ya era hora de comer, con el calor que hacía nada más que nos apetecía ingerir líquido. Negociamos un tuk tuk para que nos acercara hasta la otra orilla del río Yamuna y más concretamente a Itimad-ud-daulah, mucho más conocido como el “Baby Taj”.

Qué ver en Agra

Se trata de la tumba de Mizra Ghiyas Beg, abuelo de Mumtaz Mahal y jefe de gobierno del emperador Jahangir. Fue la primera tumba de estilo mogol en la que el mármol era el elemento principal de construcción y la verdad que sin haber visto antes el Taj Mahal, llegar hasta aquí y ver este edificio con el mármol blanco brillando al reflejo del sol impresiona, pese a que el tamaño no es muy grande.

Qué ver en Agra

La entrada cuesta unas 100 rupias y merece mucho la pena entrar. Es un lugar tranquilo donde algunos aprovechan a venir aquí y pasar la tarde tranquilamente. Tanto la decoración interior como la exterior resultan muy llamativas con miles de detalles y piedras preciosas que forman un conjunto totalmente armonioso.

Qué ver en Agra

Qué ver en Agra

En el interior se pueden ver las diferentes salas totalmente simétricas entre ellas donde están enterrados varios familiares y en cuyo centro encontraremos la tumba de Mizra Ghiyas Beg y su esposa. Rodeando al mausoleo se encuentran diversas fuentes y canales que nos encontramos totalmente secos.

Nos fuimos a comer algo que ahora sí que había hambre y cuando terminamos nos pusimos a buscar algún taxi para quedar a la mañana siguiente y que nos llevara hacia Jaipur. A cualquier persona que preguntes siempre te dirá que conoce a alguien, pero rara vez serán ellos los que te lleven en taxi. Siempre suelen ser intermediarios que quieren una comisión y te llevan en su coche a varias agencias para negociar el precio. Nos fuimos con uno que no tuvo muy buena suerte, pues todas las agencias a las que iba se las encontraba cerradas y al final nos llevó a hablar con un hombre que parecía sacado de alguna película de exploradores. Chaleco marrón con mil bolsillos, sombrero auténtico de Indiana Jones y un bigote que tapaba toda su boca. Le dijimos que queríamos ir desde Agra a Jaipur pasando por Fatehpur Sikri y nos dijo un precio de 2800 rupias. La verdad que no me pareció exagerado, pero como siempre hay que negociar le propusimos por 2000 rupias. Se echó a reír y nos dijo que eso era totalmente imposible y la verdad que andábamos un poco perdidos, pero como era a la primera persona a la que preguntamos decidimos seguir mirando teniendo ya una referencia sobre el precio. Normalmente el kilómetro puede salir alrededor de 5 o 6 rupias (año 2010) negociando bien el precio y nosotros tendríamos que pagar también la vuelta a Agra del taxista por lo que serían aproximadamente 450 km. Haciendo estos cálculos vimos que no se desvariaba mucho el precio que en un principio nos dijeron…

De vuelta a la zona del hotel continuamos mirando por las agencias que estaban cercanas y después de preguntar en varias vimos que los precios eran prácticamente los mismos en uno u otro lado. Prácticamente en todas nos lo podían dejar a 2500 rupias (unos 40€ aproximadamente) y al final quedamos con una de ellas para salir a las 11 de la mañana. Les dejamos una señal de 100 rupias y nos despedimos hasta el día siguiente.

Nos fuimos al hotel para refrigerarnos un poco con el aire acondicionado y ducharnos y después fuimos a tomar algo a una cafetería cercana. Allí nos juntamos varios turistas más y la verdad que se estaba muy bien. Después de un rato cenamos unos sándwiches que básicamente era lo que tenían en casi todos los sitios, además de pizzas y alguna que otra “fast food”. No nos acostamos muy tarde para poder madrugar al día siguiente y hacer la visita al Taj Mahal en cuanto abrieran, así que nos fuimos a descansar al hotel.

Qué ver en Agra

Qué ver en Agra; el Taj Mahal o el monumento más maravillos que habíamos visto

A la mañana siguiente (5 de junio 2010) nos levantamos a las cinco y media de la mañana para estar a las seis en punto en la puerta este del complejo. El día había amanecido nublado con intención de llover, pero lo mejor es que la temperatura había descendido y dejado un ambiente muy agradable. Los vendedores ambulantes nos acompañaron hasta la puerta y algo nos decían constantemente sobre la  entrada al recinto. Ya justo para entrar nos comentaron los de seguridad que allí no se compraban las entradas, sino que hay que ir 2 kilómetros por donde habíamos venido hasta el punto de venta de tickets. Vamos… no me jodas, menudo invento. Fuimos andando hasta allí y pagamos las 750 rupias que cuesta la entrada con la que te dan también una botellita de agua. Hay que ver como se aprovechan, que por otra parte es normal, aunque a veces son precios abusivos. De vuelta nos cogimos una bici para que nos acercara por 10 rupias… que no apetecía andar mucho a esas horas de la mañana y ya en la puerta nos registraron hasta la saciedad y accedimos al interior.

El Taj Mahal es un lugar marcado con mayúsculas en la primera visita a India y diría que es casi obligatorio venir a verlo.

Historia del Taj Mahal

Cada 17 de Junio, Shah Jahan accedía al mausoleo para recordad a su segunda esposa, la más bella, la más amada. Aquí descansaba el cuerpo de Mumtaz Mahal que en 1631 falleció dando a luz a una de sus hijas. Pero la historia de amor empezó mucho antes, cuando Mumtaz Mahal apenas cumplía 15 años y el príncipe heredero se la encontró en el bazar y se enamoraron ciegamente.

Qué ver en Agra

Pero en su amor había un problema. Ella era demasiado joven. Esperaron 5 años sin poder verse y finalmente pudieron acceder al matrimonio. Sin duda se trataba de la preferida del príncipe y ninguna se podía igualar. Las demás tenían el “cargo” de esposas pero Mumtaz Mahal era la amada, la compañera y confidente. El matrimonio duró 19 años y el príncipe llegó al trono durante este periodo. Pero tan solo cuatro años después de ser emperador llegó el fatídico día. Shah Jahan se encontraba cumpliendo una misión en la meseta de Deccan y Mumtaz le acompañó como hacia siempre. Ella estaba embarazada de su catorce hijo y llegó el momento de traerlo al mundo justo cuando se encontraba en la ciudad de Burhanpur. Shah Jahan se encontraría con lo que nunca hubiera deseado. El parto se complicaría y finalmente llegaría la muerte de su esposa. Esta había dejado un mensaje para el emperador en el que le confesaba sus últimos deseos: “Que se casara otra vez, que fuera bueno con sus hijos y que construyera su tumba a la que también pidió que visitara siempre en el aniversario de su muerte”.

Qué ver en Agra

En un principio fue enterrada en la ciudad de Burhanpur a orillas del río Tapti, pero el emperador hizo un juramento: “Mahal tendría la tumba más hermosa que se hubiera visto en la Tierra”. De esta manera empezó a planificar su mausoleo y en 1631 comenzó a construir el grandioso proyecto. La ciudad elegida donde descansarán los restos fue Agra, que en aquel entonces se trataba de la capital del gran Imperio Mogol, y el lugar indicado sería a orillas del río Yamuna. Se tardó 23 años en terminar la obra y a su finalización se podía decir que había construido una verdadera obra de arte.

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Visitando el Taj Mahal

Totalmente de mármol blanco y con una sublime demostración de simetría con mezcla de arquitectura India, musulmana y persa, este monumento al amor deslumbra desde cientos de metros de distancia. Resalta sobre todo lo que lo rodea. La primera impresión que tenemos tras pasar la entrada principal (darwaza) es como si se tratara de un espejismo. Aún sin Sol, las paredes de mármol brillaban y por primera vez en India me sorprendía y de qué manera un monumento.

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La cámara de video no la dejan pasar, pero con la de fotos se pueden hacer también videos… ¿acaso no lo saben?

El Taj Mahal resulta más grande de lo esperado. Aconsejo quedaros tranquilamente mirándolo, sin prisa. No os preocupéis del tiempo que estéis. Se dice que el Taj Mahal está sobrevalorado, pero siempre depende de los ojos que lo miren. Para mí no lo está. Para mí está valorado justamente, ni más ni menos. Quizá Shah Jahan se sorprendería de ver que su obra ha llegado a estar entre las 7 maravillas del mundo y a ser la tumba más visitada en el mundo. Tampoco es para menos…

Qué ver en Agra

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Los jardines que dan acceso son también simétricos y representan el paraíso terrenal. Donde existe un árbol, al lado contrario crecía otro igual y donde había un canal de agua, más allá te encontrabas otro. En el centro una fuente elevada hacía de punto clave para hacerse fotos. Mucha gente y todos juntos.

Qué ver en Agra

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Según te vas acercando al mausoleo, este crece y crece y justo a sus pies no sales de tu asombro. ¡Es enorme! Antes de subir a la plataforma principal nos descalzamos y fuimos hacia la mezquita que queda a mano izquierda. Aquí no hay tanta gente y las vistas son igualmente sorprendentes.

Qué ver en Agra

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Justo al otro lado, para respetar la simetría, se construyó un edificio igual que la mezquita (jawab), pero su uso final posiblemente hubiera sido como casa de invitados. Tras rodear el mausoleo por la parte de abajo era el momento de subir y verlo de cerca. Las paredes están totalmente decoradas con tallas vegetales y piedras preciosas en forma de flor. Las cuatro grandes puertas están rodeadas con un impresionante marco en el que están escritos pasajes del Corán. Sentados a sus pies somos auténticos enanos que apenas destacamos en el conjunto.

Qué ver en Agra

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Verlo por un lado o por otro es lo mismo, pero quería dar otra vuelta más. En la puerta principal entraba más gente que salía y hacia allá íbamos nosotros. Me habían dicho que el interior no es tan llamativo, pero nada más lejos de la realidad. Muros con celosías exquisitas que se mezclan con la decoración del suelo y paredes, y en el centro el recuerdo a un amor eterno. Los cenotafios de Mumtaz Mahal y Shah Jahan (que finalmente fue enterrado junto a su amada) presentan la única figura asimétrica de todo el complejo.

Qué ver en Agra

Imágen sacada de http://www.taj-mahal.net/newtaj/index.html, donde además podréis hacer una visita virtual.

Dimos cuerda a los relojes y decidimos ir saliendo dando un paseo por los jardines. Es inevitable mirar continuamente hacia atrás. Nos había enamorado el Taj Mahal y nos daba pena irnos. Tanta perfección junta no era muy habitual en India. Todo limpio e impoluto que aún no me explico como perros callejeros con la piel demacrada andaban sueltos por los jardines y metiéndose en las fuentes. Pobres animales…

Qué ver en Agra

La sonrisa nos la sacaron dos empleados cortando el césped. Un trabajo para tener paciencia sin duda alguna. Cogiendo carrerilla, entre dos empujaban la cortadora que funcionaba por inercia haciendo cortes desiguales y un tercero retocaba los bordes con unas tijeras. El paro en India no debe de existir.

Qué ver en Agra

Cosas “normales” que pasan en India

Nos quedaban apenas 2 horas para quedar con nuestro taxista y aprovechamos para ir a un ciber a vaciar la tarjeta de memoria de la cámara y pasar todas las fotos a un pendrive. Frente al ordenador y un Sprite en la mano, empezamos a oír tambores por la calle. Nos miramos y pensamos… “¿qué narices pasará ahora?”. Salimos fuera y lo mínimo que pudimos hacer fue soltar una carcajada. Se trataba de un funeral… pero un poco peculiar. La gente bailaba y tocaba tambores. Nos miraban y saludaban y a la vez me pedían que les hiciera una foto. Lástima que en ese momento estaba ocupada la cámara, porque el difunto en cuestión era nada más y nada menos que ¡¡un mono!! Al igual que a las personas, trasportaban en una camilla el cuerpo sin vida del pequeño simio. Con los brazos hacia arriba y rodeado de flores, tomaba rumbo seguramente hacia algún riachuelo. Eva y yo nos miramos de nuevo… “Lo que no se vea aquí…”

Qué ver en Agra; la ciudad fantasma de Fatehpur Sikri

A la hora acordada aparecimos con las maletas en la puerta de la agencia y allí estaba esperándonos nuestro taxista. El coche en cuestión era un Tata Indica de tamaño reducido pero suficiente. Pagamos la mitad a la agencia y el resto al taxista cuando llegáramos a Jaipur. Nuestra primera parada iba a ser próxima, a unos 40km en la antigua ciudad de Fatehpur Sikri.

Qué ver en Agra. Fatehpur Sikri

Casi todos los lugares que visitábamos tenían alguna historia curiosa, alguna historia que resultaba peculiar, así que en este sitio no iba a ser menos. En el lugar de emplazamiento de la actual “ciudad fantasma de Fatehpur Sikri”, existía una caverna en la que vivía un santo de nombre Salim Chishti. Este santo fue el que tranquilizó al emperador Akbar, preocupado por las muertes de sus dos hijos herederos, prediciendo que tendría otro vástago al que podría suceder el puesto.

Qué ver en Agra. Fatehpur Sikri

Tras el nacimiento de este hijo, Akbar le llamó Salim en honor al santo y levantó una ciudad-palacio en este mismo lugar para establecer aquí su Imperio en 1571, llamándola en un principio Fatehabad (que significa victoria). La vida de esta ciudad se resume a tan solo 14 años, cuando sin una causa todavía clara, empezó a ser abandonada y quedando finalmente en desuso, posiblemente por la falta de agua. Aquí se construyeron palacios, salas de audiencia, pabellones, jardines y mezquitas. Era una ciudad entera que ahora se encontraba desolada y varios de sus edificios en estado ruinoso.

Qué ver en Agra. Fatehpur Sikri

Qué ver en Agra. Fatehpur Sikri

Al lado se construyó una gran Mezquita con una enorme puerta y escalinatas empinadas para acceder.

Qué ver en Agra. Fatehpur Sikri

Imágen sacada de http://www.design-flute.com/

En su día llegó a ser la mezquita más grande de India y dentro se puede ver la tumba que levantó el emperador Akbar al santo Salim, totalmente de mármol y con unas celosías preciosas. Para acceder al interior hay que taparse la cabeza con un sombrero de malla. Yo me libré del gorrito puesto que llevaba mi boina. Algo típico de hacer en esta tumba es la de dejar un lazo atado en las paredes de la sala principal y pedir un deseo. Cuando este se haya cumplido habrá que venir y aflojarlo, si encuentras el tuyo, claro…

Qué ver en Agra. Fatehpur Sikri

Qué ver en Agra. Fatehpur Sikri

Tras quitarnos de en medio a un pesado que no paraba de explicarnos cosas con la mano extendida, dimos una vuelta alrededor de la mezquita y salimos hacia fuera en busca de nuestro taxi.

Ahora sí, entramos en tierras de Rajasthan rumbo a Jaipur por una carretera que estaba en muy buen estado, aunque no era difícil ver algún animal atravesado o algún coche en dirección contraria. Nuestro taxista nos paró en un restaurante a comer, que aunque ya era hora, no me parecía que quedara mucho para llegar. Entramos y vimos que la comida evidentemente es más cara pero tenía buena pinta, así que aprovechamos y comimos algo. En menos de media hora llegamos en Jaipur… bastante antes de lo que nos dijo el taxista… pero su comisión del restaurante ya se la había llevado. Una y no más…

Victor del Pozo

Mística Benarés

Siddhartha Gautama, príncipe heredero del clan de los Shakyas asentados en las faldas del Himalaya, dejó todo lujo y el bienestar de su clan encontrándose con una realidad bien distinta a la que conocía descubriendo por primera vez la vejez, la enfermedad y la muerte, haciéndole ver la vida tal como era y a lo que se estaba expuesto. Tras conocer a un asceta, decidió seguir sus pasos y  encontrar la iluminación con la que liberarse de ese sufrimiento. Dejó a su mujer e hijo y se rapó la cabeza. Se marchó a vivir una vida en los límites del ascetismo donde se acabó dando cuenta que los extremismos no eran buenos. Intentando encontrar la suprema sabiduría, la noche de luna llena de Wesak (Mayo del 523 a.C.), se sentó bajo una higuera sagrada en la antigua ciudad de Uruvela (ahora muy cerquita de Bodh Gaya) dispuesto a permanecer allí hasta conseguir el verdadero conocimiento. Esa misma noche consiguió llegar a comprender las cuatro verdades nobles; el sufrimiento existe (desde que nacemos hasta que morimos), el origen de este (el deseo), la forma de extinguir el sufrimiento (consiguiendo el Nirvana) y la cuarta verdad, el camino a seguir para conseguir todo esto (Óctuplo noble sendero)

A partir de ese momento Siddhartha Gautama se convirtió en Buda y dedicó su vida a predicar el Dharma (doctrina). Sus primeros discípulos fueron 5 ascetas compañeros suyos. Les explicó por primera vez las cuatro verdades nobles que había descubierto en un discurso que puso en movimiento la “rueda del Dharma”. La ciudad en la que ocurrieron estos hechos, predicando por primera vez la doctrina budista, fue Sarnath, a muy poquitos kilómetros de Varanasi. Esos cinco ascetas empezaron a formar lo que se denominaría Shanga (Comunidad budista) y que fue ampliada en años posteriores para dar difusión de la nueva fe.

Sarnath; el lugar donde nació el budismo

A Sarnath, ese mismo lugar en el que Buda realizó su primer discurso nos dirigirímos esa mañana (2 de Junio 2010) tras negociar con un tuk tuk que nos llevara, esperara y nos trajera de vuelta.

Lo primero que hicimos nada más llegar fue visitar el moderno templo budista Mulgandha Kuti Vihar en el que se encontraba una estatua dorada de Buda, pero lo que más me llamó la atención fue el impresionante mural que está pintado ocupando toda la pared y en el que se representa la vida de Buda a tamaño natural.

Sarnath

Sarnath

Desde fuera de este templo se ve la enorme estupa Dhamekh, y como para no verla… ¡es enorme! Pero antes de ir a ella nos daríamos un paseo por detrás del templo para entrar al parque de los ciervos, que no es más que un recuerdo vago de lo que había en la antigüedad cuando Buda dio su primer sermón.

Sarnath

La entrada al parque son dos rupias, por lo que el dinero no es motivo para no entrar. Pero una vez visto el interior os digo que podéis quedaros fuera y así no perderéis el tiempo. Un lago lleno de mierda (tampoco me extrañaba…) donde dicen que hay cocodrilos, pero que unos chicos se bañaban tranquilamente, así que ni me molesté en buscar ningún bicho. Aviarios que se parecían más a cualquier pajarería que podáis conocer en vuestro barrio y una verja que rodeaba un campo donde supuestamente teníamos que haber visto ciervos… y como habéis supuesto… no vimos ni uno. Lo mejor que saqué de aquel lugar fue un helado de mango, que aunque estaba abierto y sucio, me apaciguó el calor que llevaba.

De camino a la puerta principal de Sarnath, entramos en un templo jainista que no es gran cosa y nos llevó poco tiempo verlo. Una sala pequeña y unas paredes llenas de cuadros bonitos, eso sí.

Sarnath

Ya en la entrada a Sarnath pagamos los 100 INR y pusimos rumbo a la estupa. Por el camino no se deja ver mucho de esta antigua ciudad, ya que los musulmanes turcos la arrasaron y ahora gracias a los británicos ha vuelto a resurgir un poco su entramado de debajo de la tierra. A los pies de la estupa éramos unos canijos y realmente resulta impresionante verla, pero no tiene nada más allá que el simbolismo que representa, ya que marca el lugar exacto donde Buda predicó su primer sermón y fue justo aquí donde nació el budismo. Al otro lado de la carretera se puede entrar al museo arqueológico, pero nosotros preferimos no pasar y volver  hacia Benarés.

Sarnath

Sarnath

Sensaciones en el Ghat Manikarnika

A la vuelta el tuk tuk nos dejó de nuevo en la zona del hotel y decidimos volver a pasear por los ghat y calles de Varanasi hasta el ghat Manikarnika. De camino nos seguía sorprendiendo todo y recibíamos un saludable baño de multitudes por cada sitio que pasábamos.

Benarés
Benarés

Todo era igual que el día anterior. Nosotros nos iremos de aquí pero ellos seguirán con su río, sus rituales y sus costumbres. Un niño se subía encima de los bueyes para frotarles bien y que quedaran bien limpitos, mientras estos se relajaban y levantaban la cabeza para poder respirar.

Benarés

Paseando por los ghats puedes llegar a ver hasta un partido de Cricket en el que se tiran más tiempo en ir a buscar la pelota, incluida zambullida en el río, que en puntuar. Poco a poco nos íbamos acercando a nuestro destino y las miradas me indicaban que guardara la cámara y no se me ocurriera tontear. Pasar al Ghat Manikarnika no supone ningún problema y te dejan observar al igual que ellos te observan a ti. Es increíble lo que se puede ver en este ghat en cuestión de unos minutos. Del calor que hacía daba la sensación de estar metido dentro de un horno, aunque en cierta manera lo era. El calor aumentó considerablemente y es que el suelo entero está cubierto de ceniza que en muchos de los casos todavía está caliente. Pero lo que hace sobre todo que suba la temperatura en el ambiente son los 7 u 8 cuerpos en llamas calcinándose en ese momento. Inmóviles en el sitio observamos como bajaban cuerpos sin parar hasta este lugar y nos comentaron que aquí al día suelen hacer hasta ¡200 cremaciones!

Benarés

Los cuerpos los envuelven en un sudario pero antes los embalsaman, pintan y realizan más rituales con ellos. Después de sumergir el cuerpo en el Ganges se esperan a que quede libre alguna pira crematoria donde colocarlos. A diferencia del Harishchandra Ghat, que para prender los cuerpos se podía hacer de forma eléctrica, en el gath Manikarnika se dispone de un fuego natural el cual lleva siendo alimentado 3000 años… si, si… como lo leéis, ni más ni menos que tres milenios cuidando que no se apague la llama de Shiva. Esta labor la realizan los llamados “doms”, una casta que según cuenta la leyenda Shiva castigó por apropiarse de un arete de su esposa Sati, degradándoles desde la casta de brahmán a doms. Desde ese momento son los pertenecientes a esta casta los que se encargan del crematorio y de mantener activo el fuego de Shiva.

Benarés

Nos adentramos dentro del edificio donde se ubica la llama y las miradas nos penetraron aún más y decidimos salir antes de crear malestar en la gente. Algunos cuerpos ya estaban totalmente calcinados pero en otros podíamos ver como las extremidades se partían y caían al suelo. Tengo una imagen grabada en la retina de cuando a uno de los cadáveres le removieron la madera y sin querer dieron un golpe en la cara torciéndole el cuello y a acto seguido la pierna derecha se quedó prácticamente de un hilo. Es un espectáculo dantesco, pero desde luego si lo que se quiere ver es una costumbre totalmente distinta… este es el lugar. Tampoco podré olvidar como nuestro sudor en brazos, cara y piernas actuaba como pegamento ante miles de cenizas que volaban por los aires pegándose en nuestra piel. Si nos frotábamos un poco la piel esta tomaba un tono grisáceo un tanto desagradable a sabiendas de dónde procedían aquellos restos.

Después de un día entero quemando cuerpos, a la mañana siguiente tiran todas las cenizas al río, y en el caso que no haya prendido todo el cuerpo, se tiran igualmente los restos como estén. Todo depende del dinero que tenga la familia para pagar cantidad y tipo de leña.

Benarés

El tiempo pasa que ni te enteras observando todo aquello y salimos de nuestra nube cuando oímos hablar a alguien en castellano. Un chico y una chica bolivianos andaban al lado nuestro y nos presentamos. El llevaba viajando varios meses por Asia y la chica, que era su prima, más de lo mismo. Habían quedado justamente ese día en Varanasi para verse y pasar el día juntos y al día siguiente el partía hacia Nepal y ella hacia el Sur. Estuvimos en Manikarnika otro buen rato charlando con ellos y a diferencia de nosotros, a ellos Varanasi no les gustó mucho. Decían que era muy sucio y con mucho ajetreo, pero por mi parte creo que todo esto es lo que hace tan especial a esta ciudad. Salimos andando por detrás del ghat y nos despedimos de ellos, pero quizá en los siguientes días nos encontraríamos con la chica porque iba a hacer más o menos el mismo recorrido que nosotros.

Observar la Puja desde una barca en el Ganges

Con la tontería nos habíamos tirado más de hora y media en Manikarnika y ahora tocaba el turno de volver hacia los ghats centrales para coger una barca y ver la puja desde el río. Llegamos muy pronto y lo que hicimos fue lo que más nos gusta… observar. Un sadhu leía de un libro a un chaval joven que atentamente le miraba mientras que otro santón se dejaba fotografiar por mi cámara. Vimos pasar a otra pareja de recién casados los cuales llevaban atados parte de la vestimenta en señal de unión.

Benarés

Benarés

Ya sentados, una chica joven vendedora se nos arrimó para que la comprásemos unas pinturas para la piel. La dijimos que no queríamos pero nos pusimos a hablar con ella con nuestro básico inglés. La caímos bien y se quedó con nosotros un buen rato sentada y a Eva la hizo una flor en el brazo con las pinturas que llevaba. En cuestión de un momento otras dos chicas se nos acercaron y también se pusieron a hablar. Es curioso, pero en ese lugar había algún turista más y sólo nosotros estábamos rodeados en cada momento.

Benarés

Benarés

… Y de repente… apareció… – ooooo a mech si wuaaaaaa ooooo a mech si wuaaaaaaa jajajaja… que tio!

Benarés

Quedaría menos de una hora para que empezara la Puja y fuimos hacia las barcas para hacer un paseo anocheciendo. A esta hora los ghat ya están llenos de gente y la luz apagándose en el cielo junto a la neblina que se levantaba en el río creaba una atmósfera alucinante. Nuestro “capitán” de barco se nos estaba durmiendo por momentos y pegaba unos bostezos que a poco movía la barca. Algún sustillo se dio por mi parte… ¡Espabilaaa hombreee!

Benarés

Benarés

Nos dirigimos río arriba y volvimos a pararnos en Manikarnika donde desde aquí teníamos una panorámica general de todos los fuegos encendidos. De vuelta nos aproximamos de nuevo a Dasaswamedh Ghat y fuimos situando la barca cerca de las escaleras. Al igual que el día anterior, todo estaba preparado para la ceremonia y yo seguía sin salir de mi asombro… ¡Esto es así todos los días del año!

Nos quedamos un buen rato viéndolo pero el cansancio premiaba y todavía nos quedaba volver al hotel.

Nada más llegar dimos una última vuelta por Assi Ghat buscando al chaval que conocimos el primer día ya que le prometí que iríamos a la tienda de su padre hoy. Allí estaba y en cuanto nos vio nos pusimos en marcha. Nos metió por callejones oscuros y a Eva no le estaba molando la idea, pero en esta vida tienes que confiar muchas veces de la buena voluntad de la gente. Tiempo ha tenido en estos días si nos hubiera querido engañar. En todo momento le preguntamos que si estaba cerca su casa y como siempre, nos señalaba con el dedo y nos decía “aquí, aquí” pero nunca llegabas. Nos enseñó los talleres donde se confecciona la seda que a estas horas de la noche se encontraban en plena ebullición y extrañados se quedaban cuando asomábamos la cabeza. En esta zona prácticamente todas las casas eran talleres y el mobiliario simplemente eran unos colchones y las máquinas de trabajo.

Por fin llegamos a la casa y tras quitarnos los zapatos nos invitaron a un té, que aunque agradecidos, rehusamos. El hombre nos dijo qué es lo que queríamos comprar, pero realmente nosotros sólo estábamos aquí por curiosear y compromiso, aunque le pedí que me sacara algún fular por si me gustaba alguno llevármelo. Después de un buen rato y sacarnos mil piezas, puede ser increíble pero no me gustó ninguno y el único que me llamó la atención me pedía un dineral (pero un dineral de verdad y no bajaba nada…). Sin ningún compromiso le dijimos que nos íbamos y el chaval nos acompañó hasta la calle principal, y menos mal porque si no de allí no salíamos entre tanto callejón. Nos intercambiamos correos y nos despedimos hasta más ver.

Nos despedimos de Varanasi con la boca abierta

Ese día (3 de junio 2010) nos lo tomaríamos relajado, sin mochilas o bolsos colgando y la cámara de fotos casi todo el tiempo guardada. Tendríamos una mañana entera para pasear y así hicimos. Seguimos descubriendo rincones de esta increíble ciudad y aprovechamos para ir a mirar algunas tiendas que se encontraban por el casco antiguo. Esa tarde tendríamos que dirigirnos a la estación de Varanasi Juntion para coger nuestro primer tren indio con dirección a Agra.

Benarés

Benarés

Benarés

Benarés

Comimos en el hotel y tras relajarnos un poco con el aire acondicionado de la habitación cogimos las maletas y nos pusimos rumbo hacia la estación para estar un par de horas antes por si las moscas. Pero todavía nos tenía preparada una sorpresa más esta ciudad.

En la puerta del hotel y negociando el tuk tuk escuchamos una serie de tambores que se acercaban hacia nosotros. Cuando llegaron delante nuestra vimos que unas cuantas personas portaban una silla y sentada en ella iba un hombre cabizbajo. Como si fuera una procesión, estos hombres movían la silla de un lado a otro según marcaban sus pasos y la cabeza del hombre que estaba sentado iba y venía a lo loco. – ¡Pero si este tío está muerto! Eva, mira… que es un santón y lo van a tirar al río así sin más – No nos lo podíamos creer y decidimos posponer nuestra salida hacia la estación.

Benarés

Benarés

Rodeamos el Ghat para no acercarnos mucho por si nos decían algo y sacamos nuestras cámaras a relucir. Le dejaron en la arena mientras preparaban el barco y poco a poco nos fuimos acercando cada vez más.

Benarés

Sabían que estábamos allí y con las cámaras, pero no pasaba nada. Los hombres santos son gente que han conseguido ser tan pura que no hace falta que sean incinerados ya que el vínculo del alma con el cuerpo no existe, al igual que con los niños, puesto que su alma no ha permanecido mucho tiempo en el “envoltorio”. A esta gente los arrojan directamente al río y atándoles a una piedra para asegurarse que no floten y caigan hasta el fondo.

Benarés

El hombre se encontraba con los pies hinchados y lo tenían colocado con las piernas cruzadas. Cuando lo montaron en la barca le ataron la piedra y se prepararon para salir con él. Intentábamos concebir lo que estábamos viendo pero es imposible compararlo con nuestras costumbres, esto es increíble y no se parece a nada de lo que habíamos visto antes.

Benarés

La barca no arrancaba y se pusieron varios a mirar que pasaba, cuando por fin se escuchó el motor y todos empezaron a gritar celebrándolo. Pensamos que podríamos ver como lo arrojaban al río, pero se lo llevaron río arriba, seguramente frente a Manikarnika. Estábamos perplejos, atónitos al ver la naturalidad del trato de esta gente ante la muerte.

Benarés

¡Vaya despedida de Varanasi! Sin duda un lugar para no olvidar. Pero todo no había acabado por hoy, ya que teníamos que coger un tren y no sabíamos con qué nos íbamos a encontrar en la estación.

La odisea de coger un tren en India

Todo el mundo me había dicho que las estaciones de tren en India son increíbles, caóticas y toda una experiencia montar en un tren indio, y me había llegado a preocupar por si no sabríamos movernos bien en este transporte. – ¡Pero que narices! Si es una simple estación y un tren con un nombre y un número identificativo… no puede ser tan difícil…

Cuando llegamos a la estación, esta se encontraba abarrotada de coches y motos y en el interior teníamos un panorama de locura. Decenas de personas tiradas en el suelo, otros comiendo, otros que iban y otros que venían… Algunos hacían cola absurdamente, porque cuando llegan a la taquilla se lanzan todos como posesos a meter el brazo en la ventanilla. Nosotros teníamos nuestro billete electrónico impreso en un folio y yo me apunté aparte el recorrido completo del tren con todas sus paradas y horarios. En la pantalla salían unos cuantos trenes y entre ellos tenía que estar el nuestro, puesto que el último que aparecía salía casi una hora más tarde que el que teníamos que coger.

Trenes en India

Pues el nombre del tren estaba (más o menos…) pero el número no coincidía con el que teníamos apuntado nosotros. Me habían dicho que esto no podía pasar ya que los números son siempre los mismos… pues para joder… parecía que nos había pasado justo lo contrario. En la estación había una cabina para información al turista y allí nos dijeron que efectivamente ese era el tren que teníamos que coger y que llegaba al andén número 5. Bueno… nos lo habían dicho unos policías y estábamos algo más tranquilos, pero no del todo.

Esta estación tiene una sala para turistas con aire acondicionado y sillones. Un niño de corta edad se asomaba a la puerta y dejaba ver su torso lleno de costillas y una cara de tristeza que no se puede olvidar. En esta sala hay otra persona para vender billetes y le preguntamos nuevamente para confirmar si ese tren era el nuestro. De poco nos sirvió ya que nosotros no sabemos hablar inglés y él tenía poca paciencia.

!De repente nuestra salvación! Los primos Bolivianos aparecieron por la puerta y nos saludamos. Les explicamos lo que nos había pasado y se lo comentaron al empleado. Tampoco le entendieron muy bien y lo único que sacaron en claro es que se había retrasado el tren y tardará una hora más, pero que el número es el que teníamos nosotros y no el que sale en la pantalla… ¿Entonces? ¿Dónde sale nuestro tren? El tiempo pasaba y decidimos ir hacia el andén 5 para esperar allí. Un tren… vendedores ambulantes… dos trenes…una vaca… tres trenes… Aquí pasaba de todo pero de nuestro tren no teníamos noticias. Nos fuimos hacia la zona de control y les preguntamos cuando tenía previsto llegar el tren. Los policías muy amables nos mostraron con las cámaras de seguridad una pizarra que estaba en la entrada de la estación donde ponía escrito a mano y en hindú el número (ahora sí que coincidía) de nuestro tren y la hora prevista… ¡Ya se había retrasado media hora más!

Trenes en India

¿Y quién entiende algo aquí?

Esperamos y esperamos y les volvimos a preguntar (Estos nos arrojan a las vías por pesados… verás…) ¡Otra media hora más de retraso! La ciudad se fue oscureciendo y el andén poco a poco se iba quedando vacío. Digo yo que entre los que estábamos allí ¿alguno irá hacia Agra en el mismo tren? Pregunté a un hombre y me dijo que también estaba esperando el mismo tren y ahora sí que nos quedamos más tranquilos y decidimos pegarnos como una lapa a él.

Las 7, las 8… 8:30… y esto seguía retrasándose… solo esperaba que no se cancelase. Nos pusimos a hablar con un chico de Dinamarca que estaba viajando con un grupo de amigos por India. Él hablaba español porque había estado viviendo un año en Sevilla y casualidades de la vida, estaba esperando también el mismo tren que nosotros. Llevaba mucho tiempo viajando por aquí y no le sorprendía este retraso.

Las 9… 9:30… Anunciaban por megafonía los trenes y ni rastro del nuestro. Apenas quedábamos unos pocos en el andén y la luz de las farolas se iba de vez en cuando dejando totalmente a oscuras toda la estación. Es curioso lo de la luz en India. Durante todo el viaje se nos iba la luz en varios momentos y a veces volvía rápido y otras se tiraba un buen tiempo. Cuando te pillaba en el hotel era una putada porque te quedabas sin aire acondicionado y totalmente a oscuras. Aquí en la estación parecía que fuera fantasma en esos momentos, casi sin gente y con la poca luz que podría darnos la luna. Un panorama un tanto desolador.

– “your train will arrive at platform four”, nos dijo el policía al que le habíamos dado la murga toda la tarde. – “¿Cómo?”…  estábamos hablando con el chico danés y no nos habíamos enterado de la megafonía. Cogimos las mochilas y nos fuimos pitando hacia el andén 4. ¡Que tío más majo este policía! Justo eran las diez de la noche (más de cinco horas de retraso) y llegaba nuestro tren… con su número… con su nombre… pero !¿y el vagón?¡ Según pasaban nos fijamos y no veíamos nuestro vagón. Nos pusimos a correr hacia el final del tren y allí nos decían que era delante. Delante nos decían que atrás… y el tren llevaba un rato parado y nosotros fuera todavía. No había ningún vagón A1, o al menos nosotros no lo localizábamos. Antes de perder el tren nos metimos en el mismo vagón que los chicos daneses y allí dentro le enseñamos el billete a un operario. Nos confirmó que este era nuestro vagón… ¡¡¿¿Pero entonces porque fuera pone B1??!! Estaba escrito en rotulador y en un papel como si lo acabaran de poner, pero detrás del B1 ponía en grande A1. ¡Que desastre por dios! Pero ahora la verdad que me río cada vez que pienso en esa tarde…

No nos lo podíamos creer, pero estábamos dentro de nuestro tren y sentados en nuestras literas. Los chicos daneses al final resultó que se confundieron y tuvieron que irse a otro vagón, pero nosotros pudimos respirar cuando el revisor nos validó el billete y se marchó. Estábamos muy bien para pasar la noche y de momento no había nadie en las otras dos literas. La noche iba a ser larga hasta Agra, pero estábamos emocionados. Hacía mucho tiempo que no montaba en tren y estaba igual de ilusionado que un niño pequeño. Eva se acostó rápido pero yo me quedé leyendo el libro que me regaló Jorge Sánchez, “Un viaje iniciático a Europa”… ¿Que más podía pedir?

Trenes en India

Victor del Pozo