La isla de Olkhon en el lago Baikal

Aquella mañana la habitación del albergue estaba totalmente iluminada por la luz del día que dejaba pasar la inmensa ventana del cuarto ya que no tenía ni una mísera cortina y mucho menos persianas. Amaneció un día espléndido en Irkutsk, perfecto para irnos a hacer la excursión al lago Baikal que nos ocuparía los siguientes tres días.

Lago Baikal.

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Habíamos quedado a las 9 de la mañana en la puerta del albergue, pero entre que tuvimos que ir a buscar a más gente y estos llegaron tarde, acabamos por salir de Irkutsk casi a las once de la mañana. El conductor de nuestra furgoneta era un chaval joven de aspecto robusto y con un sentido del humor muy a lo ruso. Cuando estuvimos todos listos salimos de la ciudad en dirección este atravesando un vasto territorio salpicado por pequeños grupos de casas bajas que no me atrevo ni a llamarles pueblo. La carretera era muy recta, casi interminable y cuando llevábamos más de hora y media de camino nos desviamos por otra un poco más pequeña y animada. Los árboles desaparecieron para dejar paso a un terreno mucho más árido, una carretera sin asfaltar y con insufribles baches a cada momento que llenaban de polvo el interior de la furgoneta. Estábamos atravesando una inmensa obra que seguramente con el paso del tiempo será una carretera mucho más transitable. Pero hoy es simplemente un camino de cabras con mil desvíos y que solo el conductor sabía por dónde tenía que ir.

Llegada al lago Baikal y adentrándonos en la isla de Olkhon

La isla de Olkhon, vista desde el aire, parece un trozo de roca que se ha quebrado separándose del resto del continente y navegando a la deriva por el inmenso mar de Siberia, como se le conoce aquí al lago Baikal.

Lago Baikal.

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Para salvar la pequeña brecha que hace que Olkhon sea una isla esperamos un rato a que apareciera el ferry y todos los coches que estábamos allí nos metimos de una tacada. El trayecto es de apenas 10 minutos, pero la sensación térmica, con frio y viento incluidos, hizo que el trayecto pareciera más largo, pero aun así no quisimos separarnos de la baranda del barco y observar las vistas de un terreno que aún parecía virgen. Ahora, con este frío, sí que teníamos la sensación de estar en Siberia (y no tiene nada que ver con los -40 grados centígrados que alcanzan en invierno…).

Lago Baikal.

Lago Baikal.

¿Tienes frío David?

En la isla de Olkhon no existen las carreteras asfaltadas, y los treinta kilómetros que nos separaban de la localidad de Khuzhir donde nos alojaríamos parecía que fueran cien. Por el camino nos cruzábamos de vez en cuando con algún que otro coche ya que este era el camino habitual para salir de la isla. Olkhon no es una isla muy poblada. Apenas 1500 habitantes que viven la gran mayoría en el pueblo de Khuzhir.

Lago Baikal.

Lo habitual cuando se contrata esta excursión al lago Baikal es que te alojen en el complejo hotelero de Nikita, conocido por todos las personas que se acercan hasta aquí y que consta de una serie de cabañas reagrupadas como si fuera una granja escuela y donde se dispone de todas las comodidades. Pero realmente nosotros no queríamos eso. No sabíamos si iríamos allí o a otro sitio, porque la verdad que no nos enteramos bien cuando lo contratamos. Solo sabíamos que una tal Olga nos recogería y la tendríamos que dar un vale para justificar que ya teníamos pagado los 150€ por persona que costaba el alojamiento y el servicio hasta que nos fuéramos.

Visitando el pueblo de Khuzhir en el Lago Baikal

Cuando llegamos al pueblo de Khuzhir, en una de las primeras casas, el conductor paró el coche y nos llamó. Nosotros salimos y el resto de gente se fue al famoso Nikita. Olga, una mujer de mediana edad, nos saludó y nos hizo pasar a su casa. Resulta que la tal Olga no tiene nada que ver con el albergue Nikita y que por lo visto se estaba construyendo en su casa otro tipo de albergue pero que aún le quedaban muchas cosas por hacer.

 

Lago Baikal.

Esta es la entrada a la casa de Olga

En esos momentos éramos nosotros sus únicos inquilinos y nos dio una habitación doble y otra individual para David. Nos enseñó los baños, aseos, el comedor y la famosa banya (sauna) que acostumbran tener todo el mundo aquí en sus casas. Desde luego que acabamos encantados con el alojamiento. Olga y su familia trabajaban en la casa todo el rato haciendo reformas, clavando maderas, pintándola y la verdad que estaba todo un poco destartalado. Pero el lugar era de lo más agradable. Más campestre imposible. Realmente nos había salido bien la jugada.

Lago Baikal.

Como habíamos salido tarde ya se nos había hecho la hora de comer y Olga nos tenía la comida preparada. De primero teníamos una especie de sopa castellana que estaba de muerte y un segundo plato que no me acuerdo por qué no lo pude comer por mi dolor de muela… Y si… aquí comienza mi particular batalla con el dolor de muela que no me abandonó hasta que nos fuimos. La verdad que fue una gran putada (y perdón por la expresión, pero fue así…) que justo en este lugar la muela me doliera de esa manera, y más viendo como cocinaba la señora Olga que era para relamerse los dedos.

Lago Baikal.

A partir de este momento era imposible verme sin una botella de agua fría en la mano. Me tomaba calmantes e ibuprofeno, pero cuando estos dejaban de hacer efecto, el agua fría en la muela me aliviaba un tiempo. Pero aún no me acaba de doler tanto… (lo peor llegaría al día siguiente).

Con el estómago lleno (algunos…) nos fuimos a dar un paseo por el pueblo de Khuzhir. No teníamos nada más que hacer en toda la tarde. Relax y a disfrutar de nuestras vacaciones. Y la verdad que relax en este pueblo hay mucho. Pasear por sus calles de tierra es lo más parecido a lo que sería pasear por un pueblo del viejo oeste.

Lago Baikal.

Cruzarte con alguna persona era fruto solo de la casualidad. De camino vimos alguna tienda, algunas casas de huéspedes y varias vacas pastando plácidamente. Algunos coches destartalados parecen estar aparcados en el mismo sitio desde el siglo pasado. Solo algunos perros que ladraban a nuestro paso nos hacían ver que no estábamos solos en el pueblo.

Lago Baikal.

Al fondo de la calle vimos el albergue Nikita y pasamos a verlo y a charlar con los españoles que nos encontramos en Irkutsk que también se habían venido a pasar un par de días por aquí.

Lago Baikal.

El albergue Nikita en el lago Baikal

Al otro lado del pueblo se nos descubrió el Maloe More, el pequeño mar que ha surgido entre la Isla y la costa oeste del Baikal. Allí no se escuchaba nada. Absolutamente nada. Bajo nosotros se hallaba el cabo de Burkhan, envuelto en numerosas leyendas místicas y que da imagen a los folletos turísticos del Baikal. Nos fuimos hacía allí para sentarnos un rato y observar la paz del lugar.

Lago Baikal.

Cabo de Burkhan en el lago Baikal

Solo nos acompañaban cerca una pareja joven que desafiaron las frías aguas y se dieron un baño. Pero nosotros preferimos mantenernos secos y seguir paseando.

Lago Baikal.

En lo alto del acantilado hay pilares de madera envueltos en decenas de telas atadas que los buriatos y turistas dejan para honrar a los espíritus que rondan el lugar como símbolo de la cultura de los chamanes.

Rodeamos el pueblo atravesando una playa paradisíaca salpicada por pequeñas charcas que sería un lugar ideal para darse un baño si el tiempo y sobre todo el viento acompañaran.

Lago Baikal.

Playa en el lago Baikal

Se trata de un pequeño desierto en medio de un lugar lleno de vida, ya que en el Baikal hay una biodiversidad impresionante. Aunque parezca un lugar aparentemente poco habitado, este lugar recoge más de mil especies de plantas y animales. Nosotros, salvo los más comunes, no pudimos ver nada, pero nos hubiera encantado ver a las Nerpas que son la focas características del Baikal, pero estas se hayan en otros lugares “menos” poblados de la isla.

Lago Baikal.

Como el día iba de relax, lo quisimos acabar totalmente relajados y nos fuimos a una de las rocas que se asoman al lago Baikal para ver la puesta de sol. El dorado del cielo se iba impregnando en nuestras caras y en las rocas según llegaba el crepúsculo.

Lago Baikal.

Lago Baikal

Al rato nos dimos cuenta que no éramos los únicos que habíamos decidido acabar el día de esa manera y algunas personas aparecieron a lo largo del acantilado para observarlo. Nadie quería perderse aquel atardecer en un lugar tan mágico.

Lago Baikal.

Lago Baikal

Cuando el ocaso llegó, los tejados del pueblo lucían a medias tintas entre el sol y la luna. Los perros y algún gallo despistado creaban alboroto en medio de aquel imponente silencio y eran los únicos sonidos apreciables en nuestro camino de vuelta a la casa de Olga.

Lago Baikal.

Cuando la luz del día desaparece, el pueblo queda envuelto en una atmósfera misteriosa, como si desapareciera del mapa. La luminosidad se reduce a unas pocas bombillas en las calles más principales y a las luces que salen de las ventanas de las casas.

Lago Baikal.

Esa noche Olga nos tenía preparado para cenar un pescado revuelto que me quedé con unas ganas tremendas de probar, pero mi dolor de muela no me permitía morder nada que estuviera medianamente sólido. Al final me fui a dormir con más hambre que un perro lazarillo, y aún sin comer nada, pasé una noche horrible con el dolor de muela. Me tomaba a la vez un ibuprofeno y un paracetamol de un gramo cada uno, pero ni con esas se me pasaba. Al rato me tomaba un relajante y tampoco hacia efecto. Al final, el sueño pudo más que el dolor y con la boca llena de agua fría pude dormir a ratos.

Excursión por Olkho en el lago Baikal

A la mañana siguiente yo seguía igual, con la botella en la mano y sin desayunar nada. Ese día teníamos programada una excursión por la isla de Olkhon y no me la quería perder, así que me preparé cuatro litros de agua bien fresquita y nos montamos en la furgoneta que nos llevaría rumbo al norte de la isla.

Lago Baikal.

Nuestro transporte era un bus UAZ, una reliquia de la antigua URSS que vi por primera vez en Moscú y pensé que no vería muchas más. Unos auténticos todo terreno y no lo que se fabrica hoy en día. ¿Y comodidades? todas las que se necesitan. Aire acondicionado abriendo media ventanilla, insonorización del ruido del motor por una caja metálica que va entre el conductor y el acompañante, elevalunas con manecilla, dos faros redondos para ver bien de noche y dos intermitentes para señalizar y no ocasionar ningún accidente.

Lago Baikal.

¡Pero no solo se queda la cosa ahí! También tiene un volante enorme para mover la dirección que está tan cerca del conductor que no hace falta ni equipar airbag, cuatro ruedas motrices que son capaces de subirse por cualquier pared y lo mejor de todo, unos asientos acolchados para que te sientas como en tu propia casa. Lo dicho…  ¡Una auténtica joya! Que ilusión me hizo poder montarme en uno. Con él nos podíamos meter por cualquier camino por impracticable que fuera. Montones de arena, rocas, barrancos… ¡Podía con todo!

Y así fuimos, bote tras bote recorriendo los kilómetros que nos separaban hasta el cabo Joboy, la parte más septentrional de la isla de Olkhon. De camino nos fuimos parando en varios parajes con cierta belleza paisajística, como un pequeño desierto de dunas doradas donde hace años se ubicaba una cárcel o el acantilado de los hermanos, por ponerle un nombre a dos formaciones rocosas parecidas que se adentraban en el lago.

Lago Baikal

Lago Baikal

Lago Baikal

Lago baikal

Este pequeño embarcadero es lo único que queda de la antigua cárcel que se situaba en Olkhon

Lago Baikal.

Pero más que paisaje, que sin duda era bonito, lo más emocionante era poder estar allí en ese momento. Estábamos rodeados por uno de los lagos más grandes del mundo y con una antigüedad de unos 25 millones de años… Ahí es nada. Si miramos desde el cabo de Joboy (el punto más septentrional de la isla) hacia el norte podríamos pensar perfectamente que estábamos viendo un mar y no un lago.

Lago Baikal. Cabo Joboy

La línea del horizonte se desdibujaba cientos de kilómetros más adelante y lo único que veíamos era agua. Agua y más agua. Tanta que podría abastecer a la población mundial varias decenas de años sin tener ningún problema de sequía. Y pensar que todo este lago se congela en invierno, me entra frío solo de pensarlo. De hecho, cuando se construyó la vía transiberiana, el lago quedaba en medio del recorrido y el tren tenía que atravesarlo subido en un rompehielos que llevaba de nombre “Baikal”, y pese a que hubo otros barcos posteriores, este era el único que podía atravesar los varios metros de grosos del hielo que se crean en invierno.

Lago Baikal.

Lago Baikal.

Pero cuando la climatología era muy adversa (si podía serlo más) y el rompehielos “Baikal” no podía surcar sus aguas, la única manera de que los pasajeros cruzaran el lago era ¡en trineos! Desde luego no se puede decir que fuera un viaje de placer… aunque hoy en día yo pagaría por hacerlo.

Lago Baikal.

Lago Baikal.

Esto tuvo que ser así hasta que se construyó el tramo de vía del Circumbaikal en 1905 (5 años después de que se inaugurara la línea transiberiana), un tramo que es de una belleza extraordinaria por lo escarpado de su recorrido atravesando decenas de puentes y lamiendo las costas del lago.

Lago Baikal.

En el cabo de Joboy, con agua a un lado, al otro y al fondo y sentados en la última roca junto a un poste lleno de lazos, permanecimos unos minutos en silencio. El viento soplaba fuerte y comenzaba a refrescar un poco. En un rato nos esperaba nuestro conductor, resguardado entre los árboles, para deleitarnos con una comida campera donde las haya. En cubos metálicos y con los ingredientes más básicos nos preparó una sopa de pescado que hubiera degustado mucho mejor si no fuera por el dolor de muela, a la que el calor del caldo no la vino nada bien. Pero como llevaba sin comer casi un día y aprovechando que esto no era tan sólido, me llevé a la boca unos cuantos bocados. Si me viera mi madre comer pescado de esta manera, me recordaría los muchos berrinches que la daba de pequeño cuando me lo ponía en el plato, a los que mi madre siempre respondía… “¡lástima hambre de dos semanas…!”. Y qué razón llevaba…

Tras la comida pusimos rumbo al pueblo bordeando la costa contraria por la que vinimos. Los botes que pegaba la furgoneta atravesando esos caminos no le hacían nada bien a mi muela y en alguna ocasión se me saltaron incluso las lágrimas. En uno de esos momentos de dolor intenso llegué a comentar que si me ponían un avión en ese momento de vuelta a Madrid, me lo cogía sin pensar. Y es que un dolor de muelas se puede hacer insoportable en algunas ocasiones, tanto como para decir esas barbaridades.

Lago Baikal.

Aquí tenemos parte de nuestros compañeros de ruta. A la izquierda una mujer mayor que la catalogamos como “megarrusa” por la energía que tenía (aunque ahora iba dormida…) y a la derecha una chica rusa que sabía inglés y nos iba traduciendo lo que decía el conductor.

Una de las paradas que hicimos fue en un acantilado que tenía forma de cuernos. El conductor nos comentó que se trataba de un lugar donde la gente arrojaba monedas y pedía sus deseos. Desde luego el lugar era para enmarcar.

Lago Baikal.

Justo en esta parte del lago Baikal se haya la zona con más profundidad. Me asusta el simple hecho de pensarlo. Más de 1600 metros de abismo hasta llegar a su oscuro fondo. Se dice pronto, pero a mí me cuesta imaginarme esta enorme grieta en medio del continente. Este es uno de esos milagros geológicos que existen en el mundo y que posiblemente haga que con el tiempo tenga más profundidad o quizá al revés, según le dé a la madre tierra.

Lago Baikal.

En la villa de Uzury se encuentra una estación meteorológica que toma todo tipo de medidas para saber en todo momento las posibles variaciones de este ecosistema. Este pequeño pueblo, por llamarlo de alguna manera, es el punto perfecto para estudiar los movimientos sísmicos que se generan a lo largo del año en las profundidades del lago Baikal. Pero nosotros no notamos temblores ni nada parecido. A nosotros solo nos pareció un lugar ideal para un retiro de una temporada y regresar como bebes sin estrés alguno.

Lago Baikal.

A mi particularmente me vino genial la parada porque me estaba quedando sin mi “anestésia”, totalmente indispensable ese día, y aproveche a rellenar la botella de las propias aguas del Baikal. El conductor me comentó que no había ningún problema en beber de esa agua porque era muy pura, pero realmente tenía que acostumbrarme a escupirla porque me había convertido en una máquina de orinar y no podíamos estar parando cada dos por tres para que el niño soltara el chorro.

Lago Baikal.

Disfrutando de una Banya en el lago Baikal

Cuando llegamos de nuevo a nuestro punto de partida Olga nos estaba preparando la banya para que la pudiéramos utilizar esa tarde. No nos faltó tiempo para ir a por nuestros bañadores (ya que no era plan de quedarnos en bolas porque ese día habían llegado dos chicas francesas) y bajar de nuevo para pasar el resto de la tarde relajados.

Lago Baikal.

Aunque si os digo la verdad, no había dios que aguantara allí dentro más de 5 minutos. Nada más entrar por la puerta el calor ya se hace sofocante, pero cuando entras justo donde está la caldera, ¡Dios…¡ ¡Era como estar en el infierno! Yo no sé la cantidad de grados que podía haber allí, pero rondaríamos los 80 grados seguro. Si te estás quietecito sin hacer nada, al final el cuerpo se acostumbra y consigues aguantar sentado un rato y sudando como un pollo, pero la gracia de estas saunas es echar agua fría en las piedras para que se evapore y te des un baño de vapor. Justo en la puerta hay un cubo a rebosar de agua fría y con un cazo cogíamos un poco para arrojarlo a las piedras. Ese era el momento justo en el que teníamos que salir corriendo de allí porque el propio vapor te abrasaba el cuerpo y se hacía insoportable estar dentro.

Esta gente se puede tirar en invierno sin darse una ducha normal durante semanas y lo que hacen es utilizar la banya para asearse, y desde luego no se puede decir que no se queden bien limpios, porque con lo que sudas se te queda la piel tan limpia y con los poros tan abiertos que cualquier suciedad que tengas se separa de tu cuerpo en cuestión de segundos.

El resto de la tarde, que no era ya mucho, nos quedamos lavando la ropa, tendiéndola y nos fuimos a dar un último paseo antes de que estuviera la cena preparada.

Lago Baikal.

Esa noche yo volvía a tener problemas para dormir por culpa de la maldita muela, y cada vez que me recostaba, el dolor se hacía insoportable. Hasta que no me dieron las 4 de la mañana no pude conciliar el sueño y como no podía escupir el agua que me metía en la boca para relajar el dolor, cada dos por tres me tenía que bajar a la calle a desahogar la vejiga.

A la mañana siguiente nos vendrían a buscar para llevarnos de vuelta a Irkutsk y nos pusimos los despertadores para que nos diera tiempo a desayunar y poco más. Cuando me levanté llegó mi sorpresa y mi alegría. Toda la droga que me estuve tomando estos días atrás para la infección de la muela por fin surgió efecto y me levanté como un roble, con cierta molestia pero sin el dolor tan intenso del último día. No me lo podía creer que justo cuando nos íbamos se me fuera a quitar el dolor, pero más vale tarde que nunca, porque aún nos quedaba mucho viaje. No quise desayunar por si me volvía el dolor y tampoco me separé de la botella de agua por el mismo motivo. De camino a Irkutsk no tuve ningún problema más y finalmente decidí no ir a ningún dentista como habíamos pensado el día anterior.

La furgoneta nos dejó en la puerta de nuestro albergue y pagamos un poco de dinero para utilizar internet y dejar las mochilas toda la tarde ya que el tren salía por la noche. Nuestro siguiente destino era la capital de Mongolia, Ulán Bator, y no teníamos reservado ningún alojamiento, por lo que nos pusimos a buscar en internet y reservamos una noche en un hostel que se veía bien situado.

Las siguientes dos noches nos la volveríamos a tirar en el tren, por lo que nos fuimos a comprar cosas para comer y dos horas antes de la salida del tren nos cogimos las mochilas y nos fuimos andando hasta la estación. La verdad que nos vino genial estos días de relax en el lago Baikal (a parte del dolor de muela mío) y habíamos cargado totalmente las pilas para afrontar la siguiente etapa del viaje que prometía ser cansada. Mongolia nos esperaba y aún no sabíamos lo que íbamos a hacer, pero ya tendríamos tiempo el día que llegábamos para decidirlo. Ahora tocaba seguir disfrutando de nuestro viaje en tren.

Víctor del Pozo

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21 Responses to La isla de Olkhon en el lago Baikal

  1. Babyboom says:

    Vaya fastidio lo del dolor de muela que no te dejó hasta el último día 🙁 Debías estar muy chungo para quererte volver a Madrid, jejejeje. El lugar tiene una pinta estupenda y la verdad unos días allí no me vendrían mal, a ver si algún día de estos puedo copiarte el recorrido y seguro que aterrizo también en la casa de Olga que tiene muy buena pinta!!! Un abrazo. 😉

  2. El Da says:

    que pasa pichita…la verdad que fueron unos dias de descanso geniales, despues de tanto tren el cual parecia ya nuestra casa, solo nos faltaba recibir el correo en el.
    mmmmm que comida y que sauna, aunque tu muelita no nos permitio pasarnoslo genial, esos parajes y puestas de sol, quedan en la retina.
    Cada segundo era una experiencia.
    Nos vemos en Ulan-Bator.

  3. M.Teresa says:

    Me ha sorprendido la biodiversidad que hay en esa zona. Pensaba que era un lugar mucho más inhóspito. La puesta de sol ¡espléndida!

    Un abrazo

  4. Que lugar tan espectacular! Definitivamente tengo que visitarlo algún día. Lástima que te diera tanta guerra la muela… lo bueno es que no dejaste que eso te parase!

  5. Alfonso says:

    El lago Baikal … está realmente en Rusia porque … así lo dicen los mapas, pero mi sensación allí (quitando la zona sur -Irkutsk y tal-) fue que … era otro país, otra cultura … otros sentimientos, … otro misticismo … como la mágina Isla de Olkhon, porque como sabes no es una simple Isla … es un lugar mágico …

    Gracias por compartir y un saludo.
    Alfonso – http://www.thewotme.com

  6. Victor says:

    Buenas Adela! Pues si aterrizas en la casa de Olga, verás las comidas que hace… mmmmmm. Quien las pillara sin dolor de muela jejejeje

  7. Victor says:

    Que no te lo pasaste bien por mi dolor de muela??? Pues menudo cachondeo tenias… Aunque bueno… el cachondeo realmente fue más adelante… como me llamabas??? mofli??? CABRÓN!! ;P

  8. Victor says:

    Realmente parece que no te vayas a encontrar con nada, pero por lo visto hay mogollón de especies de animales, tanto en el agua como fuera. La verdad que fue una lástima no poder ver muchos y sobre todo a las focas… pero bueno… mucha suerte sería.

  9. Victor says:

    De viaje la verdad que se aguanta casi todo y por una mierda muela no iba a perderme este lugar. Me imagino que como haríamos cualquiera de nosotros…

  10. Victor says:

    Estoy totalmente de acuerdo contigo Alfonso. No era nada parecido a lo que habíamos visto antes en Rusia, aunque me imagino que lugares así tiene que haberlos por la inmensa Siberia. Realmente la cultura en este lugar empieza a cambiar y se nota un montón. Esta zona ya linda con la región de Buriatia y se nota el cambio cultural.

    Sin duda Olkhon es un lugar para pararse unos días en un viaje como este.

  11. Blai says:

    En una palabra: IMPRESIONANTE.

    De verdad, este lugar está en mi lista desde hace tanto… Y en el fondo, viendo las fotos, creo que he hecho bien de esperar a una buena época para viajar hasta allí. En invierno, a parte de que es muy difícil acceder, bueno difícil no; carísimo), los paisajes no son la mitad de bonitos.

    Y ya recuerdo que me contaste lo de la muela… Qué putada tío…

    En fin, que un muy fuerte abrazo desde Tailandia, y que deseando estoy que nos cuentes sobre Mongolia!

  12. Belén says:

    Por fin tengo un rato para leer tu relato del Lago Baikal. Una descripción muy detallada y muy buenas fotos. La puesta de sol tuvo que ser genial y la excursión que hicistéis al día siguiente en el autobús todo terreno también. Y lo de quedarse en casa de esa señora fue una suerte y que encima os cocinara comida local, mejor que el hotel, aunque tú no pudieras comer mucho. Siento lo de tu dolor de muelas, sí que es cierto que es un incordio tener un problema de salud cuando viajas, lo sé por experiencia, pero al final se hace lo que se puede para seguir disfrutando del viaje. Un abrazo.

  13. No sabes lo que te comprendo con el tema del dolor de muelas, la botella de agua fría y el tener que tirarla, porque sino no se para de ir a mear… toco madera porque aún en un viaje no me ha pasado, pero si que he tenido alguna temporada chunga y es algo insoportable.

    En cuanto a la entrada, un lugar estupendo, seguro que las aguas del Baikal te sanaron al menos por un tiempo jeje

    Un abrazo!!!

  14. El Da says:

    Mofli, mofletitos…..No lo tengas en cuenta, tu hubieras hecho lo mismo…me porte bien. me lo pase teta, pero hubiera estao mejor, si hubieras estao 100%. una saunita???

  15. Una putada lo de la muela Víctor pero seguro que viendo esos paisajes el dolor era menor. Que maravilla estar en el Baikal!! Y encima encontráis una cocinera estupenda, que más se puede pedir?? Gracias por las fotos y por compartir tus vivencias allí!
    Un abrazo

  16. Mimaletayyo says:

    A ver si poco a poco me pongo al día con tus relatos que ultimamente te tengo abandonadico…
    La verdad es que parece una excursión muy interesante con unas vistas muy bonitas (sobre todo el atardecer del primer día, que es espectacular). Lo de la sauna es una experiencia que tienes que hacer en lugares como este. Una pena el dolor de muelas. Creo que todos hemos pasado por un dolor así y que te pase en mitad de un viaje tiene que ser horrible…
    Un saludo 😉

  17. Victor says:

    Que tal Helena! Al día me tengo que poner yo, que me voy a Perú y me tengo que leer tus relatos aún… Aún no he mirado nada de Perú!!! jejeje.. Lo mio no tiene nombre.

    Ya te preguntaré alguna cosita seguro…

    Un abrazo!!

  18. juan carlos rosales says:

    hola oye una pregunta sabes si de la isla olkhon salen botes o barcos para ulan ude

  19. hola
    oye una preguntota, no sabes si de la isla olkhon salen barcos a ulan ude???

  20. SANDRA PAYAS GARCIA says:

    Buenas me gustaría saber con quien contratasteis el tour de 3 días?
    Muchas gracias y muy bonitas las fotos.
    sandra

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