De Friburgo a Annecy pasando por Gruyéres. Final del viaje.

Nuestra última ruta por Suiza también fue una de esas improvisadas en el momento. Teníamos el punto de partida en Berna y sabíamos que acabaríamos en la ciudad francesa de Annecy, pero de camino, numerosos pueblos y ciudades eran los posibles candidatos para integrarse a la ruta que nuestras cabezas empezaban a ingeniar.

Visitando Friburgo

Muy cerquita de Berna, y ya siempre en dirección al sur, se encuentra la ciudad de Friburgo a la que llegamos un poco perdidos sin saber muy bien donde aparcar para ver lo más interesante. Finalmente, tras dar alguna vuelta, aparcamos muy cerquita de la ciudad vieja bajo el convento de Ursulinas en la calle de los Alpes, una calle que baja hasta la catedral y que bien podría valer de mirador para descubrir los paisajes abruptos donde se ubica la ciudad.

Friburgo

Esta ciudad comparte nombre con la Friburgo alemana y no por casualidad, ya que el fundador de la Friburgo suiza fue el ya conocido Bertoldo V en el 1157 , que era hijo de Konrad el cual fundo en 1120 la Friburgo alemana

Viendo estas vistas lo primero que se nos pasó por la cabeza fue que ese día iba a ser un día de subir y bajar cuestas y os aseguro que no nos equivocamos. Bajando la calle en la que nos encontrábamos llegamos hasta la plaza donde se encuentra el ayuntamiento y donde se había levantado el típico mercado mañanero de frutas, carnes y como no… huevos de pascua adornados de diferentes maneras.

Friburgo

Huevos de Pascua

Caminamos por el mercado a lo largo de toda la Grand-Rue que es la calle principal de la antigua ciudad medieval y tras los puestos de fruta se asomaban las viviendas de la antigua aristocracia y alta burguesía. Por la izquierda se habría estrechas calles solitarias llenas de bolsas de basura de los restaurantes y del propio mercado, y al otro lado, la catedral de San Nicolás con su impresionante torre de 74 metros de altura.

Catedral de Friburgo

Como era de esperar, entramos a ver su interior y como el exterior, la arquitectura gótica es la empleada para rematar arcos y bóvedas de crucería. La parte alta de la nave es recorrida por una galería y bajo esta, numerosos cuadros se alinean en todo su perímetro, me imagino que con imágenes de santos. Algunos detalles más a destacar son la bóveda de crucería entrelazada del presbiterio y una pequeña pila bautismal de finales del siglo XV.

Catedral de Friburgo

Catedral de Friburgo

Catedral de Friburgo

La ciudad de Friburgo nació junto al río Sarine, a un nivel más inferior del que nos encontrábamos, y hacia allí fuimos atravesando el puente Zähringen desde donde se pueden tener una de las mejores vistas tanto de los primeros vestigios junto al río como de la parte superior por donde acabábamos de pasar con la torre de la catedral destacando sobre cualquier otro edificio.

Friburgo

Friburgo

Por una escalinata junto a la muralla llegamos a la puerta de Berna y con ello, al punto más bajo de la ciudad diseñada según el capricho del río. Esta parte de la ciudad, menos ajetreada y algo menos conservada, es un buen lugar para pasear y seguir viendo lugares interesantes. De hecho, las mejores vistas las íbamos a tener en este sitio en vez de en lo más alto, al menos a mi gusto.

Friburgo

La calle desemboca en la plaza del Herrero rodeada de bonitos edificios y custodiada por las montañas a la vez que cercada por el río. En el centro de la plaza se puede ver otra fuente del escultor Hans Gieng, el mismo que realizó numerosas fuentes que pudimos ver en Berna, y en esta ocasión, dedicada a la Lealtad.

Friburgo

La silueta de esta parte de la ciudad está hecha al antojo del río como había dicho antes, y para salvarlo teníamos varios puentes por cruzar como el puente de Berna, de madera y con la misma forma que habíamos visto en otras ciudades suizas, o el puente Medieval, de piedra y para mi gusto mucho más bonito desde donde se observa una de las mejores vistas de Friburgo.

Friburgo

Puente medieval

Friburgo

Vistas de Friburgo desde el puente medieval

Empezamos a machacarnos las piernas con largas escalinatas y pronunciadas cuestas hasta llegar de nuevo a la plaza donde está el Ayuntamiento.

Friburgo

Anduvimos en dirección al convento donde teníamos aparcado el coche, pero en esta ocasión por las calles más comerciales hasta que decidimos dejar esta bonita ciudad para seguir con nuestro camino hacia uno de los pueblos más famosos y turísticos de Suiza.

Gruyéres y sus quesos

Como buenos amantes del queso no podíamos desaprovechar la oportunidad de acercarnos hasta el lugar donde se fabrica uno de los más famosos quesos. El de Gruyer.

Gruyéres

El pueblo de Gruyéres se encuentra en el mismo cantón de Friburgo, a tan solo 30 kilómetros de donde estábamos, por lo que tardamos poco en llegar. Este pueblo se encuentra en lo alto de una colina y el coche hay que dejarlo abajo en uno de los dos parking que hay gratuitos y comenzar la subida a pie hasta la pequeña barbacana que da acceso a una de las entradas del pueblo.

Gruyéres

Gruyéres

A esta entrada se le llama “belluard” y sobre el arco de entrada hay dos guerreros pintados los cuales resistieron los primeros ataques de Berna allá por el siglo XIV.

Pasada esta puerta llegamos a la plaza del pueblo, amplia y estirada que conserva muy bien su aspecto medieval, pero que estaba llenísima de gente. Restaurantes, tiendas de souvenirs, tiendas de quesos… todo era única y exclusivamente para el turista. De verdad que creo que en este pueblo no vive nadie y que en la entrada se nos pasó por alto ver la máquina de fichar de todos los que trabajan en este pequeño lugar. Pero aun así, me parece un lugar bonito de visitar y que no lleva mucho tiempo hacerlo.

Gruyéres

Gruyéres

Merece la pena entrar a alguna de las tiendas donde venden productos típicos para echar un vistazo a los quesos y ponerse los dientes largos, pero evidentemente no recomiendo comprarlos aquí por los precios que tienen.

Gruyéres

Al fondo de la plaza se encuentra el antiguo depósito de sal y si lo sobrepasamos llegaremos hasta la zona donde se encuentra el castillo, construido en el siglo XII y de forma imponente sobre la parte más alta de la pequeña montaña donde está el pueblo. Nosotros decidimos no entrar y simplemente lo rodeamos por el exterior en un paseo la mar de agradable con vistas a todo el campo verde salpicado con pequeñas agrupaciones de casas.

Castillo de Gruyéres

Justo al lado del castillo, de vuelta a la plaza principal, está el museo de Hans Ruedi Giger, un lugar tenebroso con arte fantástico donde los aliens son los principales protagonistas. Este escultor saltó a la fama por el Oscar que se le dio al mejor diseño de escenarios en la película Aliens, el octavo pasajero y como os podéis imaginar, este personaje junto a otros tantos monstruitos se pueden ver en su interior.

Gruyéres

Yo pasé a una parte de la sala pero me privé de hacer alguna fotografía, pero aquí tenéis la página oficial del museo HR Giger por si os interesa echar un vistazo.

Justamente enfrente del museo podéis tomaros una cerveza en un lugar muy peculiar y rodeados de un ambiente macabro que seguro no podréis estar relajados en ningún momento…

Gruyéres

Hasta ese momento todavía no habíamos visto muchos quesos por lo que nos cogimos el coche y bajamos hasta la Maison du Gruyére para ver cómo se elaboraba este preciado manjar. Su denominación de origen protegida le hace ser uno de los quesos más buscados de la zona, aunque la verdad  que no hay que buscar mucho porque lo puedes encontrar en cualquier sitio.

Queso de Gruyere

En esta fábrica, dedicada sobre todo al turista, se puede ver todo el proceso de elaboración a través de una visita con audio guía en aproximadamente media hora. Esta visita creo que cuesta dinero, pero no me digáis como conseguimos llegar al interior sin pagar ni un chavo, porque ni me acuerdo. Solo recuerdo que de pronto estábamos junto a las audio guías y según dejaban unos la suya, la cogimos nosotros y tiramos para dentro.

Queso de Gruyere

Durante el recorrido se puede ver todo el proceso de elaboración, desde que sale la leche de la vaca hasta la maduración del queso con información detallada en videos explicativos e in situ en la fábrica que está justo debajo.

Queso de Gruyere

Queso de Gruyere

El almacén donde están los quesos era increíble y no daba abasto a tragar toda la saliva que se me estaba generando en la boca.

Queso de Gruyere

Lo mismo que en el pueblo, aquí sale caro comprar queso, por lo que tras la visita y ya de camino a Francia nos pusimos a buscar algún Coop o Migros que fueron los supermercados que nos abastecieron durante todo el viaje a Suiza y donde los precios están muy bien para no dejarse el hígado en la visita al país alpino. Además de quesos, compramos numerosas tabletas de chocolate y con el bolso lleno, pusimos rumbo a Annecy en lo que serían nuestros últimos kilómetros por carreteras suizas.

Parada en Annecy (Francia)

En este bonito pueblo a pocos kilómetros de Ginebra pondríamos nuestro punto y final al viaje. Lo elegimos por varios motivos. El primero por la cercanía a Suiza, a tan solo unos pocos kilómetros de Ginebra en la misma dirección de vuelta a España. Otro sin lugar a dudas fue su precioso casco histórico que es bañado por varios canales que desembocan en el Lago de Annecy. Y otro motivo no menos importante, porque en él había un hotel formula1 donde ahorrarnos un dinerito esa noche.

Como el hotel estaba retirado del pueblo, decidimos que parte de lo que nos habíamos ahorrado en el hotel lo gastaríamos en pagar un parking y pasar el resto del día en la ciudad, por lo que llegamos hasta el mismo centro y dejamos el coche quietecito ya hasta que nos fuéramos por la noche a descansar.

Annecy

En la orilla de los canales se juntan artistas callejeros como este pintor de retratos.

Nos encontramos con una ciudad bastante más grande de lo que nos esperábamos, llena de gente y muy animada por todos los sitios, aunque el mayor gentío se encontraba a las orillas del lago donde la gente pasaba el día paseando o tumbados en el césped pese a que el cielo se estaba empezando a nublar y presagiaba lluvia inminente.

Annecy

Rápidamente nos fuimos hacia el casco histórico y lo primero que nos encontramos fue la antigua prisión levantada en una pequeña isla en medio del canal. La imagen que representa a este pueblo es sin lugar a dudas la que teníamos delante nuestra. Una casa fortificada que también se llegó a utilizar como casa de moneda en la época de los condes de Ginebra (ya que hubo un tiempo que Annecy dependió del condado de Ginebra) y que hoy en día es un museo que alberga desde piezas de arqueología hasta arte contemporáneo. La estampa de este edificio en medio del canal nos hacía pensar que disfrutaríamos mucho paseando por la ciudad.

Annecy

Y así hicimos. Nos perdimos por todas las calles, callejones y puentes que veíamos. No teníamos guía de la ciudad pero nos daba igual. Para pasar una tarde tranquilos en este bonito pueblo no nos hacía falta nada más que nuestros ojos y ganas de subir cuestas.

Annecy

El castillo de Annecy se encuentra en todo lo alto y hasta allí fuimos para ver que se encontraba en obras buena parte de él. Esta fue la residencia de los condes de Ginebra hasta 1394 y después fue ocupado entre otros por la casa de Saboya. Hoy en día es gestionado por la ciudad de Annecy y alberga en su interior otro museo de arte contemporáneo donde también hay cabida para obras religiosas y más exposiciones.

Annecy

Desde este punto veíamos los tejados viejos de la ciudad de Annecy cubriendo las bonitas casas que formaban un laberinto de calles a las que descenderíamos desde aquí.

Annecy

Annecy

Annecy

Annecy

Sin un rumbo fijo vagamos por las viejas calles atravesando varios canales adornados con tiestos, rincones preciosos que parecían haberse parado en el tiempo, plazas rodeadas de hermosos edificios y en general, un casco histórico que parecía sacado de algún cuento de princesas y dragones.

Annecy

Annecy

Annecy

Annecy

La tarde se estaba complicando y no tardó en dejar caer sus primeras gotas de agua. No nos había llovido en todo el viaje y justo lo iba a hacer el último día. Pero no nos importó porque ya habíamos disfrutado paseando por la ciudad más de dos horas… La tarde estaba llegando a su fin y la culminamos sentados en una terraza tomando unas cervezas mientras el cielo acababa de desplomarse sobre nosotros.

Annecy

Y por fin nos pudimos sentar en una terraza sin que nos desangren con los precios… En Suiza es imposible!! pero aquí con los € ya se lo puede permitir uno…

Ahora si, era el momento de coger el coche y dirigirnos a nuestro hotel para cenar algo y descansar para el largo día que nos esperaba mañana.

Al día siguiente era de noche todavía cuando nos pusimos en marcha. El sol no había salido todavía pero nosotros ya estábamos con las maletas metidas en el coche y desayunando algún bollo justo antes de partir. Las largas autopistas que unen Francia con España serían nuestro paisaje de hoy. Algo más de 1300 kilómetros hasta casa en un Domingo de Resurrección que nos sorprendió sin ningún atasco en las carreteras. A las siete de la tarde y con cansancio en nuestros cuerpos, pusimos punto y final a nuestro viaje por Suiza. Sin duda, un lugar al que volvería una y otra vez, pero que le dedicaría más tiempo a espacios naturales y no ha tanta ciudad.

Víctor del Pozo

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  1. Que viaje más bien aprovechado. Tus relatos han servido para confirmarme que Suiza me hubiera encantado. Volveré a ellos el día que me lance a visitarla…
    Por cierto, menudo palizón de coche el último día, ¿no? Dibisteis llegar reventados.
    Saludos 🙂

  2. Vaya paliza el último día con tanta cuesta, pero la verdad es que me han encantado todos estos pueblecitos que habéis visitado. Definitivamente, Suiza me ha sorprendido muy gratamente!! Ya la tengo en mi lista de destinos soñados.
    Saludos

  3. ¡Hola! Te vengo siguiendo desde hace poco y por fin me atrevo a dejarte un comentario. Me encantan tus crónicas y esta de Suiza en especial me ha gustado mucho. Ahora por tu culpa tengo muchas ganas de ir, jeje. Vaya palizón de coche os habéis pegado, pero me parece que ha merecido la pena. Tienes unas fotografías soberbias.

    ¡Un saludo!

  4. Hemos estado un par de veces en Gruyères y tuve la misma sensación que tú. Tiene la pinta de un parque temático pero no se puede negar que el lugar es muy bonito.
    Un viaje muy completo que he seguido con mucho interés.
    Un abrazo

  5. Buenas a todos!!

    – Helena: Pues tampoco te creas que es tanto palizón… Si conducen dos personas y parando, se hace muy bien. En el viaje de Croacia nos llegamos a hacer 2000 km en un día y de puta madre…

    – M.C: La verdad que esto pueblos están muy bien. Annecy fue un poco la sorpresa, que aunque nos la esperábamos bonita, sobrepaso nuestras expectativas… es bonita bonita.

    – Artabria: Pues entonces le iba a gustar fijo… pero nosotros no nos sentamos a tomar nada allí… que desde que nos metieron el palo en Zurich el primer día dijimos que una y no más jejeje..

    – Carol: Buenas Carol y bienvenida a los comentarios! Pues ya sabes… a apuntar Suiza en próximos destinos jejeje… aunque que país no está en próximos destinos??? Están todos!!

    – Isabel: No olía a queso nada más que en las tiendas… y menos mal… porque aunque me encanta el queso… el olor vamos a dejarlo para cuando esté en la mesa jejeje

    – M. Teresa: Es que sí… nada más que está hecho para el turista, pero tiene un encanto especial. No entramos al castillo pero por lo visto merece mucho la pena… Para otra ocasión completamos la visita.

    Bueno chicos.. Perdón por la tardanza en contestar a los mensajes… pero a veces me lio con otras cosas.

    Un saludo!

  6. Anda que para ser el último día, menuda panzada de subir y bajar cuestas xDD

    A Gruyéres voy a llevar yo en breve a Carmen, odia el olor del queso, yo creo que la meto por allí y cae desmayada en 2 segundos jaja

    Muy curiosa la carcel en la isla, me ha gustado mucho toda esa zona de canales.

    Y nada, que ha quedado un reportaje chulisimo, tenía ganas de finalizar la lectura 😀

    Saludos!!!