Llegada a San Francisco y recorrido de un día.

Con la ciudad de San Francisco me pasó algo parecido que con Nueva York. Cuando llegué a ella me pareció que ya había estado antes debido a la cantidad de imágenes que había visto de la ciudad en la televisión, como por ejemplo en la serie Padres Forzosos, pero en mi caso particular sobre todo en películas como límite 48 horas —fan incondicional de Eddy Murphy— o La Roca —de Sean Connery y Nicolas Cage— son las que más recuerdo. También los más jugones como yo recordamos la ciudad de San Fierro, la ciudad creada en GTA San Andreas en imagen y semejanza con la ciudad californiana. La verdad que juntando San Francisco, Las Vegas y Los Ángeles íbamos a tener posibilidad de recordar varias películas en este viaje por la costa oeste de Estados Unidos. Y no es que este viaje lo hiciéramos en busca de escenas de películas o series para seguir cual peregrino cinéfilo los escenarios reales, pero en San Francisco, lugares como el Golden Gate, Alcatraz, la Pirámide Transamérica o las simples calles empinadas de la ciudad y sus míticos tranvías son iconos reconocidos en todo el mundo gracias a la gran pantalla.

Tranvía en San Francisco

Pero más allá de algunos puntos concretos de San Francisco que han salido en películas, el encanto de la ciudad reside en su composición general. Sus calles, sus pequeños locales, viviendas clásicas y ese aroma a pueblo. Pueblo grande, pero pueblo. O mejor dicho, una ciudad pequeña. Porque en San Francisco, aunque haya rascacielos, estos son los menos y en general según te alejas del centro sus edificios son bajos y en buena parte son simples casas individuales y adosados. Por esto, aunque la densidad de población es grande, los habitantes de la ciudad no llegan ni a la cifra del millón.

Vistas de San Francisco

No hace ni dos siglos que esta ciudad era una simple aldea perteneciente al estado de México, y sólo a mediados del siglo XIX se independizó y comenzó a formar parte de los Estados Unidos de América. Hoy es sin duda una de las ciudades más importantes del país, y en la típica ruta por la costa oeste de USA, la ciudad que más interesante me pareció.

Llegada a la ciudad; primer contacto y alojamiento.

Nuestro alojamiento estaba situado al norte del barrio de Tenderloin. Un barrio céntrico desde donde poder abarcar gran parte de San Francisco a pie. A nosotros nos gusta mucho andar y en San Francisco andamos de lo lindo. Incluso la primera noche nada más llegar nos cascamos andando los casi dos kilómetros que separaban nuestro alojamiento de la parada de metro BART Civic Center a la que llegamos desde el aeropuerto. Podéis pensar que dos kilómetros no son nada, pero tras casi 20 horas sumando escalas, vuelos y trayectos, os aseguro que empujar a lo largo de dos kilómetros el carro de Vera y una maleta grande por las cuestas de San Francisco sorteando vagabundos a las 11 de la noche, no es moco de pavo y el trayecto se nos hizo larguísimo. Sobre todo a Eva que iba mirando continuamente las calles por las que pasábamos con ojos de preocupación que parecían quererme decir “¿Dónde coño me has metido?”. Y la verdad que el camino hasta el alojamiento no fue nada halagüeño… Las calles estaban solitarias y muy poco iluminadas. Los vagabundos se contaban a pares en cada árbol y la verdad que no nos dio mucha confianza el barrio, aunque luego no es nada del otro mundo, pero de noche y en un sitio nuevo ya sabéis que todos los gatos son pardos…

Cuando llegamos a nuestra habitación en el albergue Encore Express no nos lo creíamos. Estábamos cansadísimos y sobre todo Vera que estaba la pobre reventada.

Podéis ver todos los alojamientos aquí.

Albergue en San Francisco.

Ruta de un día recorriendo las calles de San Francisco

Al día siguiente y sabiendo que teníamos tres días por delante para ver la ciudad, nos olvidamos del transporte público y decidimos comenzar tranquilamente con una matutina caminata hasta uno de los miradores más famosos de San Francisco.

Aquí os dejo la ruta a pie que hicimos este primer día

Mirador en Alamo Square

Como he dicho al principio de este post, San Francisco obtiene su encanto de la composición de sus barrios y viviendas en general, sin edificios ni zonas exuberantes pero sí con un encanto especial que desprende un aroma a viejo que recuerda el prestigio que un día vivió la ciudad. Por ejemplo, el encanto de las viviendas victorianas que nos encontramos paseando aquella mañana y que nos recordaron en cierta medida al barrio londinense de Notting Hill.

Viviendas Victorianas de San Francisco

En San Francisco hay muchas de estas viviendas, algunas de ellas pintadas de colores que se han ganado el sobrenombre de las damas pintadas —Painted Ladies—, siendo las más famosas la hilera de siete viviendas situadas en Alamo Square, justo en el parque donde nos dirigíamos esa mañana para ver una de las vistas más famosas de San Francisco.

Alamo Square, San Francisco.Pero no nos vayamos a volver locos. Llegar hasta Alamo Square y ver esta hilera de casas no es algo que te quite el hipo. Al menos a nosotros no nos lo quitó. Sí que puedes hacer alguna foto chula de las casas victorianas y la vista panorámica de los rascacielos del downtown apareciendo por detrás, pero si desencuadramos la foto y ampliamos nuestra vista a lo que nos rodea, ciertamente no veremos nada más interesante. Básicamente un parque como otro cualquier —sin mucho interés, por cierto— y siete casas de colores junto a otras casas más bien feas. Pero la fama es lo que tiene, y como siempre se muestra la típica foto, parece que las Painted Ladies es algo que no verás en ninguna otra parte del mundo, cuando en realidad, paseando por otras partes de San Francisco toparás con muchas casas como estas y más bonitas.

Alamo Square, San Francisco

Por cierto, que se me había olvidado decirlo antes… A este viaje llegué de milagro ya que un mes justo antes de venirnos tuve un percance jugando al futbol y me partí el ligamento del pie derecho. Hubo un momento en el que dudé incluso de poder realizar el viaje ya que hasta una semana antes de irnos estuve de baja y con muletas en casa. Una mala pata y nunca mejor dicho que hizo que mi pie derecho, el cual llevaba sin hacer mucho esfuerzo durante todo un mes, comenzara a notar las fatigosas cuestas de San Francisco en tan sólo una mañana. Tiempo suficiente para ponerme el pie como una pelota de tenis y con dolor. Aunque sarna con gusto no pica…

Alamo Square, San Francisco

Y así andaba yo… cada vez que nos parábamos tenía que poner el pie en alto para que se bajara el hinchazón que tenía.

Paseando por Chinatown

En ese momento decidimos bajar al centro de San Francisco en autobús, al Downtown, a las clásicas calles empinadas y sus míticos tranvías. Aunque a decir verdad yo creo que en San Francisco no existe una calle que se libre de las cuestas. En cierta parte es normal teniendo en cuenta que la ciudad se asienta sobre una topografía con más de cuarenta colinas (me rio yo de Lisboa, la ciudad de las siete colinas…), algunas tan considerables que superan los ochocientos metros sobre el nivel del mar. En lo alto de estas colinas suele haber parques, miradores con vistas impresionantes a la ciudad como Twin Peaks, Mission Dolores Park o el anterior parque que visitamos de Alamo Square. Por el centro más neurálgico también se levantan colinas de hasta doscientos metros que hacen que tengamos esas vistas impresionantes de las famosas cuestas de San Francisco.

Cuestas de San Francisco

Entre estas colinas se van delimitando los barrios de San Francisco, pero simplemente andando por la ciudad no te das cuenta de donde empieza y donde acaba cada barrio. Bueno, casi ninguno a excepción del barrio chino, que este sí que te das cuenta nada más llegar a él. Tras pasear por el centro más moderno y vertiginoso de San Francisco en los alrededores de la famosa zona comercial de Union Square y el distrito financiero, al llegar a las inmediaciones del barrio chino te da la sensación de que te vas a meter en otra ciudad totalmente distinta.

Union Square, San Francisco

Chinatown, San Francisco

Este barrio es chino, pero chino de verdad. Y tiempo le ha dado para reconvertirse totalmente ya que la comunidad china se comenzó a establecer en esta ciudad a mediados del siglo XIX, por lo que ya cuenta con más de 170 años de historia, lo que la convierte en la comunidad China más antigua de los Estados Unidos y un lugar realmente interesante para visitar en San Francisco.

Chinatown, San Francisco

En el barrio chino de San Francisco no encontrarás grandes monumentos ni lugares famosos. Allí simplemente podrás sentirte como en China aunque no hayas pisado nunca el gigante país asiático. Y no sólo por la decoración con cientos de farolillos rojos que inundan algunas calles, sino por sus gentes, sus edificios e incluso templos, tiendas, restaurantes… y sobre todo por el propio carácter del barrio y de sus costumbres chinas —por qué no decirlo, un tanto extrañas a ojos de un occidental— que se han arraigado tanto en el barrio que en ocasiones te olvidas de que estás en Estados Unidos…

Chinatown, San FranciscoChinatown, San Francisco

La calle Lombard

Al salir del barrio chino la sensación de que estás volviendo a la San Francisco de las películas es más progresiva que la efusiva entrada a Chinatown. Poco a poco van desapareciendo las estilizadas formas en las fachadas de los comercios chinos y volvemos a encontrarnos con avenidas más amplias y viviendas victorianas. La verdad es que esta urbe tiene más aspecto de ciudad europea que americana, aunque en ciertos momentos nos encontrábamos con situaciones en las que nos venían a la cabeza estereotipos puramente americanos escenificados muchas veces en películas o series americanas, como por ejemplo, el típico puesto de limonada en la puerta de una casa, a dólar el vaso de plástico. Era poca limonada pero cercioro que estaba muy buena.

Puesto callejero de limonada en San Francisco

A pocos metros de donde estábamos pero a una altura mucho más elevada se encuentra una de las calles más famosas de San Francisco. La serpenteante calle Lombard que se ha ganado su fama precisamente por la curiosa forma de salvar el gran desnivel de casi cuarenta grados.

Subiendo hacia la calle Lombard, San Francisco

Realmente no es nada del otro mundo y la fama se la ha ganado a base de disparos de cámaras de fotos que todos los turistas compartimos. Se dice que es la calle más sinuosa de todo Estados Unidos —lo cual no lo dudo— aunque no me impresionó tanto como para recorrerla en coche cuando tuvimos la oportunidad.

Calle Lombard, San Francisco

Calle Lombard, San Francisco

Antiguo puerto de San Francisco

Ya desde allí no nos quedaba mucho, y encima cuesta abajo, para llegar hasta los antiguos muelles de la ciudad donde disfrutamos de un merecido descanso en una pequeña playa y paseando por uno de los muelles que nos brindó las primeras vistas del famoso puente Golden Gate.

San Francisco

A partir de ese momento decidimos tomárnoslo con más calma y dejar las cuestas para más adelante. Nos relajamos disfrutando de la vida callejera que hay en este punto de la ciudad el cual me pareció de lo más entretenido y bullicioso.

Puerto de San Francisco

Allí se encuentra el famoso muelle 39 cuyos moradores más famosos son los leones marinos que descansan despreocupados de las miradas y cámaras de todos los turistas. Había pocos, pero desde luego que el lugar es curioso ya que te puedes imaginar mil sitios mejores en la bahía de San Francisco donde pudieran estar. Pero no. Están ahí sin más. Repanchingados sobre los maderos junto a una gran urbe y rodeados de turistas como si fuera un zoo.

Muelle 39, San Francisco

Muelle 39

Muelle 39, San Francisco

Además de los leones marinos, en los viejos muelles hay decenas de atracciones tales como el acuario, centros comerciales, restaurantes y como he dicho antes, mucha vida callejera.

El Downtown y el Puente de la Bahía.

Dejamos la bahía por un rato y volvimos hacia el centro de la ciudad a la zona más vertical de San Francisco, y no me refiero a las cuestas, sino al centro financiero. Este es un pequeño bosque pétreo de rascacielos en el que la más llamativa de todas las figuras es sin duda la pirámide del edificio Transamerica. La verdad es que San Francisco no se caracteriza precisamente por sus altos edificios, pero precisamente por eso, este edificio de poco más de 250 metros se convierte en un auténtico faro en la ciudad. Es el más alto de San Francisco y se ve desde cualquier parte pudiéndose tomar como referencia para llegar al distrito financiero sin ayuda de ningún mapa.

Edificio Transamerica, San FranciscoDowntown, San Francisco

Continuamos paseando por la parte más llana de la ciudad y nos acercamos al otro gran puente de San Francisco. El casi olvidado —pero no por ello menos importante ya que es el más utilizado— Puente de la Bahía. Sin haber visto antes, nada mas que de lejos, el archifamoso Golden Gate, he de reconocer que este me encantó y me pareció una obra increíble, y eso que sólo podíamos ver una “pequeña” sección de este enorme puente que llega a recorrer algo más de seis kilómetros. Además su situación junto a los grandes edificios le confiere unas vistas para nada envidiables a su compañero de bahía bermellón.

Puente de la Bahía, San Francisco

Ya se estaba haciendo tarde y comenzaba a anochecer. Los horarios cuando se viajan con un bebé de un año los rige el propio bebé. Ya nos dimos cuenta en Japón y en esta ruta por la costa oeste de EEUU no queríamos romper demasiado sus horas de descanso ya que la íbamos a meter un “tute” de mucho cuidado y no nos convenía ni a ella ni a nosotros que estuviera cansada. Además ese día aún nos quedaban más de 3 kilómetros andando cuesta arriba y cuesta abajo hasta nuestro albergue.

San Francisco

Anocheciendo en San Francisco. Primer día de caminata con la niña cumplido.

La ciudad de San Francisco es preciosa de noche, pero también es muy solitaria y oscura. En cuanto te sales de la zona financiera o de las avenidas principales la gente se cuenta con cuentagotas. Eso sí, el tráfico es incesante en casi toda la ciudad y a todas horas las sirenas de los coches de bomberos o de la policía retumban a su paso. Sólo en Nueva York escuchamos más sirenas que en San Francisco, aunque bajo el abrazo de Morfeo, los tres metidos en la cama, las sirenas pasaban a un segundo plano y comenzaban a formar parte de nuestros sueños americanos. El día había sido cansado, pero no anduvimos casi nada en comparación con lo que andaríamos al día siguiente.

Víctor del Pozo

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6 Responses to Llegada a San Francisco y recorrido de un día.

  1. maria grau says:

    hola Victor.
    simplemente me encanta. y las fotos preciosas. le tengo muchas ganas a esta bonita ciudad (incluso me alegra saber que no es tan grande) y en general a toda la costa Oeste. ya leere todas tus historias. un saludo.

    • Víctor says:

      Hola María! desde luego que San Francisco es la ciudad que más merece la pena. Tengo pendiente otros tres artículos más de ella… pero si tienes cualquier duda y te animas a ir ya sabes donde me tienes.

      Un saludo!

  2. Mari Carmen says:

    Y todo lo hicistéis andando??? madre mía! no me extraña que cayeráis rendidos al llegar a la cama y ni os molestaran las sirenas!! Puff!!!
    Por cierto, qué desilusión con las Painted Ladies! Creía que era algo más! Pero supongo que habrá que ir a verlas igualmente en una visita a San Francisco.

  3. Sandra says:

    Qué preciosidad San Francisco! A nosotros nos encantó, es una ciudad para vivirla. Tú lo has dicho muy bien, parece un “pueblo” de un millón de habitantes. Confieso que me robó el corazón, más que Nueva York. Y menudo valor tuvisteis para ir andando a todas partes y empujando el cochecito de la niña!!!

    • Víctor says:

      Hola Sandra! A mi es la que más me gustó de estet viaje, pero yo sin duda me quedo con Nueva York. Para mi no tiene color.

      No veas como fortalecimos los gluteos empujando el carro por esas cuestas!!! jejejeje…

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