Visita a Milán y la última cena de Da Vinci

Siempre había oído que Milán era una ciudad que no merecía mucho la pena. Que en apenas un día podías ver lo imprescindible y largarte de allí cuanto antes porque además no era una ciudad muy bonita de visitar. Bajo esta premisa y condicionamiento que nunca me gusta llevar a los lugares que visito llegué a Milán. Pequé, lo sé. Pero en cierta manera no me equivoqué, o mejor dicho, no se equivocaron aquellas personas que me lo habían dicho y ahora reafirmo yo. Con un día completo no puedes verlo todo, pero sí lo más interesante. Y sí…, la ciudad de Milán me pareció fea además de caótica y desordenada. Pero como yo soy más raro que un perro verde y siempre le encuentro el lado positivo a las cosas, he de decir que volvería. Me gustó ese desorden, esas calles del centro que parecían sacadas de una película de mafiosos, estrechas, en curva, llenas de coches y tranvías y la gente atestando las aceras. Esas tiendas de barrio decadentes junto a grandes marcas de moda pero con la fachada igualmente pintada con graffitis. Pero sí que es cierto que no me inspiró tanto como para fotografiarlo todo. Sólo saqué la cámara para los lugares estrella de Milán. Aquellos donde nos amontonábamos todos como si no existiera más ciudad, básicamente en los alrededores de la plaza de la catedral.

Piazza della Scala, Milán, Leonardo da Vinci

Estatua de Leonardo da Vinci en la Piazza della Scala junto a las galarías Vittorio Emanuel II

Que ver en Milán en un día

Llegamos en tren a Milán a través de su enorme estación Garibaldi y cuando salimos a la calle buscamos por los alrededores algún plano de la ciudad para situarnos y encontrar el camino hasta la plaza del Duomo a la que llegamos andando casi media hora después. Alrededor de este lugar pudimos ver casi lo más turístico de Milán, entre ellos, la clásica galería comercial Vittorio Emanuel II llena de turistas y milaneses haciendo sus compras o tomando el desayuno bajo un cielo acristalado que bien merecía la pena pararse a ser visto.

galería comercial Vittorio Emanuel II

Una galería que brilla casi más que cuando se construyó en el siglo XIX y que alberga hoy tiendas de marcas mundialmente conocidas enmarcadas en una atmósfera de lujo y embellecida por la luz dorada que reflejan sus edificios en un día tan soleado como el que tuvimos.

galería comercial Vittorio Emanuel II, Milángalería comercial Vittorio Emanuel II, Milán

Esta galería sirve además de pasarela entre la plaza de la Scala y la tan esperada plaza del Duomo, la plaza de la Catedral y lugar más fotografiado de la ciudad. Tenía muchas ganas de ver la catedral y he de decir que no me decepcionó para nada. Se ve grande incluso en una plaza enorme. Pulcra incluso ante un cielo impecable. Recargada, o más bien diría realizada con empeño, como se hacían antiguamente las construcciones religiosas. En definitiva. Este templo católico dedicado a Santa María Nascente me pareció sublime.

Catedral de Milán, Duomo Milán

En realidad, más que por dentro, ansiaba verla por fuera, arrimarme a sus muros y observar impresionado todos sus detalles. Nos fijamos en la extraordinaria puerta principal compuesta por lo que se podría llamar un enorme cómic lleno de magistrales viñetas talladas en bronce en las que se narran escénicamente algunos textos sagrados dedicados a la Virgen María.

Puerta del Duomo de Milán

Rodeamos la catedral y compramos sin pensarlo dos veces los tickets para subir hasta su tejado y tener un contacto más íntimo con ella. Bueno… con lo de íntimo me refiero a verla más de cerca, porque es posiblemente la mayor atracción de Milán y siempre se encuentra llena de gente. Pero aun así merece mucho la pena pagar los 7€ que cuesta subir a pie (12€ en ascensor —mirar precios actualizados aquí—) y pasear tranquilamente rodeado por sus 135 agujas y más de 3000 estatuas que adornan una de las fachadas catedralicias más bonitas que he visto y donde además tienes el aliciente de observar por completo la ciudad desde la altura ya que la catedral se sitúa justo en el centro de Milán.

Terraza del Duomo de MilánTerraza del Duomo de Milán

Creo que después de haber subido, entrado y observado la catedral de Milán, nuestro paso por aquella ciudad italiana ya había merecido la pena. Me sentía más que satisfecho. Pero aún nos quedaba mucho día por delante y no nos íbamos a plantar en una cafetería a tomar Coca-Colas viendo pasar a la gente, así que entramos en una oficina de turismo que se encontraba al lado de la catedral y solicitamos un mapa para hacernos un recorrido interesante que nos ocupara el resto del día. Y justo en ese momento sucedió lo que no me esperaba que me fuera a suceder. Tras hablar con la chica de turismo y recibir el mapa gratuito, nos hizo un comentario —“por lo bajini”— ofreciéndonos entradas para el Cenáculo de Santa Maria delle Grazie y poder observar ese mismo día una de las pinturas más famosas del mundo. La última cena de Leonardo da Vinci. No me lo podía creer. Hacía semanas que estaban agotadas las entradas y daba por hecho que en esta visita a Milán no lo podría ver, pero fíjate como son las cosas, que en menos de 5 minutos y sin esperarlo ya teníamos en nuestro poder dos entradas para poder hacerlo ese mismo día.

Entradas para el Cenacolo

Aún teníamos tiempo para ir paseando tranquilamente hasta la iglesia de Santa Maria delle Grazie antes de nuestra hora para visitar el Cenáculo, así que estuvimos merodeando los alrededores de la Vía Torino que a esas horas se encontraba repleta de gente. En esta misma calle, cerca de la Plaza de la Catedral, encontramos casi de casualidad la parroquia de Santa Maria presso San Satiro situada en el margen izquierdo de la calle arropada entre edificios y protegida por una verja metálica. Si pasáis por aquí no olvidéis ver esta iglesia y fijaros en su curioso ábside. Cuando entras por la puerta todo te parece normal hasta que te vas acercando poco a poco al altar y te das cuenta que realmente su ábside sólo tiene unos pocos centímetros de profundidad y que la sensación de profundidad es simplemente un efecto visual creado por el artista que utilizó la perspectiva para crear un espacio más amplio aunque sólo sea visualmente.

Santa Maria presso San Satiro

Tras tomar algo, hacer alguna compra y finalmente comer, pusimos rumbo ahora sí a Santa María delle Grazie para esperar pacientemente nuestro turno y poder ver la última cena de Da Vinci. Fue una suerte que pudiéramos haber comprado esas entradas. Allí había gente que tenía la suya reservada desde hacía semanas (reservar aquí) y la verdad que cuando vi en su día que estaban agotadas me dio un poco de rabia porque había leído libros de esa pintura y visto numerosos documentales y me apetecía verla de primera mano. Y ahora, de rebote, lo iba a hacer.

Son apenas 15 minutos los que se disponen para ver la obra. Es tiempo suficiente para alguien que cree que va a ver un fresco más de cualquier iglesia. En ese caso le sobrarán 14 minutos. Pero si sientes un poco de curiosidad sobre la vida de Leonardo y sus obras, 15 minutos es poco tiempo, sobre todo para interpretar una de las obras más importantes de la historia del arte.

Iglesia de Santa María delle Grazie, la última cena leonardo da vinci

Iglesia de Santa María delle Grazie

La última cena se creó por orden de Ludovico Sforza, Duque de Milán a finales del siglo XV, y Leonardo tardó alrededor de 3 años en plasmar su visión sobre la última cena de Jesús y el momento justo en el que este les dice a los apóstoles que uno de ellos le traicionará. La gran fama de esta pintura no es la representación simple del banquete pascual, escenificada muchas veces antes y después por numerosos artistas, sino por plasmar concretamente ese momento tan crítico de la cena y reproducir las reacciones de los apóstoles ante la gran noticia, por la técnica que usó, la composición de las figuras y sobre todo por las posibles interpretaciones que se pueden sacar de la escena pintada por una mente atea y tan magistral como la de Leonardo da Vinci.

La Última Cena de Leonardo da Vinci

He aquí la gran obra. Y sí… hay una puerta en todo el medio que corta los pies de Jesús.

Al entrar en el antiguo refectorio del convento y ver por primera vez la pintura del toscano tuve una sensación de emoción. Emoción y tranquilidad a la vez. Es una sala bastante grande donde antiguamente los dominicos se reunían para comer, pero ahora está diáfana salvo por unas pocas sillas para que nos sentemos los turistas. Me imaginaba en aquella sala una mesa enorme rodeando el comedor y los monjes comiendo en silencio mientras admiraban (o no) una de las obras con más controversia de aquella época.

En vez de pintarlo al fresco como era habitual, Leonardo optó por modificar la base y lo hizo con el yeso en seco. De esta manera tendría más tiempo para terminar la obra y poder pensar tranquilamente como iba a representar a cada uno de los apóstoles y a Jesús. Tras varios bocetos en papel que pueden verse en sus notas, comenzó a plasmar la escena en la pared del comedor. Dividió la mesa pascual en 5 partes separando a los doce apóstoles en grupos de tres y situando a Jesús en el centro exacto de la perspectiva del cuadro, justo en el punto de fuga —Leonardo representaba la perspectiva como nunca antes se había hecho— y con su magistral forma de pintar representó a cada uno de los apóstoles expresando sus reacciones ante la noticia que Jesús les acababa de dar. Uno de ellos le iba a traicionar.

Última Cena de Leonardo da Vinci

Artísticamente el cuadro fue muy novedoso en aquella época, ya que parece más una reunión de amigos en vez de un cuadro religioso. A partir de aquí las especulaciones tanto de historiadores como de los amantes conspiranoicos se suman una tras otra. Detalles que a simple vista se nos pueden pasar por alto y más aún en tan sólo 15 minutos que se tiene para ver el mural.

Última Cena de Leonardo da Vinci

No me voy a explayar mucho más escribiendo sobre la pintura porque lo más probable es que os aburra, pero os recomiendo que si algún día vais a Milán, que entréis a ver esta obra. Y antes de hacerlo, leer sobre ella. Informaros sobre los pequeños detalles que aparecen, los gestos y miradas que hace cada personaje y sobre todo, indagar en la vida de Leonardo da Vinci, una persona con una mente privilegiada y con unas ideas en total controversia con aquella época. Sin duda alguna uno de los personajes más relevantes de la historia que se ha ganado el sobrenombre del hombre del Renacimiento.

Los 15 minutos se acabaron y en un sepulcral silencio nos invitaron a abandonar el antiguo comedor. Es una suerte que aún podamos disfrutar de esta obra teniendo en cuenta que el experimento que hizo Leonardo al pintarlo sobre el yeso seco no resultó nada bueno y tan sólo 20 años después de pintarse ya se empezó a desquebrajar el óleo. Se ha intentado restaurar en numerosas ocasiones, pero sólo la última de 1999 fue realmente efectiva en la que básicamente lo que se hizo fue quitar la pintura de las anteriores restauraciones que se hicieron mal (y ahora, no sé por qué, me viene a la mente un pueblo llamado Borja). Si a esto le sumamos los intentos de llevarse el mural a Francia de Luis XII y Napoleón o el más reciente bombardeo durante la Segunda Guerra Mundial que sufrió dicho monasterio, es casi una casualidad que aún siga donde está.

Con esta visita al Cenáculo y la anterior a la catedral estaba más que satisfecho de nuestra visita a Milán. Era el momento de ir a relajarse un poquito y conocer a la vez uno de los monumentos más importantes de Milán en el parque Sempione. El castillo Sforzesco.

El castillo Sforzesco

Este castillo fue construido en el siglo XIV por la familia Visconti, pero su época dorada la vivió a finales del siglo XV en manos de Ludovico el moro y su séquito de artistas como Leonardo da Vinci o Bramante. Ellos hicieron de esta fortaleza una de las cortes más lujosas en aquellos tiempos, pero fue el mismo Ludovico con su ansiada sed de conquista quién comenzaría las Guerras italianas enfrentándose a los franceses perdiendo finalmente el ducado milanés.

El castillo Sforzesco

Nuestra idea no era entrar a los museos del castillo sino simplemente dar un paseo tranquilamente por el parque como lo hacían cientos de milaneses que se juntaban allí para pasar la tarde. Un agradable rato sin escuchar el tráfico de la siempre caótica Milán.

Parque Sempione

El castillo Sforzesco

Eva refrescándose junto al castillo Sforzesco y con su barriguita de 6 meses todavía…

Esa tarde habíamos quedado con Aitor, nuestro anfitrión en Novara que trabaja en Milán, y nos iba a llevar a tomar algo a Navigli, una zona de canales navegables que no tenía ni idea que existieran en Milán. Pero sí. En Milán hay canales, dos para ser más concretos, pero hasta 1930 existieron cinco canales que comunicaban la ciudad con varios lagos e incluso con el mar. Ahora este barrio es simplemente un recuerdo de aquella etapa fluvial que se ha convertido hoy en una animada zona llena de bares donde tomar el famoso aperitivo italiano.

Naviglio Grande, MilánY así pasamos nuestro día en Milán. Una ciudad que, aunque no tenga fama de ser bonita, sí que tiene sus pequeños rincones con encanto para ser descubiertos, y sobre todo, Milán tiene —posiblemente— la catedral más bonita del mundo y el mural más famoso del mundo y que sólo por esas dos cosas bien merecía una parada en nuestra ruta por Italia.

Victor del Pozo

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  1. Nosotros de Milán solo conocemos la Última Cena que visitamos a la carrera en una escala que hicimos en la ciudad. Pero me apetece conocer la ciudad con su decadencia y su arte incluidos.
    Que fuerte que pudierais ver el fresco así por las buenas… nosotros reservamos con meses de antelación y por retraso del tren casi nos lo perdemos!!!!

    • La verdad que fue una suerte de narices.. y no sabes como me alegré. Y seguramente que la próxima vez que vaya vuelva a entrar a verla.

    • Pues ya sabes!!! si quieres ver la última cena te recomiendo leer mucho sobre esa obra. Estoy seguro que te entusiasmará.

  2. Vaya suerte con La Última Cena. Lo que daría yo por verla!! Es una obra única por su técnica, su estilo y todas esas teorías y leyendas que la rodean. Es que Leonardo fue un genio, no hay más. Siempre me ha fascinado en todas sus facetas.

    Por lo demás, veo que el día cundió, por lo menos para ver lo más representativo de Milán. La catedral ya por sí sola vale la pena, y el trampantojo de Santa Maria Presso San Satiro es una pasada (si te gustan los trampantojos y los juegos con la perspectiva y alguna vez vas a Roma, busca la Iglesia de San Ignacio y mira para arriba, porque tiene el trampantojo más impresionante que he visto en la vida).

    Muy chulas las fotos, gracias por tu relato. ¡Un abrazo!

    • Oye… pues me quedo con la nota de Roma, que a mi estas cosas curiosas si que me molan.

      Lo de Leonardo es que es un Don. No hay más. Algunos lo llamarán raro (que también tienen parte de razón), pero es que es un genio en todo lo que hacía.

  3. No me he decidido todavía a ir a Milán porque todo el mundo me ha dicho lo mismo que a ti, que es una ciudad muy fea y que una vez visto el Duomo ya me puedo ir. Leyendo tu entrada veo que tendré que intentar incluirla en alguna ruta que hagamos y que nos pille cerca.

    • Si… la verdad que aunque no sea un destino turístico primordial en Europa, bien merece una visita. Hay varios lugares muy interesantes que en un mismo fin de semana los puedes ver.

      Animate!

  4. Muy buena entrada! Las dos veces que he estado en Milán han sido simplemente unas horas y me limité a ver el Duomo, la Galleria Vittorio Emmanuele y el Castello Sforzesco. El año que viene tengo pensado hacer una ruta por Italia y gracias a tus consejos podré sacarle más partido a Milán. Un saludo y nos leemos, te esperamos en nuestro blog! =)

    • Genial! La verdad es que es lo ideal. Cuando se está haciendo una ruta por allí dedicar uno o dos días a la ciudad. Además, se puede complementar perfectamente con Turín…

  5. A mí Milán también me gustó, no me apreció el horror que muchos proclaman por ahí, sera que también soy rara, jaja. Como vien dices no es la ciudad más bonita de Italia, que encima tiene el listón muy alto, pero tiene su aquel. La Santa Cena me dejó impresionada y su ubicación y si tamaño también. Me ha gustado recordar la ciudad. Un abrazo.

    • A mi me sorprendió donde está pintada la última cena… La verdad que nunca me había fijado que hubiera una puerta tapando los pies de Jesús… y el lugar… Yo me lo esperaba dentro de la iglesia o algo así…

  6. Qué suerte poder haber conseguido esas entradas para ver el Cenácolo!! Yo me quedé con ganas en mi viaje a Milán de verlo! Pero conseguí los vuelos un mes antes de la salida y ya entonces estaban agotadas las entradas! una pena!
    Lo que más me gustó de Milán fueron los navigli, aunque en general no guardo buen recuerdo de esta ciudad en la que estuvieron a punto de robarme la cartera en el metro.
    Un abrazo

    • Yo aún no me lo creo… fue algo de pura casualidad conseguir las entradas… Pero mira, una cosas por otra, ya que en Turín no pude entrar al museo egipcio…

      Pues yo los canales no tenía ni idea que existieran en Milán… y me gustó el ambiente…

    • Pues si que tienes que volver… Esa catedral se merece subir a verla. Y ya si consigues las entradas para la Ultima cena rematas jejejeje…

    • Si… la verdad que bonita no es… no.

      La foto la hizo Eva con el móvil mientras le estaba diciendo la de seguridad que no se podía jejejeje… pero como nosotros no parlamos italiano jejejeje… Luego tuvimos que aguantar la pequeña bronca que nos dio, pero bueno… la pintura no sufrió nada. Es que me parece absurdo no poder hacerle una foto a un oleo sin utilizar flash.

  7. A mi si me gusta Milan.Todo el centro me parece mas que interesante, lindo y con persoalidad,Via Dante,o algo asi,esta llena de edificios imponentes,otras calles igual, que no se por que se minimizan, la plaza medieval que hay antes de llegar al castillo es espectacular aunque esta algo oculta, las calles del barrio de Brea, o Brera?,la Scala,la zona de tiendas de marcas famosas es bonita .Los tranvias de Milan son encantadores, y ese supuesto caos me gusta mucho. Y la catedral es para ver al menos una vez en la vida. Tiene iglesias bellisimas,muy antiguas y llenas de arte de maximo nivel.La estacion central es espectacular. Lo de fea es injusto y exagerado pero hay que respetar los criterios. Me gusta mas Turin o Genova pero Milan tiene encanto……..y la catedral te hace alucinar. …… y su bella plaza es hermosa !! Saludos

    • Pues pienso como tu. A mi la ciudad me gustó, pero siempre teniendo en cuenta que no es la típica ciudad italiana renacentista, claro está. Tiene rincones muy agradables y ese caos de callejuelas con el tráfico rodado tiene su encanto. Sin duda la catedral es lo mejor que ver en Milán. Para mi de las más bonitas que he visto.

      Un saludo!