Llegada al Cairo

El primer día que disponíamos de vacaciones nos lo tiramos entre casa, el aeropuerto de Madrid y volando hacia El Cairo, ya que el vuelo era previsto que saliera por la tarde y llegara a El Cairo a las diez de la noche, pero para sorpresa nuestra, los relojes del aeropuerto marcaban las nueve (no tuvimos en cuenta el horario de verano). El caso es que sin querer nos encontramos con una hora de más que fue muy bienvenida por nuestra parte.

Antes de pasar el control policial hay que comprar los visados en una ventanilla donde nos atendieron en silencio y señalándonos el precio de los visados. Les faltó tiempo para alargar el brazo y quitarme de las manos los 25€ que costaban los dos visados. Te los pegan en el pasaporte (sin mirar documentación ninguna), y ya aprovechamos a cambiar en la misma ventanilla cien euros a libras egipcias. Seguidamente fuimos hacia el control y le dimos al policía los pasaportes. Este sin mirar foto ni datos personales se dirigió directamente a la página donde nos pegaron el visado y nos puso el sello de entrada. Ya podía ser nieto de Teresa de Calcuta o hijo de Bin Laden que estos tíos no se iban a dar cuenta… total, ya había pagado mi visado que era lo que importaba. Después del súper control policial salimos hacia la sala de recepción de maletas y ya nos estaba esperando el representante de Image Tours.

Hasta este momento no supimos en que hotel estaríamos en la ciudad y fue aquí cuando conocimos a un grupo de canarios que iban al mismo hotel que nosotros. Nos desplazamos en un minibús hasta Guiza y más concretamente al hotel Husa que se encuentra en la Avenida de Las Pirámides. Otro grupo más que venía con nosotros en el minibús se fueron a otro hotel puesto que cogieron la opción más cara. Nuestro alojamiento no tenía mala pinta, con una recepción abierta todo el día y unos sillones cómodos para descansar y donde aprovechamos para charlar con el representante de Image Tours sobre los itinerarios y posibles excursiones. Lo primero que hicimos fue soltar otros 50€ por persona para que el tema de propinas al servicio esté cubierto por todo el viaje. Acompañado de un zumo de naranja por cortesía del hotel, Peré (representante de Image tours), nos ofreció algunas excursiones, entre ellas (y muy entusiasmado)  la excursión de Abu Simbel a falta de 6 o 7 días todavía por ir. Nos dieron también la opción de contratar otra excursión para ver El Cairo islámico incluyendo un paseo por el mercado Jan el-Jalili y una cena con espectáculo de derviches a un precio un poco más razonable que la de Abu Simbel. A todas le dijimos que de momento no queríamos y nos volvió a insistir con la excursión de Abu Simbel, excusándose que con la programación tenía que saberlo antes para reservar (¿reservar que?). Insistimos en que una vez allí decidiríamos si contratarla o no y no vuelve a repetírnoslo, en ese momento…

Tomado el zumo y terminada la charla subimos a nuestras habitaciones para dejar los bártulos. La habitación no es nada del otro mundo, enmoquetada enterita, dos camas individuales y un baño completo. Lo suficiente. La suerte que tuvimos fue que nos tocó un piso elevado y el ruido continuo de la calle se disimulaba muy bien.

Habíamos quedado con los canarios en la recepción para ir a cenar a un sitio que nos iba a llevar Peré en la misma avenida de las pirámides. Esto es una actitud constante en Egipto. Todos los guías, taxistas o cualquier persona que se preste a ayudarte, siempre te va a llevar a algún sitio donde se puedan embolsar una comisión o por lo menos, como en este caso, cenar gratis —y seguro que la comisión también—. Fuimos dando un paseo por la avenida observando el tráfico caótico de esta ciudad. Peré no paraba de charlar con nosotros y nos empezó a explicar características de la cultura egipcia y algunos consejos a tener en cuenta en el país. Salvo el momento del hotel donde nos presionó con las excursiones, Peré nos dio muy buena sensación. Nos aconsejó para hacer excursiones por libre y nos dio su teléfono móvil por si en algún momento del viaje tuviéramos algún problema poder localizarle rápidamente. Junto con otro guía hablamos del ramadán y cuál es el propósito de tal costumbre, explicándonos cosas como que los niños, ancianos, enfermos, mujeres en periodo y embarazadas no tienen la obligación de hacer el ramadán pero sí de recuperar los días que uno se abstiene por tales motivos (a excepción de niños y ancianos). Nos explicaron la causa exacta del porqué de esta práctica dándonos a entender que no es simplemente la privación de comer, beber o tener relaciones sexuales del alba al ocaso, si no que se trata de más obligaciones como dar ayudas económicas a quienes tienen necesidad, tratar de hacer el bien al prójimo y ejercitar el autocontrol entre otras cosas para crear a un musulmán disciplinado y firme y que sepa apreciar los bienes de que dispone y de esta manera sentir lo que un indigente por ejemplo sufre.

Llegamos al restaurante que ni mucho menos parecía cutre. Éramos los únicos que estábamos para cenar aunque a las horas que llegamos era lo más normal. Lo primero que pedimos fue la carta y nos dijo Peré que nos proponía un menú de degustación compuesto de ensaladas y varios mojes y para segundo plato elegir entre carne o pescado. El precio fue 80 libras más bebidas (la verdad que algo normal). Al momento empezaron a sacar platos de ensaladas por toda la mesa y mojes con sabores a especias que estaban buenísimos. Lo acompañamos todo con un consomé calentito que no sabe nada más que a especia (al final del viaje acabas harto de tanta especia) pero que a mi particularmente me gusta.

Pedimos ternera de segundo que venía aderezada con ensalada y arroz, todo muy bueno. En la sobremesa charlamos sobre las ideas del viaje entre chiste y chiste y así pasamos un rato agradable. Nuestros compañeros canarios solo estarían con nosotros esa noche ya que al día siguiente marchaban hacia Luxor para hacer otra ruta de 12 días y no coincidiríamos más con ellos. Una pena porque parecían buenos compañeros de viaje a los que aprovecho y les mando un saludo desde aquí. Nuestros guías aprovecharon y comieron por la cara los dos y en todo momento estuvieron disponibles para cualquier duda que tuviéramos. Al finalizar la cena nos fuimos hacia el hotel y para ello Peré nos propuso tomar uno de los transportes públicos más “peligrosos” que recorren esta ciudad. Son los microbuses blancos que veréis surcando las calles a toda leche con las puertas abiertas y sin una ruta marcada, parando a recoger pasajeros según levantas la mano. Peré no nos recomendó coger este transporte por nuestra cuenta porque perfectamente puedes acabar en el lado contrario al que quisieras ir, así que aprovechamos la ocasión para vivir la experiencia con nuestro guía. A Eva le tocó sufrir la conducción de los cairotas más de cerca que a los demás ya que le tocó ir justo al lado de la puerta y comprobó rápidamente que lo que se dice de su conducción suicida no es nada exagerado.

Llegamos vivos y sanos a la puerta del hotel y nos recordaron que a la mañana siguiente nos vendrían a recoger para hacer nuestra primera excursión del paquete opcional. Nada más y nada menos que iríamos a ver la meseta de Guiza y el conjunto de las tres pirámides y la Esfinge. Rotos del viaje y con la ilusión de nuestro primer día nos acostamos esperando que llegara el momento de ir hacia la gran pirámide.

Victor del Pozo

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3 Responses to Llegada al Cairo

  1. Tsukilina says:

    Las furgonetas compartidas son lo más. Nosotros la primera vez subimos en una en Giza para ir al centro con un chico egipcio que conocimos allí, pero en Luxor nos atrevimos a hacerlo nosotros solos.
    Estupenda crònica!

  2. Isabel says:

    Bueno, al ir tres semana y por libre te da la opción de visitar muchas más cosas. Cuando vas con tiempo limitado tienes que quitar cosas de la lista y por lo general lo turístico es lo que siempre se queda.

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