El día que vimos la aurora boreal

Se puede decir que con el viaje a Laponia en Marzo de este año para ver auroras boreales he cumplido uno de mis sueños. Y además puedo decir que lo cumplí con creces. Tenía esperanzas de poder verlas, y por ello compré los billetes de avión en esas fechas, aunque estando allí y viendo cómo iban surgiendo los días llegué a dudar que fuera a ser posible que pudiéramos ver auroras boreales. Pero al final las vimos. Y puedo asegurar con toda certeza que, a día de hoy, es el acontecimiento/paisaje natural más sobrecogedor que he visto.

Pero… ¿Qué son y donde puedo ver las auroras boreales?

Sin meternos en muchos tecnicismos, la aurora boreal es lo que el ojo puede ver del viento solar que llega a la Tierra. Así de sencillo se puede contar, pero a mí me gustaría profundizar un pelín más… sólo un poquito y explicarlo más detalladamente. Para ello debemos tener bien claro algunos aspectos que además también me ayudarán a explicar el por qué aparecen en esta región del planeta (perdonar el siguiente pestiño… Y si ya sabéis como se forman las auroras o no os interesa, podéis pasar al siguiente punto).


Primero, vamos a situar las capas de la atmósfera para saber dónde se crean las auroras boreales. La primera capa que nos encontramos desde el suelo es la troposfera y que todos conocemos bien porque es por donde vuelan los aviones que nos llevan de viaje.

La siguiente capa es la estratosfera que es donde se encuentra la capa de ozono y desde donde Félix Baumgartner se tiró en caída libre el año pasado manteniéndonos en vilo a medio planeta.

Luego está la mesosfera que es donde se desintegran la mayoría de los meteoroides formando las estrellas fugaces.

A partir de aquí superamos la línea de los 100 kilómetros de altitud y comenzamos a estar en las zonas donde intervienen factores para que se produzcan las auroras boreales, como es la ionosfera, también llamada termosfera. El grosor de esta capa ya es bastante más considerable, llegando hasta unos 1000 kilómetros de altura. Es justo en el comienzo de la ionosfera donde se producen las auroras, pero antes de esto las partículas del Sol han tenido que atravesar dos principales tramos más.

La exosfera, que es la última capa de nuestra atmósfera y donde a partir de ella se extiende el universo, y la magnetosfera, ya fuera de nuestra atmósfera y que es tan importante para que se creen las auroras como para la vida en el planeta. La magnetosfera es la zona invisible más lejana de la Tierra y donde el magnetismo de nuestro planeta crea un escudo protector. Sin ese escudo, las tormentas solares que llegan hasta la Tierra serían catastróficas para nosotros.


El origen de la aurora se crea en el Sol. La energía de nuestra estrella es tal, que continuamente se crean tormentas solares expulsando de su interior gas cargado eléctricamente al exterior, separándose este de la estrella y viajando a través del espacio como un proyectil a millones de kilómetros por hora. Cuando llega a nuestro planeta, esa masa de viento choca con el escudo magnético terrestre y transporta el gas cargado del Sol hacia los polos. Es aquí cuando las partículas del Sol entran en la atmósfera y llegan hasta la capa de la ionosfera, lugar donde la densidad de la atmósfera empieza a ser mayor y el choque entre partículas transforma la energía en luz.

Bien… pues cuando esto pasa, esa luz que se ha generado es la aurora boreal (o austral si ocurre en el polo sur) y el movimiento que vemos de dicha aurora no es otro que las corrientes magnéticas de nuestro planeta, que siempre están ahí, pero que nunca se ven salvo por la luminosidad de la aurora.

Por este motivo, las auroras aparecen con frecuencia en los polos, y muy rara (o rarísima vez) en otros sitios del planeta. De lo único que depende que haya más o menos auroras es de la actividad del Sol, que se sabe que cada 11 años recorre un ciclo de mayor actividad y según esos cálculos, este año 2013 tocaba. Por ello elegimos este año para ir a verlas. Las fechas que se recomiendan para ir son de febrero a abril y de octubre a noviembre, por lo que a finales de marzo como fuimos nosotros era una época muy propicia para ver auroras, aunque luego también existen otros factores como tener paciencia, suerte y sobre todo, que no esté nublado… Y este último punto fue el que nos hizo dudar que fuéramos a verlas.

A la caza de la aurora boreal en la Laponia finlandesa

Rovaniemi pertenece a Finlandia y es un punto clave para comenzar un viaje por la región de Laponia. Por esta ciudad pasa el Círculo Polar Ártico, a unos 10 kilómetros más o menos hacia al norte, y es una ciudad fronteriza para acceder a la región Ártica de nuestro planeta.

Puente Jätkänkynttilä, Rovaniemi

Autofoto con el puente Jätkänkynttilä (Ole tú con el nombrecito…), icono de la ciudad de Rovaniemi

Una ciudad que la verdad no me llamó nada la atención. En Marzo hacía frío, bastante frío, aunque no tanto como esperábamos. Por el día estábamos siempre rondando los 2 grados y por la noche bajaba la temperatura a -10 grados. Algo sostenible para una ciudad que tampoco requiere estar todo el día en la calle, porque la verdad, la ciudad no me gustó mucho. El mayor atractivo que la vi fue gracias a la época en la que fuimos, que con la nieve y el frío, el río Kemi estaba totalmente congelado y pudimos hacer alguna travesía andando sobre él, cosa curiosa para los que vivimos en España.

Rovaniemi

Pescadores en el hielo.

Pero poco más hicimos. Teníamos un día libre hasta que llegaran nuestros amigos con los que compartiríamos este viaje, por lo que ese día nos limitamos a andar por donde nos viniera en gana y retozarnos en la nieve que nunca habíamos visto en tanta cantidad.

Rovaniemi

Río congelado

Aquella noche el cielo estaba espléndido, sin una nube de por medio y con una luna llena tremenda. Muy bonita, si… pero nada aconsejable para ver auroras. Bien es cierto que Rovaniemi no es la mejor zona de Laponia para verlas, pero aún con la luna llena, podía ser posible. Y por eso, desde la puerta del hostal miraba al cielo esperando ver algún destello. Algo verde… Pero nada… Hacía mucho frío y mucha luz y no tenía en ese momento coche para salir de allí. Esa noche llegaron Aitor y María con el coche de alquiler, pero ya era muy tarde y con el cansancio que llevaban decidimos irnos a la cama.

Rovaniemi

Atardecer en Rovaniemi

Al día siguiente la esperanza de verlas crecía. Comenzaríamos nuestro viaje hacia el norte y nuestra siguiente parada sería en las inmediaciones del lago Inari, muy cerquita de la frontera con Rusia. Era un lugar ideal para poder verlas. Naturaleza en estado puro, cielo despejado, ciudades pequeñas sin casi contaminación lumínica y ya estábamos metidos en pleno Ártico.

Por el día inspeccionamos la zona y descubrimos un camino que desembocaba en el mismo lago Inari que se encontraba congelado por completo. Era el lugar perfecto para ir por la noche y probar suerte de nuevo.

Lago Inari

Y así hicimos. Sobre las diez de la noche cogimos el coche y nos fuimos hasta allí. Habría como unos -13 grados, pero además el viento corría de lo lindo y la sensación térmica era más radical aún. Nos adentramos al lago por un camino que supusimos sería un embarcadero oculto por el hielo y nos quedamos allí en medio parados, sentados en la nieve con los guantes, gorros, bufandas y todo lo que tuviéramos a mano. Esperando.

Lago Inari

La claridad de la luna se reflejaba en la nieve del lago e iluminaba todo el cielo. Era un paisaje alucinante como pocos habíamos visto, pero las auroras no aparecían. Una hora aguantando allí a la intemperie fue suficiente para decidir irnos antes de morir congelados.

Lago Inari

Otra noche más nos volvíamos a ir sin ver las auroras boreales. Pero aún nos quedaban las mejores zonas para poder hacerlo.

Ahora sí, el día que vimos la aurora boreal

Al día siguiente cambiamos el paisaje monótono de Finlandia por el de los fiordos noruegos. Fue entrar en Noruega y el tiempo empeoró por momentos. Nos nevó con bastante intensidad y el asfalto dejó de verse bajo el coche. Corríamos por una auténtica pista de hielo a no más de 80 kilómetros por hora y aún nos quedaban 200 kilómetros para llegar a Honningsvag. Al igual que el suelo, el cielo también empeoraba por momentos. Lo veíamos y no nos lo creíamos. Antes de llegar a nuestro destino ya teníamos claro que esa noche tampoco podríamos ver auroras boreales.

Cuando llegamos a Honningsvag las expectativas eran las mismas. No teníamos esperanzas de verlas esa noche pero aún nos quedaban otras tres noches más, por lo que pasamos el resto del día paseando por Honningsvag y cuando anocheció nos quedamos en el albergue tranquilamente jugando al parchís y charlando antes de cenar.

Honningsvag

Honningsvag

Pero yo nunca tiraba la toalla. Cada 15 minutos salía a la puerta del albergue para ver cómo iba el cielo. Había dejado de nevar y por detrás de la montaña que teníamos enfrente se empezaba a ver en las nubes el reflejo de la luna. Una y otra vez. Salía, miraba 5 minutos y volvía para dentro. No me podía creer que tuviéramos tan mala suerte. Con los días tan buenos que habíamos tenido…

Pero espera… un momento… ¿Eso de ahí no es una estrella? ¿Se está despejando el cielo…? ¡Efectivamente! Me encontraba de nuevo en la puerta del albergue, con el cuello ya harto de mirar hacia arriba, y a duras penas pude divisar un par de estrellas que se iluminaban difusamente en el cielo. Quedaban nubes de por medio, pero poco a poco parecía que se estaba despejando.

Me mantuve mirando al cielo un buen rato para que la vista se me hiciera a la oscuridad, aunque las farolas del albergue no ayudaban para nada. Al rato, mis ojos se pusieron como platos. Todo el cielo era negro menos una leve franja de color verde que iba de norte a sur sin movimiento alguno. Esa luz sólo estaba allí pero casi no se diferenciaba. Dudaba que fuera una aurora. Podía ser algún reflejo que notara de las farolas, pero no… ¡Esa franja verde era una auténtica aurora boreal!

Aurora boreal

Evidentemente, la foto es de muy mala calidad. La hice en la puerta del albergue, sin trípode y con mucha luz, por lo que el resultado fue malo… pero fue la prueba que nos hizo coger todo y marcharnos de allí para verlas mejor.

Corrí hacia dentro del albergue tan rápido como pude, tanto que casi me estampo contra la puerta al escurrirme con el hielo. Fui a la cocina donde estaban el resto del grupo y les dije todo nervioso que tenían que salir afuera porque creí haber visto una aurora boreal.

No se lo creían, pero ante la duda salieron corriendo. En ese segundo momento, la aurora brillaba incluso más, no mucho, pero se veía perfectamente, por lo que decidimos cenar a toda prisa, arroparnos a más no poder y salir pitando de allí a una zona más oscura.

Cogí el trípode, la cámara de fotos, el gorro, la cazadora y salimos escopetados. Salimos del pueblo en dirección a Nordkap, y tras pasar el pequeño aeródromo de Honningsvag encontramos un aparcamiento a mano izquierda donde ni la luz de la ciudad ni de la luna nos molestaba en exceso. Paramos el coche y apagamos las luces. Abrí mi puerta y salí. Eva lo hico por el lado contrario. Aitor y María que iban delante tardaron un poco más en hacerlo. El tiempo justo para que en el cielo comenzara un auténtico festival de colores.

¡Salir del coche ahora mismo! ¡Salir pero ya! -les dijimos los dos al unísono. Cuando lo hicieron, los cuatro comenzamos a flipar en colores, en más colores incluso que había en el cielo en ese momento.

Los primeros 15 minutos que vivimos en ese sitio serán difíciles de olvidar para nosotros. El cielo parecía estar más vivo que nunca. La oscuridad de la noche se transformó rápidamente en un auténtico amanecer polar. El cielo entero parecía un lienzo surrealista de Dalí derramándose en tonos rosa, rojo, azul y sobre todo verde. Las luces aparecían en una parte y corrían por el cielo a toda prisa. Otras un poco más despacio. En un momento tuvimos toda la bóveda celeste plagada de auroras, incluso una enorme en forma de corona que se precipitaba como un remolino hacia nosotros.

Aurora boreal

Aurora boreal

Aurora boreal

Aurora boreal

Estábamos nerviosos, alucinando ante lo que veíamos y no atinábamos a decir nada coherente, sólo expresiones de admiración. Aparecían por todos lados pero casi siempre del sur y se desplazaban hacia el norte. Lástima que no soy ningún experto en fotografía y las imágenes que saqué no hacen justicia a lo que vimos.

Aurora boreal

Aurora boreal

Aurora boreal

Aurora boreal

Hacía mucho frío. El coche marcaba -16 grados pero daba igual. En aquel momento hubiéramos aguantado incluso a -50 grados. Yo estaba emocionado. Pensé que iba a llorar pero finalmente no lo hice. Estaba bloqueado ante la maravilla que estábamos viendo. El planeta y nosotros éramos un ente único en ese momento. Nunca pensé que lo fuéramos a ver así. Yo me conformaba con la típica aurora verde y fina que se suele ver, como la que vi desde el albergue, pero ni mucho menos nos esperábamos que fuéramos a tener tanta suerte como la que tuvimos, y más habiendo estado todo el día nublado como estuvo.

Aurora boreal

Aurora boreal

Aproximadamente a los 15 minutos descendió la actividad, pero aún seguían salíando auroras. Más tímidamente iban apareciendo por un lado y por otro con ese tono verdoso tan característico. Salían por detrás de la montaña y se desplazaban hacia el mar difuminándose poco a poco según se alejaban.

Aurora boreal

Aurora boreal

Aurora boreal

Aurora boreal

Estuvimos dos horas allí, muertos de frio y haciendo turnos para meternos en el coche a coger algo de calor. A la una de la mañana ya no había ninguna aurora en el cielo y con la sensación de satisfacción que teníamos vimos lógico irnos ya hacia el albergue. Cuando llegué no pude aguantarme y lo dejé plasmado en la página de Facebook del blog…

Tras esa noche tuve la sensación de que el viaje ya había merecido la pena. Daba igual si veíamos más auroras o no, aunque siempre se tiene la esperanza de volver a hacerlo. Nos quedamos otra noche más en Honningsvag pero no las volvimos a ver allí. El tiempo en esta zona cambia continuamente y si a una hora del día hay un cielo espléndido, en 10 minutos podía estar todo nublado y nevando, y eso es lo que nos pasó por la noche. Ni nos molestamos en ir al mismo lugar porque estaba cayendo una de mucho cuidado, pero esta vez no parecía que fuera a parar.

Nuestro siguiente destino iba a ser la ciudad de Alta, un lugar que según dicen es idóneo para ver auroras. Hasta allí nos fuimos y nos quedamos alojados en una casa de campo a las afueras de la ciudad justo al final del fiordo de Alta. El lugar era ideal. A pocos pasos teníamos el mar de Noruega parcialmente congelado y la casa estaba rodeada de nieve y árboles, aunque a decir verdad, Noruega entera estaba llena de nieve. En mi vida había visto tanta junta.

Alojamiento en Alta

Nuestra casa a las afueras de Alta (la parte de la derecha sólo…)

Tras comprar algo de comida en Alta y dar un paseo por la ciudad, nos volvimos a casa para cenar. Allí se estaba de lujo. Ni un ruido, calentitos, jugando una partida al parchís… la verdad que daba hasta pereza salir al frío de la calle. Pero yo quería seguir viendo auroras. El cielo en esta ocasión estaba cubierto de nubes por algunas zonas y por otras despejado, pero hacía viento y tan pronto veías estrellas como de repente no se veía nada. Más o menos sobre las diez y media de la noche apareció una aurora. Yo estaba en el porche de la casa y decidimos abrigarnos y probar de nuevo suerte.

Aurora boreal

Pero cuando llegamos a una especie de aparcamiento en medio de la carretera vimos que teníamos todo el cielo cubierto de nubes. Aguantamos como treinta minutos allí muertos de frío. Creo que fue la noche que más frío pasamos por culpa del viento que hacía. Tras las nubes quisimos creer que se veían auroras pues notábamos un cierto tono verdoso en el cielo, pero nada… No se despejaba y las únicas que vimos bien esa noche fueron las que aparecieron primero cuando estábamos en la casa.

Aurora boreal

Aún con nubes se llegaron a apreciar un poco…

Ya sólo nos quedaba una noche allí antes de volver al hacia el sur. Esperábamos que por ser la última deberíamos tener suerte, como si dependiera de algún ente poderoso que se apiadara de nosotros y nos regalase la noche perfecta.  Tampoco hacía falta que fuera como la primera vez, pero al menos algo más que los últimos dos días y que por lo menos la noche estuviera despejada. Y parece que al final nuestras plegarias fueron escuchadas. Hizo un día estupendo. La noche se había quedado preciosa y no había prácticamente ninguna nube. Alguna que otra, pero pequeñas y se marchaban rápido. Teníamos el cielo entero para nosotros.

Fiordo de Alta

Aunque haga una tarde con estas nubes, en cuestión de un rato puede despejarse todo y quedarse una noche perfecta. A este mismo lugar vinimos a ver auroras por la noche

Tras cenar nos fuimos hasta una zona recreativa junto al mar de Noruega. Sabíamos muy bien donde queríamos ir porque habíamos estado esa misma tarde paseando por allí viendo un atardecer precioso sobre la ciudad de Alta. Era el lugar idóneo. Una especie de embarcadero adentrado en el mar donde teníamos toda la bóveda celeste para nosotros, eso sí, aguantando un frío de narices porque estábamos totalmente a la intemperie. Pero el frío que pasamos mereció la pena. Esa última noche el norte de Noruega nos regaló otro espectáculo boreal. Una gigantesca aurora apoderándose del cielo de este a oeste y envolviéndonos en ella quitándonos el frío al momento.

Aurora boreal

El tono anaranjado es el reflejo de la ciudad sobre una nube… que aún quedaba alguna desperdigada…

Se movía por todas partes y mutaba extensiones de luz verde espectral desde los laterales. El espectáculo duró más de una hora. Después fue desapareciendo poco a poco dejando paso a otras auroras más pequeñas.

Aurora boreal

Aurora boreal

Aurora boreal

Aurora boreal

Aurora boreal

Aurora boreal

Aurora boreal

No fue ese festival de colores que vimos el primer día, pero desde luego como despedida de la “operación aurora”, nos dejó más que satisfechos. Habíamos cumplido con nuestra “misión” y podíamos irnos de allí con la cabeza bien alta.

Aurora boreal




Victor del Pozo

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35 Responses to El día que vimos la aurora boreal

  1. Rayu says:

    Guau Victor! Me ha encantado tu relato! Cuánta emoción de ver ese espectáculo de la naturaleza… yo hubiera estado igual. Las fotos son geniales… ya le compartí a una amiga tu entrada q también está loquita por verlas, a ver si se anima a pasar un poco de fresco! Jeje! Un beso

  2. Noelia says:

    Qué maravillosa experiencia!! Es algo que deberíamos vivir, sin duda, alguna vez en la vida!!

    WomanToSantiago

    • Víctor del Pozo says:

      Desde luego que se lo recomiendo a todo el mundo, como dices, aunque sea una vez en la vida. Yo espero poder volverlas a ver algún día.

      Un abrazo!

  3. Iciar says:

    Solo puedo decir…¡Qué maravilla!
    Cuando la naturaleza nos muestra cosas así, debe ser sobrecogedor! Magia! Gracias por mostrárnoslo!

  4. LUCIA says:

    he flipado en colores y nunca mejor dicho….

    Las fotos son reales?? Es que SON INCREÍBLES!!!

    Por cierto, parece que no llegue a ser de noche en algunas fotos, era por la aurora boreal o porque allí en marzo la noche no es tan oscura?

    • Víctor del Pozo says:

      Jajajajaja… si, las fotos son reales y la claridad que ves es porque la mayoría de ellas tienen una exposición de 30 segundos y la poca luz que había se intensifica así. La aurora no se refleja apenas en el suelo pero si en el agua. Es impresionante.

      Un abrazo!

  5. Ohh! Qué maravilla! Me encanta. Y desde luego qué envidia. Nosotros no hemos visto nunca ninguna

  6. YO ADORO VIAJAR says:

    Yo también sueño con ver una aurora boreal. Mi abuelo que era pescador vió una vez una en Francia y siempre me lo contaba fascinado. Así que es algo que me gustaría muchísimo hacer en esta vida…
    Me ha encantado tu relato, me ponía hasta nerviosa imaginandome en vuestro lugar, será hoy, no será, llega un reflejo, … es otra aurora!! fascinante!!

    Te felicito por esta entrada. Un saludo,

    Trini Fernández
    http://yoadoroviajar.blogspot.com

    • Víctor del Pozo says:

      Pues verla en Francia ya es suerte!! a mi mi abuela me contó que un año vio una en su casa (Cuenca). Ella no sabe ni lo que es una aurora, pero según me lo describió un día, tenía que ser por narices. Es difícil verlas fuera de los polos como he explicado, pero no imposible.

      Un abrazo!

  7. Artabria says:

    Impresionante! me encantaría ver una aurora boreal en persona, a ver si lo consigo algún día 🙂

    • Víctor del Pozo says:

      Seguro que haces algún viaje, sea Alaska, Noruega, Finlandia o incluso Groenlandia, y acabarás viéndolas. No me cabe la menor duda!

      Un abrazo!

  8. Helena says:

    Uno de mis sueños Víctor. Ya te pediré más datos y consejos… 😉

  9. Sandra says:

    Espectaculares!!!! Yo también quiero ver auroras boreales algún día!

  10. Calíope VyV says:

    Madre mía Victor, se me ponen los pelos de punta viendo las fotos, no quiero pensar verla en directo, un espectáculo en toda regla, flipante y maravilloso, toda una experiencia, ufff, me pongo hasta nerviosa, ja ja ja. Es uno de mis sueños viajeros, no sé si se nota, espero verlas como vosotros, qué increíble!! eso sí en las fotos de Finlandia os veo ahí an abrigados y me da un poco de yuyo, que fríiiiiio. Me ha encantado la entrada, emocionante. Un besote para los tres!

    • Víctor del Pozo says:

      Hombre… abrigarse si que había que abrigrarse… pero la verdad que no hizo tanto frío como esperábamos, sólo por las noches. Que no sea por el frío!!! Este espectáculo deja de lado la temperatura que haya!

  11. Qué maravilla Victor! Es uno de mis sueños aún por cumplir. Recuerdo cuando ibas publicando las fotos en facebook en directo se me ponían los pelos de punta. Qué emoción.

    Aunque viendo algunas fotos, me entra un frío que pela, tiene que compensar con creces.

    Las fotos de las auroras boreales, fantásticas.

    Un besazo!

  12. Creo que es un espectáculo de la naturaleza que parece hasta sobrenatural, mira que las fotos son un buen aliciente, pero nada tiene que ser como verlas en directo.

    El vídeo sin palabras, no hace falta más que escucharos para saber la emoción que supone 🙂

    Un abrazo!

  13. Pau says:

    Tuve la suerte de ver una en Laponia Sueca y es una experiencia irrepetible, espero que no sea la última vez en mi vida.

  14. Fran Soler says:

    Madre mia que pasada de fotos Víctor y que experiencia más alucinante!! Por vivencias como estas merece la pena viajar, sin duda!! Espero verlas algún día con mis propios ojos….. Un abrazo crack!!

  15. Que fuerte, que fotos!!! ¿sabes lo que has conseguido? que tenga otra meta más que cumplir!!!! A ver como cuento yo ahora en casa que tenemos un destino más pendiente…
    Alucinante, Victor.

    • Víctor del Pozo says:

      Pues entonces misión cumplida por mi parte!! me encanta pensar que he levantado la curiosidad por algo a alguien. Pues ya sabes… no hace falta que digas nada en casa… muéstrales un video de auroras boreales y seguro que convencen ellos mismos.

      Un abrazo!

  16. Yadnakis says:

    QUE PASADA!!!

    Que paisajes más bonitos, y si ya lo culminas con ver las auroras boreales…pues claro que merece la pena..

    Enhorabuena… y tambien por la parrafada explicatoria.. 8), que mi no me ha sobrado. jejej

    Un abrazo

    • Víctor del Pozo says:

      Jajajajaja.. esa parrafada la veía necesaria. Más de una persona me ha preguntado que es exactamente una aurora boreal. Me encanta todo el tema de astronomía, y el verlas a sido un sueño.

      Un abrazo pareja!!

  17. Es uno de nuestros sueños viajeros. Me han impactados las fotos. Además a mi también me gusta todo el tema relacionado con la astronomía y ver una aurora boreal tiene que ser impresionante.

    Saludos y aprovecho para desearos un Feliz año 2014

  18. jose says:

    el dia que vi mi primera aurora boreal http://bit.ly/2l14R2W

    • Víctor says:

      Gracias Jose por compartir esta experiencia (aunque me sale que está escrita por un tal Roberto O-o). No obstante, me ha venido de lujo conocer esta página y he estado viendo la agenda y lo que hacen. De seguro que me apunto a algún curso.

      Un saludo!!

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