Una coreana en la Gran Muralla China

Desde luego que nuestro final de viaje iba a ser especial, y no porque estuviéramos en una ciudad apasionante como Pekín o porque fuéramos a ver una de las maravillas del mundo como es la Gran Muralla China (otra vez), si no por lo que muchas veces he dicho de los viajes, “que lo más especial de ellos son la gente que te encuentras por el camino y las personas con las que lo compartes”, y en este transmongoliano se corrobora este dicho puesto que compartimos nuestros últimos dos días en Pekín con una buena amiga que hacía tiempo que no veíamos. Nuestra amiga coreana Chehjin. Y es que 10.000 km. son suficientes para mantener lejos a una amiga durante mucho tiempo, en este caso 5 años desde que se fue de Madrid.

Gran Muralla China Mutianyu.

No me he podido resistir a poner una foto de estas… David… eres tu??? que es eso que tienes en la cabeza??? jajajajaja
En Cuenca (2006)

Habíamos quedado con ella directamente en el alojamiento antes de cenar, pero se empezó a retrasar y cada dos por tres salíamos fuera para ver si la veíamos llegar. Tras una larga espera, por fin apareció, desorientada en las oscuras calles del distrito de dōngsì y con su maleta arrastrándola por el suelo. La reacción de Eva y Chehjin fue de gritar y abrazarse mientras que David y yo esperábamos nuestro turno. Al final la incertidumbre de los últimos días de pensar si la veríamos o no se desvanecieron de golpe y ahora solo quedaba disfrutar del corto fin de semana juntos.

Pekín

Tras dejar Chehjin las cosas en la habitación nos fuimos sin perder tiempo a la zona más animada de la ciudad, a la calle Wangfujing, donde el entretenimiento está asegurado y las zonas de comida rápida abundan por todas partes.

Aquí cenaríamos en el interior de un mercado que se le podría catalogar de los más sucios en España, pero en Beijing es simplemente un lugar más donde comer al que no hay que darle importancia a las cucarachas que rondaban por el suelo… y más teniendo en cuenta los puestos de pinchos que teníamos cerca…

Pekín

Y están vivos…

Porque si lo que buscáis es el típico mercado de insectos, este es el lugar que deberéis visitar. Alrededor de la calle Wangfuijng tendréis decenas de puestos donde poder degustar tan asquerosos manjares. Chehjin no paraba de hacer fotos y de llevarse las manos a la boca. En Corea no están acostumbrados a este tipo de alimentación y le parecía tan asombroso como nos podía parecer a nosotros.

Pekín

Después de cenar nos dimos una vuelta por la plaza de Tiananmen para que viera los exteriores de la Ciudad Prohibida y desde allí nos fuimos paseando hasta nuestro albergue donde nos quedamos charlando hasta tarde. Teníamos que descansar porque al día siguiente tendríamos uno de los platos fuerte del viaje. La Gran Muralla China nos esperaba.

Pekín

Visita a la Gran Muralla China en Mutianyu

En nuestro anterior viaje a Beijing, Eva y yo visitamos la Gran Muralla China haciendo el recorrido a pie que hay entre los tramos de Jinshanling a Simatai. Una distancia de unos 10 kilómetros en los que prácticamente trepas por la muralla y cuyo tramo se encuentra en ruinas en muchas de sus partes, pero para mí, es la parte más impresionante por la autenticidad que presenta aún el aspecto de la gran muralla.

En esta ocasión les pedimos hacer otro tramo por no repetir el lugar y nos decantamos por ir a la sección de Mutianyu, un tramo que aunque esté restaurado y visitado por muchos turistas, el paisaje frondoso que la rodea nos dejaría una estampa espectacular.

Gran Muralla China en Mutianyu

La excursión salía desde nuestro albergue y tras 70 kilómetros aproximadamente llegamos a los pies de la Gran Muralla China, en una zona de aparcamiento que a esas horas ya se encontraba lleno de autobuses y de gente.

Para subir hasta arriba existe un teleférico, y aquí Chehjing comenzó a demostrar la desconfianza que tenía con todo lo relacionado con China. Según iba subiendo en aquellas telesillas y dejando cada vez más lejos la tierra firme, aumentaba su nerviosismo a la par que la altura.

 

Pese a que Corea está muy cerca de China, Chehjin nunca había estado aquí, y conociendo su historial viajero la verdad que me extrañaba. Nos comentó que esta ocasión había sido excepcional porque habíamos venido nosotros, pero que en ningún momento se había planteado visitar China, cosa que nos extrañó aún más y nos explicó un poco el porqué. El motivo principal es por todas las noticias que sacan en la televisión coreana sobre China.

Gran Muralla China en Mutianyu

Pero no creo que sea nada políticamente personal de Chehjing, sino más bien por miedo… y me explico. Por lo que nos contaba, las noticias que sacan en la televisión coreana y que proceden de China son en la gran mayoría con tintes dramáticos, así como los accidentes, secuestros, muertes,… vamos, que los hinchan a noticias desagradables y raras que ocurren en cualquier rincón del país vecino. A la larga, esto influye, y la prueba la tenemos en Occidente con Oriente próximo.

Gran Muralla China en Mutianyu

El caso es que me dio la sensación de que Chehjin llegó con un cierto recelo a la capital China, y no porque no sepa defenderse fuera de su país, ya que ha vivido mucho tiempo en España, Francia o Canadá, pero si por el tema de la seguridad, por poner un ejemplo, el de las propias telesillas donde estábamos subidos en ese momento. Creo que se le pasó varias veces por la cabeza aquellas noticias de accidentes, y lo único que deseaba en aquel momento era llegar arriba sana y salva y bajarse de aquella “máquina del infierno” construida por los chinos.

Gran Muralla China en Mutianyu

Tramo de Mutianyu de la muralla china

Sin un rasguño y con todas las extremidades en su sitio llegamos a los pies de la Gran Muralla China. Pese a ser la segunda vez que la veo, sigue siendo impresionante encontrarse con ella y pensar lo que supuso en aquella época crear una fortificación tan colosal. Viéndola te recorre por el cuerpo una sensación parecida a cuando te encuentras frente a las pirámides de Giza. Algo que la vista no alcanza a encontrar similitud con nada parecido visto anteriormente.

Gran Muralla China en Mutianyu

En esta ocasión había mucha gente. Más de la que nos hubiera gustado. Pero se podía andar tranquilamente y serpentear la montaña a lomos de la inexpugnable muralla. Aunque serpentear, lo que se dice serpentear… Eva y yo no lo hicimos mucho. Con el calor que hacía y las pocas ganas de andar que teníamos, acompañamos a David y Chehjin un poco y luego les dejamos que subieran las empinadas cuestas de este tramo mientras que nosotros nos sentamos en el interior de una torre de vigilancia a esperarles con una cerveza en la mano.

Gran Muralla China en Mutianyu

Gran Muralla China en Mutianyu

Gran Muralla China en Mutianyu

Cuando llegaron tras una hora de largas cuestas, nos dirigimos a la salida para bajar por una de las atracciones que han montado en la muralla china. Cuando estuvimos en el 2009 nosotros bajamos desde el tramo de Simatai en una larga tirolina, y aquí en Mutianyu tienen montado un tobogán a pie de muralla para descender en una especie de vagoneta con ruedas y un palo para poder frenar. La idea parecía divertida, aunque Chehjin no pensaba lo mismo…

Gran Muralla China en Mutianyu

Cuando llegamos abajo nos estaban esperando para comer. Bueno, a decir verdad, ya casi todo el mundo había comido y tuvimos que ingerir la comida casi sin masticar. Es lo malo de llevar las excursiones contratadas. Hay que ceñirse a un horario y en muchas ocasiones eso es un auténtico coñazo. Pero realmente contratar la excursión a la muralla china puede salir rentable ya que por 35 euros por persona habíamos estado toda la mañana, desde que salimos del albergue hasta que llegamos de nuevo a él a primera hora de la tarde, con traslado, entrada y comida incluida.

Nos quedaba la tarde para vaguear. Eran las 5 de la tarde y casi todos los sitios estarían cerrados para visitarlos, por lo que nos fuimos a dar una vuelta sin rumbo y acabamos llegando al mercado de la seda.

 

Pekín

Curiosamente acabamos este viaje sentados en la misma pizzeria donde nos sentamos al final del viaje del 2009. A ver si el próximo restaurante en el que estemos con Chehjin es en Seúl…

En la habitación del albergue, antes de irnos a la cama, se barruntaba el final del viaje. Nuestras caras eran un cuadro. Había dos despedidas. De nuestro viaje y de Chehjin. A la mañana siguiente nos levantaríamos temprano y la dejaríamos durmiendo mientras nosotros nos marchábamos al aeropuerto. Ella se quedaría en Pekín para visitar un poco más de la ciudad hasta que saliera su vuelo a Seúl por la tarde. Solo espero que no pase mucho tiempo hasta volvernos a ver, tanto en Corea, en España o en cualquier parte del mundo.

Gran Muralla China en Mutianyu

Leyendo los relatos y sobre todo el tiempo que me he tirado para publicarlos todos (termino casi un año después de que nos fuéramos…) parece que nos hubiéramos ido muchos meses de viaje, pero realmente han sido solo 25 días, algunos de ellos intensos y otros mucho más tranquilos. Hemos dormido bajo un manto de estrellas unas noches y otras tantas con el traqueteo constante del tren. Pasamos unos días de relax en casa de Olga, nuestra anfitriona en el lago Baikal. Hemos subido montañas nevadas en Mongolia en busca de templos budistas y vivido como nómadas en las estepas. Hemos recorrido calles de la histórica Moscú, admirado la belleza de la mezquita Kul Sharif de manos de Valentín en Kazán, atravesado tres fronteras y recorrido más de ocho mil kilómetros. Hemos vuelto a andar sobre la gran muralla china, paseado por parques, visto grandes ciudades, grandes paisajes, grandes lagos, pequeños desiertos, pequeños detalles y vivido pequeñas y grandes experiencias… Y la guinda al pastel, hemos vuelto a ver a nuestra buena amiga Chehjin. Sin duda un viaje para no olvidar nunca.

Este es el video resumen que comenzó el relato… y el que lo acaba.

Víctor del Pozo

Qué ver en Pekín; segunda visita a la capital de China

Hacía 2 años y 4 meses exactos que habíamos estado por primera vez en la ciudad de Pekín, y la verdad que no hubiera apostado nada en aquella ocasión si me hubieran dicho que volvería en tan poco tiempo. Pero realmente cuando nos planteamos hacer este viaje, uno de los alicientes de hacerlo era precisamente el volver a Beijing, la vieja Pekín todavía para los nostálgicos. No importa las veces que vayas porque siempre tendrás cosas que ver en Pekín.

Qué ver en Pekín.

En el caso de David era la primera vez que pisaba Pekín y evidentemente nosotros tendríamos que repetir visitas que ya hicimos en el 2009, por lo que nos organizamos para conjugar cosas vistas con lugares nuevos.

Qué ver en Pekín

Tras una pequeña siesta para recuperarnos del matador viaje en autobús, salimos a media mañana andando partiendo desde nuestro hotel en Pekín hasta los cercanos templos de Yonghe Gong y de Confucio, los cuales me quedé con ganas de verlos la otra vez y ahora sería el momento de quitarme la espina.

Qué ver en Pekín: Templo de Yonghe

 

Qué ver en Pekín. Templo de los Lamas

Entrada al templo de los Lamas

El primero de ellos, el templo de Yonghe o más conocido como el “templo de los Lamas” (entrada 25 YN), fue construido como residencia del príncipe Yongzhen en 1694 durante la dinastía Qing, y tras subir este al trono, decidió dejar buena parte de su residencia a los monjes que practicaban el budismo tibetano

Qué ver en Pekín. Templo de los Lamas

Cuando el emperador murió, el monasterio acabó siendo residencia de monjes budistas tibetanos tanto de Mongolia como del Tíbet y de ahí se quedó finalmente con el nombre del Templo Lama. Pero lo característico que tiene este templo no es que sea de cultura budista tibetana o que se llegara a convertir en el más importante monasterio budista tibetano fuera del Tíbet, sino que su verdadero interés reside en poder ver un monasterio budista con planta de palacio real, ya que esta fue su originaria función, y habiendo visto otros monasterios budistas, esto se deja notar. Es como ver otra pequeña “ciudad prohibida” (y no me malinterpretéis la comparación… quiero decir “muy pequeña ciudad prohibida”) al pasear por las diferentes salas y patios de este monasterio.

Qué ver en Pekín. Templo de los Lamas

Qué ver en Pekín. Templo de los Lamas

Qué ver en Pekín. Templo de los Lamas

Pero salvo esa “novedad” arquitectónica, poco hay más de diferencia de lo que se puede ver en su interior, repleto de arte tántrico como el que hemos podido ver en Mongolia y budas de distinta índole.

Qué ver en Pekín. Templo de los Lamas

Aunque sí que es cierto que merece la pena entrar al monasterio para ver uno de esos budas que quitan el hipo y generan tortícolis al mirarle. Se trata de la estatua del futuro buda histórico de casi 30 metros de alto que está tallado en madera de sándalo. A la vista no parece que tenga tanta altura, pero es que por lo visto tiene varios metros enterrados bajo el suelo.

Qué ver en Pekín. Templo de los Lamas

Qué ver en Pekín: Templo de Confucio y el Colegio Imperial

Allí dejamos a la gente con sus inciensos y sus rituales y nos fuimos a ver el templo de Confucio y el Colegio Imperial (10 YN) que se encuentran juntos cruzando un par de calles.

Una estatua del filósofo que vivió en el siglo V a.C es lo primero que se ve nada más entrar al primer patio, unas escaleras y varios jardines amenizados con un pequeño lago repleto de peces rojos como no podía ser de otra manera.

Qué ver en Pekín. Templo de Confucio

Muchas de las salas son utilizadas para mostrar objetos que explican la vida del famoso pensador que creó una serie de doctrinas morales y religiosas que fue seguida por la mayoría de la población china hasta el siglo VII. El templo en el que nos encontrábamos fue construido en 1302 para honrar a Confucio y en su interior no podemos buscar nuevas filigranas arquitectónicas ni mucha decoración extravagante.

Qué ver en Pekín. Templo de Confucio

Confucio

Qué ver en Pekín. Templo de Confucio

Estas tablas de piedra registran los nombres de los alumnos que superaron el examen Imperial durante la dinastía Qing.

Como he dicho no tiene nada del otro mundo, o al menos nada nuevo. Es un lugar tranquilo y sencillo en el que pasear y aprender un poco de la historia de Confucio. A mí no me pareció gran cosa y al final voy a tener que dar la razón al filósofo en una de sus frases la cual dice que “cada cosa tiene su belleza, pero no todo el mundo puede verla”. Pues yo aquí no vi nada nuevo y por lo tanto me quedé un poco indiferente.

Qué ver en Pekín. Templo de Confucio

Deseos en el Colegio Imperial

Qué ver en Pekín. Templo de Confucio

Esta es la puerta de acceso al Colegio Imperial. Sin duda lo más bonito de todo el recinto.

Qué ver en Pekín: Parque Olímpico de Pekín

Volvimos a coger el mapa de Pekín y marcamos nuestro siguiente destino en él. En esta ocasión visitaríamos también un lugar que no visitamos la primera vez y que desde las pasadas olimpiadas del 2008 se ha convertido en un lugar recomendado que ver en Pekín. Se trata del parque olímpico donde se levantaron varios estadios y pabellones dignos de ver tanto de día como de noche.

Qué ver en Pekín. Parque Olímpico

A mí me encanta ver los estadios de fútbol y el que teníamos frente a nosotros, el llamado Nido, solo tengo dos palabras para describirlo. “Im-presionante”. No quisimos entrar porque era yo el único que estaba interesado en ver el estadio y además ver todas las gradas vacías se me hace una sensación muy fría en cualquier estadio de futbol, pero solo con verlo por fuera me fui más que satisfecho.

Qué ver en Pekín. Parque Olímpico

Botella!!!

La cantidad de acero enlazado por todas partes crea la forma de un verdadero nido de aves. Su apariencia puede resultar austera e inacabada, pero como dijo Confucio, yo en este edificio sí que vi la belleza.

Qué ver en Pekín. Parque Olímpico

Al lado se encuentra el cubo de agua, el centro acuático nacional, y la verdad que este sí que tiene que impresionar cuando lo iluminan por la noche, pero a la luz del día no me resultó gran cosa.

Qué ver en Pekín. Parque Olímpico

Anduvimos por allí de un lado a otro, viendo pabellones que habían instalado para hacer juegos con niños y paseando hasta un lago en el que hacían un pequeño espectáculo con música. La verdad que me resultó un lugar de lo más agradable para pasar una buena tarde.

Qué ver en Pekín. Parque Olímpico

Qué ver en Pekín: Parque Beihai y el pabellon de los Cinco Dragones

La tarde se nos fue echando encima entre paseos, hablando y sin un rumbo fijo y antes de que anocheciera llegamos hasta una de las puertas del parque Beihai. Quería recordar uno de esos momentos únicos que se viven en los viajes y que hacen que un día cualquier se convierta en un día especial. El pabellón de los Cinco Dragones en el parque de Beihai se encuentra al noroeste del lago y se ha convertido para mí en uno de mis rincones favoritos de la ciudad. Es un lugar en el que sorprendentemente casi no hay turistas y puedes disfrutar de unas de las mejores puestas de sol de la ciudad.

Qué ver en Pekín. Parque Beihai

Pero lo mejor de todo es que siguiendo las costumbres lúdicas de los chinos, en este lugar se reúnen vecinos todos los días para realizar cualquier actividad artística, desde bailes, escritura con agua, dibujo o cualquier cosa. Da igual lo que sea porque el ambiente que se crea al anochecer es mágico y las vistas del lago con la estupa de fondo son verdaderamente un regalo para la vista.

Qué ver en Pekín. Parque Beihai

Qué ver en Pekín: Palacio de Verano

Si me preguntaran que es lo que más me gusta de Beijing, seguramente diría que visitar sus parques. Creo que pasear por ellos es la mejor forma de ver de cerca la cultura china y ser partícipe de ella. Tanto por los monumentos históricos que hay en algunos parques como las actividades que hace la gente en ellos. Los ejemplos los tenemos en los jardines que rodean el Templo del Cielo, el lago Shichahai rodeado de mansiones históricas y barrios antiguos, el anterior parque Beihai o el que también visitamos de nuevo, el Palacio de Verano al norte de la ciudad.

Qué ver en Pekín. Palacio de Verano

Palacio de Verano con la pagoda del Buda Fragante destacando sobre el resto.

Cuando lo estuvimos visitando en el 2009 tuvimos que llegar en taxi porque aún no llegaba el metro, pero hoy en día la línea 4 nos acerca hasta estos jardines imperiales de la dinastía Qing en la parada de metro Beigongmen.

Qué ver en Pekín. Palacio de Verano

Puente de los 17 arcos.

Aunque se haya visitado anteriormente este lugar, no importa repetir porque siempre es agradable andar por allí, pero he de reconocer que en esta ocasión lo hubiera dejado para otro momento. La cantidad de gente que había era desmesurada y en algunos lugares era como estar en un centro comercial en rebajas. Decenas de grupos organizados hacían imposible dar dos pasos seguidos sin esquivar a nadie. En algunos momentos llegaba a ser hasta cómico…

Qué ver en Pekín. Palacio de Verano

¡Dios que agobio!

Pero la verdad que este parque lo bueno que tiene es que es enorme y aunque haya mucha gente, al final es posible perderse y encontrar rincones solitarios donde poder disfrutar de él. Un consejo que os doy, y que no solo sirve para este parque sino para todos, es que os perdáis por cualquier sendero que veáis, que andéis sin rumbo entre árboles, y seguramente os encontraréis con alguna escena que hará vuestra visita al parque distinta, más atractiva y animada que si solo nos limitamos a ver templos y estancias. Y no penséis mal… que no me refiero a ninguna escena no apta para menores, sino por ejemplo a un grupo de gente cantando y tocando la armónica…

Qué ver en Pekín. Palacio de Verano

El Palacio de Verano da para una mañana entera y seguramente os queden cosas por ver. Nosotros hicimos la típica ruta atravesando el lago Kunming hasta la montaña de la longevidad donde volvimos a pasear por el decorado de Suzhou y subimos hasta la pagoda del buda fragante desde donde se consiguen las mejores vistas del parque.

Qué ver en Pekín. Palacio de Verano

Qué ver en Pekín: La Ciudad Prohibida

La otra gran visita que hay que ver en Pekín, o mejor dicho, la visita indispensable en esta ciudad es sin lugar a dudas entrar a la Ciudad Prohibida, pero nosotros ya lo hicimos la primera vez y dejamos a David a las puertas del gran palacio imperial mientras que nosotros dábamos un paseo por los alrededores.

Qué ver en Pekín. Ciudad Prohibida

Foso y muros de la Ciudada Prohibida

Qué ver en Pekín: Parque Jingshan

Creo que ha quedado claro que una de las cosas que más me gusta de Pekín son sus parques y la vida que hay en ellos. Por ello no quiero terminar el post sin antes recomendar encarecidamente a todo el mundo que durante su estancia en Pekín dedique una mañana a levantarse temprano, algo así como a las seis, y se vaya al parque Jingshan al norte de la Ciudad Prohibida. Creo que cualquier persona que vaya no saldrá indiferente de allí. Veréis a gente haciendo todo tipo de actividades, desde cantar, dar palmas, bailar, hasta lo más raro que os podáis imaginar, como gritar sin sentido.

Qué ver en Pekín. Parque Jingshan

Podréis participar en clases de taichí, de relajación, partidas de bádminton, volar cometas, mover cintas… aunque si no lo hacéis, el simple hecho de observar ya habrá merecido la pena el madrugón.

Qué ver en Pekín. Parque Jingshan

Y si queréis llevaros una buenas vistas de la Ciudad Prohibida, no hay mejor lugar que el pabellón Wanchun en lo alto de la colina del parque.  Por las mañanas la nube de contaminación no deja observar más allá de unos pocos kilómetros, pero si os acercáis aquí al atardecer, el espectáculo de colores ocres está garantizado.

Qué ver en Pekín. Parque Jingshan

Estás son solo algunas cosas que ver en Pekín, pero la ciudad es enorme y muchas otras cosas que hemos visitado tanto en este viaje o el anterior las podéis ver en este enlace: artículos de Pekín.

Víctor del Pozo

Cómo ir de Ulán Bator a Beijing.

Ya comenté en el primer relato de Mongolia dedicado a Ulán Bator, que no pudimos conseguir tren directo para ir de Ulán Bator a Beijing porque no nos cuadraban los días. En ese caso tuvimos que buscar un plan B en el momento. Este plan sería el siguiente. Llegar en tren nocturno desde Ulán Bator hasta la ciudad China de Erlian en pleno desierto del Gobi cuyo recorrido se realiza diariamente, y una vez en Erlian cogeríamos un autobús cama que nos dejaría al día siguiente por la mañana en Beijing. Así de sencillo aunque menos rápido que ir de Ulán Bator a Beijing en tren del tirón.

Desde luego es más sencillo cuadrar los días del viaje e intentar coger el tren directo de Ulán Bator a Beijing que sale los martes, jueves y domingos (estos días me los dijeron allí mismo; fecha 2011), pero como nosotros esta parte del viaje la hicimos sobre la marcha, no nos cuadraron los días y tuvimos que hacerlo de la manera que os explico.

Cómo ir de Ulán Bator a Beijing.

Cómo ir de Ulán Bator a Beijing

El caso es que a las siete de la tarde estábamos acomodados en nuestro vagón esperando partir de la estación de Ulán Bator. Atrás dejábamos la estepa, aquella que nos había maravillado con su insultante paisaje, tan pobre y rico a la vez. Atrás quedaban el susurrar del río Orjón y los mantras del monasterio Erdene Zuu, pero más adelante nos esperaba la vieja Pekín, la ciudad que nos enamoró a Eva y a mí en el año 2009.

La noche la pasamos tranquilos en el tren. Al día siguiente nos levantamos a tiempo para recoger todo y ver como el tren cruzaba la frontera China ante la expectación de los que abarrotábamos los pasillos del vagón y mirando por las ventanas. El recibimiento que tuvo el tren en la estación de Erlian no me lo esperaba ni mucho menos. Por los altavoces empezó a sonar una canción que me imagino sería el himno nacional Chino y unos cuantos uniformados se posicionaron en cada puerta para dirigir a toda la gente que íbamos a salir en ese momento.

 

En el andén de la estación los guardias nos separaron por grupos y según nos iban diciendo íbamos avanzando uno tras otro. Anteriormente en el tren tuvimos que rellenar nuestro folleto de entrada al país y ahora simplemente nos pondrían nuestro sello en el pasaporte. Esto no tardaría mucho en suceder y tras no más de 20 minutos cruzamos al otro lado de la estación oficialmente ya en territorio chino.

Cómo ir de Ulán Bator a Beijing.

El que llegue a Erlian sin una reserva de billete de autobús a Beijing no tiene de qué preocuparse. En la misma puerta de la estación hay varios taxistas que os ofrecerán llevaros en coche y poder estar en Beijing esa misma noche, y la verdad que no es ninguna mala idea. A nosotros nos pedían 600 yuanes por los tres (unos 25€ por persona) por lo que me parece un precio más que razonable teniendo en cuenta que nosotros pagamos por el autobús 35€ cada uno.

Esto quiere decir que nos salió mal la jugada al reservar el autobús en Ulan Bator, porque el billete comprado en la estación de autobuses cuesta unos 25€ (y no estaban agotados), y siendo tres como éramos, hubiéramos cogido un taxi para que nos llevara directamente a Beijing por el mismo precio. El único “pero” es que habría que sumarle al presupuesto una noche más de hotel, pero en nuestro caso que es un viaje de tan solo 25 días, eso no se hubiera notado apenas. Pero bueno, el caso es que ya estaba hecho así y no había porqué cambiar nada, así que nos fuimos hacia la estación de autobuses a esperar que saliera nuestro autobús.

 

Cómo ir de Ulán Bator a Beijing.

La distancia que hay entre las dos estaciones es de apenas 900 metros, por lo que no merece la pena ir en taxi por mucho que os digan que está lejos.

Comimos tranquilamente en uno de los restaurantes que hay cercanos a la estación y cuando fue la hora de embarcar nos fuimos a ver como sería nuestro “alojamiento” por esa noche.

Cómo ir de Ulán Bator a Beijing.

Estación de autobuses de Erlian

En el aparcamiento había numerosos autobuses, pero solo uno era de color amarillo pálido y con un aspecto desastroso. Parecía que estaba en las últimas a punto de ser mandado al desguace… y el muy maldito llevaba en el parabrisas el mismo número de autobús que teníamos en nuestro billete ¡Con la buena pinta que tenían los rojos y nosotros teníamos que ir en ese amasijo de hierros! Era nuestra primera experiencia en un “sleeper bus” y nos íbamos a estrenar a lo grande.

Cómo ir de Ulán Bator a Beijing.

A mí la verdad que no me gusta coger mucho este tipo de transporte. Es cierto que en los viajes en los que te estás desplazando continuamente estos autobuses hacen que ahorres tiempo al estar viajando de noche, además de ahorrarte el hotel. Los coges por la noche y cuando te despiertas (si consigues dormirte) te encuentras en tu destino.

Cómo ir de Ulán Bator a Beijing.

Visto así es una muy buena forma de llegar a los sitios, pero a mí lo que realmente me preocupa es la inseguridad que me dan algunos conductores de autobuses e incluso el propio autobús. Me pasa muchas veces y no lo puedo evitar. Es una manía como conductor habitual que soy. Que no me fio de nadie. Me preocupa el nivel de seguridad y control que tienen las compañías de buses en algunos países y desde luego viendo en el que íbamos a ir no es que me tranquilizara mucho. Al viajar de noche por carretera me da miedo que el conductor se duerma y sobre todo me da miedo tener un accidente y no ir sujeto debidamente al asiento. El interior de estos autobuses es un amasijo de hierros y no quiero pensar como acabaríamos todos si tenemos aunque sea un pequeño percance. Pero no era momento de ponerse a pensar en eso. Era momento de subir al autobús y tratar colocarnos lo más cómodamente posible en nuestras camas ya que nos esperaban unas largas 11 horas de tedioso viaje.

Cómo ir de Ulán Bator a Beijing.

La verdad que yo con mis casi 1,90 metros de altura tengo problemas en más de un transporte. Me pasa lo mismo con los aviones “low coast”, que prácticamente no tengo sitio para meter las piernas y tengo que ir todo el rato encogido. Pero particularmente lo de este autobús fue todo un suplicio. El hueco que había para tumbarse era de metro y medio (o menos), por lo que yo estirado no podía ir. Pero es que además no podía doblar las piernas porque me daba en la espinilla con el cabecero del de delante, por lo que tenía que sacar las piernas por fuera, doblarlas, arrugarme y tras varios movimientos intentando no caerme, conseguir una posición “cómoda”. Y ya conseguido esto, ¡Que no se me ocurriera moverme otra vez!

Cómo ir de Ulán Bator a Beijing.

Pero el viaje aún no había comenzado. Una vez dentro y “tumbado” se arranca el motor y el aire acondicionado empezó a echar un gélido viento por los orificios que hay situados encima de mi cabeza, los cuales no podía cerrar porque estaban rotos y encima salía un mal olor por la cantidad de basura que se había dedicado la gente a meter en ellos.

Cómo ir de Ulán Bator a Beijing.

Las cortinas de mi ventana brillaban por su ausencia, pero gracias a dios el sol estaba del otro lado y no las eché en falta, quizá un poco por aquello de la intimidad cuando hacíamos alguna parada, ¡Pero qué demonios¡ !Estamos en China¡ Aquí la intimidad en sitios públicos es más bien poca. Cuando no se te arriman al hombro para ver qué estás haciendo con en el móvil, se te ponen enfrente cuando charlas con alguien… Ya tenía suficiente intimidad con que hubiera un cristal de por medio.

La verdad que luego una vez en ruta te vas acomodando más y acabas haciendo de ese metro y medio un poco tu hogar. En el hueco de los pies dejé la mochila (total, los pies no cabían), una bolsa que encontré la puse tapando el chorro del aire acondicionado, a mi izquierda tenía un libro para leer un poco y en el bolsillo del pantalón el móvil para echarme un vicio a algún juego trillado. Poco a poco le vas cogiendo el gustillo al autobús y la confianza en el conductor va aumentando al ver que no conducía tan rápido.

Cómo ir de Ulán Bator a Beijing.

Al final me relajé y dejé pasar el tiempo hasta la noche donde pude ir viendo las estrellas todo el rato (algún beneficio había el no tener cortina) y así conseguir dormirme entre miles de ruidos del autobús y los ronquidos de la gente. La verdad es que yo me duermo donde sea, y lo cojonudo es que al final siempre duermo bien.

El viaje se hizo un poco más largo de la cuenta. A media noche nos desvelamos porque no se oía nada en el autobús. Es lo que tiene el dormirse con unos ruidos continuos, que cuando los dejas de oír, te extraña y te despiertas. Había un accidente en la carretera y por consecuencia una larga caravana de coches, pero lo peor de todo es que nuestro estupendo y viejo autobús, una vez parado, no quiso ponerse en marcha. Estuvimos como media hora oyendo los intentos en vano del conductor para darle vida de nuevo a “la máquina”. Se escuchaba como que había parado más gente para ayudarnos y que estaban en la parte del motor viendo que podía pasar. El caso es que tras una larga espera volvimos a oír el motor arrancado y que nos poníamos de nuevo en marcha. Aún quedaban muchas horas para llegar y el sueño hacía mella.

A eso de las siete de la mañana llegábamos por fin a Beijing. Antes ya andábamos despiertos mirando por la ventanilla una ciudad que amaneció envuelta en una nube de contaminación. Cuando bajamos del autobús teníamos los huesos desencajados y mis rodillas pedían a gritos que me pusiera a andar para moverlas un poco. Cogimos las mochilas y paramos al primer taxista que encontramos para que nos llevara al hotel Happy Drangon Hostel que se encontraba bastante lejos de donde estábamos a juzgar por lo que tardamos en llegar. Aquí estaríamos las últimas cuatro noches del viaje y teníamos reservadas una habitación triple para las siguientes dos noches, pero las últimas dos nos cambiaríamos a una de cuatro porque esperábamos con ansia la visita de nuestra amiga coreana ChehJin. Nos había escrito unos días antes que se había cogido un vuelo desde Seúl y nos había dado toda la vida para el colofón del viaje. ChehJin estuvo 5 años en España estudiando filología hispánica y la conocimos a través de unos buenos amigos. El caso es que ella se volvió a Corea con su familia y llevábamos como 5 años sin vernos, pero por fin nos volveríamos a encontrar.

Cómo ir de Ulán Bator a Beijing.

Aquí os presento a ChehJin sobre el puente San Pablo de Cuenca en el año 2006 y celebrando la Semana Santa a ritmo de tambor. No tiene nada que ver con este viaje, pero seguro que la hace ilusión verla y le traerá buenos recuerdos.

En esta ocasión nos juntaríamos en Beijing, y no en Madrid o Seúl como siempre habíamos pensado, pero para volvernos a ver aún teníamos que esperar un par de días que dedicaríamos a ver parte de la ciudad y Eva y yo a reencontrarnos con los lugares que ya visitamos en nuestro viaje a China del 2009. Era nuestra última etapa del viaje. Ya se olía que esto se acababa, pero estábamos contentos porque todo estaba salido muy bien y estábamos de nuevo en Pekín.

Víctor del Pozo

Últimas horas en Shanghái

El último día nos levantamos prontito para ir nada más que abrieran el mercado del museo de ciencias y encontrarnos con la menos gente posible, aunque esto casi era peor porque iban a estar muy frescos para regatear. Alex y Marisol decidieron quedarse durmiendo un poco más y luego darían un paseo por la zona del hotel para relajarse un poco en algún parque cercano.

De compras por Shanghai

Cuando llegamos al mercado que se sitúa bajo el museo de ciencias efectivamente estaban abriendo y no había mucha gente. Después de andar un poco por los puestos finalmente nos metimos en uno para probarnos unas camisas y camisetas. Después de estar un buen rato con el chico viendo camisas empezó la ardua tarea de regatear. De primeras nos dijo un precio desorbitado, que ni siquiera aquí costarían eso, así que le dije yo uno también desorbitado pero por lo bajo. El cabreo que se cogió el tío fue indescriptible. Empezó a gritarnos, a coger toda la ropa y guardarla… y yo pensando… “¿pero este tío es tonto o qué?”. Si esto es un regateo constante, ¿porque se pone así con el primer precio que le digo yo? Se cambiaron los papeles y le cogí la calculadora para decirle que pusiera otro precio más bajo del que dijo… pero me seguía diciendo que no, que nos fuéramos de su tienda. Pues hasta las narices de sus gritos nos dimos media vuelta y nos piramos, con la sorpresa nuestra de empezar a oírle a grito pelado decirnos “¡¡Fuck you, fuck you!!” Me entraron unas ganas de darme media vuelta y soltarle un pescozón que se le iban a quitar las ganas de vender ese día… Pero por suerte yo no soy de los que sueltan la mano fácil y le ignoramos, que vete tú a saber cómo hubiera acabado la cosa, con el mercado vacío de turistas y todo lleno de chinos. Pero el tío, no conforme con insultarnos, nos siguió por el pasillo y me cogió del brazo fuerte, con el correspondiente tirón mío y cara de pocos amigos. Nos dijo un precio coherente y cedimos acompañarle de nuevo al puesto. Saqué el dinero y nos metió la ropa en la bolsa (no de muy buenas formas…). Un mal trago para empezar el día y encima el muy mamón nos metió una camiseta de menos y que nos dimos cuenta al llegar al hotel. La culpa fue nuestra por ceder ante semejante escroto andante.

Proseguimos dando una vuelta por el mercado pero, aparte de un vestido para Eva, no vimos nada para llevarles a los niños, así que cogimos el metro y nos fuimos de nuevo a la calle Nanjing hacia los puestos de suvenires. Nos resultaba complicado llevarles algo original a los peques, ya que todos los chinos nos decían que les llevásemos un juguete, pero es que eran juguetes como los que puedes comprar aquí en los chinos. Ya desesperados por buscar algo vimos un mercado subterráneo en la propia calle Nanjing donde al bajar vimos que no era pequeño y dijimos…” aquí tenemos que encontrar algo”. Pues para niños no hay nada más que tonterías… pero sí pudimos comprobar que tienen también ropa igual que en el mercado anterior, y los precios son muchísimo más fácil de regatear. Finalmente y sin ser muy originales compramos camisetas para todos y salimos escopeteados de allí. ¡A la mierda con las compras!

El parque Lu Xun

Nos fuimos a juntarnos con Marisol y Alex que se encontraban en el parque Lu Xun, justo al lado del estadio Hong Kou. Este es un parque dedicado al escritor de mismo nombre, literario del siglo XX considerado por muchos como el fundador de la literatura moderna china e importante figura del movimiento del 4 de Mayo. En el parque se puede ver la tumba y un memorial dedicado a él.

Les llamamos para ver donde estaban y nos dijeron que habían alquilado unas barcas eléctricas y que estaban paseándola por uno de los lagos, así que nos fuimos en dirección al embarcadero a buscarles. Cuando les vimos nos acoplamos a la barca y continuamos con ellos dando un paseo disfrutando de la tranquilidad del parque.

En las diversas islitas que hay por todo el lago pudimos ver fauna un poco rara por el sitio… como conejos y cabritos… eso sí, escaparse no se iban a escapar. Fue un momento de relax total. Uno de los juegos que vimos practicar a la gente y que nos gustó mucho fue una especie de frontón pero sin pared. La pelota estaba enganchada con una cuerda elástica y atada a una piedra que se colocaba en el suelo, entonces cuando tirabas la pelota con la raqueta esta te volvía a la misma velocidad. Al estar allí viéndolo nos invitaron a probarlo y evidentemente les dijimos que sí. Pero además nos pusimos a hacer el tonto, uno en cada lado y haciendo que jugábamos un partido de tenis con gritos incluidos. Evidentemente uno de los dos no tenía raqueta, pero el efecto óptico del rebote de la pelota quedaba muy bien y parecía que la golpeabas. Tenemos grabado el partido en video y cada vez que lo vemos nos partimos de risa… al igual que todo el que estaba allí en ese momento.

Para terminar la tarde en el parque nos brindaron la ocasión de escuchar música en directo un grupo de hombres que, con un equipo de instrumentos, se marcaron unas canciones animadas en medio de un corro de gente que se agrupaba para verlos. Pero lo mejor de todo es que lo hacen por afición y no para hacer caja.

Pues ya se nos acababa el viaje a China. Nos llevamos una sensación de las dos ciudades buenísima. Unas ciudades que a priori, para un novato en China pueden parecer que no son seguras, pero que resultan ser todo lo contrario. La gente intenta ayudarte en todo lo que se les pide, siempre con unas distancias lógicas por culpa del idioma. Son realmente entrañables y simpáticos, un tanto curiosos y muy descarados a la hora de quedarse mirándote. No les importa en absoluto que estés haciendo cualquier cosa… ellos te miran y punto, incluso a un metro de distancia. Sentido del ridículo no tienen en ningún momento y eso es una virtud. Quizás les demos curiosidad o respeto el hombre Occidental, pero desde luego en este viaje se pueden aprender muchas cosas humanas de ellos, y eso hay que valorarlo. Tenemos pensado volver algún año para ver mucho más de este país que promete y poder ver algo más de naturaleza y pueblos, pero de momento, nos llevamos un sabor de boca inmejorable de China.

Cenamos en el hotel y nos dirigimos al aeropuerto en taxi sin ningún problema. Facturamos y al rato embarcamos, cansados y tristes. Por delante esperaban 12 horas de vuelo hasta Alemania, pero este trayecto lo íbamos a llevar mejor por el cambio de horario y porque salimos de noche, así que a dormir tocaba. Llegamos a Alemania en el tiempo previsto, pero entre alguna película y el sueño que teníamos, se nos hizo mucho más corto que el de ida. Una vez en Alemania, tuvimos que esperar una escala de cinco horas, que aprovechamos para desayunar algo y seguir durmiendo algo en el aeropuerto. En el vuelo a Madrid nos llevamos la sorpresa que a la hora de asignarnos los asientos nos pusieron en primera… Lástima que el avión no era nada del otro mundo y no tenía muchas cosas, pero al menos pudimos ir más anchos y lo mejor, estirados. Aterrizaje en Madrid sin problema…. y fin de la historia. Vuelta al trabajo al día siguiente y a la cruda realidad.

Victor del Pozo

World Financial Center de Shanghái

Nos daba pena despedirnos de Pekín, pero teníamos que coger un vuelo de regreso a Shanghái ya que en dos días teníamos que coger otro vuelo de regreso a Madrid desde esa ciudad. Una vez ya en el aeropuerto, Marisol se dio cuenta que no llevaba el móvil y rápidamente llamamos al hostal para saber si estaba en la habitación. Al confirmarla que sí que estaba les dijimos que si nos lo podían acercar hasta aquí, ya que si se va ella en un taxi, es posible que no le diera tiempo a llegar antes de que saliera el avión, así que muy amablemente nos lo trajeron hasta el aeropuerto con su buena propina (en esta ocasión es evidente que teníamos que dar propina, y también es evidente que la cogieran, pero en todo el viaje no nos hemos encontrado con nadie que nos aceptase propina, ni siquiera las vueltas de algo. Todos nos insistían en que no…).

Pues ya facturadas las maletas y embarcados en el avión pusimos rumbo a Shanghái, pero esta vez al otro aeropuerto que hay en la ciudad para vuelos domésticos. A la llegada al aeropuerto no sabíamos que nos íbamos a encontrar, si tendríamos tren, taxis, o autobús… pero cuando aterrizamos y cogimos las maletas se nos quitaron los temores del nuevo aeropuerto cuando vimos que había millones de taxis y millones de gente. Nos pusimos en la cola para coger uno de los taxis y cuando nos tocó empezó el taxista a mirarnos las maletas y a decir que no nos llevaba. Nos dio rabia porque en Pekín teníamos las mismas maletas y cogieron perfectamente, pero como se pusieron muy pesados optamos por coger una furgoneta taxi, que era más cara… pero no nos puso ningún problema. Le enseñamos la tarjeta del hotel y nos llevó sin problema. El camino es más corto que desde el otro aeropuerto y en poco tiempo estábamos en el hotel. Volvimos a dejar los pasaportes y nos dieron las mismas habitaciones que la primera vez que estuvimos.

Subir al World Financial Center de Shanghai

El día estaba soleado y hacía un calor de infierno, pero mucho mejor así ya que el último día que estuvimos nos llovió y no pudimos disfrutar plenamente de la ciudad. No teníamos planeado que íbamos a hacer estos dos días, salvo subir al World Financial Center (WFC) y ver Pudong desde el malecón, ya que esta vez sí lo podríamos ver bien. Así que nos metimos en un taxi dirección a los rascacielos. Cuando llegamos al World Financial Center, Alex evidentemente se quedó abajo y nosotros entramos. La entrada creo recordar que fueron unos 150 yuanes, algo caro, pero yo no iba a perder la oportunidad de subir a uno de los rascacielos más grandes del mundo.

World Financial Center de Shanghái

Por el edificio nos fuimos encontrando por todas las esquinas a trabajadores que nos iban indicando por dónde ir. El interior del rascacielos es totalmente futurista, tanto que parecía que estábamos en un parque de atracciones. Había mil luces y encima eran acompañadas por un hilo musical que creaba una atmósfera de épocas venideras. Mientras esperábamos el ascensor unos números enormes en el techo nos indicaban cuando iba a llegar el “cohete” que nos iba a propulsar a toda velocidad a la planta 96. Cuando nos metimos en el ascensor, este se queda iluminado con luces tenues azules. Cuando el ascensor se puso en movimiento las luces y la música (pitidos y sonido más rápidos dependiendo de la velocidad) seguían creando su ambiente particular, mientras en el display empezaron a aparecer números a una velocidad sobrehumana. En un principio yo no me lo podía creer, porque en cuestión de unos 10 segundos creíamos que estábamos en la planta 100. Pero cuando vimos que los números siguen, y siguen… y siguen, nos dimos cuenta que lo que marcaba eran los metros que ascendía…. pero aun así, llegamos a 435 metros de altura en aproximadamente ¡¡50 segundos!! Se abrieron las puertas y nos entró un vértigo por el cuerpo cuando vimos que hace menos de un minuto estábamos en el suelo y ahora teníamos todos los edificios a nuestros pies. Pero todavía teníamos que ascender hasta la parte más alta del “abrelatas”.

Allí, el suelo y las paredes acristaladas te crean la sensación de estar volando sobre Shanghái. Son impresionantes las vistas desde allí, que incluso dejaban a la torre Jin Mao en “mal lugar”. Pero como siempre… mejor ver.

World Financial Center de Shanghái

World Financial Center de Shanghái

World Financial Center de Shanghái

World Financial Center de Shanghái

Si queréis pasar un rato divertido, os aconsejo que os metáis en los baños que tenéis en la misma planta del observatorio antes de bajar. Os encontraréis con los famosos baños limpiadores de culos donde si te sientas puedes poner varios programas para que salga el chorro y te deje más fresco que una lechuga.

Volvimos a meternos en el ascensor futurista y hasta la salida nos fueron indicando por todos los rincones por dónde teníamos que pasar. Afuera nos estaba esperando Alex, que el pobrecillo estuvo un buen rato sólo dando vueltas por el edificio. A la salida no quedaba otra que hacerse las fotos de rigor con el edificio y con el cartel de “Century Avenue”.

World Financial Center de Shanghái

Paseando por el malecón de Shanghai

Nos cogimos un taxi y nos fuimos hacia la plaza del pueblo para pasar la tarde por la zona y hacer alguna compra que casi no hicimos ninguna. Ahora se veía todo mucho más claro a plena luz del día. Entramos por la calle Nanjing que se encontraba mucho más desahogada de gente que la otra vez y fuimos a comer al MacDonal´s, uno de los restaurantes comodín en todos los viajes y que se encuentra en todas partes. Al salir del restaurante ya había más gente por la calle y entramos por algunas tiendas para buscar algunos encargos comprometidos de gente que se piensa que tú vienes a la otra punta del mundo solamente para aprovechar buenos precios… El caso es que lo que buscábamos valía una pasta y no me iba a arriesgar a comprarlos para que luego no guste, así que desistí y nos tomamos la tarde de relax para pasear haciendo tiempo para que anocheciera e ir al Bund.

Calle Nanjing, Shanghai

En el Bund entramos a un banco para cambiar los últimos euros que nos gastaríamos allí, y es una lástima que no recuerde que banco era (sin mucha confianza puedo decir que era el de Hong Kong), porque el interior estaba decorado con pinturas representando otras ciudades del mundo y al menos para verlo, era bonito. Ya era de noche y el cielo estaba totalmente despejado. Desde el Bund se veían los rascacielos iluminados, pero las vallas de las obras no dejaban verlos bien, así que fuimos hacia el malecón. Otra vez estaba lleno de gente, pero al menos no llovía y no habían paraguas de por medio. Las vistas desde allí eran impresionantes, con los edificios iluminados de colores (aquí se lleva el premio la perla de oriente) y otros con pantallas gigantes de publicidad que ocupaban toda la fachada. El río Huangpu hacía de espejo donde se difuminaban los colores proyectados por los rascacielos.

Vistas de Pudong, Shanghai

Cada cierto tiempo, se iluminaba la parte superior del WFC con destellos parecidos a los que se pueden ver en la torre Eiffel, aunque menos llamativo. Nos quedamos un buen rato observándolos y haciéndonos fotos.

Vistas de Pudong, Shanghai

Vistas de Pudong, Shanghai

Vistas de Pudong, Shanghai

En el propio malecón se pusieron un grupo de asiáticos como locos para hacerse fotos con mis compis, mientras que yo estaba entretenido haciendo fotos a los edificios. Pero cuando me giré vi a una quincena de chicos rodeando y fotografiándose con los tres, pero de uno en uno… así que saqué mi vena reportera y les “arrejunté” a todos para sacar una foto de grupo y tenerla de colofón.

Vistas de Pudong, Shanghai

Nos quedaba tan sólo una noche en Shanghái y ya nos estaba dando pena irnos. Nos acostamos esa noche sabiendo que al día siguiente partíamos hacia España, pero aún tendríamos el día casi entero para disfrutar ya que el vuelo salía a las 12 de la noche. Prácticamente no compramos nada, y Eva tenía muchas ganas de ir a algún mercado a ver cosas y sobre todo comprar regalitos para los sobrinos que son 6 ni más ni menos. Así que no pude oponerme a eso y planeamos el día siguiente irnos nosotros dos al mercado de la parada de metro del museo de ciencias.

Victor del Pozo