Buceo en Hurgada y más junto al mar Rojo

Esta noche sería la última que dormiríamos sobre el Nilo y por la mañana nos iríamos junto a unos amigos portugueses a disfrutar de unos días de playa y buceo en Hurgada. En un minibús recorrimos cientos de kilómetros a través del desierto arábigo, inmenso y muy rocoso. Quién sabe la de tesoros que se esconderán bajo esta pila de arena. Un avión en vuelo bajo nos percata de que pronto veríamos el mar y situamos en un mapa el punto exacto de Hurgada. Se acabaron las casas derruidas y construcciones milenarias y dimos paso a los complejos hoteleros lujo dudoso donde centenares de rusos pasan sus vacaciones ahogados en litros de Stella mientras sus novias, con tipo de modelo, hacen las delicias de los empleados del hotel. ¡Bienvenidos a Hurgada!

Buceo en Hurgada, mar Rojo, Egipto

La idea quizá hubiera sido estar tranquilos y relajados en el complejo, disfrutando de nuestros últimos días de vacaciones bañándonos en el famoso mar Rojo, pero un primer contacto con el hotel y su playa aledaña nos hicieron cambiar de idea. Además que nosotros somos de culo inquieto y ya estuvimos descansando en la navegación hacia Luxor, el primer baño en este mar nos resultó un poco extraño. Digamos que no era como me lo esperaba. Para empezar al bañarnos teníamos que bajar por unas escaleras de piedra esculpida —lo cual le quitaba un poco el encanto— y con el agua caliente por las rodillas íbamos andando hasta donde te mojabas el culo para luego volver, ya que te estabas alejando mucho y aún no se podía ni nadar al tener tan poca profundidad y estar todo lleno de rocas. La única atracción que podíamos encontrar eran unos cuantos peces grises nadando entre los cantiles. Las piscinas del hotel estaban casi vacías, pero encontrar una hamaca podía ser ardua tarea. Cuando conseguías una y te querías tomar una cerveza, te lo prohíben y te obligan a ir al bar para consumirla. Los camareros se extrañaban de nuestra ignorancia con el inglés y ponían mala cara cuando no nos entendían. Lo que si te dejaban claro es que el “todo incluido” era muy poco incluido. Antes de las 10 de la mañana tienes que pagar todo lo que consumas menos el desayuno y la cerveza de grifo, y por la tarde sólo tienes acceso a unas salchichas con pan y patatas hasta las ocho. A partir de esa hora, cualquier comida aparte de las tres principales, había que pagarlas. Las bebidas que entraban en el precio eran básicamente cerveza Stella y algún cóctel sin alcohol. Lo bueno que tenía el hotel era que todas las mañanas te reponían en la nevera de la habitación dos botellas de agua bien fresquitas. Por las noches, diversas actuaciones de baile entretenían a la gente hasta que a las doce de la noche decían que se cerraba todo, con la única opción de ir a una zona de baile donde te cobraban la entrada 10€ sin consumición.

La experiencia de bucear en el mar Rojo

Visto el panorama en el hotel decidimos desde el primer momento realizar dos excursiones y aprovechar nuestros dos últimos días en Egipto de la mejor forma posible. Nos recomendaron hacer una especie de safari aderezado con diversas actividades terrestres donde podríamos pasear por el desierto y ver un espectáculo de derviches. Pero este plan lo dejamos para el último día y ahora nos fuimos a informar para hacer buceo en Hurgada en el mar Rojo. Nunca antes nos habíamos planteado hacer buceo, pero el hecho de encontrarnos allí y lo testaruda que se puso Eva, al final lo probamos.

Buceo en Hurgada, mar Rojo, Egipto

En un barco nos adentramos hacia el mar dejando lejos la línea de costa y nos situamos justo al lado de un arrecife de coral.

“¿Pero cómo se respira por aquí?” “¿Si se mete agua en las gafas qué hago?” “¿Y si me da por estornudar?”…. Infinitas preguntas corrían por mi cabeza pensando que esto no era humano. El hombre está hecho para vivir en la superficie, con su oxígeno, su gravedad y parcialmente seco. Gracias al representante de la agencia que se animó a venir con nosotros y probar por primera vez el buceo nos fue traduciendo todas las indicaciones del monitor al español.

O sea… que llevo una botella de oxígeno que pesa una barbaridad a mi espalda y ¿dices que no me hundiré hasta el fondo?”… “¿estará llena digo yo…?”… ploffff… y con todas mis dudas acabé tirándome al agua. Ya en remojo se me quitó un poco la incertidumbre que corría por mi cabeza y vi que no pasa nada.

Buceo en Hurgada, mar Rojo, Egipto

La temperatura caliente del agua hizo que me relajase aún más. Los plomos que tenía en la cintura hacían que me hundiera bajo el agua, pero el propio chaleco contrarresta manteniéndote a flote sin tener que hacer ningún esfuerzo. La curiosidad mató al gato y toqué un botón de mi chaleco e inmediatamente empezaron a salir burbujas venciéndome poco a poco dentro del agua. Menos mal que el monitor estaba justo al lado y me sacó para arriba de un tirón. En la superficie me enseñó a respirar por el regulador y cuando empecé a perder el miedo estaba ya deseando sumergirme. Por motivos de seguridad, al ser la primera vez que buceábamos, no bajamos más allá de los 10 metros, que justo era la profundidad máxima que había en esa parte del mar.

Poco a poco nos empezamos a sumergir y el silencio se apoderó de nosotros. Lo único que escuchábamos era nuestra respiración y el sonido de las burbujas que ascendían hasta la superficie ¡¡La sensación de estar buceando fue increíble!!

Buceo en Hurgada, mar Rojo, Egipto

Buceo en Hurgada, mar Rojo, Egipto

No me lo hubiera perdonado si al final no lo hubiéramos hecho. Los colores y las formas de los peces, nunca vistos por nuestros ojos, eran figuras sorprendentes a tan solo unos metros de profundidad. Nos acercamos a unos corales y los peces nos miraban a los ojos acostumbrados ya al ser humano. Llegamos al fondo y fuimos capaces de tumbarnos o quedarnos de pie como si estuviéramos sin agua. Digo yo que los astronautas en el espacio tienen que sentir algo parecido.

Buceo en Hurgada, mar Rojo, Egipto

Buceo en Hurgada, mar Rojo, Egipto

Buceo en Hurgada, mar Rojo, Egipto

Nuestro monitor nos avisó para hacernos unas fotos junto a unos peces que querían salir también en la instantánea. Confiaban de mi mano y dejaban que me acercase hasta ellos casi hasta tocarles. A tan solo un centímetro del pez me empezó a rodear la mano como queriéndome acariciar, pero nunca llegaba a tocarme. Palpé con un dedo el coral y me resultó tan frágil que dejé de hacerlo.

Buceo en Hurgada, mar Rojo, Egipto

Tras unos 20 minutos el monitor nos hizo señas para que fuéramos subiendo y ya en el barco Eva y yo no paramos de decirnos lo que habíamos visto allí abajo. En el grupo también había gente experta, como un francés con más de 5000 inversiones (que era compañero nuestro del crucero junto a su esposa simpatiquísima), y no es de extrañar, por que nos contaba que vivían muy cerquita de Montpellier y disponía de barco propio. Estos tardaron en subir más tiempo y aprovechamos mientras tanto para hacer snorkel. Me negaba a salir del agua. Los peces se acercaban a nosotros y en un momento me vi rodeado completamente de pescados que hábilmente me esquivaban.

Buceo en Hurgada, mar Rojo, Egipto

Recogidos todo el personal nos fuimos hasta otra zona de buceo mientras los tripulantes nos preparaban unos ricos macarrones con ensalada. Unos comiendo y otros rezando a La Meca, esperamos para hacer nuestra segunda inmersión. Aquí ya no había cámaras que te obligasen a mirar hacia un lado, ni tampoco existía ese nerviosismo de la primera vez. Sólo teníamos unas ganas tremendas de ver que nos deparaba el mar en esta ocasión. Ahora bajamos poco más de 15 metros y el monitor confió en nosotros y nos dejó a nuestro aire.

Instintivamente echábamos los brazos hacia adelante para avanzar, provocando el hundimiento de nuestro cuerpo, pero cuando empezamos a coger práctica podíamos movernos como un pez y subir, bajar, hacer giros o bromear jugando al escondite. Pasado el tiempo nos fuimos resignados al barco y aprovechamos nuestros últimos minutos en el agua snorkeleando. Esta sin duda ha sido una de las mejores experiencias del viaje. Evidentemente compramos las fotos para tener el recuerdo toda la vida.

Esa noche en el hotel, la luz se iba y venía continuamente dejándonos a oscuras y enloqueciendo a la gente que chillaba por chillar. Aprovechamos nuestra pulsera verde para tomarnos la última cerveza y nos fuimos a acostar para madrugar al día siguiente.

Safari en el desierto arábigo

Al día siguiente del buceo en el mar Rojo hicimos el “safari” y nos levantamos temprano para acudir al punto de partida. Este safari trata de hacer varias actividades durante todo el día hasta que anocheciera en medio del desierto.

Actividades en Hurgada

La excursión prometía y la primera actividad que hicimos fue la de conducir unos quads a través de una ruta marcada. Realmente no me gustó mucho esta actividad porque los monitores iban todo el rato diciéndonos que no hiciéramos esto y que no hiciéramos lo otro… Todos en fila india sin podernos adelantar ¡Con la cantidad de desierto que hay aquí! Ataviados con nuestra palestina que no aguantaba el viento, a los 40 minutos acabamos nuestra ruta en quad. El cámara que iba grabando la actividad bromeaba continuamente haciendo un truco viejo de perspectiva y convirtiéndonos en Sansones por un momento.

Actividades en Hurgada

Actividades en Hurgada

En varios todo terreno nos dirigimos hacia las montañas cercanas atravesando el desierto a toda velocidad. Esta sí que fue una aventura de alto riesgo, donde nuestras cabezas salieron con algún chichón y nosotros adelgazamos algunos gramos a base de risas.

Actividades en Hurgada

Nos bajamos del coche y nos fuimos hacia lo alto de una loma empedrada para ver las vistas de esta zona. Al otro lado de la montaña nos estaba esperando una de las atracciones del lugar. Una gigantesca duna de arena fina que teníamos que bajar como locos sin caernos de boca. La prueba se superó sin problemas y con 2 kilos de arena en los zapatos.

Los todo terreno nos esperaban abajo para llevarnos a un poblado de beduinos que convirtieron su hogar en una especie de parque temático. Al llegar nos dieron una vuelta absurda de 200 metros en dromedario, ida y vuelta en línea recta. La verdad que un poco de parafernalia sí que había y yo acabé haciéndome un selfie con mi transporte de una joroba.

Actividades en Hurgada

Nos llevaron a ver tenderetes y nos enseñaron como hacían el pan utilizando la caca de dromedario como combustible. La mujer amasaba y amasaba, media vuelta y otra vez. En un momento nos tenía preparado un pan calentito y tierno que nos dieron a probar. Pero yo me quedo con el detalle de la caca… ¡¡Temblar petroleras!!

Actividades en Hurgada

Actividades en Hurgada

Dando una vuelta por la zona vimos una especie de zoológico con tortugas gigantes, avestruces con hambre y un burrito que bebía agua de una botella como si fuera un biberón. En la parte de los terráqueos me enfrenté a una cobra que nada pudo hacer ante semejante bicho detrás de su cristal.

Actividades en Hurgada

Actividades en Hurgada

Nos metimos en sus chozas de madera y llenas de alfombras por los suelos a descansar de un Sol que pegaba con ganas y repusimos fuerzas con una ensaladita que entró de lujo. Los gatos se acercaban a husmear por si les caía algo de comida y al finalizar tomamos un té escuchando una charla sobre la vida de los hombres del desierto.

Actividades en Hurgada

Con toda la tarde por delante nos llevaron a un circuito improvisado en medio del desierto para conducir unos buggys que no alcanzaban gran velocidad pero que nos entretuvieron un rato. Para terminar la tarde tranquilamente nos invitaron a ver anochecer sentados en el suelo descubierto fumándonos unas shishas. Cuando empezó a oscurecer prepararon una cena buffet a base de carne, pescado y pasta y esperamos a que empezaran los espectáculos nocturnos. El primero en aparecer fue un faquir que nos deleitó con sus números suicidas y retó a varias chicas del público a luchar contra una cama de clavos punzantes.

Actividades en Hurgada

Para quitarnos la grima de los pinchos en el pecho, una bailarina del vientre nos invitó a los portugueses y a nosotros a bailar con ella con el consiguiente ridículo y risas del público ¡Bravo por la península Ibérica! El colofón a este espectáculo lo puso un chaval joven “buscando las puertas”, provocándose un éxtasis religioso. Es el llamado baile de derviches.

Al finalizar el espectáculo y de camino a los coches, nos dejaron observar desde un telescopio el cercano planeta Júpiter que brillaba con excelente luz aquí desde el desierto. Con los coches nos apresuramos a llegar de vuelta al hotel y nos despedimos de nuestros amigos lusos hasta más ver por Lisboa o Madrid ¡Aupa Benfica!

Actividades en Hurgada

Un saludo especial a nuestros compañeros de viaje Jesus y Maria, Sonia y Moises, Mafalda y Alex (en la foto con nosotros) y Alexandrina y Nuno.

Esta fue nuestra última noche en un país lleno de cultura y con ruinas históricas de las más importantes del mundo. La verdad que ahora visitado por primera vez, no me importaría volver, sobre todo a su capital. Pero si lo hago alguna vez evidentemente no lo haré bajo ninguna agencia de viajes donde me tenga que limitar a un recorrido programado sin poder disfrutar de los sitios el tiempo que se merecen y palpar la vida cotidiana de la gente. Dejaría de lado a ciertos guías embaucadores y disfrutaría de una gente que seguramente rebosa hospitalidad. Seguro que el Egipto que hemos conocido solo se trata del Egipto más puramente turístico, que nos dejó un sabor de boca agridulce, pero que me niego a creer que son como me han querido mostrar cierta gente. No creo en lo que me dicen los demás. Creo que volveré a pisar esta tierra.

Victor del Pozo

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  1. ¡Hola compañero!

    Sabia decisión escapar del T.I., no he estado nunca en uno y de momento creo que no me verán. Las fotos del submarinismo son muy chulas, aunque yo no me atreví a hacerlo, me alegro que tu sí. Lo de la colina de arena más que bajarla corriendo hubiera molado más bajarla con una tabla o una tapa de wc! 😛

    Ciertamente lo mejor de Egipto es poder disfrutar del contacto con la gente. Yo iba preparada para lo peor y me lleve una grata sorpresa y muchas lecciones aprendidas.

    ¡Ahora a por la crónica de Londres! 😀

  2. Pues a nosotros Hurghada no nos gustó nada… todo super artificial, lleno de rusos, pfff…

    Encima nuestro hotel no ‘estaba a la altura’…

    Lo cierto es que nos pareció más cualquier lugar de playa de nuestras costas mediterráneas que estar en Egipto (Un Hard Rock café delante del hotel????)

  3. Llevas toda la razón. Nosotros la verdad que teníamos pensado descansar esos tres días porque al día siguiente nos tocaba currar, pero vimos que de descansar nada… No nos molaba la playa y el todo incluido era una mierda. Por eso optamos por hacer las dos excursiones que hicimos… Pero si recomiendo ir por allí si se quiere hacer buceo. Fue una de nuestras mejores experiencias.

    Un saludo!!